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Se agrava la crisis en Venezuela con acusaciones cruzadas de fraude y golpe de Estado

Nicolas Maduro en una reunión tras las elecciones presidenciales del 28 de julio, proceso electoral que ha originado una grave crisis en Venezuela.
Nicolas Maduro en una reunión tras las elecciones presidenciales del 28 de julio, proceso electoral que ha originado una grave crisis en Venezuela. Fuente: redes sociales del CNE

Escala la situación en Venezuela. A 72 horas del cierre de las urnas el Centro Nacional Electoral (CNE), máximo órgano de control de los procesos electorales en el país, solo ha publicado un primer boletín que, al 80% del voto escrutado, otorga la victoria a Nicolás Maduro con el 51,2% (5.150.092 votos) frente a un 44,2% de Edmundo González, y un 4,6% (sin desglosar) para las otras ocho candidaturas.

La oposición, que desde el primer momento desconoció los datos del CNE, asegura tener en su haber un 81% de las actas, recopiladas una a una por sus apoderados electorales. Estas actas, que han sido publicadas en internet, otorgarían una victoria a González con cerca del 70% de los sufragios.

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Con este choque de relatos y de cifras, el único elemento que puede arrojar luz es una publicación de todas las actas por parte del CNE, organismo que durante la noche del domingo recibió los datos de las 30.026 mesas habilitadas para la votación. Este paso, la publicación de las actas mesa por mesa, está contemplado en el propio reglamento del CNE, que justifica su demora por los numerosos “ciberataques recibidos” y asegura que la publicación definitiva tendrá lugar en un futuro cercano. 

El sistema de votación venezolano es tremendamente robusto por tratarse de un voto automatizado y codificado. Ello explica la importancia que observadores internacionales y parte de la comunidad internacional otorgan a la publicación de las actas electorales, pues una eventual manipulación de estas sería fácilmente identificable. 

La tardanza en conocer los datos totales alimenta la teoría del fraude de la oposición, que ha llamado a la movilización en la calle para “defender la victoria electoral”. Si bien durante la madrugada del domingo al lunes reinó una calma tensa en todo el país, la situación está degradándose a gran velocidad. 

Además de grandes marchas, sectores de la oposición están realizando caceroladas, cortes de carreteras, e incluso se han visto algunos ataques contra edificios institucionales. También se está monitoreando, gracias a las redes sociales, choques puntuales entre grupos armados de la oposición y del chavismo –los denominados “colectivos”–. 

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Aunque las movilizaciones están creciendo en cantidad e intensidad, aún distan mucho del escenario vivido en 2017, cuando las llamadas guarimbas paralizaron el país. El saldo final de aquella ola de protestas ininterrumpidas durante cinco meses, en su mayoría violentas, fue de entre 127 y 163 muertos. Algunas organizaciones hablan de que en estos tres días de protestas habría hasta una docena manifestantes asesinados y cientos de detenidos, cifra sobre la que las autoridades venezolanas no se han pronunciado.

Estos actos han sido calificados por Nicolás Maduro, ya juramentado por el CNE como presidente para el periodo 2025-2031, como un “intento de golpe de Estado apoyado por el imperialismo norteamericano”. Una retórica que justifica la respuesta del chavismo en las calles, concentrado desde el domingo en torno al Palacio de Miraflores, la residencia presidencial.

La profunda crisis que se está viviendo en Venezuela tiene su derivada en clave internacional. Si bien un grupo de países desautorizaron al CNE desde un inicio y cargaron contra Maduro –Argentina, República Dominicana, Costa Rica, Perú o El Salvador, entre otros–; los aliados tradicionales del chavismo no tardaron en felicitar al PSUV por su victoria –Rusia, Siria, Cuba, China, Nicaragua o Honduras, entre otros–. 

Por otro lado, un gran grupo de naciones se han manifestado públicamente –de manera más o menos vehemente– exigiendo la publicación de las actas. Dentro de este grupo destacamos especialmente a Brasil, Colombia y México, países de la región que mediaron entre chavismo y oposición para hacer posible estas elecciones, y que por ahora no han reconocido a ninguno de los dos candidatos.

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Así las cosas, tan solo la publicación total de las actas y su correspondiente auditoría podría frenar la escalada que vive el país caribeño. Aunque puede que a estas alturas ni si quiera esa eventual publicación frene a una oposición que ha vuelto a tomar las calles con un discurso inflamado de “fraude”; y a un chavismo ya ratificado en la presidencia que no ha dudado en movilizar a su base social y al ejército para frenar el “golpe de Estado”.

Las próximas horas y días serán claves para el futuro de Venezuela. El escenario de división y confrontación en el que estamos tiene como uno de los escenarios más factibles la profundización de las protestas. Derivando en un reconocimiento internacional parcial de la presidencia de Maduro –como vivimos hace cinco años–, con sanciones y aislamiento occidental –un escenario que solo ha aminorado parcialmente los últimos años–; y también protestas masivas que tengan tintes violentos –como las guarimbas de 2017–. Puede incluso que lleguemos a ver un gobierno paralelo encabezado por Edmundo González y María Corina Machado –al más puro estilo Juan Guaidó en 2019–. El futuro del país podría rimar con su pasado.

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