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Alberto Casado, director de Advocacy de Ayuda en Acción: “para luchar contra el hambre es necesario fomentar la soberanía alimentaria”

Alberto Casado, director de Advocacy de Ayuda en Acción, organización que ha colaborado en la publicación del Índice global del hambre.
Alberto Casado, director de Advocacy de Ayuda en Acción, organización que ha colaborado en la publicación del Índice Global del Hambre.

El hambre es una de las cuestiones que más se ha acrecentado en los últimos años debido a una conjunción de factores como la guerra ruso-ucraniana, la pandemia del coronavirus, el cambio climático o la inestabilidad económica global. Para tratar esta cuestión hablamos con Alberto Casado, director de Advocacy de Ayuda en Acción, una organización que ha colaborado en la publicación del Global Hunger Index en el que se plasman estas dinámicas. Conforme al informe, 43 países tienen niveles alarmantes o graves de hambre, especialmente en África subsahariana y Asia meridional.

[Pregunta]: El informe plantea que la crisis alimentaria ha exacerbado las diferencias económicas y sociales. ¿Podría hablarnos de los grupos que se han visto más afectados por este estancamiento de la lucha contra el hambre desde el 2015 y cómo les ha afectado?

[Alberto Casado]: Fundamentalmente, primero por países, los grupos más afectados están en los países de renta media y en los más pobres. Las crisis nos han afectado a todos. Incluso nosotros en Occidente estamos sufriendo los efectos de la inflación, pero tenemos muchos más recursos, somos mucho más resilientes a la hora de responder. Tenemos un sistema de seguridad social y programas de ayuda que funcionan mejor o peor, pero funcionan. En cambio, en todos estos otros países, estos sistemas o son muy débiles o sencillamente no existen, por eso digamos que todas estas crisis les afectan más a ellos. Sobre todo cuanto más baja es la renta, más porcentaje de la misma dedican las personas a la alimentación y más les cuesta alimentarse. En nuestro caso tenemos el ejemplo de la vivienda: los pobres en España dedican mucha parte proporcional a pagar una casa.

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En cuanto a los grupos, los más afectados siempre suelen ser la infancia y la adolescencia, también las mujeres. Digamos que son los sectores vulnerables por excelencia. En el caso de las mujeres es la desigualdad que está patente y activa en casi todo el planeta, pero que se manifiesta más y de manera más grave en países con sistemas sociales débiles. En el caso de la infancia y de la adolescencia les afecta más porque todos los episodios de hambre o de desnutrición crónica o aguda que puedan sufrir durante esas etapas, como es el momento de crecer, les puede perjudicar para el futuro. Es decir, si hay una infancia que ha tenido una desnutrición crónica, eso puede provocar que no se desarrollen de una manera plena. Por tanto, contar, disponer y acceder a una alimentación suficiente y nutritiva es básico sobre todo en estos estadios de edad.

[P]: En el mismo informe se habla de que Asia meridional y el continente africano son las regiones más afectadas. Luego hablaremos más a fondo de África, porque llama mucho la atención ese dato. ¿Qué factores hacen especialmente vulnerables a estas regiones?

[AC]: Como comentaba anteriormente, es un factor que se aprecia sobre todo en Asia meridional y oriental y África subsahariana. Son países en los que los Estados son frágiles. Algunos incluso están en conflicto. Digamos que de aquellos que tienen los datos más altos de hambre, una gran parte están afectados por conflictos y sus sistemas son más débiles. Luego también sucede que muchos son países que viven de una agricultura de subsistencia en la que la gente produce lo mínimo para comer. Del mismo modo, hay una parte muy grande que venden alimentos, exportan materias primas, pero luego son importadores de alimentos elaborados, con lo cual se les encarece el precio de los alimentos.

