![[Foto de archivo] Despliegue de las Fuerzas de Defensa de Israel en los alrededores de la Franja de Gaza en 2014.](https://www.descifrandolaguerra.es/wp-content/uploads/2024/10/Israel.jpg)
Casi un año después del inicio de las hostilidades, Israel ha emprendido una nueva fase de su guerra contra Hezbolá invadiendo el sur de Líbano, una incursión que forma parte de la operación denominada Flecha del Norte. Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) anunciaron esta acción militar con el siguiente comunicado:
“De acuerdo con la decisión del escalón político, hace unas horas, las FDI iniciaron incursiones terrestres limitadas, localizadas y selectivas, basadas en información de inteligencia precisa, contra objetivos e infraestructuras terroristas de Hezbolá en el sur de Líbano. Estos objetivos están situados en aldeas cercanas a la frontera y suponen una amenaza inmediata para las comunidades del norte de Israel. La Fuerza Aérea y la Artillería están apoyando a las fuerzas terrestres con ataques precisos contra objetivos militares en la zona”.
Las operaciones israelíes comenzaron con intensos bombardeos de artillería y ataques aéreos sobre el sur de Líbano y Beirut, la capital, mientras se reportaba el movimiento de soldados y tanques hacia la frontera libanesa. Asimismo, tropas de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) y del ejército libanés se retiraron al norte, alejándose al menos cinco kilómetros de la zona del conflicto.
Es probable que, como ocurrió con la invasión de la Franja de Gaza y Rafah, Israel lleve a cabo la incursión terrestre de forma escalonada con el objetivo de mitigar las críticas internacionales por violar las fronteras reconocidas de un Estado soberano.
Sea como fuere, la invasión se presenta como el último paso de una serie de ataques contra Hezbolá, que han incluido el desmantelamiento de su cúpula militar, el sabotaje de cientos de buscapersonas y el asesinato de Hasán Nasralá, el secretario general de la organización chií. El objetivo final de Tel Aviv parece ser la desarticulación de las capacidades militares y políticas de Hezbolá, así como el establecimiento de una zona de seguridad en la frontera israelí-libanesa que permita el retorno de los aproximadamente 80.000 israelíes evacuados a finales de 2023.
Asimismo, la operación militar se enmarca dentro de un contexto mucho más amplio. Tel Aviv busca mantener la disuasión y recuperar el prestigio perdido tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, así como incrementar la ofensiva contra los aliados de Irán en Oriente Medio. Este objetivo estratégico es compartido por Estados Unidos, quien ha dado luz verde a la operación israelí. De hecho, Washington ha continuado con el envío de armas a Israel y ha desplegado más activos en la región para reforzar la disuasión frente a Irán y el Eje de la Resistencia.
Israel también está aprovechando la ventana de oportunidad que se ha abierto a nivel regional. Por un lado, el Eje de la Resistencia ha sufrido una notable fragmentación en los últimos meses, situación que se ha traducido en la pasividad e inacción frente a las constantes operaciones israelíes. Si bien los distintos grupos armados que forman el Eje de la Resistencia han respondido con varios ataques –como los hutíes yemeníes–, éstos no se han producido de forma conjunta y no suponen un gran peligro –al menos por ahora– para el Estado hebreo.
Por otro lado, Irán podría estar replanteando su política exterior tras la muerte de Ibrahim Raisi y la posterior victoria del presidente Massoud Pezeshkian. La administración Raisi tampoco podía ser catalogada como agresiva o militarista, pero se movió siempre dentro de una estrategia basada en asegurar la disuasión sin que esas mismas acciones desembocasen en un conflicto abierto. De hecho, fue bajo su mandato cuando Teherán atacó por primera vez territorio israelí.
No obstante, con Pezeshkian, Irán podría estar dando un paso a atrás respecto a esta estrategia. Buscando acercar posturas con el bloque occidental, el presidente reformista parece que ha estado más pendiente de mantener la concertación con Estados Unidos y la Unión Europea que de preservar el estatus geopolítico iraní. En este sentido, Teherán podría tener como objetivo evitar una guerra directa con Israel y Estados Unidos –dada su inferioridad militar– y optar por el enfrentamiento indirecto y en el largo plazo.
Queda por ver qué capacidades tiene Hezbolá para enfrentarse a la invasión israelí después del descabezamiento de su rama militar y la sucesión de ataques aéreos contra depósitos de munición y lanzadores. Cabe recordar que el grupo libanés cuenta con más de 100.000 combatientes –la inteligencia reduce esta cifra a alrededor de 50.000– que gozan de amplia experiencia militar.
Además, la organización chií aglutina un arsenal de cohetes, misiles, drones y tanques que les dotan de grandes capacidades militares. Es un oponente mucho más fuerte que Hamás u otras facciones armadas palestinas. Sin embargo, no está claro si la milicia libanesa puede ofrecer la resistencia esperable frente a la superioridad militar israelí, ni si será capaz de coordinar sus ataques.
Más allá de eso, queda la duda de si Teherán se involucrará en el conflicto –de momento no ha dado señales de ello– y cuál será el papel del Eje de la Resistencia en el mismo. Aun así, no parece que Israel tenga una solución militar contra Hezbolá, lo que podría ocasionar volver a repetir los errores de las anteriores invasiones, cuando logró una victoria táctica inicial, pero terminó perdiendo su posición y viéndose forzada a retirarse.
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