Turquía llama a la puerta de Trípoli

5
2003

La firma de dos importantes acuerdos entre el gobierno de Turquía y el Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia supone cambios drásticos para el país norteafricano que podrían provocar la llegada de una nueva etapa de la Segunda Guerra Civil Libia en la que esta podría convertirse en un conflicto de una escala mucho mayor.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Podríamos decir sin mucho temor a equivocarnos que el mundo ha cambiado considerablemente desde la caída del gobierno de Muammar al-Gaddafi, uno de los eventos de mayor relevancia de la década, pero está claro que el transcurso casi completo de la misma no ha ayudado a que el estado norteafricano se recupere de las heridas que dejó la guerra civil de 2011 sino más bien todo lo contrario. Antes de abordar la situación actual en profundidad haremos un repaso de los acontecimientos que han tenido mayor importancia a lo largo del desarrollo de esta segunda guerra civil, tratando de hacer que el camino hasta aquí sea lo más comprensible posible para los lectores.

El gobierno libio de posguerra, conocido como el Congreso General de la Nación (CGN), estuvo desde su establecimiento en 2012 hasta su desaparición en 2016 al amparo de los grupos armados surgidos durante el conflicto de 2011. La incapacidad del gobierno central de controlar a las milicias locales, algunas de ellas vinculadas al movimiento salafista, provocó que un importante sector del ejército nacional se alzara en armas y retirase su apoyo al Congreso General de la Nación lanzando la llamada “Operación Dignidad” bajo el mando del General Khalifa Haftar en mayo de 2014, quien anunciaría la suspensión del CGN el 19 de mayo de 2014..

Una coalición de milicias, articulada en torno a la Mesa de Operaciones de los Revolucionarios Libios y la Unión de Revolucionarios de Misrata, lanzarían meses más tarde la llamada “Operación Amanecer libio” agrupando así a gran parte de los grupos armados que se oponían a las acciones de Haftar.

Restos de los combates en Benghazi.

La situación empeoraría considerablemente cuando la Cámara de Representantes, elegida en las elecciones de junio de 2014, declaró ilegitimo al Congreso General de la Nación y se trasladó a Tobruk donde conformarían el “gobierno de Tobruk” apoyado por Haftar y el Ejercito Nacional Libio. Esta acción fue respondida a su vez por las facciones islamistas del CGN distanciándose del mismo y estableciendo el Gobierno de Salvación Nacional (GSN) al cual darían su apoyo las milicias vinculadas a Amanecer Libio. 

El auge de grupos salafistas radicales en distintas regiones del país, destacando entre estos a la provincia libia del Estado Islámico, provocaría varios cambios de especial importancia en el conflicto. A nivel interno, en enero de 2015 se firmó un alto el fuego entre las dos grandes facciones que además acordaron dar comienzo a un dialogo político, auspiciado por las Naciones Unidas, con el fin de establecer un gobierno de unidad nacional, mientras que, a nivel externo, el ascenso del Estado Islámico propició la intervención de varios países en el conflicto que dividieron su apoyo entre las diferentes facciones en base a sus agendas regionales.

Ceremonia de firma del Acuerdo Político Libio.

El proceso de acuerdo político obtuvo resultados cuando, a finales de 2015, se firmó el conocido como Acuerdo Político Libio o Acuerdo de Skhirat. Con la firma de este acuerdo se pretendía dar fin a la guerra a través del establecimiento de un gobierno de unidad nacional conocido como el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA). El GNA logro tras muchos esfuerzos establecerse en Trípoli absorbiendo en el proceso tanto al Congreso General de la Nación como al Gobierno de Salvación Nacional, pero sin alcanzar su objetivo de alcanzar la paz ya que la Cámara de Representantes de Tobruk se negó a integrarse en el nuevo gobierno.

