
Las elecciones en Moldavia del 28 de septiembre pueden cambiar radicalmente el rumbo político de la república. La presidenta Maia Sandu ha catalogado los comicios como “los más trascendentales” de la historia del país. El proeuropeo Partido de Acción y Solidaridad (PAS) parece destinado a perder la mayoría parlamentaria que ostenta desde 2021.
Aunque los porcentajes varíen, la mayoría de los sondeos concuerdan en que ningún bloque electoral logrará la mayoría necesaria para gobernar, por lo que la negociación con el resto de agrupaciones será necesaria para presidir la cámara. Parece que el parlamento estará dividido entre aquellos que apuestan fuertemente por la integración europea y los que predican una neutralidad que permita acercarse a Rusia.
PAS: 5 años de una Moldavia en la senda europea
El PAS se hizo con la jefatura del Estado en 2020, cuando Sandu derrotó a Igor Dodon; un año después, la agrupación logró una mayoría parlamentaria que mantiene hasta ahora. Este dominio, aun así, comenzó a tambalearse ya en 2024, cuando la presidenta estuvo a punto de ser derrotada en las elecciones presidenciales por Alexandr Stoianoglo, apoyado por la oposición y con un programa de “equilibrio” entre la Unión Europea, Rusia, Estados Unidos y China.
El mismo día de aquellas elecciones en Moldavia también se llevó a cabo un referéndum para incluir en la Constitución las aspiraciones europeas del país, donde la opción del sí, apoyada por Sandu, ganó con el 50,35% de apoyo. Moscú acusó a las autoridades moldavas de poner “trabas” para votar a los moldavos viviendo en Rusia, mientras que Europa y Estados Unidos señalaron al Kremlin por tratar de “influenciar” mediante campañas de desinformación y compra de votos.
Durante estos últimos cinco años, Moldavia ha adoptado una postura marcadamente europeísta, distanciándose de Rusia, con quien había mantenido una relación intermitente, que se fortaleció durante el gobierno de Igor Dodon.
Moldavia presentó una solicitud de ingreso en la Unión Europea el 3 de marzo de 2022 y, desde entonces, el país ha avanzado rápidamente por el proceso de adhesión, logrando el estatus de candidato ese mismo 2022 e iniciando las negociaciones de acceso en 2024. Su cercanía respecto a Ucrania y la presteza de sus instituciones a aplicar las reformas necesarias han catapultado su acceso, cumpliendo en unos pocos años o meses procesos que pueden llevar décadas.
A pesar del avance del programa proeuropeo, el incumplimiento de las promesas anticorrupción parece ser una de las causas principales de la pérdida de apoyo del gobierno. Indicadores como el Índice de Percepción de la Corrupción demuestran que este ha sido uno de los principales temas de preocupación de los moldavos. Aunque durante este último mandato la tendencia parece haberse revertido ligeramente, con varios pasos concretos como la creación de un tribunal anticorrupción, la ciudadanía no parece estar del todo satisfecha.
La oposición se ha valido de este enfado en su campaña, acusando al gobierno de politizar la justicia para perseguir a sus críticos. En este sentido, la corrupción a todos los niveles continúa siendo un problema enquistado para Moldavia, con el propio partido gobernante viéndose afectado por escándalos en la adjudicación de licitaciones.
La crisis económica que vive el país parece ser otro de los grandes focos de descontento entre una ciudadanía donde la pobreza absoluta afecta a más del 30% de la población. Los indicadores económicos muestran que el gobierno ha sido incapaz de completar el milagro económico que prometía, con el país duramente afectado por el estallido de la Guerra de Ucrania y el cierre del mercado vecino.
La pobreza absoluta ha subido casi diez puntos en tres años, pasando del 24,5% en 2021 al 33,6% en 2024, mientras que el crecimiento del PIB de 2024 se ha estancado en un 0,1%, tras haber sufrido una contracción del 4,6% en 2022. Estas cifras contrastan con el crecimiento en torno al 4% que experimentaba el país antes de la crisis del coronavirus y del estallido de la guerra.
Los principales partidos en Moldavia
Hay cuatro contendientes principales en las elecciones en Moldavia de este domingo: el PAS, el Bloque Electoral Patriótico (BEP), Nuestro Partido (PN) y el bloque Alternativa. Mientras que el BEP y PN se muestran contrarios al europeísmo del PAS, Alternativa apoya la integración europea, aunque se muestra escéptico con las formas del partido de gobierno, enfatizando que la adhesión debe llevarse a cabo “respetando la soberanía y los intereses nacionales”.
La gran ausencia de estas elecciones en Moldavia será el bloque Victoria, ligado al oligarca prorruso Ilan Shor, actualmente exiliado en Rusia tras ser condenado por la justicia moldava. Su agrupación fue declarada inconstitucional en 2022, y la lista que iban a presentar estas elecciones ha sido prohibida al no cumplir con los requisitos legales.