Aquí tiene que ver un poco cómo está montado el sistema alimentario mundial, que fue pensado para que grandes empresas y monopolios produzcan, elaboren y vendan todos los alimentos que consumimos. Es un sistema más pensado para la comercialización que para la alimentación, y esto para países que son meramente productores les afecta porque muchas veces les empuja incluso a convertirse en monocultivos, por ejemplo de soja. Esto provoca que si falla la cosecha de soja pues falla todo y que haya poca cosecha destinada a alimentar a las personas.

[P]: Me llamó mucho la atención que ocho de los nueve países que se encuentran en riesgo alarmante de hambruna están en África. En esto se juntan numerosos factores, como la malnutrición en edades tempranas –en muchos de los países afectados la media de edad no supera los 25 años– o el monocultivo, como en el caso de Senegal con el cacahuete y el arroz. En su opinión, el efecto del cambio climático ¿en qué medida está afectando a estos países?

[AC]: Creo que ya casi nadie puede negar los efectos del cambio climático. Estamos empezando a sentirlos en todos los lugares del planeta, pero especialmente en los países que tienen menos recursos para responder a la crisis y que están situados en unas franjas en las que climatológicamente hace más calor. Ahí las sequías se han exacerbado; y no solo las sequías, que ahora son más grandes y más duraderas, las inundaciones son también más copiosas y además menos predecibles. Digamos que a lo que está afectando el cambio climático es a los ciclos. Antes los agricultores eran capaces de cultivar y de vivir porque entendían los ciclos. Sabían que la época seca eran seis meses y que la lluviosa eran otros seis. Eso ha ido cambiando. Ahora los ciclos de sequía son mucho más largos y los de lluvia son más cortos y más intensos, con lo cual ni siquiera esa lluvia sirve porque inunda, barre o arrastra los suelos. Hace dos o tres años en el cuerno de África hubo una plaga enorme de langostas producida en parte por el cambio climático ya que provocó una alteración en el régimen de lluvias. Antes había langostas, pero no en forma de plaga, y esto ha afectado muchísimo a la capacidad de producir alimentos de esos países.

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Otro de los temas en los que el cambio climático también está perjudicando de una manera indirecta es que como está afectando a la capacidad de acceso a los recursos naturales –la lucha por el agua o la lucha por el suelo, por ejemplo– eso está causando cada vez más conflictos, que a su vez se presentan como uno de los grandes agitadores del hambre en el mundo.

[P]: En el informe se advierte que la lucha contra el hambre se ha visto obstaculizada por diversas crisis que se han ido superponiendo en el tiempo, se han ido retroalimentando, como puede ser la pandemia del coronavirus, la guerra de Ucrania y el cambio climático. ¿Podría explicarnos cómo interactúan estos factores entre ellos?

[AC]: Volviendo a lo que comentaba del cambio climático, éste tiene unos efectos que son los directos, sequías o inundaciones, por ejemplo. Pero lo que también está produciendo es que, ante la incapacidad de la gente de poder desarrollar una vida digna en sus territorios, aumenten las migraciones y los movimientos de población. Esto también genera, como siempre que hay grandes masas de población en movimiento, situaciones de emergencia humanitaria, porque la mayoría de esas personas acaban migrando a territorios donde también son pobres y también tienen dificultades.

El cambio climático indirectamente está afectando a los conflictos, que suceden por muchas causas y una de ellas es la lucha por los recursos naturales: quién accede a una fuente de agua, quién accede a una salida al mar, quién accede a los mejores territorios y los más fértiles, etcétera. Eso está provocando que los conflictos sean más duraderos, más prolongados y al final termina afectando a la población. El conflicto en sí mismo, a su vez, es un disparador del hambre: la incapacidad, la inseguridad, la destrucción de las cosechas, la especulación de los alimentos por parte de los distintos grupos del conflicto hacen que, al final, la población civil sea la más afectada y la que tenga menor acceso a la alimentación.

[P]: Una de las cosas que ha llamado la atención de la guerra de Ucrania es cómo un conflicto en un lugar específico puede poner en jaque todas las líneas de suministro mundiales, porque en Europa tuvo efectos duros, pero es que en África y otras zonas de renta media/baja fueron devastadores. ¿Cómo ha supuesto la guerra de Ucrania un estancamiento en la lucha contra el hambre?