Para expandir: La olvidada guerra libia

A lo largo de los tres años siguientes ambos gobiernos continuaron centrando sus esfuerzos en la liberación de las ciudades controladas por los distintos grupos armados salafistas del país, capturando ciudades como Benghazi (LNA) o Sirte (GNA). Durante este periodo se produjeron algunas escaramuzas entre ambas fuerzas, pero a nivel internacional se buscaba establecer un nuevo dialogo que llevase finalmente a la reunificación del país.

También es importante destacar que en esta etapa del conflicto se incrementó considerablemente la presencia extranjera en el país. En este sentido debemos destacar el establecimiento de una base aérea de Emiratos Árabes Unidos en territorio del LNA y las cuantiosas entregas de armas a las distintas facciones del conflicto por parte de Egipto (LNA), Emiratos Árabes Unidos (LNA), Jordania (LNA) y Turquía (GNA).

El fracaso de la Conferencia de Palermo, celebrada en noviembre de 2018, quizá fue el último clavo en el ataúd de la vía política auspiciada por Naciones Unidas. A partir de diciembre de 2018, pero especialmente desde mediados de enero de 2019, el LNA lanzó una campaña que tenía como objetivo la captura de los principales campos petrolíferos del país, buena parte de los cuales se encontraban en manos de milicias locales no alineadas que ofrecieron poca resistencia ante los avances del LNA.

La Guerra de Trípoli

El comandante del LNA, Khalifa Haftar, ordenando la entrada en Trípoli.

La guerra entraría en una nueva fase cuando el 4 de abril de 2019, tan solo dos semanas antes de la celebración de una nueva conferencia de paz, Khalifa Haftar ordeno a sus tropas avanzar sobre Trípoli. El comienzo de la ofensiva sobre Trípoli tomó a la mayoría de los observadores internacionales por sorpresa. Haftar había amenazado en diversas ocasiones con realizar susodicha ofensiva, pero generalmente estas amenazas habían sido interpretadas como un medio para mejorar su posición de cara a las negociaciones del proceso de paz. 

Durante los primeros días de combates el LNA consiguió notables avances llegando a capturar posiciones situadas en la costa al oeste de Trípoli. Pero la llegada de refuerzos desde Misrata, y otros puntos del territorio del GNA, permitieron que el mando militar organizara una contraofensiva, la llamada operación “Volcán de Ira”, que provocó el colapso de los avances del LNA y una retirada a posiciones más fácilmente defendibles.

Este estancamiento de la batalla terrestre vino acompañado de una escalada en la campaña aérea del LNA que, con ayuda de Egipto y Emiratos Árabes Unidos, consiguió establecer, más o menos, el control del espacio aéreo sobre la región. Esta ventaja, sin llegar a transformarse en supremacía, ha permitido al LNA castigar duramente posiciones de gran importancia estratégica para el GNA en Trípoli como es el Aeropuerto Internacional de Mitiga.

La batalla por el control de Trípoli ha destacado también por provocar un incremento en la intervención de la mayoría de los distintos actores extranjeros en el país pero entre estos destaca particularmente el aumento de la importancia de Turquía.

BMC “Kirpi” de Turquía en el puerto de Misrata.

Esta mayor papel de Turquía comenzaría a hacerse evidente durante el mes de mayo cuando comenzaron a aparecer informes de la aparición de drones turco en las zonas de combate de Trípoli. Estos avistamientos vendrían pronto seguidos de la llegada al puerto de Misrata de un cargamento de armas de orígen turco cuyo principal componente eran varias decenas de vehículos blindados “Kirpi”.

Los efectos de este incremento del apoyo de Turquía a las milicias se notaron especialmente, o al menos eso afirmó el LNA, en la caída de la ciudad de Gheryan en manos del GNA a finales de junio. La caída de esta ciudad, fundamental para el avance sobre Trípoli, provocó un considerable incremento en las tensiones entre Turquía y el Ejercito Nacional Libio que tras la llegada de nuevos cargamentos de origen turco a Misrata provocaría que comenzaran a producirse importantes ataques aéreos contra posiciones en la ciudad en las que el LNA asegura que se almacenan los envíos de armas de Turquía.

