Una crisis de mil rostros

La década de los años 20 apuntaba maneras desde mucho antes de su llegada. Una creciente inestabilidad global ha sido el santo y seña del mundo posterior a la Gran Recesión de 2008 y todo nos indicaba que los próximos 10 años estarían marcados por la agitación. Pero que a tan solo tres meses del comienzo del año 1/3 de la población mundial esté bajo estrictas medidas de cuarentena, la economía global paralizada y que la sociedad internacional se esté enfrentando a la mayor crisis sanitaria que se ha visto en generaciones es algo que estaba fuera de la inmensa mayoría de los cálculos. La crisis provocada por la pandemia de COVID19 tiene mil rostros puesto que son millones las historias que contar e incalculables las consecuencias que tendrá sobre nuestro mundo. Desde el equipo de Descifrando la Guerra hemos querido asomarnos hoy a 10 temas que estamos siguiendo de cerca puesto que creemos que, en las próximas semanas, meses e incluso años los efectos de esta crisis se harán notar en cada uno de estos ámbitos. Esperamos que este primer vistazo, puesto que sobre la mayoría de estos temas ampliaremos en el futuro, os resulte de interés.

Para expandir: [Especial] La crisis del COVID-19

Estados Unidos: caos frente al abismo socio-sanitario

Por Andrea Chamorro

Estados Unidos anunciaba en enero el primer caso de COVID -19 en el país. Entonces, el presidente Trump lanzaba un mensaje de tranquilidad desde el canal CNBC declarando que solamente se trataba de un ciudadano proveniente de China y se había controlado rápidamente la situación. Para el Gobierno era impensable imaginar que cuatro meses después se convertirían en el país con más casos activos (alcanzando los 278.458 el 3 de abril).

La sanidad estadounidense está siendo puesta a prueba y la dificultad aumenta a cada hora que pasa. Es importante recordar la situación actual del sistema de salud estadounidense que, si bien ya saben que tiene un marcado carácter privado, desde la llegada de Trump el sector sanitario ha sufrido mayores privatizaciones, como que actualmente no es obligatorio tener seguros de salud y las empresas no tienen obligación de proveerlos a los empleados. Según el censo realizado por la oficina de comercio, el 66% de los estadounidenses no tiene ningún plan privado y el 34% no tiene ningún seguro público, en conjunto el 9% de los estadounidenses se encuentra totalmente desprotegido. Los inmigrantes indocumentados no tienen derecho a seguro médico ya que no pueden ser contratados de manera legal al no tener papeles. Se ha consultado al gobierno si de manera excepcional los indocumentados podrán tener acceso a la sanidad y en palabras del propio presidente “esa pregunta se discutirá en otro momento”.

Sin embargo, aunque gran parte de la población esté asegurada, los datos revelan que los usuarios los califican como insuficientes ya que no cubren la totalidad de las enfermedades y muchas aseguradoras no cubren las enfermedades calificadas como “pandemias”. Estos elementos influyen en que una parte importante de la población se niegue a ir al médico ya que su seguro no cubre este tipo de situaciones o las visitas a centros de salud, por lo tanto, es extremadamente complicado contabilizar los casos y aplicar aislamientos a las personas que lo necesiten.

El USNS Mercy entrando en Nueva York

El sistema carece de recursos económicos, materiales y humanos para hacer frente al número creciente de casos. En diversos hospitales se han habilitado plantas y se anima a los estudiantes a licenciarse lo antes posible para incorporarse a unas plantillas cada vez más diezmadas. En los últimos días los hospitales de Nueva York han quedado colapsados y ha sido necesario el despliegue de barcos-hospital de la Marina Estadounidense como el USNS Comfort. Cada estado está abordando la crisis sanitaria de manera descentralizada por lo que la gestión se ha vuelto algo caótica y el recuento de infectados y fallecidos varía a menudo con numerosas correcciones y ajustes.

El impacto de la crisis sanitaria se ha trasladado al terreno económico. Desde principios de febrero, los mercados financieros han sufrido una caída libre, llegando a los resultados financieros más bajos que en 1929. En diversas ocasiones se tuvo que recurrir al cierre del mercado de divisas para su posterior reanudación. Cabe destacar la situación de uno de los productos clave de la economía norteamericana, el petróleo. El Precio del petróleo intermedio de Texas (WTI en inglés) alcanzó un precio de 20 dólares por barril, el nivel más bajo desde 2003. Con el desplome de los mercados financieros llego la caída del mercado de trabajo. El paro estadounidense alcanzó cifras record, posicionándose en los casi 10 millones de afectados. Durante esta semana 6,6 millones de estadounidenses pidieron el subsidio por desempleo, duplicando la cifra de la semana pasada. El gobierno se ve incapaz de afrontar tal gasto y los expertos estadounidenses que predecían un crecimiento espectacular se han visto obligados a cambiar de opinión drásticamente.

Evolución semanal del paro en Estados Unidos. Vía: The Washington Post

La crisis sanitaria generada por el COVID-19 afecta a todos los elementos vitales para el funcionamiento de un país y supone una ardua prueba para el gigante norteamericano. Las características del sistema sanitario y la volatilidad de la economía no juegan a favor de una pronta recuperación, lo que no ha impedido que el vicepresidente Pence haya asegurado que Estados Unidos superará la crisis en junio. Estados Unidos se enfrenta ahora a varias semanas decisivas que pueden afectar duramente a su estabilidad interna y a su posición en la sociedad internacional.

La Unión Europea se enfrenta a una nueva crisis

Por Pablo del Amo

Se puede decir sin rubor alguno que los primeros compases de la gestión del coronavirus por parte de los países europeos han sido un desastre. Por una parte tenemos la gestión deficiente de Italia, Francia y España que minusvaloraron la gravedad de la situación, para después tomar medidas de contención tardías, perdiéndose un tiempo precioso para controlar la epidemia. Cada país ha actuado individualmente sin tener en cuenta a los demás, todo lo contrario de lo que se esperaría de un “proyecto común europeo”. Por otro lado, el principio de la crisis cogió desprevenida a Bruselas, pero a lo largo de las semanas instituciones como la Comisión han mostrado capacidad de liderazgo ante la situación.

