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Nación, Líder, Partido: la ideología juche en Corea del Norte

Poster de Kim Il-sung, figura fundamental en la ideología juche de Corea del Norte.
Poster de Kim Il-sung, figura fundamental en la ideología juche de Corea del Norte.

“La República Popular Democrática de Corea es la Patria socialista del Juche, que encarna la ideología y dirección del gran Líder, camarada Kim Il Sung”; así inicia el preámbulo de la Constitución de Corea del Norte. Este país está regido por la idea juche (주체), fundamento doctrinal que atraviesa a la práctica totalidad de la política nacional. El término, enlazado íntimamente con la figura del primer “Líder Supremo” de la RPDC, Kim Il-sung, inició su preponderancia en el país en la década de los cincuenta. Si bien la doctrina es abstracta en sus definiciones –a menudo, la máxima concreción que alcanza es que “el hombre es dueño del mundo y de su propio destino”–, en la práctica sintetiza el carácter nacionalista y autocentrado del Gobierno norcoreano. El concepto fue impulsado tras la muerte de Stalin como respuesta a los cambios acaecidos en el sistema político de la Unión Soviética y en otros Estados socialistas que se habían conformado replicando la vía ruso-soviética.

Desde los primeros años tras la fundación de la RPDC, Kim Il-sung reiteró la particularidad de la Revolución coreana, fruto del contexto de lucha de liberación nacional contra el Imperio japonés en el que los marxistas coreanos sentaron las bases del futuro Estado socialista. Esta “particularidad coreana” es la razón histórica del desarrollo de la ideología juche, que fue definida a posteriori como “socialismo a nuestro estilo” por Kim Jong-il, hijo de Kim Il-sung y Líder Supremo del país tras su muerte. En la práctica, el juche equivale a la identidad norcoreana, que a su vez se define como su “estilo” nacional del socialismo. Este “estilo” determina la política nacional de dos formas: en primer lugar, al poner a la “nación” en el centro; en segundo lugar, al definir al Estado en torno a tres caracteres fundacionales: el Gran Líder, el Partido del Trabajo y el proletariado. Conviene destacar que, desde la década de los noventa, el sistema ha potenciado un cuarto punto de apoyo, el Ejército Popular de Corea.

El minjok, un nacionalismo étnico-racial

En Corea del Norte, la doctrina juche preserva e impulsa la idea minjok (민족), que define a la nación coreana desde una perspectiva étnica homogeneizante. En este sentido, el Estado norcoreano reivindica la idea de la “coreanidad” milenaria fundada en mitos como el de Dangun, legendario fundador de “Gojoseon” (고조선), el primer reino “coreano”.  La perspectiva etnicista sobre la propia nación ha permanecido vigente a pesar del carácter declaradamente marxista de los sectores que han dirigido el Estado desde su fundación en 1948.

Este consenso se explica en gran medida por el peso que tuvo en la formación política de los comunistas coreanos el largo proceso de liberación nacional contra el Imperio japonés. La definición étnico-racial propuesta por historiadores nacionalistas del siglo XIX como Shin Chae-ho y aceptada sistemáticamente por el Estado norcoreano fue fundamental en la particular constitución del movimiento comunista en Corea, así como ha sentado las bases para el hegemónico nacionalismo pancoreano durante las décadas posteriores a la partición de la península (1948-Actualidad). 

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Esta idea de la “raza coreana” ha impedido durante las últimas décadas la conformación de un verdadero nacionalismo norcoreano separado del resto de la península. Pyongyang aviva el nacionalismo coreano rechazando toda separación política de la península. Bajo lemas como Uriminzokkiri (우리 민족끼리) –algo así como “entre nuestro Pueblo/raza/nación”–, el Estado define como tarea primordial la reunificación de la península sobre la base de una identidad nacional homogénea. En consecuencia, la identidad norcoreana es “subnacional”, y se define en oposición ideológica al Sur. El otro de la identidad norcoreana es Seúl.

Históricamente, Pyongyang ha caracterizado al Estado surcoreano como una entidad no independiente subordinada a Estados Unidos, reclamando para sí mismo el título de verdadero representante de la nación coreana. Ya fuera como “títere” o como “enemigo” –término que ha comenzado a emplear recientemente la diplomacia norcoreana y el propio Kim Jong-un-, en todo momento la política exterior norcoreana ha separado al  pueblo surcoreano del Estado surcoreano. A su vez, ha extendido la retórica antiimperialista a la totalidad de la península, sufriendo Norte y Sur en simultáneo la “violencia imperialista”: Pyongyang como agredido, Seúl como ocupado.

Suryeong, el “Gran Líder”

Simultáneamente, la ideología juche ha estructurado la identidad norcoreana moderna en base a tres grandes “sujetos”: el “Gran Líder”, el Partido y el proletariado. La arquitectura doctrinal del Estado eleva al Suryeong (“Gran Líder”) a un nivel similar al que habría de jugar el “partido de vanguardia” en la teoría marxista del Estado. En el sistema norcoreano, el Líder Supremo, siendo hoy Kim Jong-un, asume un rol en cierta medida similar al del “partido de vanguardia” en la teoría política marxista.

Además, con el paso del tiempo, la propia idea juche se ha vinculado íntimamente con Kim Il-sung y con su descendencia, ejerciendo un poderoso papel legitimador de la sucesión familiar del poder político y militar. El papel del Suryeong en el sistema norcoreano no es tanto el de un tomador último de decisiones, sino el de un pívot general. Hasta cierto punto, el Líder Supremo es doctrina, Estado y Guía, de tal forma que incluso decisiones no mediadas en la práctica por él recaen simbólicamente sobre su figura.