La ofensiva sobre Gheryan. Vía @Suriyakmaps

Más adelante resultaría evidente que los envíos de armamento eran tan solo la primera de una serie de medidas implementadas por el gobierno turco para incrementar su presencia e influencia en la crisis libia. Y con estas palabras finalmente llegamos a la actualidad.

El pasado día 27 de noviembre de 2019 se produjo en Ankara la firma de dos memorándums de entendimiento entre el gobierno de la República de Turquía y el Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia. El primero de estos memorándums aborda la delimitación de las áreas de jurisdicción marítima en el Mediterráneo mientras que el segundo expande la cooperación bilateral en materia de seguridad y defensa. Con la firma de estos acuerdos Turquía mejora su posición e influencia en el marco de dos crisis diferentes que están progresivamente interconectadas: la Crisis del Mediterráneo Oriental y la Crisis de Libia.

Teniendo en cuenta el enfoque de este artículo, sobre el acuerdo marítimo nos limitaremos a señalar dos cuestiones:

  1. La firma de este acuerdo oficializa la pretensión turca de expandir las aguas territoriales de Turquía a toda el área ubicada entre las islas de Creta y Chipre.
  2. Este cambio fuerza a que cualquier proyecto que pretenda el establecimiento de infraestructuras que conecten los campos gasísticos del Levante con Europa deba contar con la participación, o al menos con la autorización, de Turquía.
Las “nuevas aguas territoriales” de Turquía

Siendo esto una cuestión de gran relevancia para el estado actual de la crisis del Mediterráneo Oriental, dejaremos la cuestión aquí con la esperanza de poder desarrollarlo con la amplitud que se merece en otra ocasión.

Para expandir: Tensiones en el Mediterráneo Oriental

Centrándonos en el segundo de los acuerdos, directamente vinculado con el desarrollo del conflicto libio, este permite una amplia gama de posibilidades en lo que se refiere a la cooperación en materia de seguridad y defensa incluyendo transferencia de cualquier tipo de armamento, la realización de cursos de formación y maniobras conjuntas, el intercambio de inteligencia, la apertura de bases de entrenamiento o el establecimiento de una Fuerza de Reacción Rápida en Libia.

Este último punto es particularmente importante cuando tenemos en cuenta que durante las últimas semanas el presidente turco, Recep Tayip Erdogan, ha señalado en varias ocasiones que Turquía está preparada para enviar tropas a Libia si el gobierno libio lo solicita. Tras estas declaraciones por parte de Erdogan se sucedieron una rápida serie de reacciones entre los detractores del GNA de Trípoli entre las que destacan el llamado de la Cámara de Representantes a la celebración de una reunión de emergencia de la Liga Árabe y el anuncio del inicio de la fase final de la operación de Trípoli por parte de Khalifa Haftar.

La relevancia de Turquía en esta nueva escalada del conflicto queda reflejada claramente en varios incidentes ocurridos durante estas últimas semanas como el derribo de un dron Bayraktar TB2, de origen turco, en Trípoli o la realización de nuevos bombardeos contra Misrata que, según informa la portavocía del LNA, tienen como principal objetivo la destrucción de cargamentos de armas de origen turco.

Reunión entre Fayez al-Sarraj y Luigi DiMaio en Trípoli.

La amenaza que supone una posible intervención militar turca, debido a que puede provocar un cambio radical en la dirección del conflicto libio, ha desatado una oleada de acciones diplomáticas por parte tanto de Fayez al Sarraj como de Aguila Saleh Issa quienes han celebrado reuniones con sus aliados, que al menos en el caso de la HoR incluyen potencialmente a algunos nuevos socios . Pero esta posible acción de Turquía también abre nuevas posibilidades a algunos actores externos que poseían un papel más secundario en el conflicto, ya sea por el fracaso de sus agendas locales o por la poca relevancia que tiene este para su visión global.