 La actitud inicial de Alemania y Francia al negar asistencia a Italia, con una prohibición expresa de exportar material sanitario marcó el punto más bajo de la cooperación europea. En un primer momento los países del norte como Alemania, Países Bajos o Dinamarca se encerraron en sí mismos dejando a su suerte a los más afectados por la crisis. Otro gran error ha sido la falta de coordinación en las políticas de confinamiento, debido a que cada país (reitero) ha respondido de una manera individual, la salida de la crisis se producirá de una manera asimétrica dañando así el Espacio Schengen y el mercado único, pilares de la Unión Europea.

Si ya de por sí estos momentos iniciales eran motivo de preocupación, por la clara división entre países europeos, aún empeoraría con la pugna entre los países del norte y los del sur. Principalmente por la petición de estos últimos de crear un mecanismo que permitiese mutualizar la deuda ante la previsible recesión económica que se avecina. Como si de un flashback de 2009 se tratara, los países del norte comandados por Alemania y Países Bajos abogaron por la política de “cada palo aguante su vela”, con declaraciones muy duras como las que pronunció el Ministro de Finanzas holandés, llegando a pedir a la Comisión que investigara porqué países como España o Italia no tenían margen fiscal. Aunque la tensión se ha rebajado en los últimos días (Países Bajos ha admitido que debería haber mostrado más empatía), los países del sur deberían abandonar la idea de los coronabonos ya que se ha dejado bien claro que no serán aceptados, sería por tanto preciso que ambas partes se mostraran flexibles a encontrar un punto común. El 7 de abril tendremos la segunda reunión del Eurogrupo donde se decidirá finalmente la posición de los estados miembros.

Cumbre del Eurogrupo

Como ya se ha comentado antes, la respuesta inicial de Bruselas dejó mucho que desear, sin embargo con el paso de los días las instituciones europeas se han agigantado, en especial la Comisión dictando programas y políticas para afrontar la situación. Otra de las instituciones que ha salido reforzada es el Banco Central Europeo, con el anuncio de un programa de compra de bonos privados y públicos por valor de 750.000 millones de euros. Estas dos instituciones han hecho mejor su trabajo que los órganos consensuales de la UE como el Consejo y el Eurogrupo. Sin embargo, como ha demostrado el caso de los coronabonos la verdadera institución que tiene la voz cantante respecto a las políticas más ambiciosas de la Unión es el Consejo, es decir los estados miembros. Desgraciadamente debido a la división de los países, la efectividad de dicho organismo aún está por verse.

Por último pero no por ello menos importante, la UE tiene un grave problema en lo que se refiere a la batalla por el relato en esta crisis, está perdiendo por goleada. Europa está fracasando rotundamente a la hora de comunicar su respuesta al COVID19 en detrimento de China y Rusia. Finalmente Bruselas entendió la batalla por el relato y ya está realizando esfuerzos en ese aspecto.

Para expandir: Entre la pandemia y la propaganda

El impacto de la pandemia en China

Por Ander Sierra

La crisis del coronavirus está provocando un sismo en todos los ámbitos de la sociedad, incluida la política exterior. El panorama internacional va a experimentar una profunda reestructuración y un incremento de la dinámica que se estaba viviendo durante la última década: el auge de China y el declive de Estados Unidos. El gigante asiático, recuperándose de las heridas producidas por la pandemia, tiene ante sí la oportunidad de fortalecer su posición y ganar peso en la articulación de un sistema dominado hasta ahora por occidente.

Por un lado, China ha transmitido una imagen de eficacia, liderazgo y solidaridad internacional. Las medidas que en un principio desde occidente se veían como autoritarias -aislamiento, cuarentenas, restricciones, control de la población a través de la Big Data, etc.- han acabado siendo la única solución viable para controlar la pandemia. Asimismo, con los problemas sanitarios casi controlados en su territorio, el gobierno de Xi Jinping ha puesto en marcha una enorme campaña de cooperación que, sin lugar a dudas, esconde una agenda política. Hasta la fecha, Pekín ha donado material sanitario y enviado expertos médicos a 89 países, además de ayudar económicamente a cuatro organizaciones internacionales, entre ellas la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Europea.

Envío de suministros médicos de China a Italia

La bautizada por medios occidentales como mask diplomacy o health silk road, sumada a una campaña propagandística, permitirá a China aumentar su influencia en el sistema internacional, especialmente en los países más vulnerables por el coronavirus -África, Europa del Este o la ASEAN-. Las declaraciones del presidente serbio, Aleksandar Vučić, son un buen ejemplo: “China, aún luchando en casa, decidió ayudar a sus amigos y darnos algunos de sus ventiladores. Serbia no debe olvidar esto, China será nuestra amiga durante muchos siglos y milenios por venir”. Del mismo modo, esta generosidad busca acelerar la recuperación de los países afectados, puesto que el gigante asiático necesita que los mercados internacionales se estabilicen para poder vender sus productos, por lo que este juego ha de entenderse también desde una lógica económica.  

Xi Jinping tampoco ha desaprovechado la oportunidad para hacer negocios. Durante los primeros meses de la pandemia, el gobierno chino ha cerrado acuerdos para la construcción de una presa valorada en 800.000 dólares en Camboya, un parque comercial de 22,4 millones de dólares en Myanmar o una granja de energía en Laos bajo el marco de la nueva Ruta de la Seda. El mandatario aseguró a mediados de marzo que su proyecto estrella “no cambiará debido a la pandemia” y que este “no requerirá ajustes importantes”.

