
Timonazo en Honiara. Jeremiah Manele, primer ministro de las Islas Salomón desde 2024, ha sido destituido en una moción de censura. Se trata de la caída del arquitecto del acercamiento a China.
Bajo el gobierno de Manasseh Sogavare, Manele, como ministro de Exteriores, fue el encargado de adoptar la política de "una sola China" y de negociar un acuerdo de seguridad con Pekín, cuyo contenido sigue siendo una incógnita para el gran público hasta el día de hoy.
Manele representaba un precario consenso elitista. Su adhesión al Partido de la Propiedad, la Unidad y la Responsabilidad (OUR party) –la plataforma de Sogavare– y su labor diplomática le convertían en un sucesor de su antecesor.
Pero un sucesor modesto. Marcadamente tecnócrata, su perfil contrastaba con el carácter polarizante de Sogavare, quien había erigido su carrera política en torno a la confrontación con Australia. La combinación de ambos factores ha sido al mismo tiempo su éxito y su perdición.
Los Estados melanesios, con apenas unas décadas de existencia, carecen en su mayoría de un sistema de partidos sólido. Por ende, la continuidad de un ejecutivo depende en gran medida de su liderazgo. Manele no era un líder, sino un gestor provisional.
Ese ha resultado ser el concepto que tenían gran parte de sus aliados políticos sobre él. Ante el previsible pronto agotamiento del gobierno, sus ministros han dimitido en bloque y, durante la votación de la moción de censura, tanto miembros del aliado Partido Primero el Pueblo (PFP) como del propio OUR party se han cambiado de bando.
El guante ha sido recogido desde el otro lado del estrecho Indispensable. Matthew Wale, líder del Partido Demócrata de las Islas Salomón, y actual cabeza visible de las élites de Malaita, ha aprovechado la coyuntura para alcanzar la oficina del primer ministro.
Su designación supone un giro de 180 grados en la alineación geopolítica del archipiélago y saca a relucir la que durante décadas ha sido la dinámica definitoria de la política nacional: las tensiones entre Guadalcanal y Malaita, las dos islas más pobladas del país.
Malaita, el bastión occidental
Malaita se ha erigido sociopoliticamente a la sombra de Occidente. La isla fue durante el período colonial la espina dorsal del dominio británico. Notoriamente más poblada que las demás, de sus costas partieron miles de trabajadores sobre quienes, a la postre, se erigiría una parte sustancial de la administración pública.
Todo aderezado con la expansión del pentacontalimso de la Iglesia Evangélica del Mar del Sur (SSEC), a la cual se adscriben alrededor de la mitad de la población de la isla.
La paulatina pérdida de centralidad política y económica frente a la capitalidad de Guadalcanal –motivo último de la guerra civil no declarada que sacudió el país entre 1998 y 2003–, se ha transformado en un duelo geopolítico. Tratando de preservar los pocos resortes de reconocimiento internacional que le quedaban, Taiwán invirtió masivamente en Malaita con la esperanza de mantener al archipiélago alejado del gigante asiático.
El resultado ha sido un éxito parcial. La agricultura, el sector educativo, las iglesias… la práctica totalidad de la economía malaitiense lleva el sello taiwanés. Ello se ha traducido en una oposición en bloque de la facción dominante de dicha ínsula a la política exterior del OUR party. Una impugnación que incluye a Matthew Wale, el nuevo primer ministro.
¿Revertirá la política de una sola China? ¿Bloqueará el acuerdo de seguridad con Pekín? ¿Integrará a las Islas Salomón en el esquema securitario australiano?... Esas preguntas han empapado de forma subyacente la toma de posesión del nuevo mandatario. Sin embargo, pese al fuerte apoyo de Taipei y Canberra, su margen de maniobra se encuentra fuertemente limitado.
Honiara se ha convertido en las últimas décadas en un escaparate del poder blando chino. El capital chino ha permitido la renovación de las vías urbanas y de los edificios gubernamentales. La influencia de Pekín es incluso más trascendental.
Además, tras años de explotación australiana, en 2015, el conglomerado minero chino Wang International Mining Group adquirió la mina aurífera Gold Ridge, el principal activo económico de Guadalcanal.
La penetración china es extensible al resto del archipiélago. Más del 90% de la madera, el mayor producto de exportación de las Islas Salomón, termina en China. Y lo mismo sucede con florecientes sectores como el del níquel o la bauxita. Pekín, con su abrumadora proyección económica, está transformando paulatinamente la dicotomía entre Malaita y Guadalcanal en un choque entre Malaita y el resto del país.
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