
A principios de abril, el Partido Comunista de la India (maoísta) se declaró dispuesto a entablar conversaciones de paz, con la condición de que el gobierno detuviera sus operaciones militares. La guerrilla naxalita, de inspiración maoísta, cuenta ya con 58 años de antigüedad, habiendo comenzado en 1967 con la rebelión de Naxalbari. El gobierno del estado de Chhattisgarh respondió manifestando su disposición a dialogar sin imponer condiciones. En este escenario, el 17 de abril, el PCI (maoísta) propuso un alto el fuego de un mes para facilitar el proceso político.
En concreto, el portavoz del Comité Central del PCI (maoísta), Abhay, declaró que, si el gobierno detiene sus operaciones contra ellos, están dispuestos a entablar conversaciones de paz sin condiciones: “En interés del pueblo, proponemos conversaciones de paz con los gobiernos central y estatal. Nuestra exigencia es que se ponga fin a las matanzas y masacres disfrazadas de operaciones en Chhattisgarh, Maharashtra (Gadchiroli), Odisha, Jharkhand, Madhya Pradesh y Telangana. También debe detenerse el establecimiento de nuevos campamentos de las fuerzas armadas”.
Más de 400 personas han muerto en enfrentamientos desde el lanzamiento de la Operación Kagaar en los últimos 15 meses, el año más sangriento en la región de Bastar desde la rebelión de Bhumkal en 1910. La Operación Kagaar, que ha movilizado a más de 3.000 paramilitares, no solamente está dirigida contra la insurgencia naxalita, sino que también es utilizada contra los focos de resistencia campesina e indígena de la zona.
El Estado presiona a los naxalitas
Esta es la primera propuesta de paz por parte de los maoístas en varios años. Mientras tanto, las fuerzas de seguridad han mantenido la presión sobre los naxalistas. En el estado de Chhattisgarh, 33 presuntos maoístas se rindieron el 18 de abril en el distrito de Sukma; en Telangana, 86 supuestos militantes hicieron lo propio el 5 de abril en Bhadradri Kothagudem. En una operación a gran escala, miles de soldados avanzaron el 24 de abril sobre un bastión maoísta en la frontera entre ambos estados y, según la prensa, mataron a decenas de guerrilleros.
La policía asegura que más de 117 maoístas han muerto en enfrentamientos en Bastar desde comienzos del año. Sin embargo, numerosos activistas indígenas de la región denuncian que el gobierno infla las cifras, con falsos positivos, y estaría cometiendo ejecuciones extrajudiciales. “Muchos tribales inocentes también han sido asesinados”, denunció Abhay, quien también aseguró que un tercio de los fallecidos eran tribales corrientes. De hecho, es significativo que los combatientes naxalitas nunca son heridos o tomados prisioneros; el resultado en los enfrentamientos con las fuerzas del Estado siempre es la muerte.
En un signo de confianza, el ministro del Interior de India, Amit Shah, viajó a Bastar, donde instó a "los hermanos naxalitas" a deponer las armas y unirse a la corriente dominante, pues "nadie se alegra cuando matan a un naxalita". Los medios también informaron que Shah durmió en Bastar para demostrar que el distrito estaba firmemente bajo su control. En general, la situación revista un doble cariz. Por un lado, el Estado indio continúa desgastando y desangrando a los guerrilleros lentamente. Pero, por otro, sigue sin ser capaz de romper a la insurgencia, que aunque débil, persiste.
En esta contexto, las fuerzas de seguridad abatieron el pasado 21 de mayo a Nambala Keshava Rao, secretario general del Partido Comunista (maoísta), durante combates en la triple intersección de los distritos de Narayanpur-Bijapur-Dantewada, a menudo considerado el epicentro de la insurgencia comunista, zona conocida como el Corredor Rojo. Es el primer secretario general en servicio que ha sido asesinado por las fuerzas de seguridad indias en la historia de la insurgencia naxalita de cuatro décadas.
Ingeniero de formación y con una edad de 70 años, Rao fue el secretario general del PCI (maoísta) desde 2018 y fue considerado como la columna vertebral de las operaciones de insurgencia en la India central. También conocido por su nom de guerre Basavraj, dirigió varios ataques importantes contra las fuerzas de seguridad, incluida la emboscada de Dantewada en la que murieron 76 paramilitares en 2010.
Su fallecimiento supone un duro golpe contra la insurgencia naxalita, que ha sufrido importantes derrotas los últimos meses. Por estas acciones, Basavraj se ganó la reputación de estratega en operaciones maoístas y era experto en planificar y ejecutar estrategias guerrilleras.
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