
El presidente Daniel Noboa ha designado a su secretaria nacional de Planificación, Sariha Moya, como nueva vicepresidenta temporal de Ecuador hasta el 22 de enero. Esta decisión se enmarca en el enfrentamiento político que el dirigente ecuatoriano y la hasta ahora vicepresidenta Verónica Abad han mantenido en las últimas semanas.
Además, el nombramiento de Moya se produce después de que la justicia ecuatoriana restituyera en funciones a Abad, quien había sido suspendida del cargo por el Ministerio de Trabajo durante 150 días. El fallo suponía un varapalo judicial para el presidente Noboa, que desde hace meses trataba de llevar al ostracismo político a quien fuese su compañera de fórmula.
Esta pugna llega en un momento trascendental, a solo unos días de que Noboa dimita de la presidencia para afrontar las elecciones del 9 de febrero. Un mandato de la legislación ecuatoriana que, en aras de garantizar la igualdad entre candidatos, obliga al presidente en funciones a renunciar durante la campaña electoral si aspira a la reelección.
Este escenario permitía, a priori, que Abad asumiera como presidenta interina durante poco más de un mes al ser el cargo de vicepresidente el primero en la línea de sucesión. No obstante, la relación entre ambos está completamente rota, y el entorno de Noboa ya había avanzado que harían todo lo posible para evitar la toma de posesión. La designación de Moya forma parte de este juego político.
La pugna entre Noboa y Abad
La suspensión, la posterior resolución judicial y el nombramiento de una nueva vicepresidenta son solo los últimos capítulos de una crisis política mucho más profunda. La falta de confianza del presidente en su “número dos” explica que desde hace meses Noboa haya tratado de invisibilizar y forzar la renuncia de Verónica Abad.
La figura vicepresidencial en Ecuador no tiene tareas concretas asignadas, sino que cada presidente puede designar el trabajo que estime oportuno. Así, Rafael Correa encomendó a Lenin Moreno trabajar en el ámbito de la discapacidad, y a Jorge Glas en las Telecomunicaciones; mientras, Guillermo Lasso pidió al médico Alfredo Borrero hacer lo propio en el ámbito sanitario.
Noboa, por su parte, aprovechó la indefinición de la Constitución ecuatoriana para alejar a su vicepresidenta del foco. Designándola, primero, como “mediadora” en el conflicto entre Israel y Palestina y, después, como encargada de velar por las relaciones económicas entre Ecuador y Turquía. Decisiones que Abad calificó como un “exilio forzoso” y “persecución política”, señalando, además, que la detención de su hijo, acusado de tráfico de influencias y encarcelado en una prisión de máxima seguridad, era un “montaje” para forzar su renuncia.
Precisamente, la tardanza para trasladarse de Tel Aviv a Ankara justificó que el Ministerio de Trabajo impusiese una suspensión del cargo durante cinco meses por “abandono injustificado del trabajo por tres o más días laborales”. El expediente, abierto el 20 de noviembre por uno de los halcones de Noboa en el gabinete, eliminaba a Abad de la ecuación y permitía al presidente buscar una figura de confianza para ocupar la presidencia interina.
Sin embargo, el 23 de diciembre la justicia ecuatoriana anuló la decisión y restituyó a Abad en sus funciones, quien aprovechó el impasse para regresar a Ecuador y asegurar que “asumirá la presidencia” el 5 de enero. Esta postura fue utilizada por el entorno del mandatario para criticarla, calificando su actitud como "un hecho grave que golpea la institucionalidad de la función ejecutiva y supone además un desacato de un decreto ejecutivo".
El tándem Noboa-Abad fue un matrimonio de conveniencia que nació herido de muerte. La papeleta se diseñó atendiendo a criterios más estéticos que políticos. Sin estructura partidaria detrás, ambos fueron escogidos compañeros de fórmula por compartir un perfil “joven, formado y renovador”, pero no un proyecto político común.
Así las cosas, se avecina una guerra judicial y política con el día 5 enero, fecha en la que Noboa debería renunciar, marcado en rojo. Por un lado, el gobierno está busca que Moya asuma la presidencia interina. Por otro, la hasta ahora vicepresidenta ha denunciado por “violencia de género” y “acoso” al mandatario y a otros cuatro altos funcionarios del gobierno, denuncia desestimada en primera instancia. Este enfrentamiento plantea una posible crisis de sucesión en plena campaña electoral, enrareciendo, aún más, el ambiente político de un país golpeado por una grave crisis económica, institucional y, especialmente, securitaria.
Más de 13 millones de ecuatorianos están llamados a elegir presidente y renovar una ultra fragmentada Asamblea Nacional el 9 de febrero. Las encuestas aún no han podido reflejar si el enfrentamiento Noboa y Abad ha pasado factura a las aspiraciones electorales del presidente, que lidera la mayoría de las encuestas con una media del 35% del voto. Por detrás, la correista Luisa González, quien ya perdió en la segunda vuelta presidencial de 2023 ante Noboa.
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