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¿Bélgica se rompe? La victoria de los nacionalistas flamencos

El líder del partido nacionalista flamenco, la NV-A, y posible futuro primer ministro de Bélgica, Bart De Wert (a la izquierda), dan una rueda de prensa.
El líder del partido nacionalista flamenco, la NV-A, y posible futuro primer ministro de Bélgica, Bart De Wert (a la izquierda), dan una rueda de prensa. Fuente: redes de la NV-A

La Nueva Alianza Flamenca (N-VA), nacionalistas flamencos de derechas, ha vuelto a consolidarse como la primera fuerza en las elecciones federales de Bélgica con el 16,71% de los votos y 24 escaños. Por su parte, el ultraderechista e independentista flamenco Vlaams Belang ha crecido ligeramente, obteniendo el 13,77% de los sufragios y 20 diputados, aunque no ha logrado superar a su rival. Parece que la postura más moderada de la N-VA, que aboga por una reforma menos radical del encaje federal belga y por inclinar el equilibrio de poder hacia las autoridades regionales, ha sido más efectiva que la retórica rupturista de Vlaams Belang, que hizo campaña con la promesa de declarar a Flandes “soberano” y estableció un plazo de cinco años para disolver Bélgica.

La marca flamenca de los socialdemócratas, Vooruit, ha tenido un notable crecimiento, sumando 4 escaños para alcanzar un total de 13 con el 8,11% de los votos. El gran perdedor de las elecciones ha sido los Liberales y Demócratas Flamencos (Open Vld) del primer ministro Alexander De Croo, quien anunció su dimisión la noche electoral, como es habitual en estos casos. El líder del partido, Tom Ongena, también anunció su renuncia debido a los malos resultados obtenidos. Por otro lado, el Partido Cristiano-Demócrata y Flamenco (CD&V) ha resistido relativamente bien, perdiendo solo una representación y quedándose con 11.

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En el lado francófono, el Movimiento Reformador (MR), una formación liberal conservadora, se erige como primera fuerza tanto en Valonia como en Bruselas, sumando 6 escaños. El MR, con el 10,26% de los apoyos y 20 escaños, podría liderar el próximo gobierno y ya suenan algunos nombres, como la ex primera ministra Sophie Wilmés, cabeza de lista al Parlamento Europeo. Aunque tampoco hay que perder de vista al actual presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que fue primer ministro de 2014 a 2019. El movimiento Les Engagés, la nueva fórmula de los democristianos francófonos, ha recogido un 6,77% de los votos y 14 diputados, sumando 9 más que en 2019. 

En el campo francófono salen derrotadas las formaciones a la izquierda: el Partido Socialista (PS) y Ecolo. El PS ha recibido un golpe enorme, perdiendo por primera vez desde 2007 su posición dominante en Bruselas y Valonia. Los socialdemócratas han bajado al 8,04%, perdiendo 4 escaños, lo que les ha dejado con 16 representantes; su líder Paul Magnette, ofreció su renuncia, pero fue rechazada por la dirección. Por su parte, los ecologistas se dejan 10 escaños, quedando con 3 escasos diputados; su contraparte flamenca, Groen, también ha salido mal parada, reduciendo sus asientos de 8 a 6. Por último, el Partido del Trabajado de Bélgica (PTB), único completamente nacional, ha quedado como cuarta fuerza con un importante crecimiento en Bruselas y Valonia. El PTB viene cogiendo fuerza desde que entró al parlamento federal en 2014 al nutrirse de los votos de los barrios obreros de la periferia valona y bruselense.

La coalición Vivaldi, que venía gobernando desde 2020 –con los liberales flamencos y francófonos (Open Vld y MR, respectivamente), los ecologistas (Groen y Ecolo), socialdemócratas (Vooruit y PS) y los democristianos flamencos (CD&V)–, ha quedado con 76 escaños justos, pero este gobierno no va a renovarse. 

El resultado del 9 de junio ha marcado un giro a la derecha que podría facilitar la formación de un gabinete de centroderecha, cuyas prioridades sean la disciplina fiscal y la reforma de la compleja estructura institucional de Bélgica. Tanto la N-VA como el MR hicieron campaña en plataformas que abogaban por una reforma económica para reducir el creciente déficit gubernamental belga. Por el momento, el rey de Bélgica ha encargado a Bart De Wever, presidente de la N-VA, coordinar las conversaciones exploratorias para formar un nuevo gobierno. Para De Wever, una coalición de centroderecha podría significar romper el control del PS francófono sobre el país.

La coalición federal más probable estaría compuesta por la Nueva Alianza Flamenca, el Movimiento Reformista y Vooruit de centroizquierda, junto con los partidos democristianos y flamencos de centro, además de Les Engagés, para alcanzar al menos 76 escaños. El líder del MR, Georges-Louis Bouchez, ya ha expresado su disposición a formar gobierno con la N-VA de De Wever.

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El propio De Wever, nombrado como informateur, podría ser el próximo primer ministro. Independientemente de si De Wever es elegido o no, el N-VA tiene objetivos ambiciosos, como transferir la mayor parte de las competencias del Estado federal a las regiones de Flandes y Valonia. Si esto se lleva a cabo, el país quedaría con un gobierno federal mínimo, encargado solo de políticas como la defensa y la política exterior. El primer artículo de los estatutos del partido, que aboga por una "República independiente de Flandes", podría materializarse a través de una ecuación confederal.

Se descartan otras coaliciones tras la decisión de Open Vld, Groen y el Partido Socialista de unirse a la oposición. Sin embargo, las negociaciones para formar gobierno en Bélgica pueden extenderse por años y ser muy complejas, por lo que estas posiciones podrían cambiar con el tiempo. No se espera que Vlaams Belang participe en el gobierno en ningún nivel debido al cordón sanitario mantenido por todos los partidos del arco parlamentario. Incluso N-VA, a pesar de compartir el nacionalismo flamenco, ha descartado colaborar con sus competidores de extrema derecha.

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