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Elecciones en Portugal: giro a la derecha y... ¿reforma constitucional?

Las elecciones en Portugal en mayo de 2025 reforzaron al bloque de la derecha, especialmente a la AD de Luis Montenegro y a Chega.
Las elecciones en Portugal en mayo de 2025 reforzaron al bloque de la derecha, especialmente a la AD de Luis Montenegro y a Chega. Fuente: redes sociales de Montenegro

Las elecciones en Portugal han supuesto un verdadero terremoto. Aquellos comicios legislativos anticipados del 18 de mayo han significado una reconfiguración profunda del mapa político portugués con la derecha, en sus distintas expresiones, en máximos históricos y dispuesta a modificar la Constitución de 1976, la carta magna hija de la Revolución de los Claveles que acabó con el régimen militar de Antonio de Oliveira Salazar.

El país luso, durante años ejemplo de estabilidad política en la Unión Europea, ha celebrado sus cuartas elecciones legislativas en cinco años. Un síntoma de la incertidumbre que azota al país y que ha aupado a dos expresiones de la derecha portuguesa: a la tradicional y conservadora ⎻el Partido Social Demócrata (PSD)⎻ que ha canalizado el voto de la “continuidad y estabilidad”; y a la derecha radical de Chega que absorbe el voto “castigo" y la "antipolítica”. 

Luis Montenegro ya ha sido designado como primer ministro en una Asamblea de la República fragmentada. El país continúa experimentando un profundo proceso de transformación política pasando de un sólido sistema bipartidista (1976-2015) ⎻con una alternancia entre la derecha tradicional (PSD) y el centroizquierda del Partido Socialista (PS)⎻ a un sistema multipartidista donde el bloque de la izquierda y la derecha presenta actores muy diversos en su seno.

Las claves de las elecciones en Portugal

La Alianza Democrática (AD), coalición conservadora formada por PSD y los democristianos de CDS-PP, se alzó con la victoria con un 31,2% de los votos y 91 escaños, revalidando su condición de primera fuerza. El candidato y primer ministro en funciones, Luis Montenegro, repetirá al frente del ejecutivo luso tras mejorar en más de tres puntos y once escaños los resultados de las elecciones portuguesas de marzo de 2024. 

Paradójicamente, el escándalo que forzó el adelanto electoral, el caso Spinumviva –relacionado con negocios familiares del propio Montenegro– no pasó factura política a los conservadores. Pese a las investigaciones en curso, Montenegro logró reforzar su posición al frente de la derecha portuguesa, capitalizando un discurso de estabilidad y continuidad frente al desgaste del PS. Este resultado refuerza su liderazgo interno y legitima su permanencia al frente del Ejecutivo, aunque sin mayoría absoluta.

Mientras, en segunda posición, la extrema derecha de Chega firmó un avance histórico con el 22,76% y 60 diputados, convirtiéndose en la principal fuerza de oposición al superar en dos escaños al Partido Socialista.

El partido ultra liderado por André Ventura ha vivido un crecimiento fulgurante. Fundado hace poco más de un lustro, en 2019, Chega ha multiplicado su resultado elección tras elección con un discurso que critica al sistema político tradicional y apuesta por la "mano dura" contra la inmigración. Los de Ventura han pasado de un 1,29% hace seis años al actual 22,76%.

Para ampliar: Chega, el partido nacional-populista que puede ser tercera fuerza en Portugal

En tercera posición, un desfigurado Partido Socialista (22,83% y 58 asambleístas) que sufrió su peor resultado desde 1987. La crisis de los socialdemócratas, gobernantes entre 2015-2024, ha provocado la dimisión del candidato y secretario general de la formación, Pedro Nuno Santos. 

Detrás de estos pobres resultados parece estar una confusa estrategia política. Tras perder el gobierno en las elecciones portuguesas de 2024, el PS optó por apoyar al PSD en votaciones estratégicas como el reparto de comisiones en la Asamblea de la República o los presupuestos generales –donde se abstuvo posibilitando su aprobación–. Esta “oposición blanda”, que buscaba evitar que Chega influyese en el gobierno en minoría del PSD, ha sido penalizada por el electorado progresista. 