Pero no todo son ventajas. La crisis del coronavirus puede suponer un serio problema para las aspiraciones de Pekín. La economía china está en plena desaceleración. En 2019 creció un 6,1%, el ritmo más bajo en los últimos 29 años, y las previsiones publicadas por el Banco Mundial para 2020 se sitúan en un preocupante 2,3% en el escenario más optimista. Si Pekín no promueve las medidas necesarias para evitar una caída mayor, se podría producir un retroceso en proyectos clave como la propia Ruta de la Seda o el Made in China 2025, al menos hasta que la crisis acabe.

Estos pronósticos podrían empeorar debido a la desglobalización que numerosos analistas aseguran que se producirá como consecuencia del coronavirus. Muchos países y empresas replantearán relocalizar sus cadenas de producción en lugares más cercanos a su mercado para disminuir su dependencia de China en suministros esenciales. Así, por ejemplo, el ministro de Finanzas galo, Bruno Le Maire, aseguró en una entrevista concedida a France Inter que Francia buscará reducir su dependencia de “grandes potencias como China”. En esa misma línea también se pronunció Macron el 31 de marzo, reclamando una mayor “soberanía francesa y europea” para garantizar las necesidades más básicas.

En este escenario pesimista, cabe recordar que una crisis económica en China podría, en el peor de los casos, poner en jaque al Partido Comunista Chino (PCCh), puesto que este legitima su poder en base al desarrollo socioeconómico.

Discurso de Donald Trump en el que se sustituyo corona virus por chinese virus

Por último, Pekín también deberá gestionar la narrativa procedente de la Casa Blanca, que busca dañar su imagen internacional acusándole de ser el origen del virus, de no saber gestionar adecuadamente la crisis y de ocultar la verdad durante las primeras semanas de la pandemia. Lo más seguro es que Donald Trump siga utilizando expresiones como Chinese Virus al menos hasta las elecciones presidenciales de noviembre.

En resumen, China puede aprovechar la pasividad inicial mostrada por occidente para afianzar su posición. No obstante, los problemas económicos y un posible error de cálculo por parte del Politburó podrían dar la vuelta a la situación.

O Brasil não pode parar

Por Alejandro López

“A veces demasiada medicina se convierte en veneno” – Jair Bolsonaro.

La pandemia de COVID19 golpea con contundencia a lo largo y ancho del globo, pero el caso de Brasil es especialmente crítico. La prensa ha llegado a acusar al Presidente de invitar al genocidio.

El gobierno de Jair Bolsonaro ha residido de manera permanente en el negacionismo de la crisis sanitaria. En marzo se refería a la pandemia como una “gripecilla” y aseveraba que era una cuestión de Italia por ser “un país de viejos”, además ha mantenido fuertes encontronazos con los gobernadores que aplicaban cuarentenas en sus regiones por su daño profundo a la economía. Bolsonaro llegó a acusar a los líderes regionales de cuestiones delictivas porque sus acciones iban encaminadas a una destrucción masiva y consciente del empleo, como ocurrió con dirigentes que incluso le habían apoyado en campaña, caso de São Paulo y Rio de Janeiro, y donde se declaró la emergencia a mitad del mes de marzo. Esta situación no sería especialmente destacable si no fuera por haberse dado en el país más afectado de toda América Latina y por la paulatina retirada del bloque productivista a ultranza de países como Reino Unido o México, quienes también negaban la magnitud de la coyuntura, tratando de hacerla pasar por contingente. Además, Eduardo Bolsonaro, diputado, culpabilizó a China de la pandemia, causando un conflicto con la embajada. Se ignoraron todas las medidas sanitarias desde el Ejecutivo tras la visita a Estados Unidos y Bolsonaro se dio un baño de masas cuando ya esperaba el resultado de las pruebas. El resultado fue el contagio de más de 15 miembros del equipo que fue a EEUU, el Presidente del Senado, el Presidente del Congreso, el Ministro de Minas y Energía y el Ministro de Seguridad Nacional. Finalmente, Bolsonaro dio negativo en COVID-19. La estrategia ha consistido en minimizar las medidas esperando que pronto escampe la tormenta.

El presidentre de Brasil, Jair Bolsonaro

En marzo se comenzaron a dar pasos tímidos como la ampliación del retorno de médicos cubanos, expulsados por el propio gobierno de Brasil meses antes. Se endureció el régimen de los presos y el saldo fue de múltiples motines, con más de 1.300 reclusos involucrados en São Paulo. El cierre de fronteras llegó el día 19 de marzo, dos días después del primer fallecimiento, cuando el primer caso confirmado databa del 26 de febrero. Aunque el cierre terrestre fue parcial y no se completó hasta el 22 de marzo. Ahora sabemos que la información no era completa. El Ministerio de Sanidad reconoce en sus estadísticas que el primer fallecimiento por COVID-19 fue el 23 de enero en Minas Gerais. Surgieron movilizaciones de protesta y desde mediados de marzo se suceden caceroladas diarias gritando “Fora Bolsonaro” (Fuera Bolsonaro). Incluso un juez federal prohibió al gobierno central continuar la campaña “O Brasil não pode parar” (Brasil no puede parar) contra el confinamiento. El negacionismo enfrentó al gobierno con la prensa, con la oposición, con el crimen organizado, con la población, con las fuerzas armadas, con los reclusos, con la justicia y con las redes sociales. Twitter suspendió la cuenta del Presidente por publicar vídeos donde se le veía desde Brasilia alentando a la desobediencia contra la cuarentena. A finales de mes empezó a aceptar el confinamiento de los grupos de riesgo, como ancianos, siendo contestado por hasta 26 gobernadores regionales. Bolsonaro recibió también críticas por parte de su ex socio, el gobernador de Goiás, Ronaldo Caiado, quien anunció su ruptura con el Presidente el día 25 de marzo. En el ocaso del mes, se terminó por autorizar el uso de la Força Nacional de Segurança Pública para apoyar las tareas de seguridad hasta el 28 de mayo. El mes acabó con una declaración presidencial en radio y televisión asegurando que su misión era “salvar vidas sin dejar atrás los empleos”. La presión política hizo ceder a algunos gobernadores, de modo que se reabrió el comercio parcialmente en Mato Grosso, Santa Catarina y Rondônia. Pero en abril Bolsonaro siguió negando que su país pudiera soportar el efecto económico de un cierre de 2-3 meses, afirmando que “el virus es como la lluvia, mojará al 70% y toda la nación quedará libre cuando el 70% se infecte y desarrolle anticuerpos”. El Ministro de Exteriores también enfrentó el discurso internacional del confinamiento mandando el mensaje de que son los Estados los que ejercen los liderazgos y no la OMS.

