Aminatou Haidar: “Tengo la determinación de seguir luchando hasta que el Sáhara sea libre o yo esté muerta”

Por Néstor Prieto.

Aunque su figura saltó a la opinión pública en noviembre de 2009, cuando protagonizó una huelga de hambre de 32 días, su militancia por la causa saharaui había comenzado en su adolescencia, cuando sufrió por primera vez las cárceles marroquíes. A pesar de que su apariencia pudiera parecer frágil, Aminatou Aidar es una de las voces más fuertes y escuchadas en el Sáhara Occidental.

Nominada al premio Nobel de la Paz y ganadora de numerosos galardones en defensa de los Derechos Humanos, Haidar preside la Instancia Saharaui Contra la Ocupación (ISACOM), una organización que denuncia la situación que vive la población saharaui en los territorios ocupados. Descifrando la Guerra ha tenido la oportunidad de entrevistarla.

Néstor Prieto: Naces en el año 1967 en El Aaiún, por entonces capital del Sáhara español. Vives con apenas 8 años el abandono español, después llega la ocupación marroquí ¿Cómo recuerdas tus esos primeros años de tu infancia?

Aminatou Haidar: Por aquel entonces, todos los niños saharauis escuchábamos diariamente intercambio de disparos entre el Ejército Saharaui y los marroquíes. No sabíamos nada, no éramos conscientes, pero lo escuchábamos. Recuerdo también la Marcha “Verde”, porque para nosotros es negra, trajo mucho sufrimiento al pueblo saharaui. Después de eso recuerdo como la gente empezaba a hablar con un tono muy bajo debido al terror, al miedo. Nadie podía escuchar la radio nacional saharaui, nadie podía hablar del Frente Polisario en la calle, eso son cosas de las que siempre me acordaré. También recuerdo cómo mi madre lloraba. Tenía hermanos que se habían marchado a los campamentos de refugiados, nuestra familia quedó dividida, algo que todos los saharauis han vivido.

N.P.: Sufriste en 1987 tu primer encarcelamiento después de una manifestación para exigir el referéndum del Sáhara Occidental, pero tu militancia había comenzado algo antes. ¿En qué momento eres consciente de la lucha de tu pueblo y te involucras activamente?

A.H.: A partir de los 14 o 15 años empecé a entender que el Sáhara estaba ocupado por Marruecos, que tenía familiares al otro lado del muro, en los campamentos de refugiados saharauis. También porque mi tío por esas fechas había “desaparecido”, encarcelado por los marroquíes, dejando solas a sus hijas pequeñas… Empecé a entender poco a poco que existe una causa nacional, sin embargo, no tenía mucha información. Fue gracias a un familiar que me empezó a contar, discretamente. Él me enseñó y me dio mucha información sobre la causa saharaui. Entonces empecé a entender que es una ocupación, que todos tenemos que luchar, cada uno a su manera. Quien me animó y empujó a luchar fue también una compañera, una estudiante que estaba conmigo en el mismo colegio que había perdido a su padre, desaparecido en las mazmorras marroquíes. Empecé a preguntar cómo se podía ayudar. Los primeros actos que hice personalmente a favor de la causa saharaui fueron escribir en las paredes del barrio donde estaba viviendo y que estaba completamente militarizado. 

En 1987 me enteré de que iba a haber una visita de una comisión de la ONU y de la UA para la organización de un referéndum. Yo junto con otros militantes nos planteamos hacer una manifestación. Con mi compañera de lucha Galia Djimi decidimos dejar a la comisión una carta escrita en español y en ingles explicando la situación que vivimos de terrorismo de estado marroquí contra el pueblo saharaui. También para exigir la liberación de nuestros compañeros y familiares desaparecidos. Teníamos la decisión férrea de no volver a El Aaiún después de eso; íbamos a pedir asilo político o que la comisión nos llevará a los campamentos de refugiados, lo teníamos claro. Los marroquíes se enteraron de que muchos de nosotros estábamos preparando esta gran manifestación, entonces comenzaron una campaña de detenciones y secuestros arbitrarios contra los saharauis, hombres, mujeres e incluso niños y ancianos. A mi compañera Galia la detuvieron aquel día y a mí, horas después. 

