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Bangladés lanza una operación de seguridad en la triple frontera con India y Myanmar

Miembros de las Fuerzas Armadas de Bangladés son desplegados en una operación de seguridad en Daca, la capital, en 2017.
Miembros de las Fuerzas Armadas de Bangladés son desplegados en una operación de seguridad en Daca, la capital, en 2017. Fuente: Defense Visual Information Distribution Service

El general Shafiuiddin Ahmed, actual Jefe del Estado Mayor del ejército bangladesí, declara el inicio de una operación conjunta en la región central de las colinas de Chittagong contra el Frente Nacional Kuki-Chin (KNF), una organización independentista local que engloba a media docena de etnias y presenta un crecimiento explosivo desde el inicio de la guerra civil en el vecino Myanmar. La explicación de dicho movimiento se rastrea a ambos lados de la frontera.

Por parte de Daca, la conformación nacional en torno a la homogeneidad étnica bengalí y el Islam generó una insurgencia intermitente en las colinas aledañas a la ciudad de Chittagong, habitadas por pueblos sino-tibetanos, que fue avivada por la omnipresencia de las Fuerzas Armadas y la relevancia estratégica de Chittagong como principal puerto del país. La sangría únicamente se detuvo con un pacto de asimilación al sistema político con el Parbatya Chattagram Jana Samhati Samiti, la principal fuerza opositora. Sin embargo, el tratado de paz solo integró a los pueblos jumma y chakma, marginando efectivamente a otras etnias con menor representación demográfica en la región. Esta exclusión sentó las bases para una posible reactivación del conflicto.

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Dichas semillas fueron regadas por la coyuntura política birmana. La limpieza étnica perpetrada contra el pueblo rohinyá trastocó los delicados equilibrios interétnicos en las secciones orientales de India y Bangladés. Ello resultó en la conformación del KNF en 2017 y la extensión de su influencia sobre los pueblos que habían quedado relegados del acuerdo de paz. Posteriormente, el golpe de Estado de 2021 fue aprovechado para establecer vínculos con el Ejército de Independencia de Kachin (KIO) y el Ejército de Liberación Nacional Karen (KNLA), recibiendo entrenamiento del primero.

El resultado ha sido la expansión del número de militantes de 300 a 700 en los últimos meses, una oleada de asaltos a bancos, secuestros, emboscadas a policía y guardia fronteriza y sustracciones de armas a las fuerzas del orden. En adición, se reporta un creciente tránsito de estupefacientes por la zona, lo cual apunta hacía una integración del KNF en las redes comerciales que alimentan el conflicto en el país vecino; y una ampliación del rango de actuación hacía la entidad india de Mizoram.

La reacción del Palacio de Bangabadhan ha sido el inicio de la operación conjunta. Si bien la respuesta de la primera ministra Sheikh Hasina resulta continuista, esta involuntariamente muestra buena parte de la correlación de fuerzas dentro del Estado bengalí. Además de los efectivos de la policía, la Guardia Fronteriza y el contingente de refuerzo del ejército, dos actores clave se suman a la maniobra de seguridad: Ansar y el Rab. Ansar, la organización paramilitar más grande del mundo, es la principal herramienta de represión utilizada contra la oposición y se ha consolidado como una institución permanente en el sistema político de Bangladés. Por otro lado, Rapid Action Battalion (Rab), un grupo de élite surgido en medio de la guerra contra las drogas iniciada en 2004 y que ha sido objeto de numerosas acusaciones por violaciones de los derechos humanos.

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