La situación política ha escalado en línea con la sanitaria. Brasil seguirá con su explosión de casos de COVID-19, acrecentados al seguir una dirección estratégica tan descoordinada y abiertamente contradictoria. Es por ello que cabe esperar que destaque sobremanera en América Latina. Si la progresión de la situación política continúa pareja, se podrían alcanzar niveles de la crisis política de 2016. Tras la petición de un representante del Partido de los Trabajadores, el Tribunal Supremo Federal de Brasil ha solicitado a la Fiscalía someter a Bolsonaro a juicio político, pero ésta debería informar al Parlamento puesto que el Presidente dispone de inmunidad. Simplemente aceptando la apertura del juicio, Bolsonaro quedaría inhabilitado durante 6 meses. Pero son varios los movimientos para tratar de apartar al Presidente de su puesto o erosionar su liderazgo, como la demanda presentada por la Asociación Brasileña de Juristas por la Democracia ante la Corte Penal Internacional. Uno de los más serios fue la reunión de una junta militar de la Armada, la Aeronáutica y el Ejército con aliados de Bolsonaro en Brasilia, asegurando que estarían dispuestos a apoyar al Vicepresidente Hamilton Mourão si decayera el Presidente, a quien Mourão ha tenido que enmendar en alguna ocasión. Bolsonaro también ha arremetido contra él: “Él es mucho más rudo que yo. Algunos dicen que incluso soy muy amigable cuando estoy cerca de Mourão. Él es el único que no es resignable en el Gobierno, por lo que puede sentirse libre”.

En la línea de apuesta por la economía, el gobierno ha presentado un Plan de Emergencia que permite reducir los salarios hasta un 70% sin afectar al empleo. El Ministro de Economía, Paulo Guedes, propuso una renta básica de poco más de $100 durante 3 meses para 60 millones de personas, sujeta a la aprobación de una enmienda constitucional no asociada para permitir al Banco Central dar liquidez al sistema financiero. Por otro lado, Lula da Silva ha apoyado la necesidad de un Estado fuerte y ha simpatizado con la idea de que se pueda destituir a Bolsonaro mediante un juicio político. Su partido, además, acusa al Ministro de Economía de tratar de aprovechar la crisis del coronavirus para beneficiar a los empresarios sin garantizar los empleos. Pero aún queda tiempo para ver si Brasil cambia de rumbo en la crisis sanitaria, como tantos otros partidarios de la ‘inmunidad de grupo’ hicieron, o continúa su senda hacia la boca de un lobo que Jair Bolsonaro promete que no existe. Por si acaso, ya han comenzado a cavar cientos de tumbas.

Excavaciones en Vila Formosa (São Paulo), cementerio más grande de Brasil.

El peor de los momentos

Por Jorge González

Nunca hay un buen momento para que una pandemia llegue a tus costas, pero el COVID19 no podría haber llegado en un peor momento para el gobierno de Recep Tayip Erdogan. Se combina así una crisis sanitaria global con otras nacionales de carácter social, político y económico que dan lugar a la formación de una suerte de tormenta perfecta. Empecemos por el principio ¿cómo está Turquía ahora mismo?

Turquía es un país dividido política y socialmente. El partido gobernante, el AKP, mantiene un control férreo sobre las instituciones, especialmente tras la reforma constitucional de 2017, pero existen razones para dudar si esto continuará siendo así en el futuro. El “efecto bandera” (“rally around the flag effect”) que siguió al fallido intento de golpe de estado de 2016 se ha ido disolviendo con rapidez, ya que el gobierno no dudo en usar su capital político para conseguir importantes avances de agenda y aunque la oposición está fragmentada ha logrado aprovechar esta debilidad. En este sentido debemos destacar las elecciones municipales de 2019 donde la oposición logró dos importantes victorias al obtener las alcaldías de las dos mayores ciudades: Estambul y Ankara. Estas derrotas han dañado severamente la figura del presidente, quien fuera en su día alcalde de Estambul, y sembrado dudas sobre el futuro de la, hasta ahora incuestionable, hegemonía del partido gobernante.

Aprobación del Presidente Recep Tayip Erdogan

A esto debemos sumar el hecho innegable de que las arcas turcas no pasan por su mejor momento. Las ambiciosas campañas militares de Turquía en Oriente Medio y el Norte de África (MENA), la crisis económica de 2018 y las tensiones con Estados Unidos han forzado los límites del presupuesto turco en más de una ocasión en los últimos años y han llevado al país a afrontar una crisis mundial en un periodo de debilidad económica lo que ha llevado a Erdogan a lanzar una campaña de donaciones a nivel nacional y a afirmar que el país “deberá seguir produciendo durante el brote de COVID-19 para apoyar las exportaciones y sostener el suministro de productos básicos”.  

