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De muros, minas y drones. La consolidación de la anexión marroquí del Sáhara

Restos de minas y armamento recogidos en las inmediaciones del muro construido por Marruecos en Sáhara Occidental.
Restos de minas y armamento recogidos en las inmediaciones del muro construido por Marruecos en Sáhara Occidental. Fuente: Ander Sierra

El desierto del Sáhara se encuentra más dividido que nunca. A las distancias impuestas por las fronteras, que tantas veces han demostrado ser prisión normativa para pueblos nómadas y seminómadas, se debe añadir una gran edificación: el muro del Sáhara Occidental, construido por Marruecos e infestado de minas.

La porosidad de las fronteras que separan vastas extensiones de terreno desértico ha sido un elemento clave para entender muchos de los conflictos en el Sahel derivados de élites políticas que no tenían en cuenta las realidades étnicas del territorio que pretendían gobernar.

El imaginario del nacionalismo marroquí, por ejemplo, se ha apoyado en la idea del Gran Marruecos para declarar su derecho histórico a controlar el Sáhara Occidental, Mauritania y porciones de Argelia y Malí.

El reclamo que llevó a la Marcha Verde y a la guerra con el Frente Polisario incluyó una estrategia de sabotaje e infiltración saharaui que resultó esencial para la victoria frente a Mauritania, el otro Estado ocupante por aquel entonces en el Sáhara Occidental. No obstante, el muro funcionó para frenar el éxito de la guerrilla en dicha estrategia de infiltración profunda frente a Marruecos.

Encapsulando las principales ciudades, así como los recursos pesqueros y mineros del Sáhara Occidental, el Frente Polisario vio entorpecida seriamente su estrategia de causar severas pérdidas a la economía de su rival.

Para este cometido marroquí, se ha establecido una estrategia de extensión transversal por todo el territorio, con seis tramos de muro a lo largo de más de 2.700 kilómetros fortificados con radares y fuertemente minados.

Muro y minas dividen el Sáhara Occidental

Desde Descifrando la Guerra nos hemos desplazado hasta el campo de refugiados de Rabuni, en Argelia, para entrevistar a Gaici Nah, el jefe de operaciones de la Oficina Saharaui de Acción contra las Minas, organismo regulado por la Presidencia de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) para la gestión del desminado humanitario o la atención para las víctimas.

El responsable nos comenta que se estima que hay alrededor de “10 millones de minas antipersona y antitanque esparcidas tanto por el propio muro como por el Sáhara ocupado y por el Sáhara liberado”, haciendo referencia a las áreas al oeste y al este del muro, respectivamente. De hecho. compara la situación con países como Laos, Camboya o Vietnam en cuanto al nivel de contaminación territorial por minas.

El número de afectados entre fallecidos y mutilados estaría en los 6.000, según el organismo saharaui. Sin embargo, la dificultad para confirmar esta información reduce a la mitad las estimaciones realizadas por otros organismos como la Asociación Saharaui de Víctimas para Minas (ASAVIM).

Para ampliar: Mapa de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental

Aunque países sureños como Namibia, Angola o Sudáfrica se podrían haber mostrado partidarios de la organización de campañas de desminado, Nah nos comenta que apenas existen proyectos al respecto y las acciones se quedan habitualmente en la atención a las víctimas.

Entre los países que se citan como facilitadores de la estrategia marroquí se encuentran Francia, Estados Unidos e Israel. El apoyo político y militar francés ha sido firme durante décadas, tratándose probablemente de su principal aliado en África. Fuentes militares del Sáhara Occidental nos cuentan que París sigue suministrando armamento importante a Marruecos, aunque Israel está ganando un peso notable.

A este propósito se sumó Estados Unidos, especialmente durante el primer mandato de Donald Trump, con el patrocinio de la normalización entre Rabat y Tel Aviv a cambio del reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Sin embargo, ya desde la etapa de Ronald Reagan se nos menciona el apoyo al reino alauí con la venta de bombas de racimo para su uso en este escenario bélico.

Mapa del muro que divide el Sáhara Occidental, construido por Marruecos. Se aprecia cómo hay una sección que atraviesa un extremo de Mauritania.
Mapa del muro que divide el Sáhara Occidental, construido por Marruecos. Se aprecia cómo hay una sección que atraviesa un extremo de Mauritania. Fuente: Ander Sierra

La llegada de Israel es novedosa en los titulares, pero lleva tiempo funcionando desde las capacidades de inteligencia y espionaje hasta los proyectos de infraestructuras y armamento. Nah señala a Ariel Sharon como ideólogo de la política de amurallamiento –e incluso de la supervisión del proyecto– y acusa a diversos países árabes de aportar la financiación a Marruecos.