Un grafiti de la bandera de la RASD es tapado con pintura en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Fotógrafo: Elli LORZ.

N.P.: Justo ahí es la primera vez que tu conoces el sistema carcelario y represivo marroquí, ¿Qué recuerdas de esa primera estancia siendo prácticamente una adolescente?

A.H.: Fui victima de tortura física y psíquica durante casi 4 años. Estuve todo ese tiempo con los ojos vendados, tapados, sin un juicio, sin derecho a tratamientos médicos y totalmente aislada del mundo exterior. Y no fue solo a mí, sino a un grupo de más de sesenta personas, muchas de ellas mujeres. Fue una experiencia muy dura, no se puede ni imaginar lo que vivimos allí. Estábamos dentro de un infierno, con un trato inhumano, con torturas, tampoco nos dejaban dormir. Todo eso sin juicio y sin que nuestras familias no conocieran nuestro paradero. Fue una experiencia dura pero que por otro lado agradezco a los marroquíes por haberla vivido, porque gracias a eso se fortaleció mi compromiso militante y mi implicación en la causa saharaui. Yo desconocía totalmente la situación en la que vivía mi pueblo, era de una familia acomodada y no conocí hasta entonces la situación del pueblo saharaui del todo. Esta experiencia fortaleció mi convicción. Tras la estancia en las cárceles marroquíes hice el juramento de no dar marcha atrás, porque he dejado compañeros desaparecidos o muertos. Todo esto me dio la fuerza y determinación de seguir luchando hasta que el Sáhara sea libre o hasta que yo esté muerta. 

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N.P.: Saldrás de la cárcel tras la firma del Plan de Arreglo de 1991. ¿Cómo es vivir en los territorios ocupados tras haber salido de la cárcel?

A.H.: En 1991 después de la firma del acuerdo de alto el fuego y el Plan de paz salimos de una pequeña cárcel a una cárcel más grande, a cielo abierto, porque eso son las zonas ocupadas. Allí sufrimos la vigilancia, las amenazas y nuestras familias han sufrido con nosotros, incluso los vecinos. Nadie podría saludarnos por el miedo. Estábamos privados de nuestros derechos. Para salir de El Aaiún hacia otra ciudad estábamos bajo control, no había línea telefónica para hacer comunicación con exterior. Era muy duro, pero después de recuperarnos física y mentalmente, porque habíamos salido como cadáveres de esas mazmorras, empezamos a organizarnos para romper ese muro de silencio y para visibilizar la situación tan grave que viven los saharauis en las zonas ocupadas. Empezó así la creación de un comité que se llama Comité de Coordinación de los Desaparecidos Saharauis. Gracias a esta acción pudimos contactar con Amnistía Internacional en primer lugar, con AFAPREDESA y con otras entidades internacionales y representaciones diplomáticas que estaban en Rabat. Pero claro los marroquíes no nos dejaron trabajar tranquilamente, ejercieron mucha presión sobre nosotros y sobre nuestras familias. Yo fui a estudiar a la universidad de Rabat y después de tantas amenazas tuve que volver a El Aaiún y dejar de estudiar. Gracias a esas acciones hemos podido animar a los saharauis, ayudarles a desprenderse del miedo. 

N.P.: Sales de la cárcel pero vuelves a ser detenida en 2005, aunque consigues salir gracias a la presión internacional por las irregularidades evidentes que había tenido todo el proceso, pero ¿Cómo es vivir la libertad en territorios ocupados?

