
El uso masivo de misiles y drones diluye ad infinitum las líneas de frente. En la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el empleo intensivo por ambas partes de dichas herramientas bélicas ha engullido a toda una región.
Los ecos de la guerra se sienten desde el Mediterráneo oriental hasta la inmensidad del océano Índico y desde el mar Rojo hasta los límites de Asia Central. En este contexto, países en principio totalmente ajenos a la contienda corren el riesgo de acabar convirtiéndose en escenario de la misma.
Es en este contexto en el que Sri Lanka se terminó viendo arrastrada al conflicto. Según su presidente, Anura Kumara Dissanayake, Estados Unidos solicitó a Colombo aterrizar dos aeronaves militares cargadas de misiles anti-buque en el aeropuerto Mattala Rajapaksa a escasas 48 horas del inicio de las hostilidades con Teherán. La solicitud fue denegada aduciendo la neutralidad del país asiático.
En paralelo, el gobierno de Dissanayake rechazó la petición iraní de atracar la fragata IRIS Dena, el buque de desembarco pesado IRIS Lavan y el buque de suministro Bushehr provenientes de las aguas territoriales indias, donde habían participado en los ejercicios militares anuales MILAN. Empleando el mismo argumento, Colombo denegó el permiso.
Cuatro días después, el 4 de marzo, el submarino norteamericano USS Charlotte hundió el IRIS Dena, provocando la muerte de 87 marinos iraníes y la desaparición de otros 61. El incidente ha puesto a Sri Lanka en una situación diplomática altamente complicada.
Mientras que el IRIS Lavan terminó siendo acogido por India, el Bushehr y sus 221 tripulantes han terminado recalando en el país. A ellos, se les debe sumar la treintena de supervivientes del IRIS Dena rescatados por la guardia costera esrilanquesa.
Alrededor de 250 marinos iraníes se hallan varados en la isla sin un futuro inmediato claro. Repatriarlos, la respuesta obvia a la cuestión de qué hacer con ellos, aumenta en complejidad logística y diplomática a medida que el conflicto se intensifica y se expande el radio de actuación. Tras conceder visados de 30 días por razones humanitarias, Colombo se encuentra bloqueado.
El capitán del Bushehr y 14 tripulantes permanecen a bordo del navío esperando un permiso para zarpar que se pospone constantemente debido a la falta de garantías sobre un eventual nuevo ataque estadounidense. Mientras tanto, el resto de los supervivientes se encuentra en campamentos militares del ejército esrilanqués, donde la posibilidad de un traslado aéreo seguro se antoja cada vez más improbable por idénticas razones.
Colombo va a necesitar un alto grado de precisión diplomática en las próximas semanas para poder garantizar su neutralidad y poner punto y final a esta coyuntura. Sin embargo, los acontecimientos no traen consigo perspectivas halagüeñas.
Según Washington, Irán lanzó dos misiles balísticos de alcance intermedio sobre Diego García, la base militar estadounidense en territorio británico que actúa a modo de nodo central del despliegue norteamericano en el océano Índico y Oriente Medio. Un mal augurio que recuerda al gobierno de Dissanayake su actual posición geopolítica.
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