Asimismo, nos explica que el rey marroquí Hasán II insistió en que el muro alcanzase el suelo mauritano en la frontera con el Sáhara Occidental para seccionar el territorio saharaui, estrategia que sería seguida en la fragmentación de Cisjordania.

No solo se trataba de establecer una separación física entre los saharauis que combatían la ocupación. También se buscaba asentar el control político mientras el paso del tiempo y la diplomacia se ocuparían de que el pragmatismo lo transformase en hechos consumados. Así llegarían los cambios de postura español y francés sobre el estatus que debía regir el Sáhara a nivel político.

Los drones marroquíes contra los saharauis

A todo este aparato de fortificación de la presencia marroquí se debe añadir el componente ofensivo de vanguardia, sobre todo por el creciente éxito de los drones en la decantación de conflictos armados durante la última década. En torno a este asunto, hemos conseguido unas declaraciones exclusivas de testigos saharauis que vivían en el Sáhara Occidental al este del muro.

Se trata de una familia beduina, con tradiciones trashumantes, que habitó el que conocen como Sáhara liberado hasta la declaración de la segunda guerra por parte del Frente Polisario.

Nos desplazamos hasta el desierto argelino a las afueras de Smara. Esta wilaya saharaui está altamente poblada con respecto al centro administrativo de Rabuni, pero aquí observamos menos signos de urbanización: menor densidad de edificación, construcciones aún en adobe y una mayor presencia de jaimas tradicionales.

Sin caminos o carreteras asfaltados, debemos atravesar una duna para encontrarnos con los beduinos, pero nos reciben con gran hospitalidad para relatarnos que, siguiendo la tendencia de sus connacionales, ellos querían permanecer en el Sáhara Occidental y, gracias a su tradición seminómada de camellos y cabras, pudieron pastorear por el desierto profundo.

Familia beduina afectada por los drones y minas usados por Marruecos en el Sáhara Occidental.
Familia beduina afectada por los drones y minas usados por Marruecos en el Sáhara Occidental. Fuente: Ander Sierra

Ya en esos años se darían ataques con drones por parte de Marruecos y, según nos relatan, pudieron presenciar un bombardeo que mató al marido de nuestra testigo.

Este tipo de acciones desde 2020 habrían conseguido terminar de expulsar hacia Argelia a muchos de los remanentes saharauis en el este del muro, ampliando la fuerza del desplazamiento forzado en la limpieza étnica que denuncian.

Aun así, la familia beduina ha preferido situarse en una jaima en los márgenes de la wilaya, buscando una cercanía casi identitaria a su desierto del Sáhara. Sin embargo, ante la falta de urbanización de una sociedad seminómada obligada a asentarse, llama la atención la utilización de placas solares por parte de la familia para abastecerse.

Los saharauis ante un futuro incierto

Asimismo, aunque el asentamiento de los nómadas no es sencillo en ningún caso, más complicado es aun cuando se ha sufrido mutilación o pérdida de familiares que sustenten la familia.

La ASAVIM nos comenta que, lejos de opciones de desminado, la labor en la que se están volcando es la inclusión. Se ofrecen alternativas de inserción laboral, pero ante las dificultades de personas ajenas a ciertos grados de asentamiento, la opción más viable parece estar siendo la ganadería.

Ya lejos de la trashumancia, muchos saharauis afectados por las explosiones de las minas acaban encontrando en la ganadería caprina una opción de desarrollo personal que les acerque a la subsistencia.

Para ampliar: Luz en el desierto: temporalidad o asentamiento de los campamentos saharauis

Aun así, desde la Asociación de Víctimas también se sigue acudiendo a la ayuda humanitaria directa, puesto que el sustento de muchas familias queda en peligro tras la pérdida de su economía como consecuencia del exilio o de la muerte de un miembro de la familia.

Y esto no solo afecta a pueblos beduinos como los que hemos conocido, sino también a saharauis de las ciudades, ya que como parte de su tradición seminómada, también se desplazaban en ciertas épocas del año. Por ello, las minas y los muros han afectado a todos de distinta manera en Sáhara Occidental.

Pero si en algo coinciden las organizaciones saharauis es en que los drones han supuesto un punto de inflexión. No pueden atender a las víctimas porque apenas dejan supervivientes, pero las familias y prácticamente toda su sociedad y formas de vida también son víctimas a las que tratan de atender.

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