A.H.: En 2005 viví otra experiencia como madre. Estuve de nuevo siete meses detenida y encarcelada pero esta vez esta vez con dos niños pequeños. Era muy duro sobre todo al ver a los niños entrando a la cárcel con lágrimas y maltratados por parte de los marroquíes. Para mí fue más dura la experiencia de los siete meses que la de casi cuatro años. Pero ahora que no hay otra alternativa tenemos que continuar con nuestra lucha y tenemos que enseñar a nuestros hijos que es una obligación para liberar a nuestro pueblo, para lograr y conseguir nuestra dignidad. Porque nosotros sin dignidad no valemos nada. Me acuerdo muy bien el día del juicio, cuando yo estaba declarando ante el juez, mi hijo Mohamed con 8 años vino corriendo y empezó a llorar. Todo el mundo incluso los abogados se empezaron a poner muy tristes, pero yo no lloré. Le dije “Mohamed escucha, tú ahora estás condenando a todo el régimen de ocupación marroquí por tus lágrimas, así son los son así los niños saharauis en los campamentos de refugiados y aquí para ti y para esos niños nosotros estamos dando nuestra vida, hay que ser fuerte Mohamed.” Era un niño, pero algún día lo entendería. Claro que eso tiene secuelas no es fácil, sobre todo para los niños que siguen bajo la ocupación marroquí, maltratados, reprimidos viendo a sus madres, hermanas y vecinas golpeadas. Es algo muy fuerte pero a nosotros nos da más fuerza.

N.P.:¿Sigue el hilo de lucha entre las nuevas generaciones saharauis?

A.H.: Sí, además la nueva generación es más radical que nosotros. Ahora por ejemplo gracias a la generación anterior, la nueva ha podido salir del miedo. Por ejemplo en las clases, en los colegios, los niños rechazan cantar el himno marroquí y están diciendo claramente con todo el coraje a los marroquíes “no somos marroquíes somos saharauis.” En nuestra época, los años 80 y 90, no era posible, hacíamos todo en la clandestinidad. Ahora lo que están viviendo los jóvenes, es un logro, es gracias a nuestra lucha y a la de la generación anterior, que es la de los fundadores del Frente Polisario. 

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N.P.: Cuando en 2005 consigues el pasaporte te conviertes, en cierta manera, en una embajadora de la causa saharaui ante el mundo. Entre el 2005 y el 2009 viajas por varios países hasta que en noviembre de ese año te impiden entrar al territorio ¿Cómo vive una mujer como tú, madre, luchadora, mujer, esos años en los que te conviertes en embajadora de tu pueblo y estás en el punto de mira de Marruecos?

A.H.: Antes de viajar se empezó a hacer mucho daño a los marroquíes gracias a nuestros encuentros con Amnistía Internacional y con muchas organizaciones internacionales. Contribuimos a romper el miedo dentro de la sociedad saharaui y el 8 de marzo de 2005, por ejemplo, organizamos una gran manifestación en ocasión del día de la mujer saharaui donde participaron centenares de personas. Y eso ha dejado un mensaje claro a los marroquíes, que los saharauis empezaron a dejar atrás el miedo y a reivindicar sus derechos. Por esta razón me expulsaron de mi trabajo hasta hoy en día, por la organización del Día Mundial de la Mujer. Era la primera vez que la mujer saharaui en las zonas ocupadas pudo organizar o festejar. 

En 2005 CEAR me concedió el premio Juan María Bandrés y gracias a ese premio pude salir a España con un visado de 2 meses. Aproveché mi salida e hice una gira internacional de 7 meses que ha tocado varios países europeos, africanos y americanos, una gira muy interesante. Y desde ahí empecé sin parar, a hacer giras y giras. En 2008 la Fundación Robert Kennedy me otorgó su premio y gracias a este reconocimiento he podido hacer mucho dentro de EEUU. A la vuelta yo personalmente sabía que algo iba a pasar, se lo dije a mis interlocutores americanos, “los marroquíes me van a detener cómo a mis compañeros o quitarme los documentos”. Pero la tercera opción ni la había pensado: la deportación, la expulsión con toda complicidad del Gobierno de España lamentablemente. 