[AC]: Es una de las pruebas de que el sistema alimentario actual no funciona. En este caso, tanto Rusia como Ucrania son grandes productores de cereales y eran los que acaparaban el comercio. Pero no solo eso, sino que también son grandes productores de fertilizantes, algo que ha afectado a todo el planeta ante la incapacidad de producir fertilizantes en el corto plazo. Esto provocó una inflación tremenda y el aumento del precio de los alimentos. Por ejemplo, América Latina es la región del mundo donde la inflación en los alimentos ha sido superior: ha aumentado de media un 20%. Del mismo modo, en comunidades muy vulnerables que están viviendo casi en una crisis constante y en situaciones de vulnerabilidad muy grandes, el tener encima una inflación galopante les dificulta más su subsistencia. Efectivamente, la guerra entre Ucrania y Rusia sí es un buen ejemplo de que el sistema alimentario no está funcionando por esa dependencia que tenemos de ciertos productos estratégicos.

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[P]: Sí, ahí se vieron mucho las debilidades del sistema alimentario. Sobre todo en zonas como América Latina, Sudeste Asiático y África las consecuencias fueron devastadoras. En muchos sitios no es que hubiese inflación, es que no había alimentos. Ya lo hemos analizado muy bien, pero ¿quiere destacar alguna otra deficiencia del sistema alimentario?

[AC]: Sí. Un sistema alimentario sano que produzca alimentos nutritivos y sostenibles tiene que estar repartido. No podemos depender tanto de ciertos países. En ese sentido, es necesario fomentar la soberanía alimentaria, que es la capacidad de todas las comunidades, especialmente de los países, de ser capaces de producir los suficientes alimentos para poder alimentar a la población. Eso es una de las cosas que se pide en las recomendaciones del Global Hunger Index y desde Ayuda en Acción, sobre todo de cara al futuro ya que es un proceso largo el de la transformación de los sistemas de alimentación. Se deben modificar estos sistemas para que estén pensados en producir alimentos, no para la comercialización, que sean sostenibles en el tiempo, también desde el punto de vista medioambiental, y al que todas las comunidades tengan acceso. De lo contrario, no podremos estar resolviendo el problema del hambre en el mundo. Ese acceso cercano a alimentos sanos es básico. 

Aquí una de las claves es la gobernanza del sistema alimentario: dónde están las comunidades más vulnerables, especialmente los agricultores y agricultoras. La mayoría de los del mundo viven en estos países del sur y de renta media y, contradictoriamente, son los que padecen mayores volúmenes de hambre. Son agricultores pero, como decía antes, son de subsistencia y no son capaces de dar ese paso más allá. Y ahí entran por ejemplo la capacidad y las políticas de los gobiernos de potenciar esos mercados locales, de ayudar a los agricultores y agricultoras a tener unos servicios externos atractivos: seguridad social, acceso a semillas, acceso a créditos, reforma de la ley agraria en el caso de las mujeres para que puedan acceder a la propiedad de la tierra de una manera igualitaria con los hombres, etcétera. Hay ciertas políticas que tienen que ir cambiando para que, cuando hablamos de soberanía alimentaria, todos entendamos que los países tienen capacidad plena para alimentar a toda la población, o al menos a la mayoría. Luego utilizar el comercio para ayudar a países muy poblados que tienen dificultades para producir alimentos, pero no depender exclusivamente de eso.

Índice global del hambre según el informe Global Hunger Index. África subsahariana y Asia meridional son las regiones más afectadas.
Índice global del hambre según el informe Global Hunger Index. África subsahariana y Asia meridional son las regiones más afectadas.

[P]: O sea, que el comercio sea algo auxiliar pero que no lleve la mayor parte de la carga alimentaria.

