
Agosto finalizó con una gira del presidente español, Pedro Sánchez, por Mauritania, Senegal y Gambia, países relevantes en el marco del fenómeno de la migración en África. Las relaciones de cooperación de Madrid con estos tres Estados llevan décadas en funcionamiento en diversos ámbitos. Un ejemplo de ello son los acuerdos pesqueros establecidos por la Unión Europea, en los que España participa y que fueron firmados en 2021. Estos acuerdos benefician a 68 buques españoles, permitiéndoles capturar hasta 4.150 toneladas de crustáceos.
Durante esta última gira se selló el programa Alianza África Avanza, que busca aumentar las oportunidades para los jóvenes de África Occidental. No obstante, los vínculos de cooperación con los países africanos están mayormente orientados hacia la gestión de la migración y se han fortalecido como respuesta a las crecientes crisis migratorias.
La migración en África, en el foco europeo
En febrero de este año tuvo lugar una reunión entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente español Pedro Sánchez, y el presidente mauritano, Mohamed Ould Ghazouani. En este encuentro se abordaron las necesidades económicas y de adaptación al cambio climático del país africano, así como la urgencia de realizar esfuerzos conjuntos para tratar de detener la migración ilegal.
Las visitas a Senegal con el objetivo de gestionar la situación migratoria también han sido recurrentes en los últimos años. En 2023, el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, viajó a Dakar para reunirse con su homólogo senegalés y resaltar la importancia de la cooperación entre las fuerzas de seguridad de ambos países para frenar a las mafias de tráfico de personas. Cabe recordar que España tiene desplegadas patrulleras en el país africano para tratar de contener la migración irregular, además de contar con un centenar de efectivos de la Policía Nacional y la Guardia Civil repartidos entre Mauritania, Senegal y Gambia.
En 2024 se cumplen tres décadas desde la primera llegada de un cayuco a Canarias y, a pesar de los acuerdos de cooperación y los fondos invertidos, el fenómeno continúa en aumento. En esta nueva gira, Madrid ha presentado una serie de propuestas que han desatado la polémica. El líder del ejecutivo español defendió una "migración circular", en la que los trabajadores sean contratados en sus países de origen para realizar trabajos temporales en España y regresen a sus hogares nuevamente al finalizar el contrato.
Al mismo tiempo, se han planteado propuestas como las devoluciones de migrantes para combatir las mafias de tráfico de personas y desincentivar la migración irregular. Estas medidas han generado controversia entre los socios de gobierno, aunque estos programas ya existen en Marruecos y en algunos países de América Latina. La expulsión de migrantes no es una novedad en España, que actualmente ocupa el quinto lugar entre los miembros de la Unión Europea en este ámbito.
Cabe destacar que la migración en África ha sido uno de los puntos centrales de la política exterior de España y de la Unión Europea. En los últimos años, se han producido diversas reuniones en las que se han aprobado paquetes de ayudas, cooperación en materia de seguridad y otras medidas para tratar de contener la migración en la conocida como Ruta Atlántica, actualmente la más transitada.
Las rutas migratorias presentan una gran fluctuación y, cuando una se cierra, es probable que otra se abra. Según la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (FRONTEX), mientras las llegadas a Italia han disminuido un 64%, el volumen en Canarias ha aumentado un 154%. Hasta junio de este año, se han registrado el triple de llegadas que en 2023, alrededor de 19.000. Estas se concentran en unas pocas islas, destacando El Hierro, que se encuentra desbordada al no contar con los recursos suficientes.
Asimismo, se espera que en otoño este fenómeno se incremente aún más, ya que las condiciones de navegación son más favorables que en verano. Los gobiernos locales han solicitado ayuda al ejecutivo de Madrid para poder gestionar adecuadamente la situación.
A nivel europeo, se han desarrollado varios programas para gestionar la migración en África. Uno de ellos consiste en delegar en terceros países la gestión de los movimientos migratorios, aunque esta estrategia no ha sido particularmente exitosa, ya que, durante la guerra en Siria, por ejemplo, el gobierno turco de Recep Tayyip Erdoğan contenía los flujos de refugiados y utilizaba esta dinámica como un arma de presión contra Bruselas.
En el Sahel, varios de los países encargados de contener los flujos migratorios sufrieron golpes de Estado y actualmente se alinean con Rusia, aunque tampoco tienen la capacidad real para materializar este objetivo. Tratando de solventar esta situación, la Unión Europea creó el Pacto de Migración y Asilo, cuya elaboración no fue sencilla, ya que era necesario poner de acuerdo a los 27 Estados miembro, algunos muy críticos con la migración –tal es el caso del grupo de Visegrado–. Además, el pacto debió ser aprobado antes de las elecciones europeas, un periodo de enormes sensibilidades.
En consecuencia, se llegó a un acuerdo de mínimos que ha sido duramente criticado por asociaciones de derechos humanos, ya que, según estas, se imponen más obstáculos para obtener el derecho de asilo y, por consiguiente, aumenta la probabilidad de violación de los derechos fundamentales en las fronteras. En definitiva, las medidas propuestas hasta ahora por parte del gobierno de España y la Unión Europea no han tenido los efectos deseados. Para comprender el motivo, es necesario tener en cuenta las dinámicas que se desarrollan en las zonas de África Occidental y Sahel.
