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Israel entra en una nueva fase en la guerra con Hezbolá

Hasan Nasrallah, líder de Hezbolá, concede un discurso tras los ataques realizados por Israel el 17 y 18 de septiembre.
Hasan Nasrallah, líder de Hezbolá, concede un discurso tras los ataques realizados por Israel el 17 y 18 de septiembre.

En las últimas 48 horas Israel ha intensificado la fuerte presión que lleva meses ejerciendo sobre Hezbolá. En esta ocasión, los medios utilizados para este fin han sido totalmente novedosos, lo que ha permitido a Tel Aviv recuperar cierto prestigio perdido tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando fue incapaz de desarticular y prevenir una operación armada que se estaba gestando en su propio "patio trasero".

Asimismo, sea resultado de un plan premeditado o producto de una suerte de respuesta inesperada a acciones de la contrainteligencia de Hezbolá, los ataques ocurridos han de ubicarse dentro una estrategia mucho más amplia que apunta claramente hacia la confrontación militar abierta con la milicia libanesa. Sin embargo, son bastantes las aristas a las que hay que atender para enmarcar acertadamente estos ataques..

Los ataques contra Hezbolá

Durante el mediodía del 17 de septiembre, repentinamente explotaban numerosos dispositivos de comunicación denominados como buscapersonas y utilizados, aunque no exclusivamente, por militantes de Hezbolá no movilizados. Apenas 24 horas después, cientos de dispositivos electrónicos de diferentes tipos también estallaron, aunque esta vez afectando indistintamente a civiles y militantes de la organización chií. Con un saldo total de al menos 3.000 heridos y más de 20 muertos, ambos días se han convertido en las jornadas más sangrientas que el país árabe ha vivido desde el 7 de octubre. 

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De los ataques, el primero es el que resulta mucho más impresionante. Las razones son las siguientes. Desde el punto de vista de protección de los flujos de comunicación, un buscapersona, aunque muy costoso en términos económicos, es una de la vías más fiables para mantener una comunicación segura y cerrada entre aquellos que lo portan gracias a sus características.

Aquí destacan tanto sus funciones estrictamente limitadas, las cuales impiden cualquier manipulación ajena –sea mediante virus o de forma remota– como por la imposibilidad de acceder a su contenido salvo físicamente. Además, al operar con un escaso gasto de energía en circuitos simples, esto hace virtualmente imposible la manipulación de los mismos. El hecho de que Israel lograse manipular los buscapersonas es totalmente sorprendente.

Entre las diferentes posibilidades, parece que la hipótesis que más fuerza cobra es que los aparatos fueron –en algún momento previo a la recepción por parte de Hezbolá– manipulados para introducir los explosivos. No obstante, esto no hace más que incrementar las dudas e interrogantes. Hasta el momento, la información que ha surgido a este respecto resulta tanto contradictoria como confusa en lo que concierne al proceso y momento a través del cual Israel logró introducir explosivos plásticos dentro de los dispositivos de comunicación. Además, también existen preguntas acerca del móvil y el sentido de los ataques. 

Terminando con lo primero, por parte de Israel está claro que cualquier información que sea publicada tendrá el objetivo de evitar que los medios y vínculos desarrollados para esta operación queden al descubierto. Todo con el fin de no comprometer futuras –y actuales– operaciones. Pero también buscará dejar en evidencia a Hezbolá y todo su entramado de seguridad, que indudablemente queda bastante cuestionado en lo que respecta a sus medidas de prevención y a sus capacidades defensivas. 

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Hasta el momento, las empresas relacionadas con la venta y adquisición de los buscapersonas, así como walkie-talkies y otros dispositivos afectados en el segundo ataque, han diluido cualquier responsabilidad en un absurdo mar de excusas. Sea en lo referido a la forma y momento en la que su cadena de producción y distribución quedó intervenida por Israel para plantar los explosivos, como en el destino final de estos dispositivos, los cuales a fin de cuenta acabaron en manos de una organización considerada por Occidente como terrorista.

