
Solapado por el caos en Oriente Medio, el conflicto entre Pakistán y Afganistán se recrudece y amenaza con entrelazarse con la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos. Tras los primeros ataques con drones a instalaciones militares paquistaníes, llegó el turno de las organizaciones armadas pastunes.
Noor Wali Mehsud, líder de Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) y objetivo de los bombardeos paquistaníes durante la escalada de octubre de 2025, emitió un comunicado instando a sus células a lanzar una oleada de ataques en Pakistán sin necesidad de coordinación o aprobación de la cúpula de la organización. Su llamado no solo fue respondido por sus subordinados, sino también por otros grupos menores.
Jamaat-ul-Ahrar (JuA), Hafiz Gul Bahadur Group (HGBG), Ittehad-ul-Mujahideen (IMP) y Majlis-e-Askari Karwan (MAK), cuatro facciones escindidas del TTP y a menudo en conflicto directo con el mismo, han secundado el comunicado. Ya sea por afinidad ideológica o por aprovechamiento pragmático de la coyuntura, la suma de sus fuerzas ha desatado una oleada de atentados en Jaiber Pastunjuá.
Con todo, el principal foco de conflicto siguió siendo la frontera. A lo largo del día 28 de febrero de 2026 se reportaron intensos combates alrededor del paso fronterizo de Torkham y en las regiones afganas de Paktika y Khost. Todo, al tiempo que constantes salvas de artillería cruzaban la Línea Durand y emergían informaciones que apuntaban a una mayor movilización militar de ambos bandos.
La posibilidad de una desescalada en el corto plazo se esfumó en aquella jornada. Sirajuddin Haqqani, ministro del Interior afgano y líder de la Red Haqqani, amenazó públicamente con retirar la prohibición a sus ciudadanos de integrarse en las filas del TTP.
Sus declaraciones fueron respondidas por Khawaja Asif, ministro de Defensa paquistaní, quien le recordó en redes sociales la histórica cercanía de su organización con Islamabad. Un encontronazo que diluye la posibilidad de una asociación que pudiera dinamitar internamente el poder del emir Haibatullah Akhunzada.
Con dos de los principales candidatos a mediadores, Catar y Arabia Saudí, totalmente inmersos en la guerra regional que se libra en Oriente Medio, el conflicto afgano-paquistaní ha seguido escalando.
Cazas paquistaníes bombardearon la base aérea de Bagram, la otrora epicentro del despliegue norteamericano en el país. Horas después, se reportó el bombardeo sobre una base militar talibán en Kunar y sobre el propio Kabul.
Sin embargo, los ataques aéreos no fueron capaces de minar el ímpetu de los ataques combinados del emirato afgano y el TTP. Para la noche del 1 de marzo de 2026, el rango territorial de las escaramuzas fronterizas abarcaba toda la sección fronteriza correspondiente a la provincia paquistaní de Jaiber Pastunjuá. Pero dicho espectro no tardaría en ensancharse.
Esa misma madrugada, mientras los jets paquistaníes bombardeaban repetidamente posiciones talibanes en Jalalabad, Kabul y Kandahar, la guerra llegó hasta el epicentro del poder político-militar paquistaní: Rawalpindi, a las afueras de Islamabad. Drones afganos aparecieron en las inmediaciones de la base aérea de Nur Khan, un enclave considerado como el aeropuerto del cuartel general del ejército paquistaní.
Al amanecer del día 3, los choques fronterizos pasaron a darse también en el área fronteriza de Baluchistán y los focos de enfrentamientos se cifraban ya en 25. Dicha ampliación del marco territorial llevó a un nuevo ataque con drones, esta vez en la base aérea de Samungli, en Quetta, la capital de Baluchistán.
La guerra sigue escalando en intensidad y los objetivos estratégicos de Pakistán en la misma no quedan claros. Fuentes de las fuerzas armadas de dicho país han apuntado en recientes declaraciones a la prensa que el objetivo prioritario es debilitar la infraestructura talibán a ambos lados de la frontera con el objetivo de poner fin al carácter de “santuario” de su vecino septentrional para el TTP. Pese a ello, aseguran no haber descartado ataques contra la cúpula del movimiento.
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