La multicausalidad de la migración
La migración en África es un fenómeno sumamente complejo y multicausal. Es importante tener en cuenta que la mayor parte de los flujos migratorios se producen dentro del propio continente africano. La situación en las regiones de África Occidental y el Sahel, de donde proviene una parte importante de la población migrante que llega a España, ha empeorado considerablemente en los últimos años.
La inseguridad en la región del Sahel se ha incrementado debido al recrudecimiento del conflicto en el norte de Mali y la expansión del yihadismo en Burkina Faso y Níger. Las juntas militares que llegaron al poder prometiendo luchar contra la inseguridad en sus respectivos países están lejos de alcanzar sus objetivos y, como consecuencia de los combates, es la población la que se ve mayormente afectada. Esta incompetencia e incapacidad gubernamental se suman a otras dinámicas perjudiciales como la corrupción.
Al mismo tiempo, los grupos armados cometen masacres contra civiles, como la que ocurrió en Burkina Faso el 24 de agosto, en la que 200 personas fueron asesinadas en un ataque que fue reivindicado por Al Qaeda. En este contexto de violencia, parece verdaderamente difícil diseñar un plan de desarrollo y crear las infraestructuras necesarias para hacerlo posible. Como resultado, la población se ve obligada a desplazarse a zonas más seguras o con mayores oportunidades.
El cambio climático es otro factor que está cobrando cada vez más relevancia a medida que aumenta la temperatura global: el continente africano se ve especialmente afectado debido a la incidencia de los rayos solares sobre la tierra. Este fenómeno no solo implica el aumento de las temperaturas –este año, en algunas zonas de Burkina Faso y Mali, se han superado los 45 grados en abril–, sino que también potencia fenómenos extremos como las inundaciones.

Naciones Unidas ha declarado que alrededor de 700.000 personas se han visto perjudicadas por las inundaciones en República Centroafricana, Chad, Costa de Marfil, Liberia, Níger, Nigeria, Mali y Togo. El organismo internacional calcula que cerca de 25.726 hectáreas han sido afectadas, 4.200 cabezas de ganado han muerto, 62.000 hogares han sido destruidos y algunas infraestructuras –por ejemplo, presas– han resultado dañadas.
Las dos cuestiones tratadas anteriormente están estrechamente relacionadas con la destrucción de los modos de vida de los habitantes. En la región del Sahel, una parte importante de la población se dedica a la agricultura y ganadería de subsistencia, actividades que se tornan cada vez más difíciles de sostener en el contexto actual, poniendo en riesgo la continuidad de estos modos de vida tradicionales.
En este contexto, también es importante destacar el papel de los Estados al favorecer la explotación de los recursos por parte de empresas internacionales, en detrimento de las necesidades de la población local. El caso de Senegal es especialmente llamativo, ya que una de las actividades tradicionales, la pesca –para la cual se utilizan los famosos cayucos que llegan a Canarias–, se encuentra seriamente amenazada por los buques de compañías extranjeras que faenan en sus costas.
La Unión Europea es uno de los actores que se benefician de esos acuerdos de pesca, y con sus redes pueden capturar un mayor número de peces, en ocasiones arrollando a los cayucos que también están faenando. Si se busca el desarrollo de los países africanos para frenar la migración, un buen punto de partida podría ser la preservación de sus actividades económicas tradicionales.
Por otro lado, la inflación ha sido una de las principales preocupaciones a nivel mundial. La pandemia del covid-19, junto con otros factores, demostró lo frágiles que pueden ser las cadenas de suministro globales. Al mismo tiempo, los cambios climáticos están generando dificultades para obtener cantidades suficientes de alimentos para abastecer a una población en aumento.
El continente africano está muy expuesto al comercio internacional, lo que lo hace vulnerable a eventos globales como la pandemia o la guerra en Ucrania, que han afectado al comercio de alimentos. Esto ha originado una gran inflación en bienes de primera necesidad, provocando que algunos países productores a reducir sus exportaciones para intentar contener la inflación interna.
En África, esta dinámica ha tenido efectos devastadores, ya que los precios se han incrementado a niveles inasumibles para gran parte de la población. Es necesario tener en cuenta los altos índices de hijos por mujer, y que en muchas ocasiones un solo sueldo sostiene a familias enteras. Los Estados no están siendo capaces de proporcionar subsidios suficientes para neutralizar la inflación. Como resultado, las condiciones de vida se han vuelto cada vez más difíciles para una población que no encuentra trabajo o cuyos salarios no son suficientes.
La migración en África es enormemente dinámica y responde a múltiples factores interrelacionados. La Unión Europea y España se esfuerzan por controlar un fenómeno sumamente complejo, que probablemente no disminuya en los próximos años debido a las causas que hemos analizado. En este caso, es prioritario diseñar una estrategia acorde con la situación real y con las distintas sensibilidades y líneas rojas de los actores implicados.
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