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Colaboracionismo y resistencia en la guerra de Ucrania

Incendio de un depósito de material en Sumy, 2022.
Incendio de un depósito de material en Sumy, 2022. Fuente: State Emergency Service of Ukraine – bajo CC

La invasión rusa de Ucrania ha generado diversas reacciones entre la población local, las cuales se han expresado de diversa forma, oscilando entre los dos puntos extremos de colaboracionismo y resistencia. En los territorios ocupados por Rusia muchos ucranianos han aceptado la nueva situación con aquiescencia o han tratado de adaptarse lo mejor posible. Paralelamente, tras las líneas del frente también se ha ido articulando un importante movimiento de resistencia contra los rusos.

Pero también ha habido ucranianos que han recibido a las tropas rusas más como hermanos que como invasores, y han optado por colaborar con las nuevas autoridades. Tras más de un año de conflicto, Moscú ha conseguido organizar una administración colaboracionista que da forma a la anexión de varias regiones y apuntala el control de estas zonas. Los simpatizantes prorrusos también están en el territorio que controla Kiev, operando muchos de ellos como espías dentro de la administración. 

La guerra más allá del frente

Como ya ha ocurrido en otras guerras a lo largo de la historia, la de Ucrania no se ha limitado a las operaciones militares en el frente. La retaguardia ha constituido otro frente de lucha, en el que se combate mediante otras armas: espías, colaboradores, resistentes, etcétera. Esta dinámica se vio potenciada por el fracaso de la invasión rusa y la prolongación de la contienda. La violencia también ha estado muy presente en la retaguardia, en especial de la mano de la represión. A las pocas semanas de comenzar la guerra los medios de comunicación informaron de la masacre de civiles perpetrada por una unidad del ejército ruso en la localidad de Bucha, al norte de Kiev.

Para ampliar: La gran apuesta de la próxima ofensiva ucraniana

Con el paso de los meses se han incrementado exponencialmente las denuncias por presuntas ejecuciones y asesinatos. En el lado ucraniano también ha habido denuncias relativas a la represión incontrolada que estaba teniendo lugar en la retaguardia. Sobresale el caso de Denys Kireyev, un oficial de inteligencia que fue ejecutado por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) en circunstancias todavía no esclarecidas. Si hay dos elementos que definen bien el estado que imperaba en los primeros días de la guerra, estos son el caos y la confusión. Y todo ello en un contexto en que los rusos avanzaban hacia Kiev y varios millones de civiles huían hacia Polonia.

Muchas de las autoridades locales ucranianas rechazaron cooperar con los ocupantes. Esto supuso la destitución o la detención de alcaldes y funcionarios, como fue el caso de Ivan Fedorov, regidor de Melitopol. Ello ha dado lugar a situaciones en las que coexisten el antiguo alcalde pre-invasión y el nuevo designado por Rusia. Este ha sido el caso de ciudades como Melitopol o Mariupol, aunque en los óblast disputados ocurre algo parecido. En estas regiones a los gobernadores leales a Kiev la propaganda rusa comenzó a denominarles Gauleiter, término que acabó siendo reutilizado por los ucranianos para referirse a los gobernadores pro-Moscú. Los Gauleiter eran un cargo del Partido Nazi alemán que equivalía a jefe político de distrito.

Durante las primeras semanas de la contienda en numerosas ciudades ucranianas comenzó a surgir un movimiento espontáneo de protestas cívicas contra las fuerzas rusas. Tuvieron cierto eco durante algún tiempo, hasta su paulatino cese hacia mediados de marzo cuando los ocupantes empezaron a realizar arrestos contra sus integrantes. Si muchos ciudadanos han rechazado desde el primer momento la invasión, otros tantos han decidido romper con Kiev y han pasado a colaborar con Rusia. En una escala diferente se encuentran aquellos que se han adaptado con apatía o aquiescencia a la ocupación, con un contexto de fondo en el que el resultado de la contienda no está claro.

El colaboracionismo prorruso

Ante la perspectiva de una guerra larga, Rusia comenzó a establecer administraciones colaboracionistas en los territorios que controlaba. En las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk se mantuvo la organización que existía con anterioridad al 24 de febrero de 2022. En los óblast de Járkov, Zaporiyia y Jersón sí se establecieron nuevos órganos administrativos de carácter militar-civil en cuyo seno coexistían los funcionarios designados por Moscú y los colaboracionistas locales. Dado que las fuerzas rusas no controlaban las capitales regionales de Járkov y Zaporiyia, las ciudades de Kupiansk y Melitopol pasaron a convertirse en los nuevos centros de poder.

