
Georgia ha celebrado el sábado 27 de octubre elecciones parlamentarias, tildadas por las facciones en pugna como un referéndum crucial sobre el futuro del país. A la espera de los resultados definitivos, el recuento de la Comisión Electoral Central (CEC) otorga la victoria a Sueño Georgiano, pero la oposición ha declarado que no reconoce los resultados y ha acusado al gobierno de “robar las elecciones”.
Con el 99% escrutado, la CEC ha publicado los datos provisionales. Sueño Georgiano logra la mayoría necesaria para gobernar con el 53,93% de los votos, seguido por la Coalición para el Cambio, con el 11,03%. La coalición Unidad - Movimiento Nacional Unido (MNU) ha cosechado el 10,161% de los sufragios, Georgia Fuerte el 8,814% y el partido Gakharia por Georgia el 7,771%. El resto de las agrupaciones no habrían logrado el 5% necesario para lograr representación en la cámara.
El país vive un momento de crispación máxima: la campaña de estos comicios ha estado marcada por agresivo enfrentamiento entre el gobierno y la oposición occidentalista. El gobernante Sueño Georgiano, favorable a avanzar en la integración euroatlántica manteniendo buenos lazos con Rusia, ha centrado su campaña en atacar al opositor MNU: le ha acusado de buscar un enfrentamiento militar con Moscú y ha prometido duras medidas represivas contra la formación.
La oposición, en cambio, se ha centrado en abordar estos comicios como un referéndum crucial sobre el rumbo exterior que debe adoptar Georgia, acusando al gobierno de alinearse con Rusia y alejarse de Occidente.
Ambos bloques comenzaron a celebrar su victoria antes de la publicación de los resultados oficiales, ya que distintas encuestas a pie de urna otorgaban el triunfo a uno y otro bando. La publicación de los datos oficiales, en las que Sueño Georgiano alcanzaba la mayoría, ha provocado que las dos principales agrupaciones opositoras, la coalición Unidad-MNU y la Coalición para el Cambio, declararan a través de Twitter que no reconocían los resultados electorales.
El MNU ha acusado al gobierno de “robar las elecciones” y ha declarado que luchará "hasta el final del régimen”, un mensaje similar al de Coalición para el Cambio, que ha tachado las elecciones de “golpe constitucional” diciendo haber identificado un “mecanismo de fraude masivo utilizado por Sueño Georgiano”.
En este mismo sentido se ha pronunciado la presidenta Salomé Zurabishvili, alineada con la oposición, durante sus declaraciones del domingo. La dirigente georgiana no reconocerá los resultados electorales y ha llamado a la población georgiana a reunirse de manera simbólica en la Avenida Rustaveli el lunes 28 de octubre.
Las acusaciones lanzadas por la oposición se han visto corroboradas por los informes publicados por algunos de los observadores electorales. Es el caso de Transparencia Internacional, que ha presentado un documento donde señala que la jornada se celebró en un “contexto de violaciones serias y sustanciales”, concluyendo que “los resultados preliminares publicados por la Comisión Electoral Central no reflejan la voluntad de la ciudadanía georgiana”.
Otros observadores, el National Democratic Institute (NDI) y la misión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) han tomado igualmente nota de las irregularidades, aunque no han llegado a tachar las elecciones de ilegítimas. En el caso del informe de la OSCE, se ha señalado la polarización como la principal limitación de estos comicios, mencionando casos de intimidación y altercados físicos durante la jornada electoral, aunque mencionando que la “administración de las elecciones fue generalmente ordenada”.
El ámbito político internacional también ha visto una respuesta desigual. La primera reacción vino de parte del primer ministro húngaro Viktor Orbán, que felicitó el mismo 26 de octubre al primer ministro Irakli Kobakhidze y a Sueño Georgiano por su victoria, antes incluso de la publicación de ningún dato oficial. Además de Orbán, tanto las autoridades de Azerbaiyán como Armenia han reconocido el triunfo de Sueño Georgiano una vez presentados los datos provisionales de la CEC.
Desde Europa, la respuesta ha sido más escéptica: autoridades de Estonia, Letonia y Lituania han mostrado desde un primer momento cierta cautela antes de reconocer los resultados. El ministro de Exteriores lituano se ha hecho eco de las acusaciones de fraude y han declarado estar siguiendo la situación de cerca. En esta misma nota se ha pronunciado la cuenta de Exteriores alemana en Twitter, que ha respaldado las conclusiones de la OSCE y ha llamado a todas las partes a evitar la confrontación.
Las condenas más duras han venido tras las declaraciones de Zurabishvili: el presidente de Letonia ha mostrado su apoyo a la presidenta y también ha hablado de “robo”, mientras que el ministro de Exteriores polaco se ha hecho eco de la acusación de la presidenta sobre la falsificación de las elecciones. El ex primer ministro británico, Boris Johnson, ha sido más contundente e incendiario: en su cuenta personal ha declarado que las elecciones “fueron robadas por el gobierno títere de Putin en Tiflis”.
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