
Estados Unidos ha llevado a cabo varios ataques en territorio controlado por Ansar Allah, comúnmente conocidos como los hutíes yemeníes. Los bombardeos suceden a la reanudación de los ataques hutíes contra embarcaciones en el mar Rojo tras la expiración del plazo de cuatro días concedido a Israel para restablecer los envíos de ayuda a la Franja de Gaza. Además, la ofensiva se produce poco después de que Washington volviera a designar al grupo yemení como organización terrorista extranjera, marcando una importante escalada en la región.
Los bombardeos han afectado a varias ciudades del país, con especial énfasis en la capital, Saná, así como en las localidades de Taiz, hogar de emplazamientos militares hutíes, y Dahyan, donde los ataques se dirigían a una central eléctrica. Anees al-Asbahi, portavoz del Ministerio de Sanidad de la administración hutí, informaba de que se han registrado al menos 31 muertos y más de 100 heridos, siendo la mayoría de las víctimas mujeres y niños.
Mike Waltz, consejero de Seguridad Nacional estadounidense, señaló que los ataques habían resultado en el fallecimiento de varios “líderes hutíes”. Declaraciones de varios oficiales estadounidenses apuntan a que esta operación representa el comienzo de una campaña extendida de bombardeos que busca tanto neutralizar los ataques hutíes en el mar Rojo como presionar a Irán, a quien la administración republicana acusa públicamente de estar detrás de las acciones del grupo chií.
Las claves de los ataques
Tras la interrupción de las negociaciones para la segunda fase del alto al fuego entre Israel y Hamás y el rechazo de estos últimos a la propuesta Witkoff para una tregua durante el ramadán, la tensión retornaba de manera activa al conflicto. Cuando el Estado hebreo anunció su decisión de bloquear el paso de ayuda humanitaria a la Franja de Gaza como parte de su estrategia de presión a Hamás, los hutíes no tardaron en responder.
Ansar Allah ha llevado a cabo ataques contra embarcaciones en el mar Rojo desde 2023 en lo que la organización describe como una operación contra “buques israelíes” en solidaridad con la causa palestina, alterando de esta forma el flujo comercial en el corredor marítimo que culmina en el canal de Suez, una de las principales rutas comerciales a nivel mundial.
Dichas operaciones cesaron durante el alto al fuego entre Israel y Hamás, pero, tras el bloqueo de la ayuda humanitaria, la organización hutí anunció en un comunicado la implementación de un ultimátum que daba a Israel un plazo de cuatro días para restaurar el flujo de ayuda, tras los cuales los hutíes volverían a la carga con sus ataques en el Mar Rojo.
La administración Biden ya llevó a cabo ofensivas aéreas contra objetivos estratégicos y militares en Yemen con la finalidad de socavar la capacidad operativa de la organización chií. Asimismo, el expresidente estadounidense designó a los hutíes como un "entidad Terrorista Global Especialmente Designada" en un movimiento que permitía reducir la financiación al país sin que ello conllevase una detención de la ayuda humanitaria.
No obstante, con Trump al cargo en la Casa Blanca, Estados Unidos no solo ha aumentado el nivel de dicha designación, devolviendo a los hutíes la etiqueta de organización terrorista extranjera que ya les describió brevemente en el año 2021, sino que parece haber comenzado una campaña militar en Yemen de mayor envergadura de acuerdo con la retórica del propio presidente y varios miembros de la administración.
En una publicación en su red social, Truth Social, Trump decía haber ordenado una “acción militar poderosa contra los terroristas hutíes en Yemen”. El presidente declaró que “los ataques hutíes a buques americanos” no serían tolerados, avisando de que Estados Unidos haría uso de su “abrumadora fuerza letal” hasta conseguir el objetivo de devolver la “libertad de navegación”. El líder republicano describió los bombardeos como “ataques contra las bases, líderes y defensas aéreas de los terroristas” y lanzó una advertencia a los hutíes, prometiendo que “el infierno caerá sobre vosotros como no habéis visto nunca antes”.

Pete Hegseth, secretario de Defensa de la administración Trump, declaró que la operación no era “cosa de una noche”, sino que continuaría hasta que los hutíes yemeníes “digan que van a parar de disparar a nuestros barcos”, enfatizando que Estados Unidos no tenía interés en una guerra a largo plazo en Oriente Medio. Los hutíes, por su parte, han descrito las acciones estadounidenses como un “crimen de guerra”.
