El presidente tunecino recibe a Brahim Ghali y desata la ira de Marruecos

El presidente de la República de Túnez, Kaïs Saied, se reune con el presidente de la RASD, Brahim Ghali
El presidente de la República de Túnez, Kaïs Saied, se reune con el presidente de la RASD, Brahim Ghali. Fuente: Reuters

Por Néstor Prieto

El Magreb continúa inflamándose. La decisión del presidente tunecino Kaïs Saied de recibir, con honores de jefe de Estado, al secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) ha desatado la ira de Marruecos.

Este movimiento se produce en la antesala de la VIII Conferencia Unión Africana-Japón, foro que tiene lugar en Túnez los días 27 y 28 de agosto. En la tarde del viernes Brahim Ghali, al frente de una nutrida delegación saharaui, aterrizaba en el Aeropuerto Internacional de Cartago. Al pie de la escalinata esperaba Saïed y su ministro de asuntos exteriores Othman Jerandi. Saludo, paseillo flanqueado de tropas del ejército tunecino y rumbo al Palacio presidencial. Allí se mantuvo un encuentro entre los dos presidentes del que no han trascendido detalles a la prensa.

En cuestión de minutos la cancillería marroquí emitía un duro comunicado en el que aseguraba que Túnez había «multiplicado recientemente las posiciones y los actos negativos respecto al Reino de Marruecos y sus intereses superiores», confirmando «abiertamente su hostilidad» al «invitar a la entidad separatista» al foro Japón-Unión Africana. Señalando el recibimiento a Brahim Ghali como «un acto grave y sin precedentes».

Ciertamente el suntuoso recibimiento del presidente saharaui no tiene parangón. El acto, que en un contexto normal no pasaría de la mera cortesía diplomática, altera los equilibrios geopolíticos del Magreb, pues Túnez no reconoce a la RASD e históricamente ha mantenido una posición ambigua respecto al conflicto saharaui. Aunque la RASD es Estado fundador y miembro de pleno derecho de la UA, Túnez había evitado, hasta ahora, cualquier gesto de sintonía política que pudiese provocar un desaire marroquí.

Argelia, Marruecos, Francia y el Sáhara: un laberinto de intereses

El más pequeño de los estados del Magreb se ha debatido siempre entre la gran influencia francesa, pues la exmetrópoli aún conserva gran peso político y económico, y el vecino argelino, con el quien comparte frontera e innumerables vínculos sociales y económicos.

Durante la primera guerra del Sáhara Occidental (1975-1991) Túnez optó por una «neutralidad» que, por omisión, beneficiaba a las tesis de Rabat. De hecho, durante décadas los lazos con Marruecos han sido más fuertes que con Argel. Una sólida relación cultivada con mimo por París, que tenía en Rabat y Túnez sus dos principales aliados en la región.

No obstante, la administración del presidente Saïed parece reordenar su agenda geopolítica. Las críticas occidentales al golpe constitucional y el impulso a una nueva Carta Magna, una línea que termina de enterrar la «idílica transición tunecina», terminó de confirmar la estrategia tunecina de establecer nuevas alianzas.

Para ampliar: Túnez y la transición ideal, inestabilidad tras una década de revolución

Argelia ha tomado la delantera. El presidente Tebboune apostó desde un inicio por respaldar a su homólogo tunecino; en el último año ambos jefes de Estado se han visitado cuatro veces. Una sintonía que tiene reflejo en todas las esferas.

La frágil economía tunecina se ha visto en jaque por los últimos acontecimiento internacionales. El COVID-19 dejó bajo mínimos el turismo, que representa cerca del 15% del PIB. Después, la guerra de Ucrania ha encarecido los costes de fertilizantes e hidrocarburos; dos materias esenciales para Túnez que tiene que comprar en mercados extranjeros.

Brahim Ghali al frente de la delegación saharaui aterrizando en el Aeropuerto Internacional de Cartago. Fuente: Sahara Press Service (SPS)

En este contexto Argelia lanzó un salvavidas en forma de gas barato, el 70% de las importaciones provienen de este país; un crédito de 265 millones de euros, que Argelia otorgó con condiciones muy favorables; y la reapertura de la frontera terrestre, cerrada desde hace dos años por la pandemia. Para diciembre de 2021 ambos presidentes escenificaron la «convergencia total» de intereses suscribiendo la ambiciosa Declaración de Cartago, que incluía acuerdos de cooperación en 14 campos incluyendo Justicia, Interior, Energía y Minas o Pesca entre otros.

En la arena internacional Túnez ya había generado malestar en Marruecos al abstenerse, por primera vez en su historia, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para la renovación del mandato de la MINURSO (Misión para la Realización del Referendúm del Sáhara Occidental). La abstención se interpreta como una posición crítica por lo «poco ambicioso del texto».

A falta de saber si Túnez irá más allá en sus relaciones con el Frente Polisario, Rabat ya ha reaccionado llamando a consultas a su embajador en el país y cancelando su participación en el foro Japón-Unión Africana. La reacción tunecina ha ido en la misma línea, aplicando un criterio de reciprocidad por el que retiran a su embajador en Marruecos. Además, recuerdan que la RASD participó en las últimas ediciones del foro Japón-Unión Africana, que han dado una «recepción equitativa» a todos los invitados y que por tanto la posición marroquí se reduce a «falacias». 

El comunicado reza que Túnez mantendrá su «completa neutralidad» en el conflicto. Una posición que acepta interpretaciones, y que si bien sirvió para consolidar el statu quo de ocupación ahora podría servir para dar un impulso internacional a las aspiraciones del pueblo saharaui.


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Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.

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