Partido de Acción y Solidaridad
El PAS es la principal fuerza proeuropea, ya que el resto de agrupaciones similares carecen de la relevancia suficiente. Aunque debido al alto número de votantes indecisos el resultado es muy incierto, las encuestas le otorgan entre el 30% y el 50% de intención de voto. La cara visible del partido es la actual presidenta de la república, con experiencia en el Banco Mundial tras haber estudiado en Harvard.
La agrupación de Maia Sandu tiene un programa de centro-derecha, presentando a la Unión Europea como un aliado clave para la consecución de los cinco objetivos que articulan su política: atención a la paz y el futuro, atención a los ingresos de los moldavos, cuidado de la economía, atención a la infraestructura y cuidado de las tradiciones.
La formación se marca el objetivo de firmar el tratado de adhesión antes de 2028 y pretende valerse de los fondos europeos para sufragar parte de sus medidas económicas, desde una importante inversión en infraestructura, hasta el aumento de los ingresos de la población activa. Para el desarrollo económico, también quiere apoyar la internacionalización de los emprendedores moldavos, abriéndoles las puertas a los mercados europeos.
En materia cultural, pretende llevar a cabo un proyecto de concienciación nacional y democrático, tanto en el país como en la diáspora. En su documento también se recogen varias críticas a la oposición, señalando que la victoria de las fuerzas “antieuropeas o pseudoeuropeas” implicaría la vuelta al gobierno “de los oligarcas”, aislando al país de sus aliados occidentales.
Bloque Electoral Patriótico
El Bloque Electoral Patriótico (BEP) es una coalición de varias formaciones izquierdistas y euroescépticas: el Partido de los Socialistas de la República de Moldavia (PSRM), el Partido de los Comunistas de la República de Moldavia (PCRM), el Partido Futuro de Moldavia (PVM) y el Partido Corazón de Moldavia (PRIM) –el viernes 26 de septiembre se prohibió la participación de este último–. Los sondeos estiman que recibirá entre el 20% y el 36% de los votos.
El BEP tiene un programa obrerista, económicamente de izquierdas y socialmente conservador, con una postura de “neutralidad” en el ámbito internacional, enfatizando la necesidad de mantener relaciones pragmáticas con Occidente y Rusia, según el propio interés nacional.
El PCRM dominó en gran parte la política del país durante los años 2000, manteniendo la presidencia entre 2001 y 2009, donde, a pesar del nombre, el gobierno llevó a cabo programas de privatización y liberalización económica. El PSRM, igualmente, tiene experiencia en el gobierno moldavo, habiendo ocupado la presidencia con Igor Dodon antes de la llegada de Maia Sandu.
Uno de los principales puntos de discordia respecto al PAS se encuentra en su propuesta de una posición neutral en la arena internacional, una neutralidad que debe servir para “preservar la soberanía” y rechazar las “presiones externas y los valores foráneos”. Tanto Reuters como el PAS han acusado al BEP de antieuropeo y prorruso, aunque el documento señala que el bloque apuesta, en cambio, por mantener relaciones “pragmáticas” con ambos bandos.
En materia económica, su hoja de ruta contempla un “renacimiento industrial”, apoyando a los productores moldavos, prometiendo una reducción del precio del combustible y el desarrollo de las infraestructuras. Junto a ello, también se marca como objetivo el fortalecimiento de los servicios públicos, como las pensiones o la sanidad.
En el ámbito cultural, el BEP también recoge un programa de concienciación nacional, centrándose en los valores tradicionales y la religión ortodoxa como puentes entre las distintas etnias moldavas. La coalición se plantea la necesidad de una reforma judicial para poder combatir efectivamente la corrupción.
Nuestro Partido
La agrupación encabezada por Renato Usatii comparte con el BEP la apuesta por la neutralidad internacional de Moldavia, pero dirige su atención principalmente a los problemas internos del país. Nacido como el Partido Demócrata Cristiano Campesino de Moldavia, ha mantenido una postura de centro, combinando políticas socialmente conservadoras con un programa económico de intervención estatal y euroescepticismo.
Las encuestas le dan en torno al 10% del voto. La agrupación se presenta a estas elecciones en Moldavia con un documento centrado en los problemas internos del país, como la lucha contra la corrupción, la recuperación económica, la protección social o el desarrollo regional.
Se marca un ambicioso programa de “modernización para Moldavia”, planteando que el Estado debe tener un papel protagonista en la recuperación económica del país, impulsando la producción y exportación agrícola y guiando el desarrollo de todos los sectores productivos. También promete llevar a cabo un renovado esfuerzo anticorrupción, liquidando los servicios existentes y creando un “Mossad moldavo” para combatirla.
Dentro de sus propuestas, recoge la redacción de una nueva Constitución que blinde la neutralidad de Moldavia. Como ocurre con el BEP, PN ha sido tachado de prorruso, aunque según su programa, la neutralidad implica que el país no debe cerrar las puertas a colaborar con Europa, Rusia, Estados Unidos o China, siempre que lo haga de acuerdo al interés nacional.
