
La crisis hidrológica en Irán ha llegado a un punto crítico. Las autoridades advierten de que “estamos a solo unas semanas de un escenario en el que, si no llueve, podríamos sufrir una catástrofe humanitaria”. El presidente, Masoud Pezeshkian, declaraba recientemente que si la sequía continúa hasta diciembre y si el racionamiento de agua no funciona, el gobierno "deberá evacuar Teherán".
En la capital del país viven 10 millones de personas, y en su área metropolitana aproximadamente 18 millones. Evacuar durante meses o incluso de forma permanente a una porción de la población constituirá una tarea enormemente complicada y peligrosa, cuyos daños pueden ser irreversibles y pueden hacer tambalearse a la República Islámica.
Irán y la sequía recurrente
Irán lleva cinco años sufriendo una sequía extrema por el aumento de las temperaturas. La magnitud de la escasez de agua se puede apreciar en el hecho de que, a pesar de que están en pleno otoño, todavía no ha caído ni una gota de lluvia en Teherán esta temporada.
Las precipitaciones en la capital han alcanzado en 2025 su nivel más bajo en un siglo, según las autoridades locales, y se ha registrado el verano más caluroso de su historia. Mientras la mitad de las provincias de Irán no han visto caer una sola gota en meses. Hace solo unos años, a estas alturas ya se habrían producido varias tormentas fuertes.
Teherán se encuentra en la vertiente sur de las montañas de Alborz y tiene veranos calurosos y secos que suelen aliviarse con las lluvias otoñales y las nevadas invernales. Sin embargo, la principal presa de Amir Kabir, en el río Karaj, uno de los cinco embalses que abastecen a la capital, se está secando y solo contiene 14 millones de metros cúbicos, según Behzad Parsa, director general de la compañía de aguas de Teherán, citado por la agencia oficial de noticias IRNA.
Durante el mismo periodo del año pasado, el embalse contenía 86 millones de metros cúbicos, añadió, pero ahora solo tiene suficiente para mantener el suministro a la región de Teherán durante menos de dos semanas. Si bien Irán sufre una grave sequía por falta de lluvias, hay otras razones estructurales que agravan el problema.
Agricultura, sanciones y crisis política
Una gran parte de la escasez está relacionada con la agricultura. Alrededor del 90% del agua de Irán se utiliza en este sector, en su mayor parte de forma ineficiente. El riego moderno cubre menos del 25% de las tierras de cultivo, lo que hace que la mayoría de los agricultores dependan de sistemas de riego por inundación que desperdician enormes volúmenes de agua.
Al mismo tiempo, el abandono de los viejos sistemas de qanats, con la modernización iniciada en el periodo del Sah, por los pozos motorizados ha hecho a los agricultores dependientes de fuentes externas.
Los grandes proyectos de infraestructuras hidrológicas como pozos y presas transformaron el sistema hídrico del país para poder saciar a las ciudades en medio de una creciente urbanización y alimentar las industrias pesadas que consumen mucha agua, como son la siderurgia y la petroquímica.
Durante el periodo del presidente Akbar Hashemi Rafsanjani se disparó con el boom de la construcción con una agresiva privatización de la economía, una perspectiva política que ignoraba las preocupaciones ecológicas.
El exceso de infraestructura que ha secado los acuíferos tradicionales, como los qanats, sumado a la falta de inversión en su mantenimiento, ha ido creando un sistema cada vez más ineficiente. Las sanciones y el sabotaje externo han impedido al país modernizarse y le ha privado de acceso tanto a fondos como a inversiones que eran esenciales para evitar este deterioro.
El iraní medio también consume más agua de la que es sostenible en su vida diaria. Hace años, el gobierno quizá tenía la capacidad de imponer ciertos cambios. No obstante, ya no es así: por temor a las protestas, hay un límite a lo que puede exigir.
El país esta cambiando a una velocidad vertiginosa, con transformaciones que pueden apreciarse a nivel social en la ruptura de los estrictos códigos morales y religiosos de la República Islámica. Teherán ya no es capaz de imponer su voluntad sobre asuntos como el uso del velo y la vestimenta en general, y la desconexión política de la población es cada vez mayor.
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