R: Claro. El hecho de que el comercio de alimentos esté en manos de grandes conglomerados de empresas hace que esté más pensado para los accionistas. Es legítimo, pero efectivamente desde el punto de vista de los gobiernos tienen que proteger los sistemas alimentarios para que toda la población pueda acceder a ellos. No es de recibo que países como México, que tiene tierra suficiente para producir, tenga que comprar cada vez más alimentos a Estados Unidos, alimentos ultraprocesados que encima no son sanos, son caros, no son nutritivo. Es ese sistema de “bueno, yo te vendo grandes cantidades, tú las transformas y las procesas y luego yo te la vuelvo a comprar”. Eso es lo que tiene que cambiar.

[P]: Una cuestión que también me ha resultado llamativa del informe es que pone el foco en el papel de los jóvenes en la transformación de estos sistemas alimentarios ¿Cuál sería el rol de este grupo de población en retomar la soberanía alimentaria?

R: Como tú bien decías antes, ahí, y no solo en los países del sur, actualmente hay 1.200 millones de personas jóvenes. Es el momento en la historia en el que hay un mayor número de personas jóvenes, pero no tienen ninguna capacidad de decisión en las políticas en general y en las políticas alimentarias en particular. Entonces lo que pedimos en Ayuda en Acción, especialmente los autores del informe, es que se invierta en los jóvenes. Es necesario que se invierta en capacitación y en educación para que los jóvenes puedan conocer cuáles son aquellas técnicas de cultivo que son mejores para los terrenos de las comunidades en las que viven y que se puedan adaptar al ecosistema local. 

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Además, es necesario que se invierta desde los gobiernos en agricultura y en los sistemas alimentarios para hacer atractiva la profesión de agricultor y agricultora, porque si no los jóvenes querrán irse a las ciudades, como está pasando, y no quedará nadie que cultive la tierra. Es fundamental que se convierta la agricultura en una actividad atractiva para las familias jóvenes que empiezan a establecerse. Si no se hace, estaremos dando una patada hacia adelante y tendremos el mismo problema en el futuro.

[P]: Como última pregunta: aparte del rol de la población, ¿cuáles son los puntos que considera el informe para reconducir esta fragilidad de los sistemas alimentarios, de la lucha contra el hambre? ¿Cuáles son los principales puntos que se muestran?

[AC]: Es lo que comentaba. La potenciación de los sistemas alimentarios, convertirlos en sistemas que tengan soberanía alimentaria, y que se pueda acceder a los alimentos saludables, sostenibles y nutritivos de manera local, que sean accesibles en el precio. Para eso es necesario establecer políticas que apoyen al mundo rural para que haya agricultores y agricultoras, que sea atractivo para ellos y que quedarse en sus territorios sea una opción viable más, igual que irse a la ciudad. La mayoría de la gente que emigra lo hace por necesidad, y si todos tuviéramos oportunidades en los contextos donde vivimos, migraríamos por otro tipo de decisiones, pero no por necesidad u obligación. Es decir, que la emigración sea el último recurso. Eso es lo que nosotros perseguimos en Ayuda en Acción. No evitarla, porque la emigración es algo positivo, lo ha sido en la historia, pero que la gente cuando tome esa decisión no sea por el último, ultimísimo recurso de sobrevivir. 

[P]: Ya estarían todas las cuestiones. Si quiere hablar de algún tema que hayamos dejado en el tintero…

[AC]: Creo que hemos tocado todos los puntos del informe. Es relevante destacar el estancamiento que se ha producido desde 2015. En algunos países se ha avanzado, pero muy poco, apenas un punto en el cómputo del Global Hunger Index. Pero es que en otros, en 18 países, ha sido peor. Entonces es importante que pensemos sobre todo con los objetivos del 2030 y más allá, casi objetivos para 2050, ver cómo podemos trabajar, cómo los gobiernos pueden centrarse en fortalecer esas políticas que ayuden realmente a las poblaciones a acceder a una alimentación completa. Eso desde luego se hará si, y solo si, desde los gobiernos se toman en serio este tipo de políticas y ponen los recursos económicos y humanos necesarios para que esto suceda.

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