Abdul-Malik al-Houthi, líder del movimiento hutí, ha advertido que la organización “confrontará la escalada con escalada” y responderá “al enemigo americano mediante la elección como blanco de portaaviones y buques de guerra y el bloqueo de sus barcos”. El 16 de marzo, los hutíes yemeníes anunciaron que habían dirigido varios misiles balísticos y de crucero hacia el portaaviones estadounidense USS Harry Truman, aunque no está claro si dichos proyectiles llegaron a alcanzar el objetivo.
Marco Rubio, secretario de Estado, señaló en una entrevista que los ataques contra los hutíes yemeníes debían ser vistos como Estados Unidos “haciéndole un favor al mundo deshaciéndonos de estos tipos y su habilidad para atacar el comercio global”. Cuestionado acerca de una posible mayor involucración militar en la región, Rubio declaró que “no hay necesidad de una incursión terrestre en Yemen en la actualidad”.
Trump, quien fue elegido en noviembre en base a un programa que prometía limitar al mínimo el despliegue internacional de tropas estadounidenses y la involucración del país en conflictos externos, está empleando una retórica crecientemente combativa e implicada en lo que a Oriente Medio concierne, de la cual estos ataques podrían representar una primera demostración sobre el terreno.
Irán: el verdadero foco de atención
La vuelta de la estabilidad en el mar Rojo parece ser una clara prioridad de la administración Trump, aunque definitivamente no la única. Al final de su publicación en Truth Social, el líder republicano se reservaba un apartado para mandar un mensaje a una de las principales potencias rivales en la región: “A Irán: ¡el apoyo a los terroristas hutíes debe acabar inmediatamente! No amenacéis al pueblo americano, a su presidente, [...] ni a los flujos globales de comercio”.
Estados Unidos ha sostenido que los hutíes no podrían llevar a cabo sus ataques en el mar Rojo sin el apoyo de Irán, responsabilizando directamente a Teherán de estas agresiones. En este contexto, la administración estadounidense entiende que los ataques en territorio yemení son un mensaje de advertencia a Irán. Pete Hegseth declaró en un tuit que no solo los hutíes habían recibido un mensaje claro, sino que “Irán, su benefactor, está sobre aviso”.
Cabe recordar que Trump firmó, poco después de acceder a la Casa Blanca, una orden ejecutiva mediante la cual establecía una estrategia de “máxima presión” para con Irán con el objetivo final de impedir que la República Islámica ganase acceso a un arsenal nuclear. Durante la ceremonia de firma, expresó su pesar por la necesidad de esta medida, señalando que su escenario ideal habría sido un acuerdo bilateral entre ambos países.
A lo largo de los meses, sin embargo, los rumores acerca de un posible “ataque preventivo” estratégico israelí con apoyo estadounidense a instalaciones nucleares iraníes han ido consolidándose. Alí Jamenei, líder supremo de Irán, que siempre ha negado la intención de poseer arsenal nuclear, respondía declarando: “América nos amenaza con acción militar. En mi opinión, estas amenazas no tienen sentido. Si entran en guerra [con Irán], la guerra no será desequilibrada. Irán es capaz de contraatacar y contraatacará ciertamente con una respuesta decisiva”.
Tras el envío de una carta por parte de Trump a las autoridades iraníes para negociar el fin del programa nuclear del país hace apenas unos días, Jamenei declaró que “negociar con Estados Unidos no resultará en la eliminación de las sanciones”. El presidente reformista iraní, Masoud Pezeshkian, quien anteriormente había expresado su predisposición positiva para con un posible acuerdo, señaló el 11 de marzo que Irán no negociaría con Washington mientras continuaran las amenazas.
Así pues, los ataques contra los hutíes yemeníes pueden interpretarse como una pieza de una política exterior en Oriente Medio centrada en el asunto iraní. También representan una advertencia de la administración Trump sobre su estrategia de negación plausible con respecto a la colaboración iraní con numerosos actores en la región, además del creciente ritmo de procesos de enriquecimiento de uranio. Mike Waltz afirmó que futuros ataques a objetivos iraníes en la costa yemení “están sobre la mesa”.
Trump declaró en una entrevista con Fox News hace apenas una semana que existen dos formas de gestionar el asunto iraní: Militarmente o llegando a un acuerdo”. Con la postura iraní por ahora claramente contraria a la posibilidad de la segunda opción mientras se mantengan los niveles de presión y sanciones actuales, el plano militar podría acabar ocupando una posición más importante de lo previsto. Los ataques a territorio yemení representarían, en ese caso, tan solo una primera señal de las hostilidades por venir.
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