
La política Sanae Takaichi se ha convertido en la primera mujer que ocupa el puesto de primera ministra de Japón. Se consuma así un camino que empezó hace unas semanas, tras imponerse en las primarias del Partido Liberal Democrático (PLD) para sustituir al dimitido Shigeru Ishiba. Ahora tiene por delante hacer frente a la complicada situación económica que atraviesa el país y los desafíos de la situación política internacional.
Takaichi y la culminación de una carrera política
Cuando hace unas semanas Shigeru Ishiba presentó su dimisión como primer ministro nipón y jefe del Partido Liberal Democrático, pocos podían imaginar que entonces se iniciaba un proceso que terminaría con Sanae Takaichi siendo su sucesora.
Más allá del giro a la derecha que supone su llegada al poder, el hecho tiene un valor simbólico e histórico, porque se trata de la primera mujer que accede a la jefatura del gobierno japonés. Para Takaichi supone la culminación de una aspiración personal y la coronación de una carrera política que se inició hace varias décadas.
Sanae Takaichi nació en la prefectura de Nara en 1961, en el seno de una familia de clase media. A lo largo de su carrera se ha labrado una imagen de político nacionalista y revisionista, siendo una admiradora declarada de Margaret Thatcher. Takaichi es miembro de la organización ultranacionalista “Nippon Kaigi” y aboga por revisar el carácter pacifista de la Constitución japonesa.
Sus posturas radicales han motivado que incluso dentro de su propio partido político se la llegase a apodar como “talibán”, en referencia al grupo fundamentalista afgano. Al margen de la vida pública, en sus facetas más adscritas a la vida privada ha destacado por su afición al beisbol, la música –en especial el heavy metal–, las carreras de caballos y las motocicletas.
Takaichi se inició en la política a comienzos de la década de 1990 tras haber trabajado durante algunos años como reportera de televisión. Obtuvo el acta de diputada por el distrito de Nara en las elecciones generales de 1993, inicialmente como candidata independiente asociada a los círculos liberales.
No sería hasta 1996 cuando ingresó en las filas del Partido Liberal Democrático, dando comienzo a un ascenso político que ha durado hasta la actualidad. Considerada una protegida política de Shinzo Abe, a lo largo de su carrera política Takaichi ha desempeñado varios cargos públicos, en particular el de ministra de Asuntos Internos y Comunicaciones bajo los gobiernos de Abe.
Una de las facetas políticas de Sanae Takaichi han sido las polémicas, en especial por algunas de sus declaraciones públicas o por ciertas fotos incómodas del pasado. En 2023 se vio envuelta en un escándalo político ligado a su época como ministra de Asuntos Internos y Comunicaciones, un caso que dañó severamente su imagen pública. No obstante, su carácter incombustible le ha permitido salir airosa de estos tropiezos.
Tras la dimisión de Shinzo Abe como primer ministro, en 2020, vio la ocasión para dar el salto y optar al liderazgo del partido. En las primarias que celebró el PLD en 2021 fue una de las candidatas para sustituir a Yoshihide Suga, pero perdió tras quedar en tercer lugar.
Lo volvió a intentar tres años después en los comicios internos que celebró el PLD para buscar un sucesor a Fumio Kishida, pero fracasó nuevamente tras perder frente a Shigeru Ishiba. La cosa podría haber quedado ahí. Pero, como dice el dicho popular, a la tercera va la vencida.
Lucha por el poder y cambio de parejas
Como ya ocurriera en el pasado tanto con Yoshihide Suga como con Fumio Kishida, el liderazgo de Shigeru Ishiba terminó en crisis y precipitó la convocatoria de unas primarias adelantadas.
Y en esta ocasión, Takaichi se ha hecho con la jefatura del partido, imponiéndose a dos favoritos como Shinjirō Koizumi y Yoshimasa Hayashi. Tras quedar descartado Hayashi en la primera vuelta, la lucha se dirimió entre Koizumi y Takaichi, disponiendo ambos de un apoyo considerable en el seno de la organización.
Sin embargo, al final la clave de la confrontación ha sido el apoyo otorgado por el aparato, que ha ido para Takaichi. Un apoyo que ha tenido un alto precio. A cambio de obtener la presidencia del partido, el verdadero control de la organización ha quedado virtualmente en manos de Taro Aso y su facción, el “Shikōkai”. Se da la circunstancia de que esta fue una de las pocas facciones que sobrevivió al incendio provocado, a finales de 2023, por el escándalo de la financiación ilegal.

En el nuevo organigrama del PLD, Taro Aso se convierte en el vicepresidente de la formación, mientras que su cuñado, Shun'ichi Suzuki, asume el puesto clave de secretario general. En la práctica, serán estos los que lleven las riendas del partido bajo unas circunstancias muy favorables, pues la disolución de otras facciones deja al “Shikōkai” en una posición inmejorable de cara a jugar sus cartas. Taro Aso es un político veterano que, a pesar de su edad (85 años), aún se mantiene bastante dinámico.
El 4 de octubre se anunciaba el triunfo de Sanae Takaichi en las primarias del partido, una victoria que tiene varias lecturas. Por un lado, cabe interpretarla como un giro derechista en el seno de la organización respecto a la dinámica “moderada” que había imperado bajo los gobiernos de Suga, Kishida e Ishiba.
Por otro lado, la antigua facción que lideraba el fallecido Shinzo Abe sale del ostracismo en el que ha estado durante los últimos años y vuelve a situarse en el centro de tablero de la mano de su heredera política.
