
La jornada del 10 de enero, fecha en la que debía juramentarse el presidente de Venezuela para el periodo 2025-2031, estaba marcada en rojo en los calendarios desde hacía meses. Chavismo y oposición habían asegurado que ese día harían efectiva una victoria electoral que ambos reclamaban.
La oposición había advertido por boca de su principal figura, María Corina Machado, que Edmundo González, candidato opositor en las presidenciales del 28 de julio, ingresaría en el país y tomaría posesión como presidente. La reaparición pública de Machado en la movilización del 9 de enero, después de meses en paradero desconocido, y la extensa gira internacional que durante toda la semana llevó a cabo González, anticipaban un choque este 10 de enero. Faltaba saber la dimensión.
No fue así. Desde primera hora de la mañana en el municipio de Chacao, zona noble de Caracas y bastión de la oposición, se respiraba una calma tensa. “Desde hace 10 años todos los días va a pasar algo y nunca pasa nada, pero ¿y si hoy fuese el día?”, comentaba con resignación Julia Ortiz, estudiante de derecho, mientras paseaba a su perro por uno de los parques que, el 9 de enero, habían sido tomados por seguidores de Machado y González.
Entre buena parte de la oposición venezolana pesa más la resignación que el deseo de cambio. Ni el gobierno interino de Juan Guaidó, ni las movilizaciones en las calles, ni las sanciones económicas han tumbado al chavismo. Eso, junto con las disputas internas, ha erosionado una base social que puede seguir en contra de Maduro, pero ya no parece dispuesta a salir a la calle.
Espera y movilización
Mientras en las cafeterías y tiendas del pudiente oriente capitalino se revisaban los móviles, esperando algún anuncio de la dirigencia opositora, en el Palacio Legislativo de la Asamblea Nacional, al oeste de la ciudad, tenía lugar la juramentación de Nicolás Maduro para un tercer mandato presidencial.
“Digan lo que quieran decir, hagan lo que quieran hacer, pero esta toma de posesión constitucional venezolana no la pudieron impedir y es una gran victoria venezolana”, aseguró Maduro en su discurso. El dirigente venezolano cargó varias veces contra la oposición, calificándola de “fascista”, y criticó a los gobiernos de la región que han mostrado su apoyo a Edmundo González. "¿Ya llegó?", preguntó en tono jocoso en referencia al líder opositor.
Pero no, González no había llegado al país, ni lo haría. El primer pronunciamiento de la oposición llegó a las 15:43 en las redes sociales de María Corina Machado. “Decidimos que no es conveniente que el día de hoy Edmundo [sobre quien pesa una orden de arresto] ingrese a Venezuela. Le he pedido que no lo haga porque su integridad es fundamental para la derrota final del régimen y la transición a la democracia que está muy cerca”. Machado justificó la decisión por las medidas de seguridad adoptadas por Maduro, que cerró las conexiones aéreas y terrestres con Colombia y mantiene un imponente despliegue militar en todo el país.
Dos horas después, Edmundo González emitió un breve discurso a través de redes sociales. "Estoy muy cerca de Venezuela, estoy listo para el regreso seguro, en el momento preciso. Haré valer los votos que representan la recuperación de nuestra democracia", aseguró. "Como comandante en jefe, ordeno al alto mando militar desconocer órdenes ilegales, que le sean dadas por quienes confiscan el poder, y preparen mis condiciones de seguridad para asumir el cargo de presidente de la República", sentenció González.
El chavismo no ocultaba su satisfacción. El día 10 de enero acabaría sin que Edmundo González ingresase al país y sin movilizaciones opositoras en la calle. Por contra, el oficialismo hizo una demostración en la Avenida Urdaneta, en las inmediaciones del Palacio de Miraflores. La bien engrasada maquinaria estatal y del partido sirvió para concentrar a varias decenas de miles de venezolanos, menos que en otros actos de juramentación, pero mucho más que una oposición ausente.
Al término del día, la incertidumbre que inundaba a la oposición a primera hora de la mañana se había convertido en rabia y resigna. Nicolás Maduro había conseguido tomar posesión como presidente con muchos menos problemas de los esperados.
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