
En un resultado inesperado y con el 100% de los votos contabilizados, el proeuropeo Partido de Acción y Solidaridad (PAS) de Maia Sandu lograría mantener la mayoría parlamentaria con un apoyo del 50,2%.
Los comicios celebrados el pasado domingo 28 de septiembre han sido catalogados por el gobierno como las elecciones “más importantes de la historia de Moldavia”, y se han visto envueltas de polémica: Chisináu ha acusado a Rusia de intervenir mediante campañas de desinformación, mientras la oposición ha denunciado una persecución por parte de las autoridades.
Tras el PAS se encuentra la principal agrupación opositora, el Bloque Electoral Patriótico (BEP), euroescéptico y compuesto por socialistas y comunistas, que ha recibido un respaldo del 24,26%. El Bloque Alternativa, de centroizquierda y europeísta, logró el 7,97%, seguido por el centrista y euroescéptico Nuestro Partido (PN), con el 6,20% de los sufragios. La última fuerza en ingresar en la cámara es el unionista rumano Democracia en Casa (DA), que ha conseguido el 5,62%.
La intensa campaña electoral parece haber logrado movilizar a un considerable número de moldavos, con una participación del 52,21%, inferior a las cifras de en torno al 60-70% de las décadas de los 90 y los 2000, pero superior al 48% de los últimos comicios presidenciales del 2021.
En los resultados de los colegios electorales, el PAS ha logrado el apoyo del 44,13% de los moldavos, concentrados en las regiones más urbanizadas del país, especialmente en el centro. Sus feudos más importantes se encuentran en Ialoveni, Straseni y los suburbios de la capital Chisináu. En todos ellos ha obtenido más del 60% de los votos.
El BEP, en cambio, ha cosechado la mayoría de los sufragios en los distritos rurales al norte y al sur de Moldavia. En la mayoría del norte y el distrito de Basarabeasca ha superado al PAS, pero sin hacerse con una mayoría cualificada. Sus mejores resultados han venido de Transnistria y, especialmente, de Taraclia y la Región Autónoma de Gagauzía, donde ha alcanzado el 82% del apoyo.
Ha sido el voto de la numerosa diáspora moldava la que le ha otorgado la mayoría parlamentaria al PAS, donde ha logrado un resultado récord del 78,61%. Los moldavos viviendo en Europa y Estados Unidos han sido su mayor apoyo, mientras que aquellos afincados en Rusia han votado mayoritariamente por las fuerzas de la oposición.
Tras conocer los resultados, la oposición llamó el lunes a concentrarse frente al parlamento, acusando al gobierno de valerse del voto de la diáspora para hacerse con las elecciones. Los líderes del BEP anunciaron haber registrado “cientos de irregularidades y desviaciones” que se hicieron saber a la Comisión Electoral Central (CEC), por lo que actualmente están a la espera de su respuesta, señalando que dependiendo de la decisión del CEC continuarían por la senda legal.
El líder del gobernante PAS señaló que la protesta es uno de los “derechos esenciales de la democracia”, aunque también instó irónicamente a la oposición a “esforzarse para que la próxima protesta sea gratuita”, haciendo referencia a las acusaciones de que la oposición retribuye económicamente a sus manifestantes.
Moldavia, elecciones rodeadas de polémica
A pesar de la ironía del líder del PAS, tanto la campaña como los comicios han estado plagadas de irregularidades, con acusaciones tanto por parte del gobierno como de la oposición. Los proeuropeos han señalado a Rusia por organizar una importante campaña para desestabilizar el país y arrebatarle el poder al PAS.
La oposición, en cambio, ha denunciando al partido oficialista de valerse de estructuras estatales para perseguir a sus críticos, mientras que otros analistas han advertido que las autoridades han aplicado distintas estrategias de manipulación política para erosionar a la oposición.
Los medios occidentales se han hecho eco de las posturas del PAS, denunciando una “salvaje” injerencia rusa en los comicios. La campaña electoral estuvo marcada por estos intentos de desestabilización, comenzando con el corte de gas ruso a la república autoproclamada de Transnistria, que Chisináu tildó de chantaje económico.
Otra de las principales estrategias que identificó el gobierno fue una campaña de desinformación, corroborada por periodistas de investigación de la BBC, que descubrieron una red coordinada y financiada desde Rusia dedicada a la difusión de “desinformación” y “propaganda prorrusa”. Otro de los medios de injerencia denunciados ha sido la financiación ilegal desde Moscú de agrupaciones opositoras, como el del bloque Victoria, coordinado por el magnate prófugo Ilan Shor, o el partido Corazón de Moldavia.