Moscú contó desde bien pronto con una pléyade de partidarios que pasaron a cooperar con el nuevo poder establecido y a ocupar puestos de responsabilidad. Este colectivo está compuesto por políticos, funcionarios civiles, policías, etcétera. Se da la circunstancia de que muchos de los elementos colaboracionistas proceden del Partido de las Regiones o del Bloque Opositor, formaciones de corte rusófilo que desde el Maidán de 2014 han quedado virtualmente fuera del poder. Ese ha sido el caso de Volodymyr Saldo y Yevhen Balytskyi, que desde la primavera de 2022 se han convertido en las principales figuras de la colaboración con Rusia en las regiones de Jersón y Zaporiyia.

Para ampliar: El colapso ruso en Járkov

La nueva administración ha traído importantes cambios a la vida cotidiana de los habitantes del sureste de Ucrania, especialmente tras la anexión de los territorios. En las escuelas se han introducido nuevos planes de estudio y se ha adoptado el ruso como lengua vehicular –el ucraniano ha sido excluido de la enseñanza–. Algunas localidades han recuperado los topónimos de época soviética, los cuales habían sido cambiados por las autoridades de Kiev en los años que siguieron al Maidán. En fechas recientes las autoridades también han modificado el huso horario que regía en las regiones anexionadas, cambiando el de Kiev –UTC+02:00– por el de Moscú –UTC+03:00–.

Los avatares de la guerra han supuesto cambios en la organización territorial de los territorios ocupados. La contraofensiva ucraniana en Járkov supuso que Moscú perdiera el control de esta zona y que su administración quedase virtualmente desmantelada. Algún tiempo después los rusos se retiraron de la zona norte de Jersón, debiendo trasladar la capital regional a la pequeña ciudad de Henichesk. Pero el mayor cambio ha sido sin duda la decisión rusa de anexionarse los óblast de Dónestk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón. Tras unos plebiscitos celebrados en estas regiones, el 30 de septiembre de 2022 se formalizó su integración unilateral en Rusia.

Líderes prorrusos de las regiones ocupadas, en 2022. Uno de los mayores ejemplos del colaboracionismo prorruso.
Líderes prorrusos de las regiones ocupadas, en 2022. Uno de los mayores ejemplos del colaboracionismo prorruso. Fuente: el Kremlin – bajo CC

Las retiradas rusas en Járkov y Jersón supusieron que un gran número de civiles colaboracionistas o partidarios de Moscú huyeran por temor a las posibles represalias. En la ciudad de Kupiansk, por ejemplo, la población local se ha reducido de los 57.000 habitantes que había antes de la guerra a los 17.000 que había a comienzos de 2023. Las autoridades ucranianas han reinstaurado su administración en la zona, pero la salida de los elementos prorrusos no ha significado que esta cuestión se desvanezca. Tanto en Járkov como en Jersón siguen quedando partidarios de Moscú, y los oficiales ucranianos desconfían ante las verdaderas lealtades de estas regiones.

La sombra de la quinta columna

Durante las primeras semanas de la guerra circularon profusamente las imágenes de supuestos espías y agentes quintacolumnistas que eran detenidos por las fuerzas de seguridad ucranianas. En aquellos días se desató en la retaguardia un auténtico terror ante la figura de los quintacolumnistas que aguardaban la llegada de los rusos a Kiev y otras partes del país. Se estima que solo durante 2022 hubo miles de detenciones de sospechosos de ser espías, informantes o colaboradores de Rusia. En numerosos casos se trataba de funcionarios del Estado con acceso a información sensible, mientras que otros muchos son ciudadanos anónimos que operan por su propia iniciativa.

En muchas localidades de la Ucrania oriental hubo políticos y funcionarios que se pusieron a disposición de las nuevas autoridades de ocupación rusas. Sirva de ejemplo lo ocurrido en Izium, en el óblast de Járkov. Hacia mediados de marzo de 2022, en plena batalla por la toma de la ciudad, varios políticos y policías locales se pusieron a disposición de las fuerzas invasoras. Al parecer habrían proporcionado información a los rusos sobre dónde se encontraban las unidades militares ucranianas. Asimismo, ha generado muchas dudas la actuación del antiguo jefe del SBU en Crimea, Oleh Kulinich, que habría mantenido una actitud indolente ante la invasión rusa.

En medio de este clima, las autoridades ucranianas procedieron a perseguir a aquellos individuos y grupos a los que se consideraba agentes prorrusos. En marzo de 2022 el gobierno suspendió la actividad de once partidos de la oposición bajo la acusación de tener lazos con Rusia. Entre ellos se encontraba la Plataforma de Oposición, la segunda formación más importante del parlamento. Unos meses después la Corte Suprema de Ucrania acordó prohibir definitivamente la actividad de estos partidos. Asimismo, se arrestó a varios diputados con un largo historial prorruso, como Nestor Shufrych o Viktor Medvedchuk, este último muy ligado a Vladimir Putin.