Para expandir: La crisis de Idlib y Turquía llama a la puerta de Trípoli

Pero nada de esto le importa a la pandemia. En el momento de la escritura de este texto en Turquía hay más de 20.000 casos confirmados y cerca de 500 muertos. El gobierno turco se encuentra atrapado entre la espada y la pared. Una mala gestión sanitaria de la crisis le puede costar el gobierno mientras que una mala gestión económica de la crisis puede costarle su ambiciosa agenda exterior (y quizá también el gobierno). Resulta difícil predecir las decisiones económico-sanitarias y políticas que tomará el gobierno de Ankara, debido al alto precio que tendría un paso en falso, pero sin duda estas afectarán a su creciente papel como potencia regional en Oriente Medio y el Norte de África.

Crisis sanitaria y conflicto socio-político en Italia

Por Àngel Marrades

La situación en Italia es crítica, afectando principalmente a 3 vértices: el sistema sanitario, la crisis social y el conflicto político. Abordaremos brevemente la situación de cada uno.

El gabinete de crisis del primer ministro, Giuseppe Conte

La manera en que se ha desarrollado la pandemia ha destrozado la espina dorsal del país, está claro que el contagio tiende a llegar antes a los centros más caudalosos con buenas conexiones aéreas. Esto ha provocado que el motor industrial y financiero del país, Lombardía, sea la zona más afectada, sin duda también mejor preparada que el sur. Sin embargo, la estructura económica, su geografía, está haciendo colapsar el sistema sanitario italiano pues tras verse afectada la zona más rica y con capacidades para enfrentar el coronavirus ahora el sur se ve expuesto, es en muchas de estas regiones donde más esta creciendo el número de contagios los últimos días (+18,6% L’Aquila, +17,2 Avellino) en contraposición con Lombardía (+5,7% Mantova). El alcalde de Milán advertía así sobre la situación: «Hemos sufrido menos que Bérgamo o Brescia. De los 46.000 casos en la región de Lombardía, en la provincia de Milán hay 10.000 y unos 5.000 en la ciudad. Seguimos diciéndole a la gente que se quede en casa, porque la batalla no está vencida. Si cae Milán, cae todo el sistema sanitaria lombardo, esto es bastante evidente». Y si el sur se ve abocado a esta crisis sanitaria las cosas van a ser mucho peores que en el norte, pues ahí el sistema sanitario está en una situación de precariedad enorme; haciendo algunos números de las 14 mil muertes 8 mil son en Lombardía, y en realidad seguramente sean más, pues muchas muertes no han podido registrarse como del COVID19 y los registros muestran un aumento significativo de fallecimientos respecto al año pasado que no concuerda con el recuento realizado. Imaginar ahora este escenario en el sur de Italia puede dar una idea de como de peor puede ser.

Italia, como el resto de países, sufre un dilema irreconciliable en esta crisis. A un lado la salud pública, lo mejor para conseguir contener el contagio sería detener toda actividad no esencial, al otro la economía, si se para la producción miles de personas sin ingresos ni ahorros no tendrá como vivir. Esta contradicción insalvable para el Estado queda en un punto intermedio y en un constante tira y afloja como muestra Italia. Las consecuencias para la salud son claras, se ven en las cifras de muertos, pero no son menos las consecuencias económicas y sociales de cerrar la producción como ya se está viendo con algunos asaltos a supermercados y las advertencias del deterioro de la situación. El ministro del Sur, Peppe Provenzano, decía “Cuidado con el sur, puede explotar. Hay que actuar rápidamente, está en riesgo la estabilidad democrática”. Una de las respuestas era el despliegue de policías en los supermercados de Palermo o Nápoles, otra los escasos 400 millones para bonos de alimentos y los subsidios a desempleados. En Palermo se han asignado 5 millones de euros para dar asistencia alimentaria a 12 mil familias, el alcalde de la ciudad también advertía que en el sur: “el tejido social es más frágil y a la emergencia social podría añadirse el crimen organizado, con su capital y sus enormes recursos financieros”.  Hay que recordar que una parte importante de los trabajadores italianos del sur lo hacen en el sector informal con lo que no pueden acceder a ayudas, aun así quienes pueden acceder a estas atestiguan que no son suficientes. Cáritas también daba números a tener en cuenta diciendo que: “Todas las Cáritas diocesanas reportan un aumento significativo en las solicitudes de ayuda alimentaria del 20 al 50%”. En una encuesta a empresarios estos se mostraban alarmados por la situación y veían imposible asumir los pagos de los próximos meses (el 68.7% de las compañías escuchadas dijeron que no podrían pagar los salarios y las contribuciones del personal en los próximos 60 días).

El ministro de exteriores, Luigi DiMaio, recibe a médicos albaneses

Aun así, y con 14 mil muertos, la producción no se ha paralizado. El último decreto lanzado por el gobierno para reducir la actividad económica a “servicios esenciales” el 22 de marzo era una lista de 97 actividades, y una cláusula que daba 2 días al resto de actividades para prepararse. Se calcula que con este decreto permanecen abiertas más de 800 mil empresas, el 39,9%. Las medidas fueron pactadas entre la patronal Confindustria y los sindicatos mayoritarios (CGIL, CISL y UIL). Otro sindicato minoritario, la Unione Sindicale di Base llamaba a la huelga general el 25 de marzo:

«Doce días después de la primera medida de emergencia lanzada por el Ejecutivo, millones de personas se ven obligadas diariamente a amontonarse en medios de transporte y permanecer en contacto en el trabajo, mientras la pandemia crece, especialmente en aquellas áreas donde los lugares de producción hay más obreros y donde, como era de esperar, todavía se registran las tasas más altas de contagio y víctimas. Es decir, nos adaptamos al deseo del propietario, como si la palabra “beneficio” se hubiera convertido en la vacuna milagrosa capaz de erradicar la pandemia del COVID-19».