El resto de la izquierda lusa no ha obtenido mejores resultados. El Bloco de Esquerdas quedó reducido a un renqueante 1,99% y un solitario escaño por Lisboa cuando hace una década superaba el 10% del voto. Por su parte, la Coalición Democrática Unitaria (CDU, conformada por el Partido Comunista de Portugal (PCP) y el Partido Ecologista Verde (PEV), no pasó del 3% de los sufragios y tres asambleístas, uno menos que hace un año. En ambos casos se trata del peor resultado histórico. 

Entre las fuerzas progresistas, solo los socios liberales de Livre, afiliados a los verdes europeos, consiguieron avanzar tímidamente hasta el 4,07% y seis escaños. Fragmentada y debilitada, la izquierda lusa queda sin capacidad sustancial de influir en una legislatura dominada por la derecha. Iniciativa Liberal, formación que defiende el adelgazamiento estatal y plantea una defensa cerrada del libre mercado, creció hasta el 5,36% y nueve escaños. Cifras insuficientes para que la coalición AD + IL sume los 116 diputados que marcan la mayoría absoluta.

Montenegro, designado primer ministro

Tras una semana de consultas, el presidente de la república Marcelo Rebelo de Sousa ha designado a Luis Montenegro como primer ministro. El líder del PSD deberá refrendar su cargo ante la nueva Asamblea de la República, pero su nombramiento no peligra.

Tanto Chega como PS, segunda y tercera bancada del legislativo, han afirmado que “no obstaculizarán” el nombramiento de Montenegro porque los portugueses “quieren estabilidad”. Por lo que se espera que a los votos afirmativos de AD e IL se sumen las abstenciones o votos favorables de PS y Chega.

"El Partido Socialista no apoyará ninguna iniciativa que obstaculice el Gobierno que salga de las elecciones, no se trata de subscribir todo o parte del programa electoral de AD o del Ejecutivo, sino que se trata de subscribir el entendimiento que los portugueses tienen del Gobierno que quieren en la próxima legislatura", ha indicado el presidente del PS, Carlos César, tras las consultas realizadas por el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa.

Para ampliar: Qué es el lusotropicalismo, la doctrina ideológica del Estado Novo portugués

Por su parte, André Ventura afirmó que Chega pretende cumplir, “con responsabilidad”, el papel para el que fue “mandatado” como “líder de la oposición”. El dirigente se comprometió a "no imposibilitar la toma de posesión del gobierno”, esperando que, en un eventual futuro, “si Chega gana las elecciones legislativas, haya la misma tolerancia democrática por parte de los demás partidos”.

Aunque no se conoce la composición exacta del nuevo gabinete, todo parece indicar que se tratará de un gobierno monocolor que contará con un apoyo legislativo continuado de Iniciativa Liberal (IL), con quien ha tenido una excelente sintonía durante la legislatura saliente. Esta fórmula, sin embargo, obligará a una compleja negociación en cada votación clave. AD e IL no suman mayoría absoluta y deberán recurrir o bien al PS o bien a Chega para sacar adelante sus propuestas.

La suma total de las derechas ⎻AD, Chega, Iniciativa Liberal y la extrema derecha euroescéptica de ADN, que no obtuvo representación por unos miles de votos⎻ supera el 62% del voto total, una cifra sin precedentes en la democracia portuguesa.

Reforma de la Constitución y movilización en las calles

El nuevo equilibrio institucional ha puesto en el centro del debate la Constitución portuguesa de 1976, hija de la Revolución de los Claveles de abril de 1974, un texto que sigue teniendo un profundo simbolismo político que va más allá de lo jurídico.

La carta magna lusa fue redactada tras la caída de la dictadura militar y su articulado refleja la influencia que en ese momento ejercía el Partido Comunista Portugués y los amplísimos movimientos sociales que tomaron las calles contra la dictadura del Estado Novo (1933-1974). La ley suprema lusa consagró, como pocas constituciones, derechos sociales y económicos. 