Este parece ser el caso tanto para Italia, cuyo gobierno parece estar tratando de dar un nuevo giro de tuerca a su agenda libia tras una rápida visita del ministro de exteriores a los principales actores locales, como para Rusia, cuyo presidente ha sido invitado por Turquía a reunirse el próximo 6 de enero de 2020 con Erdogan para discutir los planes de proporcionar apoyo al GNA. Tanto Rusia como Italia tienen, o al menos han tenido, fuerzas especiales desplegadas en territorio libio y además varias compañías de seguridad privada de Rusia, destacando entre estas a la conocida Wagner, tienen presencia en el terreno dando apoyo a Haftar.

¿Qué podemos esperar del futuro?

  • Una apuesta arriesgada. La posibilidad de una intervención militar, al estilo de la que hiciera Rusia en 2015 en Siria, por parte de Turquía es real pero también está cargada de riesgos. Libia no es un estado vecino para Turquía, por lo que los costes de la intervención pueden ser considerablemente elevados y la economía turca no atraviesa su mejor momento. Sin embargo, los posibles beneficios (establecer un gobierno aliado, acceder a los recursos petrolíferos de Libia, reforzar su posición como potencia ascendente e imponer sus condiciones en el Mediterráneo Oriental) son más que suficientes como para que la idea reciba la aprobación de Ankara.
  • Un conflicto interno sin final a la vista. La nueva etapa de la ofensiva del LNA sobre Trípoli es probable que continúe estando estancada o al menos que no pueda avanzar lo suficiente como para finalizar el conflicto antes de que Turquía pueda prepararse para intervenir en el desarrollo del mismo. Por lo tanto, la mayor certeza en este momento es que el conflicto libio no llegará a su fin en el año 2020 salvo que ocurra algún tipo de cambio increíblemente drástico.
  • El riesgo real de un conflicto internacional. La intervención de Turquía en Libia sería vista por varios de sus vecinos (Egipto, Chipre, Grecia) como una escalada militar de la mayor importancia por lo que podría resultar intolerable. No resulta difícil visualizar un escenario en el cual se intente establecer un cerco naval para bloquear el transito de embarcaciones turcas hacia Libia o incluso se produzca una intervención equivalente por parte de Egipto (apoyado por Emiratos Árabes Unidos) en apoyo del LNA.
  • La desaparición voluntaria de Estados Unidos. La administración Trump parece tener muy poco interés en el desarrollo de los acontecimientos en Libia. Sin embargo,  hay claros indicios de que desde el Congreso se están tomando medidas para reforzar la alianza Grecia – Israel en el marco de la Crisis del Mediterráneo Oriental. Esto podría tener repercusiones en Libia debido a la creciente interrelación entre ambas crisis.
  • La irrelevancia de la Unión Europea. La UE, o al menos los países que la componen, han demostrado estar divididos en lo que al conflicto libio se refiere. Si bien oficialmente hay un apoyo general al proceso de paz auspiciado por la ONU también se han hecho notables acercamientos, principalmente por parte de Italia y Francia, a Haftar debido al hecho de que hasta el momento ha mostrado tener la mano más fuerte a la hora de dictar el desarrollo del conflicto. Esto podría cambiar en el futuro, especialmente teniendo en cuenta que estamos ante una nueva Comisión Europea, pero las expectativas de que ocurra son bajas.
  • Un rol incierto para la Federación Rusa. Se está hablando mucho de la posibilidad de un choque de agendas entre Turquía y Rusia en Libia, pero, al menos desde la perspectiva del autor, parece que no se está teniendo en cuenta que Rusia mantiene sobre todo una aproximación pragmática al conflicto libio con la esperanza de obtener ganancias sea cual sea el bando ganador. Es más que probable que Turquía sea capaz de llegar a algún tipo de acuerdo con Rusia a la hora de gestionar sus intereses en Libia de manera que no se produzcan enfrentamientos.
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Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Salamanca, estudiante de Master en la Universidad Complutense de Madrid. Las Relaciones Internacionales han sido desde hace años mi principal campo de interés profesional y personal. Estoy interesado especialmente en las Grandes Potencias y Oriente Medio.

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