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Islas Salomón apuesta por China 

Jeremiah Manele, el nuevo primer ministro de las Islas Salomón, en una visita que realizó a China en 2019.
Jeremiah Manele, el nuevo primer ministro de las Islas Salomón, en una visita que realizó a China en 2019. Fuente: Xinhua

Las elecciones generales de las Islas Salomón del 17 de abril marcan un doble punto de inflexión en el Pacífico Sur. Los 700.000 habitantes de esta nación insular eligen, indirectamente, la correlación de fuerzas entre potencias en la región. Al mismo tiempo, la interconexión de esta coyuntura con las divisiones estructurales del país resucita los debates y tensiones en torno a la cuestión nacional en la última zona del mundo en ser descolonizada y una de las más diversas en términos étnicos. 

El presente escenario se plantea con la posibilidad de renovación de la polémica administración del primer ministro Manasseh Sogavare. Sus cinco años de gobierno se pueden resumir en una sola palabra: tensión. Después de prácticamente una vida dedicada a la política, en 2019 Sogavare asumía el cargo de la mano del cambio de reconocimiento de la República de China (Taiwán) a la República Popular China. Decisión que vinculó irremediablemente las problemáticas nacionales con la lucha por la hegemonía regional.  

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Tras la calma impuesta por la pandemia del Covid-19, Honiara ardía en 2021 uno de los más graves disturbios de su historia. La causa, la percepción de la población de Malaita, la isla más poblada, de que este cambio diplomático atentaba con el proyecto de país que habían logrado imponer parcialmente tras una guerra civil intermitente (1999-2003) contra sus homólogos de la isla-capital, Guadalcanal. 

Desde entonces las tensiones se han disparado. En el exterior, la filtración de un pacto de seguridad con Pekín en 2022 y el aplazamiento de las elecciones en 2023 con motivo de la celebración de los Juegos del Pacífico han desatado las críticas en Canberra y Washington, desde dónde se remarca la creciente deriva autoritaria del mandatario salomonense. Paralelamente, el poder anglosajón en la zona se ha embarcado en una ofensiva diplomática contra la influencia china en Oceanía. Por tanto, los presentes comicios suponen la muestra de la efectividad o inefectividad de las estrategias seguidas por los dos bandos en pugna. 

Internamente, los flujos de capital chinos han fomentado la creación de una nueva facción dominante que se constituye alrededor del propio primer ministro, y cuyas conexiones traspasan el tradicional juego de suma cero entre Guadalcanal y Malaita. La nueva coyuntura genera un marco teórico en el que los conflictos territoriales que asolaron la nación a principios de siglo se transforman en un choque entre modelos de país. Así, otras islas como Choiseul, San Cristóbal o Santa Isabel adquieren una ventana de influencia cerrada hasta el momento.

Precisamente es esa expansión teórica lo que enmaraña las posibilidades de éxito de una y otra facción. Por parte de la oposición destacan las figuras de Matthew Wale y Peter Kenilorea Jr, ambos con un perfil notablemente más pro-occidental y provenientes de la antigua clase dirigente. Pero, sobre todo, resalta el nombre de Daniel Suidani; la relevancia de este reside en su fuerza simbólica frente a todo lo que representa Sogavare. Suidani, durante su mandato como primer ministro de Malaita, se opuso fervientemente al cambio del reconocimiento a favor de China debido a las profundas conexiones económicas que mantiene la isla con Taiwán. Ello fue contestado desde Honiara con su destitución en favor de Martin Fini, quien se mostró favorable a la política de “Una sola China”.  

Por su parte, las fuerzas favorables a Sogavare se encuentran agrupadas bajo el paraguas del Partido de la Propiedad, la Unión y la Responsabilidad (OUR). Desde esta estructura se ha estado realizando una escalada dialéctica en la cual se ha elogiado el sistema político chino, promovido el nacionalismo y acusado a Australia y Occidente de degradación moral.    

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Sin embargo, el resultado de los comicios está dando lugar a los matices. Si bien el saliente primer ministro ha logrado la mayoría simple con 15 escaños, se ha quedado lejos de la mayoría absoluta, que se sitúa en 26 escaños, forzándolo a tener que buscar apoyos. Tal movimiento estratégico se ve impulsado por la unión de fuerzas entre Wale y Kenirolea Jr en una coalición opositora a la que se suman un creciente número de perfiles adscritos a la élite malaitiense. Sin contar con la reelección de Suidani en su natal Malaita.  

Ante ello, Sogavare está llevando a cabo un doble movimiento político. Trata de buscar aliados entre los más de una docena de candidatos independientes electos, al tiempo que anuncia su renuncia a liderar la naciente coalición, que será encabezada por Jeremiah Manele, su ministro de Exteriores. Por el momento a la alianza de partidos se han sumado el People First Party y el Kadere Party. El único nexo en común de estos tres elementos es su enraizamiento en el norte del país y su cercanía comercial con la China continental, lo cual apunta a un intento de creación de una base territorial propia.  

De este modo, la sesión parlamentaria del día 2 de mayo ha resultado en la elección de Jeremiah Manele como nuevo primer ministro en una votación secreta que ha dado la victoria a la facción pro-China por 31 escaños a 18. Consecuentemente, pese a las declaraciones tranquilizadoras de Manele, la probabilidad  de disturbios, especialmente en Malaita y Honiara, se mantiene elevada. 

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