Los objetivos de Israel

Por otro lado, el móvil y sentido del ataque vuelve a ser bastante difícil de determinar. Caben plantear tres grandes posibilidades. La primera es entenderla como preludio de una operación a gran escala. La siguiente estaría relacionada con una posible exposición de la infiltración israelí en las comunicaciones de Hezbolá. La tercera apuntaría a que Israel podría prescindir de estas capacidades al poseer otras superiores en lo que respecta a presencia dentro de la redes de comunicación de la organización libanesa.

Estas tres hipótesis tampoco tienen que ser consideradas como excluyentes. De hecho, la primera y la segunda pueden ser perfectamente complementarias en tanto que los ataques que Israel ha realizado han logrado provocar cierto desconcierto y desorden en las filas de Hezbolá. De esta forma, Tel Aviv ha creado dudas acerca de la seguridad de las comunicaciones de la milicia e inhabilitado a un número nada desdeñable de combatientes que en caso de conflicto abierto podrían ser movilizados. 

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En esta línea, las declaraciones de Israel durante estos dos últimos días han avanzado claramente hacia calificar la situación actual del Líbano como “una nueva fase” de la guerra. En un sentido idéntico, el 16 de septiembre, 24 horas antes del primer ataque, el gabinete de seguridad israelí daba la autorización para comenzar maniobras militares en la frontera con Líbano, incluso aunque estas pudiesen desembocar en operaciones militares a gran escalar contra Hezbolá.

Desde hace meses el eje de la guerra ha venido desplazándose desde la Franja de Gaza hacia Líbano, a la lucha contra Hezbolá más concretamente. Aunque claramente Israel está a años luz de controlar la situación en Gaza, donde Hamás ha sabido reorganizarse como movimiento político para cimentar toda su actividad bajo una la forma de guerrilla, los intereses políticos de Netanyahu y de los sectores más intransigentes de su gobierno han obligado a poner la atención sobre la organización libanesa.

Al comienzo de la noticia se afirmaba que las acciones militares israelíes desarrolladas entre el 17 y 18 de septiembre constituían parte de una estrategia más amplia. De ser así, el problema, tal y como ocurre en Gaza, parece radicar en la ausencia de vínculo entre esta estrategia y los intereses geopolíticos de Israel, así como su solución mediante está vía.

Tradicionalmente se ha afirmado de manera justa que la guerra o la vía militar es la continuación de la política por otros medios. Una vez se ha alcanzado una cierta agudización en el escenario social, resulta imposible que los problemas políticos puedan ser resueltos por otra vía distinta a la militar. Israel parece haber dejado de lado esta premisa fundamental en la actividad política de cualquier sujeto.

Es innegable que Tel Aviv ha recuperado la iniciativa en todos los frentes y marca el compás de la guerra. Tanto por méritos propios, como por la actitud tibia de Hezbolá e Irán. Empero, estas victorias conseguidas y golpes de efecto dados no están traduciéndose en victorias políticas que le permitan avanzar en sus objetivos.

En su lugar, están hundiendo al país en una crisis política cada vez más profunda, expresada, de una parte, en el quiebre a velocidades cada vez más aceleradas de los vínculos que unen al Estado sionista con su sociedad –igual de sionista que su Estado– y, de otra, en la subversión completa de cualquier orden y equilibrio político.

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Con cada día que transcurre, parece cada vez más evidente que Israel se encuentra en una huida hacia delante donde la política queda bajo el mando de la guerra. Su estrategia ha quedado reducida a abrir nuevos frentes militares mediante los que intentar esconder sus propios problemas internos para, desde aquellos, disciplinar y encuadrar a su sociedad sin atender verdaderamente a los problemas que el grueso de ella enfrenta. 

Al igual que en Gaza, Tel Aviv carece en Líbano de objetivos tangibles hacia los cuales desplegar a sus tropas. Su única intención declarada es la vuelta de los israelíes a los municipios del norte de Israel. No obstante, de la apuesta por ese objetivo a su consecución hay un gran trecho. Líbano no es Gaza e Israel puede encontrarse allí con una situación militar mucho más complicada que en el enclave palestino, tanto por extensión geográfica como por la preparación de Hezbolá.

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