La patronal empresarial, Confindustria, respondía así: “¿Huelga? honestamente no puedo entender por qué. Hemos entrado en una economía de guerra. Si en situaciones normales producimos 150.000 millones al mes, si cerramos el 70% de las actividades significaría que perdemos 100.000 millones cada treinta días”. Los sindicatos mayoritarios por su parte pedían negociar tras las presiones de las bases: “Nuestra posición es precisa: solicitamos una reunión con el gobierno para hablar sobre las categorías incluidas en el decreto, y espero que el Ministro de Desarrollo Económico acuerde hacerlo hoy, ya que la huelga es el miércoles, al mismo tiempo decimos que estamos listos para para apoyar las huelgas de todas las categorías que solicitan la aplicación de normas de seguridad a las empresas que no las están cumpliendo”. En un primer momento el gobierno trato de evitar la huelga, tanto a través de la negociación como aduciendo al Estado de Emergencia, ante lo inevitable trataron de reducir sus efectos. La adhesión a la huelga del día 25 fue amplia, en trabajadores de empresas metalúrgicas de Lombardía y Lazio fue de entre el 60-90%, y de otras grandes empresas como Leonardo, Ge Avio, Fata Logistic System, Lgs, Vitrociset, MBDA, DEMA, CAM y DAR, de sectores químico, textil, energético, manufacturero, repartidores de Amazon o bancario también participaron. Hubo un 100% de adhesión a la huelga en la División Eurcasting Alcast di Melzo, Rafi Italia de Bussero, Cofermetal de San Donato, Tamini de Melegnano, Cedaspe de San Giuliano, Greif de Melzo (producen contenedores para el sector petrolero), Zaf de Zibido San Giacomo, Ametek de Peschiera, en el Grupo Bm de Rozzano. Adhesión del 90% de los trabajadores en De Nora de Cologno del Grupo Aturia de Gessate, en la Ingeniera Enea Mattei de Vimodrone, en la Ilme de Rho y al 80% para los trabajadores de la Eurotranciatura de Baranzate. El día 26 sindicatos y gobierno volvían a la mesa de la negociación, acordando cerrar otras actividades no esenciales como: fábricas de caucho, maquinaria agrícola y forestal, maquinaría para la industria de alimentos, bebidas y tabaco y la producción de hilo entre otras, además de una reducción de la producción en la industria de guerra y defensa, así como para el sector aeroespacial. Se calcula una reducción del número de trabajadores “indispensables” en unos pocos millones, hasta el 25 eran 12 millones los estimados

Todo esto nos lleva al actual conflicto político en el país. El gobierno del Primer Ministro Guiseppe Conte, cuya popularidad sigue aumentado (43%), esta bien valorado y se considera que  realiza un buen trabajo con la crisis (el 74% según Instituto IXÈ). Sin embargo los partidos (PD 22,6% y M5S 15,6%) que apoyan al jefe de gobierno (independiente) continúan por detrás de la Lega de Salvini (26,2%), que se beneficia del aumento del euroescepticismo. Como muestra la encuesta del instituto Tecnè el 88% de los italianos cree que la Unión Europea no ha hecho suficiente, solo el 4% creo que si. Además el aumento del resto de partidos de derechas, que apoyan a Salvini, arrojan ahora mismo el escenario de gobierno entre estos partidos, aunque no se puede perder de vista a la líder de Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni, cuya popularidad esta creciendo al igual que la intención de voto a su partido, con reputación neo-fascista. También esta la disputa sobre la producción, con el exPrimer Ministro Matteo Renzi pidiendo reabrir la economía: «Porque no podemos esperar a que todo pase. Porque si permanecemos cerrados, la gente morirá de hambre. Porque solo habrá una forma: vivir con el virus durante uno o dos años», aunque su plataforma, Italia Viva, es bastante irrelevante su imagen no. Otra posibilidad que ha tenido eco ha sido la formación de un gobierno de unidad nacional con Mario Draghi al frente para la reconstrucción del país tras la crisis del coronavirus, y que cuenta con la opinión favorable del 46%. Todos los partidos se están preparando para el futuro tras la crisis, y dentro de la propia coalición de gobierno hay importantes fallas internas, hay que recordar que Luigi di Maio dimitió como líder del Movimiento 5 Estrellas, pero ahora esta recuperando imagen y liderazgo gracias a la crisis, buscando así su retorno. La próxima elección clave será la del Presidente de la República en 2022 para un mandato de 7 años, los electores son las cámaras y representantes regionales.

Cielos de tormenta en Teherán

Por Almudena García

Una de las características principales del COVID-19 es que ataca a los organismos más vulnerables, por lo que es normal que la República Islámica de Irán se haya visto gravemente afectada por la pandemia. El país se enfrentaba a una crisis económica y social de considerable magnitud previa a la propagación del virus, con lo que el COVID-19 no ha hecho sino desestabilizar aun más al gobierno de Teherán.

Desde que el virus comenzó a extenderse de la ciudad de Qom, la zona 0, al resto del país, el gobierno de Hassan Rouhani sufrió un duro golpe a su ya dañada credibilidad  al tratar de ocultar información acerca del número de contagiados y fallecidos con el fin de maquillar la falta de medios. La crisis sanitaria iraní no es sino un ejemplo más de los fallos del sistema, equiparable también a la vivida en otros países cuya economía se presuponía más fuerte.

Personas con mascarilla, en el Gran Bazar de Teherán (Irán). Vía: Reuters

El gobierno de Teherán se enfrentó a la dicotomía entre paralizar la actividad económica del país en su totalidad para frenar la curva de contagio, o arriesgar la vida de miles de ciudadanos para suavizar el golpe en las arcas del Estado. Haber alargado la situación hasta la toma de medidas más duras habrá conllevado a un aumento de los contagios y muertes entre la población iraní, aunque solo conozcamos los datos aportados por el Ministerio de Sanidad iraní, de los que tenemos muchas razones para cuestionar su veracidad. La economía iraní, de por si debilitada, tuvo que hacer frente a la imposición de nuevas sanciones por parte de Estados Unidos, a pesar de que la Unión Europea continúa, a fecha de publicación, enviando ayuda a Irán.