Asimismo, se han producido detenciones de decenas de personas acusadas de estar preparando disturbios a las órdenes de intereses extranjeros. El propio día electoral se sucedieron los ciberataques y las amenazas de bomba en los puntos de votación de distintas ciudades europeas, cuya responsabilidad las autoridades atribuyeron a Rusia.
La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha emitido un comunicado donde recoge el ambiente general de las elecciones, identificando las quejas tanto del gobierno como de la oposición. Señala que los comicios se han celebrado de “manera democrática”, a pesar del clima de desestabilización con “injerencia externa, financiación ilegal, ciberataques y campañas de desinformación”.
También se han hecho eco –aunque sea de una manera menos frontal– de las preocupaciones de la oposición, apuntando que “ciertas decisiones siguiendo líneas partidistas en cuestiones controvertidas pusieron en tela de juicio su imparcialidad e independencia”. Cabe recordar que la amenaza de injerencia externa ha sido la principal justificación para la expulsión de varias agrupaciones opositoras y la detención de decenas de simpatizantes de la oposición.
El caso más denunciado por analistas internacionales ha sido el de la prohibición de dos agrupaciones opositoras un par de días antes de los comicios, limitando la capacidad de reacción de los partidos y desmovilizando a sus votantes.
Moldavia: ¿hacia una democracia dirigida?
Analistas como Leonid Ragozin han catalogado estas elecciones como un ejemplo de “democracia dirigida”, un régimen de “democracia híbrida y cada vez más imitativa” que existió en Rusia entre la década de los 90 y los 2010. Mediante herramientas sutiles, el partido de gobierno condiciona los resultados electorales, manteniendo la fachada democrática, mientras se limita la libertad de elección.
Aunque los informes señalan que estas prácticas comenzaron a llevarse a cabo durante la campaña electoral, con la sanción injustificada de Rumanía contra el opositor Ion Ceban o la utilización de recursos administrativos para llevar a cabo propaganda partidista, fue en los días anteriores a los comicios y el propio día de la votación cuando realmente se contabilizaron la mayoría de las irregularidades.

Tras la expulsión de última hora de varios partidos opositores, ocurrieron varios hechos que dificultaron la votación en los bastiones de la oposición. En el caso de la república autoproclamada de Transnistria –donde los ciudadanos tienen derecho a voto en las elecciones moldavas al mantener en la mayoría de los casos una doble nacionalidad– los siete puentes que la conectan con Moldavia estaban siendo reparados, lo que generó largas colas de vehículos y limitó la cantidad de transnistrios que acudieron a las urnas.
Igualmente, el número de colegios electorales para la región se redujo de 41 en las elecciones de 2021 a 12; cinco de estos puntos de votación fueron trasladados a Chisináu pocos días antes de los comicios, obligando a los votantes a desplazarse más de 50 kilómetros para acudir a las urnas. Los números han reflejado claramente esto, pasando de 30.000 votantes en las elecciones del 2021 a poco más de 12.000 en las actuales.
También se ha observado una estrategia similar en las mesas electorales en el extranjero. Entre la diáspora moldava, las fuerzas proeuropeas tienden a concentrarse en los países occidentales, mientras que los moldavos afincados en Rusia suelen tener posturas más rusófilas. Estos últimos vieron limitados sus puntos de votación únicamente a dos, donde acudieron 4.000 ciudadanos a votar.
En comparación, Japón, con únicamente 142 electores, contaba también con dos mesas electorales. Al igual que con el traslado de los colegios electorales de Transnistria, esta decisión se ha justificado aludiendo a razones de seguridad.
La continuidad del parlamento implica que Moldavia seguirá abrazando la senda europea, aunque queda por ver si el PAS logrará hacer frente a los principales problemas que se enfrenta actualmente el país: la crisis económica y energética y la desconfianza de la población respecto a las autoridades.
Asimismo, la mayoría parlamentaria implica que el partido de gobierno podrá continuar una política de confrontación con la oposición, lo que alimentará la polarización que existe en la política nacional. La situación general de Moldavia ha sido comparada con la de Georgia, tanto por Maia Sandu, que declaraba que su país no se convertiría en “otra Georgia títere de Rusia”, como por analistas críticos, que han trazado similitudes entre la “democracia dirigida” de Moldavia con la de Georgia.
En todo caso, la república del Cáucaso supone un claro ejemplo de los problemas de la polarización, con un gobierno en constante declive democrático enfrentado frontalmente con la oposición.
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