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El sistema “Suryeong-céntrico” encuentra su origen en las décadas sesenta y setenta del siglo XX, cuando Kim Il-sung homogeneizó programática e identitariamente al Partido del Trabajo. El entonces Líder Supremo consolidó la plena hegemonía del sector de los partisanos anti japoneses, unificando en todos los sentidos un partido antaño marcado por las pugnas entre facciones. El núcleo de los partisanos redefinió el partido bajo el lema del “sistema ideológicamente monolítico”, posibilitando que el Partido en general y el “Gran Líder” en particular se desempeñasen sin competencia hasta la actualidad al frente del Estado norcoreano. En paralelo, esta facción apoyó la continuidad del propio sistema centrado en el Suryeong al favorecer activamente la sucesión de Kim Jong-il tras la muerte de su padre en 1994. Kim Jong-il, hoy nombrado “dirigente eterno”, fue puesto al frente del Estado, del Ejército y del Partido, asegurando la permanencia en el tiempo de la ideología juche y del liderazgo de los Kim.

De hecho, los procedimientos sucesorios ilustran la vigencia del juche y del Suryeong como principios rectores de la vida política nacional. A la muerte de Kim Jong-il en 2011, le siguió la constatación nítida del modelo. Si bien el acceso de Kim Jong-il al poder fue precedido por años de trabajo y dirección en el aparato estatal y por la continua publicidad de su liderazgo acompañando a Kim Il-sung en numerosos actos, el procedimiento con Kim Jong-un fue distinto.

Los cuatro pilares de la ideología juche en Corea del Norte.
Los cuatro pilares de la ideología juche en Corea del Norte. Fuente: Eduardo García

Considerando la juventud de Kim Jong-un al momento del fallecimiento de su padre –28 años– y la escasa presencia que se le reconocía entonces como figura destacada del Partido, no habría sido descabellado que tuviera lugar una compleja pugna por la herencia del liderazgo nacional. Sin embargo, eso no ocurrió. El hoy Líder Supremo de Corea del Norte, el “respetado Mariscal Kim Jong-un”, recibió el informal título de “Líder Guía” desde el momento mismo del fallecimiento de Kim Jong-il. La aparente calma con la que se produjo el póstumo pase del bastón de mariscal, a pesar de la juventud biológica y política del nuevo Líder Supremo, ilustra tanto la vigencia de la ideología juche como legitimador del Suryeong como la conexión de la familia Kim con esta noción.

El Partido y el proletariado

No debe deducirse de la primacía del Suryeong que exista una delegación plena en favor del Líder Supremo para la gestión de la vida pública. Tanto el Partido como las masas populares ejercen roles de dirección y decisión en el país. De hecho, los trabajadores participan activamente de la vida nacional en los ámbitos civil, político y económico. Esta participación ocurre a varios niveles, tales como las unidades vecinales, que conectan a las familias norcoreanas con aspectos centrales de la vida social como el acceso al alimento o el sistema de vivienda. Eso sí, dicha participación tiene lugar en torno al eje monolítico constituido en torno al Gran Líder. Es decir, lo que las organizaciones civiles y el Partido ejecutan, lo hacen bajo la “guía” y en nombre del Suryeong.

En aquel trío formado por el proletariado, el Partido y el Gran Líder, parece claro que es el último quien ostenta un papel destacado, en particular tras la extraordinaria concentración de poderes en la figura de Kim Jong-il que se hizo efectiva en sus primeros años de mandato. Los pàrtidos comunistas de gobierno en las repúblicas socialistas del siglo XX concentraban en sí algunas tareas primordiales, como la formulación de políticas públicas, la formación y promoción de cuadros técnicos y políticos, el control de los aparatos y recursos del Estado o la educación ideológica de las masas de trabajadores. En Corea del Norte, el Líder Supremo ejerce un poder considerable en numerosas tareas a priori atribuibles al “partido de vanguardia”, en especial por su capacidad de “última palabra” en la toma de decisiones sobre la línea política del Estado.

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En cierta medida, el papel del Partido en este esquema es el de un nexo entre la sociedad toda y el Líder Supremo, aunque conserva funciones no menores. A través de numerosas secretarías y departamentos, cuadros técnicos y políticos del Partido del Trabajo dirigen varios ámbitos de la política norcoreana. Al mismo tiempo, la implantación territorial del Partido define un peso notable para la gestión de la cotidianeidad en el país. Las organizaciones juveniles, femeninas o sectoriales vinculadas al Partido, tales como la Liga Juvenil Socialista, la Unión de Mujeres o los sindicatos industriales, agrarios, científicos o artísticos completan el denso esquema de participación popular y formación de cuadros en Corea del Norte. En el nivel más básico, el barrial, los ciudadanos se vinculan con las mencionadas unidades vecinales, consolidando la vida comunal y gremial como la más arraigada en la sociedad.

En suma, la identidad norcoreana no pretende conformar una nueva nacionalidad norteña, sino que reivindica al socialismo coreano -la ideología juche– como la consecuencia natural de la lucha antiimperialista del pueblo coreano. En oposición a una Corea del Sur descrita como “extranjerizada” y dominada por Washington, Corea del Norte sienta las bases de lo que habría de ser la vía coreana al socialismo: “Gran Líder”, Partido y proletariado; a estas tres “patas” de la mesa se le añadio en la década de los noventa el Ejército, cuya preponderancia fue defendida por Kim Jong-il durante su Gobierno.

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