Como ya ocurriera en otros países, la actividad política ha tenido papel fundamental a la hora de afrontar la propagación del virus. Solo en el mes de febrero había dos citas importantes marcadas en el calendario político iraní: por un lado, la manifestación masiva del 11 de febrero para celebrar la instauración de la República Islámica; y por otro, las elecciones parlamentarias del 21 de febrero que servirían para legitimar el sistema iraní ante la comunidad internacional, en medio de la crisis derivada del derribo del avión ucraniano (en el que murieron 176 personas) y la descalificación masiva de candidatos en estos comicios.

Para expandir: Irán: las elecciones refuerza la cúpula ayatolá

Las medidas adoptadas por el gobierno iraní, además de escasas, llegaron bajo la presión de la OMS y Naciones Unidas, como la liberación de más de 85.000 presos comunes con el fin de evitar un mayor contagio. Sin embargo, los presos políticos condenados a más de un año de prisión no pudieron disfrutar de esta decisión y se mantienen en la cárcel.

Asia frente a Europa

Por Pablo Delgado

Últimamente, estamos presenciando un debate en torno a las medidas adoptadas en Asia y las que se han tomado en Europa frente a la pandemia del coronavirus. Hay quienes veneran las medas adoptadas por China por su rapidez y contundencia, mientras critican duramente a los países europeos por su torpe respuesta. Como hemos visto, los países asiáticos han logrado frenar la curva mientras que se registran cada vez más casos positivos en Europa, ocupando los primeros puestos mundiales en números de casos. Incluso, los países asiáticos están preparados para un más que evidente efecto rebote producido por el aumento de casos positivos procedentes del exterior, frente al número de contagiados locales. ¿Dónde reside entonces la clave de las medidas adoptadas por Asia? En la respuesta común.

Curva de desarrollo de la epidemia. Vía: Financial Times

La Unión europea no ha sabido tener visión de conjunto. Como hemos podido presenciar, cada país de la Unión ha ido implementando medidas individualmente mientras han ido pasando los días. Esta falta de visión de conjunto podría hacer incluso peligrar lo que quede de Schengen después de superar esta crisis sanitaria. Las medidas que han adoptado, además, han seguido la línea de las restricciones de derechos y libertades individuales recogidas en las constituciones, reflejo de la sociedad social demócrata e individualista europea. Medidas, que no se han implementado con la rapidez precisada en estas situaciones ya que responden a atajar los problemas globales desde el punto de vista individual. Esto ha hecho, que conforme pasan los días las restricciones que se han ido adoptando desde los diferentes gobiernos hayan sido cada vez más restrictivas y no desde un principio, como en el caso asiático. Bien es verdad, que los estados de alarma o emergencia tienen la transparencia, la validez legal y la limitación en espacio y tiempo de medidas restrictivas, lo que no implica que tengan que superar baches políticos y administrativos para ser implementadas. La falta de transparencia de China desde que registro su primer caso positivo, ha jugado en contra de Europa ya que, ha supuesto un retraso decisivo a la hora de implementar medidas más preventivas que excepcionales. Pero tampoco la falta de transparencia de los países europeos juega a nuestro favor. Países como Francia o Alemania han maquillado su cifra de fallecidos e incluso la de infectados, lo que pone de manifiesto una clara desconfianza entre países que forman parte de una entidad supranacional desde la que, se supone, se coordinan respuestas de conjunto frente a problemas de alcance amplio.

No se trata de estar a favor o en contra de las medidas adoptadas por países asiáticos o europeos, ni tampoco de cuestionar si han sido implementadas por regímenes autocráticos, semi-autocráticos o democráticos. Se trata de poner de manifiesto que la respuesta de conjunto de sociedades de valores colectivistas como las asiáticas, han conseguido realmente superar la crisis sanitaria e incluso salir reforzadas de ella. Los límites constitucionales europeos derivados de un liberalismo social y económico en Europa, no han podido hacer frente a las amenazas globales como la que vivimos actualmente. Amenazas que requieren de una respuesta común como en el caso asiático, no de un intenso debate y fragmentación por la división de opiniones como se ha generado en Europa. Podemos afirmar entonces que, para hacer frente a los nuevos retos globales, es necesario repensar la democracia tal y como la veníamos practicando desde el siglo pasado.

¿Quién escribirá esta crónica?

Por Miriam González

La pandemia que ha paralizado a más de medio mundo no va a frenar la competencia entre potencias. Los estados han de ser diestros en el manejo de las narrativas para alcanzar una posición de ventaja en un futuro vestido de incertidumbre pero que apunta, hoy más que nunca, a un cambio global. Parafraseando a Orwell, quien controla el presente controla el pasado y tendrá más facilidades para controlar el futuro.

Las potentes imágenes de los aviones chinos aterrizando con material sanitario y equipos médicos en varios aeropuertos occidentales están opacando la gestión desacertada que Beijing impuso en los primeros espisodios de la propagación del virus: opacidad, descontrol y falta de previsión. China ha sabido controlar su pasado y trata de controlar el presente. Pero no es el único estado que lo está intentado. Todos lo hacen y no solo a través de canales oficiales.

Aunque por ahora algunas estrategias, como la china, parecen ser más acertadas que otras para anotar pequeñas victorias en el imaginario de las audiencias, han de tener cuidado de no hacerlas naufragar. Sobre todo si continúan acumulándose los casos de productos sanitarios de origen chino que no funcionan correctamente.