El complicado camino a la jefatura del gobierno
Durante años la tradición ha sido que los presidentes del PLD, cuando eran elegidos para el puesto, de forma automática asumían también el cargo de primer ministro. Pero en esta ocasión las cosas no han transcurrido por ese camino.
De entrada, la coalición de gobierno formada por el PLD y el centrista “Komeito” no contaba con la mayoría absoluta en la Dieta Nacional. Esta circunstancia, que ya había sido un problema para el gabinete Ishiba, generó dudas respecto a las posibilidades reales de poder investir a Takaichi.
A eso se sumaron los reparos que el Komeito empezó a plantear ante la eventualidad de Takaichi se convirtiera en primera ministra y la posible participación en un gobierno regido por ella. El 10 de octubre, tras una reunión celebrada entre los líderes de ambas formaciones, el máximo dirigente del Komeito, Tetsuo Saito, anunció que no apoyaría la investidura de Takaichi. La decisión supuso de facto la ruptura de la coalición que ha venido funcionando desde 1999.
Este desenlace supuso una abrupta y desagradable sorpresa para Takaichi, que de improviso debió replantear la estrategia de cara a su investidura. No tardó en hacerse evidente que otras formaciones compartían los reparos del Komeito. En ese contexto, el Partido Democrático Constitucional planteó articular una candidatura alternativa. Pero esta posibilidad pronto tropezó con un muro infranqueable: la fragmentada oposición no fue capaz ni de unir fuerzas, ni de proponer un candidato de consenso.
Tradicionalmente, la fragmentación de la oposición ha sido una circunstancia de la cual se ha aprovechado el PLD para poder superar situaciones críticas. Y como ya ocurriera en el pasado, en esta ocasión Takaichi ha podido superar este traspiés sin mayores percances. A los pocos días se anunció que se había alcanzado un acuerdo mediante el cual una formación de corte derechista, el Nippon Ishin, apoyaría al PLD en la Dieta.
La ruptura con el Komeito ha puesto final a una época y dado comienzo a otra etapa, un escenario inédito dado que hasta la fecha el Nippon Ishin se había mantenido como un partido de la oposición con un papel muy modesto en la arena política. Aún sin tener una mayoría absoluta, el acuerdo entre ambas formaciones permitió que el 21 de octubre finalmente se consumara la investidura de Sanae Takaichi.
Desafíos del gobierno de Takaichi
El nuevo gabinete japonés puede considerarse como uno de consenso. Takaichi ha contado con varios de sus contendientes en las primarias para ocupar diversas carteras ministeriales. Este es el caso de Yoshimasha Hayashi (Asuntos Internos), Toshimitsu Motegi (Asuntos Exteriores) o Shinjiro Koizumi (Defensa). El regreso de Motegi a la primera línea es significativo, puesto que en 2024 cayó en desgracia tras verse implicado en el escándalo de financiación que afectó al partido.
Para el desempeño de la cartera de Comercio se ha optado por Ryosei Akazawa, el jefe de la delegación japonesa que ha negociado la cuestión de los aranceles con Estados Unidos, con el fin de asegurar la continuidad de las conversaciones bilaterales. Por su parte, Satsuki Katayama llevará las riendas del Ministerio de Finanzas, un puesto clave dentro del gabinete.
Otra característica notable de este gobierno es la entrada de numerosas figuras que por primera vez asumen una cartera ministerial. Una apuesta por la renovación respecto a la dinámica que había marcado a los anteriores gabinetes, con un claro predominio de los veteranos. Sobresalen también algunos rostros jóvenes, como los de Norikazu Suzuki (ministro de Agricultura), Kimi Onoda o el propio Shinjiro Koizumi, que cuentan con algo más de cuarenta años, en claro contraste con los demás miembros del gabinete.
Aunque Sanae Takaichi ha logrado sacar adelante su investidura y formar gobierno, la situación dista mucho de ser estable. Para empezar, el Partido Liberal Democrático no tiene mayoría en la Dieta Nacional, tanto en la cámara alta como en la cámara baja, lo cual condiciona fuertemente al gabinete. Por primera vez en varias décadas el PLD va a tener que gobernar sin un socio de coalición cuyo apoyo tienen firmemente amarrado.
Debido a esta circunstancia, le guste o no, la primera ministra tendrá que llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas –aparte de Nippon Ishin– si quiere sacar adelante sus planes de gobierno. Esta hipoteca posiblemente supondrá que Takaichi no pueda desarrollar sus postulados políticos y puede que suponga una fuente de conflictos en aquellos aspectos en los que se quiera perseverar.
La primera ministra recibe un legado de complicada gestión. Aparte de tener que poner orden dentro del PLD y tratar de volver a recuperar la confianza pública en el partido, le va a tocar gestionar una difícil situación económica, con una deuda pública muy elevada y una población cada vez más envejecida.
Y todo ello en un contexto internacional agitado, con Japón situado en medio de las tensiones entre China y Estados Unidos. Además, sus posturas revisionistas en materia histórica y su adscripción a la línea dura en política exterior no auguran unas relaciones tranquilas con Beijing.
La formación del gabinete va a coincidir con una serie de eventos diplomáticos en los cuales Sanae Takaichi hará su debut internacional. En unos días está previsto que el presidente estadounidense, Donald Trump, visite Japón y mantenga un encuentro con la flamante primera ministra. Además, Takaichi asistirá a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico que se celebra en Corea del Sur.
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