Haminatou Haidar durante una rueda de prensa en España.

N.P.: Llegas a El Aaiún y te informan de que te devuelven, pero no sabes a dónde.

A.H.: Me tuvieron detenida en el aeropuerto más de 24H, sometida a un interrogatorio toda la noche, fabricando falsas acusaciones. Era un juicio en el aeropuerto, sin abogado, sin garantías. Estaba el procurador del rey por lo que era un juicio. Me preguntaron sobre mi relación con el Frente Polisario, porque estaba haciendo la gira, cuales eran los fondos por los cuales estaba viajando. Yo respondí que mi relación con el Frente Polisario es que era ciudadana saharaui y el Polisario el representante legítimo de todo mi pueblo. Preguntaron cuál era mi postura en cuanto al Sáhara y dije que el Sáhara Occidental está ocupado por Marruecos y que estoy luchando contra la ocupación marroquí. Después de muchas horas vino alguien del palacio marroquí para comprarme. Yo me negué. 

Al día siguiente vino el jefe de la policía marroquí y me llamó para salir del cuarto donde estaba con mi maleta y me preguntó “¿sabes dónde viajas?” y dije “a una de las cárceles marroquíes” y me dijo “no, no, tú vas a España para vivir allí el lujo, sin molestar”. Yo pensé que estaba riéndose de mí, pero al ver una compañía española en el avión no me lo podía creer. Hubo una complicidad absoluta del gobierno de España por eso yo quería enviar un mensaje clarísimo a ambos gobiernos marroquí y español. Con una determinación de hierro podemos lograr nuestros derechos, no podemos aceptar la sumisión ni tampoco podemos estar bajo la represión y la opresión de dos gobiernos que no tienen principios. Cómo un Gobierno puede colaborar con una ocupación y contra una persona libre que está luchando de una forma pacífica. Entonces para transmitirle el mensaje de una forma pacífica, la única arma que yo tenía era la huelga de hambre. Poner mi vida en riesgo, pero para transmitirles a ellos una lección de dignidad. 

N.P.: Fueron 32 días de huelga de hambre. ¿Qué recuerdas de esa experiencia? Casi hiciste de ese aeropuerto de Lanzarote en territorio liberado de la RASD, un terreno de lucha. Has contado que fue muy duro pero también fue una ola de solidaridad.

A.H.: Si, gracias a la solidaridad internacional y particularmente al movimiento a nivel de España pudimos ocupar las páginas de los principales periódicos, de las grandes televisiones internacionales. La causa saharaui tuvo una visibilidad muy importante. También gracias a esa solidaridad yo pude tener esa victoria, he podido volver a mi patria que es el Sáhara Occidental y he podido abrazar a mis hijos. 

Era duro pero lo vivía con orgullo, al ver que no estaba sola, que mis amigos y amigas no me dejaron pensar en ningún momento que estaba sola. En ese refugio forzado contra mi voluntad pensé mucho en mis compatriotas en los campamentos de refugiados, que están lejos de la patria luchando por volver a su tierra y viviendo en condiciones muy duras. Eso me daba mucha fuerza. Pensaba en cómo podían tener la paciencia, la fuerza y la determinación… lo que me estaba ocurriendo no era nada. También ver la causa saharaui diariamente en los medios de comunicación es algo importante para mi. Es un sacrificio que tenemos que hacer detrás de los barrotes de la cárcel, dentro de las zonas ocupadas, en el extranjero… donde estemos tenemos que luchar. Para mi era un campo de lucha. 

Aminatou Haidar durante su huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote.

N.P.: Llegando a la actualidad ¿Cómo es tu vida en El Aaiún ocupado?

