
Las Fuerzas Armadas de Pakistán han anunciado el inicio de la Operación Bunyan ul Marsoos (Muro Inquebrantable) contra India. Esta acción militar ha supuesto el lanzamiento de varias oleadas de ataques con drones y misiles contra múltiples objetivos en las regiones de Cachemira, Punjab, Rajastan y Gujarat. La nueva ofensiva se produce en respuesta a una serie de ataques con misiles y drones llevados a cabo previamente por India contra bases de la fuerza aérea pakistaní.
India y Pakistán llevan varios días inmersos en un continuo intercambio de ataques realizados en una franja de más de 150 kilómetros a ambos lados de la frontera. La escalada ha estado acompañada de intensos duelos de artillería y tiroteos a lo largo de todas las líneas de separación entre ambas fuerzas, tanto en la frontera reconocida internacionalmente como en la Línea de Control (LoC) en la disputada región de Cachemira.
Una nueva crisis entre India y Pakistán
El origen de la actual escalada lo encontramos en el atentado de Pahalgam, ocurrido el 22 de abril de 2025, en el que fueron asesinados 26 turistas. El ataque fue reivindicado por el grupo insurgente Resistencia de Cachemira que, según el gobierno de India, es una sucursal local de la organización islamista Lashkar-e-Taiba (LeT) con sede en Pakistán.
En las semanas transcurridas desde el ataque de Pahalgam, tanto India como Pakistán han desplegado numerosas medidas de todo tipo, abarcando desde el ámbito económico hasta el castrense, entre las que destaca la suspensión del Tratado de las Aguas del Indo (IWT) por parte de Nueva Delhi.
Este tratado, firmado en 1960, resulta fundamental para la agricultura pakistaní, puesto que el país depende en un 80% de las aguas de este río. Su importancia queda reflejada en el hecho de nunca había sido suspendido hasta ahora, a pesar de que India y Pakistán han librado varias guerras desde su entrada en vigor.
La renovada crisis entró en su fase actual de escalada militar tras el lanzamiento, por parte del ejército indio, de la llamada Operación Sindoor, que conllevó la realización de ataques con misiles y drones contra varios objetivos tanto en Azad Kashmir, la región de Cachemira administrada por Islamabad, como en la provincia pakistaní de Punjab.
Pese a las tensiones, existen algunos indicios de desescalada, como la presión que está ejerciendo Estados Unidos –con varias llamadas del secretario de Estado, Marco Rubio, a ambos países–, los primeros contactos entre los directores generales de Operaciones Militares de India y Pakistán o la negación, por parte de Islamabad, de haber convocado una reunión de la Autoridad de Mando Nacional (NCA) –el organismo encargado de supervisar el arsenal nuclear– pese a que la televisión pública pakistaní lo había anunciado previamente.
El origen de un viejo conflicto
Desde la partición del subcontinente indio en 1947, la región de Cachemira ha sido el epicentro de la rivalidad entre India y Pakistán. Ambos países, nacidos del mismo proceso de independencia, han medido fuerzas en este territorio montañoso en repetidas ocasiones: las guerras de 1947, 1965, 1971 y el conflicto de Kargil en 1999 marcaron hitos sangrientos en una disputa que, décadas después, sigue sin resolverse.
El episodio más tenso de los últimos años, al menos hasta los acontecimiento de 2025, se vivió en febrero de 2019, cuando un atentado suicida en Pulwama, en el sur de Cachemira, acabó con la vida de 42 miembros de las fuerzas de seguridad indias.
El ataque, atribuido al grupo yihadista Jaish-e-Mohammed con base en Pakistán, desencadenó una rápida respuesta de Nueva Delhi, que incluyó bombardeos aéreos en territorio pakistaní. En los días siguientes, ambos países protagonizaron una peligrosa escalada militar que culminó con combates aéreos y el derribo de varios aviones de combate, lo que volvió a poner a la región al borde del conflicto abierto.
Asimismo, hay que tener en cuenta la dimensión regional. India es un país en camino de convertirse en la tercera economía mundial o, al menos, eso dicen todas las principales proyecciones. Sin embargo, Nueva Delhi no va a jugar un papel secundario como Japón o Alemania, sino que va a entrar de lleno en las dinámicas de grandes potencias.
Pakistán, por contra, no aparenta aspirar a nada más que tener una sólida esfera de influencia, mantener su independencia y perpetuar su estatus como país con armas nucleares. Por lo tanto, la necesidad de superar el statu quo y controlar la región de Asia Meridional es algo de imperiosa necesidad para el gobierno indio, mientras que para Islamabad es de vital importancia impedir que su rival materialice ese objetivo.
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