Bloque Alternativa
El bloque Alternativa se presenta como una fuerza a medio camino entre el europeísmo del PAS y la neutralidad que predican el BEP y el PN; apoya la integración europea, pero critica las formas del gobierno. La coalición se compone de varios partidos de centro –el Movimiento Alternativa Nacional (MAN), el Partido del Desarrollo y la Consolidación de Moldavia (PDCM) y el Partido de Acción Común–Congreso Civil (PAC-CC)– y ha sido apoyado por el candidato presidencial independiente Alexandr Stoianoglo.
El líder del MAN, Ion Ceban, ocupa actualmente la alcaldía de la capital moldava, y en julio de 2025, Rumanía prohibió su entrada en el país y en todo el Espacio Schengen, sin alegar una razón concreta. Ceban declaró que la prohibición era una “orden política del régimen de Sandu”. Las estimaciones le otorgan entre el 7% y el 12% del voto.
Su programa político no comienza adoptando una postura internacional y señala al gobierno como causante de la crisis económica que atraviesa el país, por lo que aborda primero una propuesta de desarrollo económico. En este sentido, plantea la necesidad de llevar a cabo un programa de liberalización económica que atraiga la inversión extranjera.
En palabras de la coalición, “la economía nacional debe convertirse de nuevo en la principal fuente de financiación de las necesidades presupuestarias y sociales del país”. Esta propuesta se complementa con un aumento de las prestaciones sociales en materia de pensiones, sanidad y educación.
En el ámbito internacional, al igual que el PAS, Alternativa plantea la necesidad de avanzar en la integración europea, señalando que es el “principal escenario de desarrollo y crecimiento de la calidad de vida”. A pesar de ello, la coalición entiende la integración como una manera de fortalecer la “neutralidad”, respetando la soberanía y los intereses nacionales. En su programa también otorga importancia a una reforma judicial que “restaure la confianza de los ciudadanos en las instituciones”, acusando al gobierno de haber “politizado la justicia”.
El gran ausente: Bloque Victoria
Ilan Shor ha sido una de las principales figuras de la política moldava desde mediados de la década del 2010. Amasó una fortuna entre 2005 y 2015 al heredar la empresa de su padre y expandir el negocio, adquiriendo compañías de seguros, canales de televisión e incluso el equipo de fútbol FC Milsami Orhei. Comenzó su carrera política como alcalde del pueblo Orhei, y su partido Shor logró recabar apoyos entre los moldavos más favorables a Rusia.

La agrupación no logró hacerse con un gran espacio en la política nacional, pero sí en aquellas regiones más prorrusas, como lo muestra el caso de la gobernadora de la región autónoma de Gagaúzia, Evghenia Gutul, que actualmente se encuentra condenada por haber financiado su actividad política con dinero ruso. Ilan Shor también está condenado por fraude bancario, habiendo sido uno de los protagonistas del mayor caso de corrupción que ha vivido el país.
El magnate tuvo que exiliarse en Israel y en 2024 terminó mudándose a Rusia. Su partido fue ilegalizado en 2022, acusado de recibir apoyo ruso, y la lista que presentaron sus partidarios para estas elecciones fue rechazada por el Comité Central Electoral de Moldavia al no cumplir con los requisitos legales. Aunque trataron de apelar la decisión, la Corte Suprema de Justicia terminó dándole la razón al comité.
Una campaña marcada por la tensión
Los moldavos se dirigirán a los colegios electorales en un clima de polarización y tensión, con una campaña electoral marcada por las presiones y amenazas de injerencia externa. Tanto el partido de gobierno como sus aliados occidentales han acusado a Rusia de tratar de influenciar estas elecciones de Moldavia, según dicen, siguiendo la estela de lo hecho en los comicios presidenciales de 2024.
El corte de gas a Transnistria a principios de 2025 fue calificado por el gobierno de Sandu como un intento de “chantaje energético”, donde el Kremlin trató de poner al gobierno moldavo en un aprieto.
Las semanas previas a la votación han estado marcadas por las acusaciones de injerencia, con la presidenta declarando que Moscú “ha gastado cientos de millones de euros para comprar las elecciones” mediante compra de votos y campañas de desinformación. También se han sucedido las detenciones de decenas de personas acusadas de estar preparándose para desestabilizar el país siguiendo las órdenes de Rusia.
Las agrupaciones opositoras, en cambio, han denunciado que el gobierno está tratando de silenciarlas, valiéndose de sus contactos en el aparato judicial del país y en Occidente para presionarles. La gobernadora de Gagaúzia, Evghenia Gutul, declaró que su detención respondía a motivos políticos; de la misma manera que el alcalde de Chisinau, Ion Ceban, señaló al “régimen de Sandu” por dar una “orden política” que prohibiese su entrada en Rumania. En suma, un contexto de tensión envuelve estas elecciones en Moldavia.
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