
Las escaramuzas fronterizas entre Pakistán y el gobierno talibán se han ido apagando paulatinamente. Pese a haberse pactado la tregua el día 16 de octubre de 2025, los choques armados y los bombardeos continuaron durante las siguientes 48 horas. De entre la maraña de hostilidades, se destacan las siguientes cifras de víctimas: al menos 32 muertos en Afganistán debido a los ataques pakistaníes y 7 soldados de dicho país muertos en un atentado adjudicado a Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP).
Con todo, dichos incidentes violentos no obstruyeron la labor diplomática. El día 18, el alto al fuego fue extendido dos días más para dar un mayor margen de actuación a las comitivas negociadoras. Mientras, Irán se sumaba a las llamadas al cese de hostilidades. Finalmente, la intermediación de Catar y Turquía dio sus frutos.
El día 19, ambas partes firmaron un acuerdo de alto al fuego inmediato, por el cual se comprometían a cooperar en la lucha contra el "terrorismo transfronterizo" y a crear un mecanismo de supervisión del acuerdo en una futura reunión en Estambul, fechada para el 25 de octubre de 2025. Sin embargo, un gesto diplomático dejó entrever las corrientes de fondo actuales de la política afgana: los diplomáticos talibanes lograron que Catar retirase el término “frontera” de la declaración oficial.
La línea Durand no es una frontera legítima. Ese es el razonamiento que está proyectando al exterior el actual gobierno afgano. Pero dicho argumento no proviene de Kabul, sino de las áreas rurales de la provincia de Kandahar, histórico feudo talibán. Y es que, esas tierras son el hogar de la conferencia tribal pastún Ghilzai, origen étnico de todos y cada uno de los líderes del movimiento talibán afgano, incluido el actual emir Hibatullah Akhundzada.
Fuentes afganas hablan del fortalecimiento del sentimiento antipakistaní dentro de la base social del talibán. Ello contrasta fuertemente con los estrechos vínculos con Islamabad de la conferencia tribal pastún Zadran, base sociológica de la Red Haqqani. Es precisamente el clan Haqqani el que protagoniza el grueso de las informaciones no confirmadas aún que traspasan las fronteras afganas.
Supuestamente, Sirajuddin Haqqani, actual ministro del interior de Afganistán, pese a no ser forzado a renunciar a su cargo, habría sido desposeído de gran parte de los poderes asociados al mismo. Inclusive, se afirma que podría hallarse recluido. Pese a la falta de información fiable, una cosa parece ser tangible en la política interna afgana: la rivalidad entre el movimiento talibán y la Red Haqqani es ya un hecho consumado.
Finalmente, las tensiones internas en Afganistán parecieran traspasar la dinámica de competición dentro de la etnia pastún. Las pruebas de ello provienen de la provincia de Badajshán. La más septentrional de las provincias afganas, de mayoría tayika e histórico bastión de la Alianza del Norte, ha sido controlada en gran medida gracias a la integración de sus élites en el movimiento talibán. Un proceso de integración que ahora parece revertirse con la degradación del caudillo Amanuddin Mansoor.
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