El presidente de China, Xi Jiping, visita Wuhan/ Reuters

Estados Unidos elaboró su plan de comunicación poniendo el foco sobre la culpabilidad de China en el manejo de la crisis. El “virus chino” de Trump competía con el artículo publicado en la cuenta de Twitter del portavoz de Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Lijian Zhao, en el que se “aportaban las evidencias adicionales” de que el origen del COVID-19 había sido en EE.UU. Pero el tono ha cambiado y se puede deber a la poca efectividad de la estrategia comunicativa de la Casa Blanca, que ya había sido criticada desde los propios medios de comunicación estadounienses. Los efectos nefastos que la propagación del coronavirus está dejando en Estados Unidos se imponen y Trump se ve en la necesidad de cooperar con China y Rusia.

Militares rusos en Italia

La crisis de COVID-19 está ofreciendo singulares oportunidades para proyectar imágenes que favorezcan a los objetivos políticos que las tres potencias mundiales perseguían antes de la propragación de la enfermedad. Será difícil olvidar a los militares rusos en Roma, a los médicos cubanos en Andorra, la rapidez china para enviar material a los países más golpeados y el sálvese quien pueda que imperó en Europa durante los primeros momentos de expasión incontrolada del virus.

La propaganda siempre permanece, también en la ayuda humanitaria, y ningún estado va a dejar pasar la oportunidad de ganar un rédito político en esta situación. La cuestión será ver quien se mostrará más capaz a la hora de imponer su versión de lo ocurrido, quien se erigirá con el liderazgo y quien saldrá menos dañado para inclinar la balanza a su favor.

Los organismos internacionales ante la crisis

Por Nestor Prieto

El envío de ayuda internacional (como material sanitario) resulta un elemento fundamental en el combate de la pandemia del COVID-19.

La principal razón para esto la encontramos en la globalización. Este proceso ha internacionalizado el problema permitiendo una rápida extensión de la enfermedad, hasta el punto en el que la respuesta en clave nacional se antoja imposible para la inmensa mayoría de países, pero también permite internacionalizar la solución. Por ello, la ayuda internacional, tanto de organismos internacionales como de terceros Estados, se ha convertido en un elemento indispensable en la lucha sanitaria.

Los organismos internacionales, a priori los principales agentes en el envío de ayuda humanitaria, han mostrado en términos generales serias deficiencias para lanzar un mensaje de ayuda en clave colectiva. En general se ha impuesto la ayuda “nacional” a la “internacional”, entre otros motivos porque esta ha sido vista por las principales potencias y bloques como una nueva herramienta a su disposición a la hora de ganar influencia en el plano geopolítico, lo que evidencia nuevamente la progresiva fragmentación del multilateralismo en las RRII.

El Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres.

Mientras tanto la Organización de Naciones Unidas ha apostado por tratar de sacar adelante medidas complementarios. La primera de estas ha sido un llamamiento a la realización de un “alto el fuego mundial” que permita combatir eficazmente la pandemia. Esta declaración, aunque con buena intención, no conseguirá aplicarse si no existe voluntad de Estados miembro. Y a día de hoy conviven con la pandemia varias guerra con numerosos actores extranjeros como la guerra civil siria, libia o yemení, cuyos momentos de pausa y reactivación poco o nada tienen que ver con la presencia del COVID-19.

La segunda gran propuesta de la ONU, verbalizada por el propio Antonio Guterres, fue el “levantamiento de las sanciones” para garantizar la llegada de material sanitario a Estados azotados por medidas unilaterales. La propuesta, no vinculante, fue bien recibida por la Asamblea General y promovida en el Consejo de Seguridad por Rusia y China pero ha sido denostada por EEUU, el principal promotor de paquetes de sanciones unilaterales, por lo que quedará en papel mojado.

El papel de la OMS sí ha sido destacado, especialmente en la fase inicial de la pandemia, al abanderar el análisis, identificación y calificación del COVID-19. No obstante, carece de las capacidades necesarias para organizar una respuesta sanitaria conjunta, limitándose a realizar un trabajo de seguimiento, que no de respuesta.

El director de la OMS, Tedros Adhanom, dio numerosas ruedas de prensa sobre el COVID19

Por su parte, el FMI ha incorporado mejoras al “Fondo Fiduciario para el alivio de la Deuda” a fin de brindar apoyo a los países de bajo ingreso afectados por la pandemia de COVID-19. En total, el fondo será dotado con una inyección extra de 1.000 millones de dólares. Una medida tibia, más teniendo en cuenta que no todos los países solicitantes tendrán acceso a los fondos, como Venezuela, quien recurrió al organismo a finales de marzo obteniendo una negativa por las dudas en el “reconocimiento de su gobierno”.

Finalmente, el Banco Mundial anunció este jueves el lanzamiento de un paquete financiero de emergencia, dotado de 1.900 millones de dólares, que servirá a los países miembros para combatir los efectos del COVID-19. El plan se ejecutará vía “ventanilla de desembolso rápida”, por lo que varios Estados ya están accediendo a la ayuda. Destaca el caso de la India, que recibirá mil millones de dólares, convirtiéndose en el país más beneficiado. Junto a la India, la primera remesa destinará también fondos a países latinoamericanos y caribeños como Argentina, con 35 millones de dólares y Ecuador, Haití y Paraguay, con 20 millones respectivamente.

Según la ONU, la economía mundial podría caer un 1% frente al crecimiento del 2,5% esperado para este 2020. El resto de organismos coinciden en el devastador efecto que tendrá el COVID-19 sobre las economías nacionales; todo ello hace pensar que los tibios intentos por facilitar crédito barato no es más que alivio temporal antes del caos. Varios países han anunciado ya su incapacidad de pago de deuda y se enfrentan a cifras de desempleo récord en la historia reciente.

La más que probable incapacidad de salir de la crisis en clave nacional obliga a una respuesta global coordinada para minimizar el impacto de la crisis económica, algo que por el momento no parece que vaya a ocurrir, y que tendrá grandes consecuencias sociales.

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