Para ampliar: La batalla de Bajmut

La religión ha constituido otro frente de batalla para Kiev. Desde que se inició la contienda la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, dependiente canónicamente del Patriarcado de Moscú, ha sido acusada en repetidas ocasiones de colaborar con Rusia. El conflicto se ha ido intensificando durante los últimos meses, a pesar de que los popes proclamaron su independencia de Moscú. En este tiempo se han realizado redadas contra varios templos y se ha detenido a varios religiosos bajo la acusación de espionaje o de bendecir a los invasores. Así mismo, en las regiones occidentales de Leópolis, Rivne, Volinia y Zhitómir la administración ha prohibido las actividades de la Iglesia.

Tras un año de guerra, la situación en la retaguardia es todavía incierta. Con el paso de los meses se ha hecho evidente que la infiltración de agentes rusos en el Estado ucraniano ha sido mayor de lo que las autoridades han querido reconocer. La continuada aparición de casos de colaboracionistas entre los funcionarios estatales, incluso dentro de las filas del SBU, terminó provocando un sonoro escándalo. El 18 de julio de 2022 se comunicó la fulminante destitución de la fiscal general, Iryna Venediktova, y del jefe del SBU, Ivan Bakanov, por su incapacidad para controlar de forma efectiva la infiltración de Moscú en el aparato estatal. Las sospechas también acabaron recayendo sobre Bakanov, a pesar del hecho de que este fuera un viejo amigo de Zelensky.

Resistencia en la retaguardia rusa

En un principio, Moscú logró edificar una administración colaboracionista en los territorios ocupados que no encontró muchos obstáculos. Sin embargo, durante el último año una oleada de ataques y atentados han puesto en evidencia los límites de la autoridad rusa. La actividad de los distintos grupos que operan en estas áreas no se ha limitado a los sabotajes y ataques contra las fuerzas ocupantes. Sus acciones armadas también han tomado un cariz de represión contra aquellos elementos rusófilos.

Ya en la primavera de 2022 fueron apareciendo una serie de grupos muy variopintos con el fin de hostigar a las fuerzas ocupantes en aquellos territorios que habían logrado capturar. Los que mayor relevancia mediática han tenido son: Resistencia Popular de Ucrania, el movimiento nacionalista Atesh o el Ejército Partisano de Berdiansk. Este último tiene un ámbito de actuación más local que se circunscribe a la ciudad portuaria de Berdiansk. De forma paralela, desde Kiev el SBU y las Fuerzas Especiales han organizado un número importante de operativos que han mandado a la zona con fines de apoyo táctico y logístico a los grupos locales que ya vienen operando.

Registro policial ucraniano de un templo ortodoxo en una operación para luchar contra el colaboracionismo prorruso.
Registro policial ucraniano de un templo ortodoxo en una operación para luchar contra el colaboracionismo prorruso. Fuente: Servicio de Seguridad de Ucrania

Los autodenominados partisanos incrementaron sus acciones desde el final de la primavera, especialmente en el óblast de Jersón, donde fue un verano muy complicado para las autoridades. Entre junio y agosto de 2022 se sucedieron los atentados a plena luz del día contra funcionarios de la administración, oficiales de policía, políticos, etcétera. Entre las víctimas mortales sobresale el nombre de Oleksiy Kovalov, exdiputado en la Rada por el partido de Zelensky que se había pasado al lado ruso. Los ataques realizados durante esos meses abarcaron varias modalidades: desde asaltos concretos y tiroteos en plena calle al uso de coches bomba. Otra actividad que habrían desarrollado estos grupos fue la difusión de propaganda en la zona de Jersón con un doble fin: desmoralizar a los ocupantes y alentar a los partidarios de Kiev.

Al final del verano, coincidiendo con la retirada rusa de Járkov, se produjo un repute de los atentados en los territorios ocupados. El 16 de septiembre fue una fecha señalada. Ese día una bomba situada en la oficina de la Fiscalía General de la República de Lugansk acabó con la vida del fiscal general y su adjunta. Paralelamente, en la ciudad portuaria de Berdiansk, en el óblast de Zaporiyia, un alto funcionario civil y su esposa caían acribillados en las cercanías de su domicilio. La mujer, Lyudmila Boyko, era jefa de la comisión electoral territorial en Berdiansk y su asesinato se enmarcaba en el contexto previo a la celebración de los referéndums de anexión a Rusia.

No obstante, durante los últimos ocho meses esta campaña de atentados ha atravesado una coyuntura de altibajos debido a varios factores. En primer lugar, Moscú ha reforzado considerablemente la seguridad en la retaguardia, en especial en torno a los objetivos más sensibles. Al mismo tiempo, organismos como el FSB y la Rovsgardia han intensificado las labores de represión contra los grupos de resistencia ucraniana. En consecuencia, los ataques han tendido a reducirse y a centrarse en figuras de bajo nivel, con una protección menor. Está por ver si en lo que queda de 2023 la campaña de ataques se mantiene en el punto actual o vuelve a incrementarse.

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