En su articulado, el Título VII contiene los mecanismos de reforma, estableciendo que la iniciativa debe partir de al menos un tercio de los 230 diputados o del gobierno y que la aprobación definitiva requiere el voto de dos tercios de la Asamblea. Hasta ahora, esos requisitos han funcionado como un blindaje frente a cambios drásticos, pero los resultados del 18 de mayo de 2025 han dado a las derechas (AD, IL y Chega) la capacidad matemática para alcanzar esa supermayoría y poner sobre la mesa reformas profundas.

André Ventura, líder de Chega.
André Ventura, líder de Chega. Fuente: Duke of Winterfell, bajo CC.

Antes incluso de que se abriesen las urnas, AD había dejado claro su interés en redefinir el rol económico del Estado. En sus intervenciones, Montenegro aludió a la necesidad de revisar el artículo 58º, que hoy consagra la “economía de mercado con función social”, para impulsar un modelo más liberal. Tras conocerse los resultados, el líder de Iniciativa Liberal, Rui Rocha, reiteró que pretenden eliminar todas las referencias a la “planificación económica” recogidas en el artículo 65º. 

El líder de Chega, André Ventura, calificó de “oportunidad única” la “mayoría de derechas” que dejaron las elecciones en Portugal. “No podemos tener una Constitución que diga que vamos hacia el socialismo, o que hable de latifundio o minifundio, o que hable de reformas económicas o reformas agrarias”, defendió el líder ultra, quien aseguró que busca “garantizar la neutralidad ideológica de la Constitución”.

Chega ya ha tomado la iniciativa y ha convocado a AD e IL a un “foro de entendimiento” para realizar una “reforma profunda”. Encima de la mesa un adelgazamiento del Estado, de los derechos sociales consagrados en la Constitución, un endurecimiento del código penal y una modificación de la estructura institucional portuguesa.

En el foco derechos concretos como el 65º, que reconoce el “derecho a una vivienda”, y el artículo 64º, que garantiza el acceso a la salud pública. Según fuentes del PSD e IL, estos pasajes constituyen un “obstáculo presupuestario” que impide dinamizar la economía.

Los nuevos pasos de la izquierda en Portugal

La reacción de los partidos de izquierda a las elecciones en Portugal no se ha hecho esperar. El Partido Socialista, a pesar de salir diezmado el 18M, ha expresado su firme oposición a cualquier intento de desmantelar los “cimientos sociales” de la carta magna. En rueda de prensa, el portavoz del PS calificó de “peligroso experimento” las iniciativas de reforma anunciadas y advirtió de que recurrirán a todos los recursos parlamentarios para frenar tales iniciativas. 

Más contundente se ha mostrado el Partido Comunista Portugués, que desde hace años defiende como línea política una “aplicación real de la Constitución” que permita alcanzar una “democracia avanzada al servicio de la clase trabajadora y el pueblo portugués”.

La Carta Magna lleva la impronta del PCP: su capacidad de movilización y su peso electoral en la Asamblea Constituyente de 1975-76 se tradujeron en una Constitución con referencias explícitas al papel del Estado en la economía y una extensa lista de derechos fundamentales. Hoy, el PCP sostiene que la propuesta de reforma “traiciona la memoria de miles de militantes y trabajadores que sacrificaron su vida por la democracia”.

Para ampliar: La bicefalia de la derecha radical en Europa

En sus primeros mítines tras las elecciones en Portugal, el secretario general de los comunistas, Paulo Raimundo, ha desplazado la posibilidad de “movilizarse” en la calle para “defender los valores de abril”. Una hoja de ruta donde con seguridad estaría la CGTP-IN –principal central sindical del país– y otras formaciones como el Bloco de Esquerdas y Livre.

En definitiva, la nueva composición parlamentaria emanada de las elecciones en Portugal ha abierto la puerta a un pulso histórico: si bien la supermayoría de la derecha cuenta con la aritmética necesaria para impulsar reformas profundas, la Constitución de 1976 no se concibió simplemente como un texto técnico, sino como un “pacto social” para un nuevo Portugal. La tensión entre un bloque que pretende redefinir los límites del Estado y una izquierda que se reivindica guardiana del “espíritu de los claveles” anticipa un turbulento inicio para el nuevo gobierno de Luis Montenegro.

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