A.H.: Mi vida como la de todos los activistas saharauis es una vida militante. Un militante que vive bajo una ocupación de una dictadura que no sabe respetar los DDHH, que no respeta incluso ni a su gente. Estoy bajo vigilancia, la casa rodeada por la policía, sobre todo después de la creación de la Instancia Saharaui Contra la Ocupación marroquí que yo presido. La policía está 24h en frente de nuestras casas, nos acompañan al salir, nos persiguen, si entramos a una tienda ellos entran también… Si paso la noche en casa de mi madre la policía también la pasa allí.

N.P.: En noviembre de 2020 se ha reiniciado la guerra. Quizás tú hasen estos 30 años de “paz” uno de los mayores ejemplos de lucha y resistencia no violenta. Ahora se vuelve a oír armas en el desierto, ¿crees que es una cuestión impuesta? ¿Qué es la única opción que había?

A.H.: Yo sigo siempre convencida con la lucha pacífica pero lamento mucho que la comunidad internacional no nos haya escuchado como voces pacíficas. Tengo que felicitar al Frente Polisario por haber respetado durante esos 30 años el proceso de paz y el alto al fuego. Quien ha roto el alto al fuego ha sido Marruecos y hay que condenarlo. Los saharauis y el Frente Polisario, como movimiento de liberación, tienen derecho a usar todos los medios de lucha que les garantiza el Derecho Internacional.

Personalmente como he dicho varias veces estoy convencida de la lucha pacífica, espero que se haga justicia y que se respete la voluntad del pueblo saharaui a la libertad e independencia. La comunidad internacional debe asumir toda la responsabilidad, sobre todo la ONU y su Consejo de Seguridad, que en vez de escuchar al pueblo saharaui están bajo la presión marroquí, escuchando al opresor, al ocupante. Ellos están violando el Derecho Internacional. 

Hay que entender que los saharauis han sacrificado mucho. Yo deseo ver un proceso pacifico de negociaciones… pero lo que no puedo apoyar es la violación del derecho internacional y la privación del derecho de mi pueblo a la autoderterminación y la independencia.

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N.P.: Hace poco tiempo el mayor semanario marroquí sacaba una portada bajo el título de “Los enemigos de la patria” donde salían los presidentes de España, Pedro Sánchez, Argelia, Tebboune y el saharaui Brahim Ghali. También aparecía tu cara y la de otros periodistas y defensores de los DDHH. ¿Qué piensas cuando te amenazan directamente y te ponen, literalmente, en la diana?

A.H.: Para mi no es algo nuevo porque siempre he recibido amenazas directas. Pones simplemente mi nombre y salen decenas y decenas de vídeos de marroquíes diciendo que hay que matarme. Tras la creación de ISACOM durante los siguientes dos meses yo he estado diariamente en los medios de comunicación de Marruecos con difamaciones y amenazas. Pero hacerlo contra presidentes vecinos es algo insoportable y condenable, yo lo condeno como activista y ciudadana saharaui. Pero yo quiero mandar un mensaje claro, este tipo de amenazas no me van a doblegar, no me van a hacer dejar mis convicciones, me da fuerza. Para mi es un placer ser enemigo de la dictadura marroquí, esto me da confianza de que estoy en el buen camino, de que lo estoy haciendo bien. Las personas que están en esa diana son personas libres, por ejemplo Alí Lmrabet, que es un periodista conocido que ha sufrido las cárceles. Estas amenazas no son nuevas, no es un periódico es el régimen marroquí que transmite estos mensajes a través de los medios proMajzen.

N.P.: ¿Qué mensaje lanzarías a la comunidad internacional? 

A.H.: Solo una palabra, exigimos que se haga justicia. Todas las personas libres tienen que apoyar al pueblo saharaui, que tiene todo el derecho del mundo. Es una cuestión de descolonización muy clara, hay que respetar la palabra definitiva del pueblo saharaui y por eso luchamos.

Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.

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