Tensiones en el Mediterráneo Oriental

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El día 15 de julio de 2019, el Consejo de la Unión Europea adoptó una serie de conclusiones respecto a la actividad turca en el Mediterráneo Oriental que llevaron a la imposición de sanciones de diversa índole contra el gobierno de Ankara. Inicialmente  el ministro de exteriores turco, Mevlüt Çavuşoğlu, declaró que estas sanciones no debían tomarse en serio pero, pese a esto, una semana más tarde Turquía suspendería el acuerdo migratorio con la Unión Europea de 2015 como represalia. 

Comunicado del Consejo de la Unión Europea anuncio las medidas contra Turquía.

¿Que está ocurriendo exactamente en el Mediterráneo Oriental? ¿Desde cuando se están acumulando tensiones en la zona? ¿Y cual es el papel de Chipre en todo esto? En este artículo trataremos de dar respuesta a estas preguntas. 

Históricamente, la región ha sido un foco de tensiones. Sirve de puerta hacia el Mar Rojo a través de Egipto y como puerta hacia Europa desde el Levante. Pero ¿cuando comenzaron las actuales tensiones? Es dificil de definir pero podemos trazarlas con seguridad hasta el descubrimiento de grandes depósitos de gas, con una capacidad aproximada de 3’5 trillones de m3,  por parte de Israel, Egipto y Líbano en 2009. 

Yacimientos gasísticos. Fuente: DeutscheWelle

El descubrimiento de estos yacimientos trajo algo de esperanza a la región, ya que se creía que estos hallazgos podrían ayudar a armonizar los intereses de los países de la zona a través de la creación de una plataforma regional que coordinase su exploración, explotación y exportación. Y en cierto modo así fue. Tras la primavera árabe y con Abdelfatah Al-Sisi dirigiendo el gobierno de Egipto, el país llegó a importantes acuerdos con Israel en los años 2015 y 2018. Israel también celebró acuerdos con otros países entre los que destaca el acuerdo alcanzado con los gobiernos de Chipre y Grecia para la construcción de un gaseoducto que suministre a Europa desde el Mediterráneo Oriental. 

Pero esa inclusión de Chipre provoca inmediatamente que se disparen las tensiones con otro de los principales actores de la zona: Turquía.

La disputa por Chipre

Durante la mayor parte del siglo XX, Chipre ha sido una isla dividida. A comienzos de siglo se encontraba bajo dominio otomano pero arrendada a Gran Bretaña. Tras el comienzo de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña anexionó Chipre y se la ofreció a Grecia a cambio de su incorporación a la guerra, oferta que fue rechazada por el gobierno de Atenas. 

Con el colapso del Imperio Otomano la parte población chipriota étnicamente griega comenzó a demandar la Enosis, la unificación con Grecia, algo que el gobierno británico rechazaba. Esto llevo a la formación del EOKA, un grupo paramilitar pro-Enosis, que comenzó a atacar a las autoridades británicas. Su aparición provocó entre otras cosas que Turquía comenzara a demandar la taksim, es decir la partición de la isla, para así preservar la independencia de la población étnicamente turca de la isla que se encontraba en minoría. El reclutamiento de turcochipriotas para la realización de labores policiales en la isla por parte del gobierno británico y su posterior muerte a manos de miembros del EOKA daría comienzo a un conflicto intercomunal que escalaría tras la formación, en 1958, de la Organización para la Resistencia Turca, un grupo paramilitar turcochipriota.

En 1959, la República de Chipre obtendría la independencia de Gran Bretaña en medio de la firma de numerosos acuerdos en Zurich entre los que se incluyen el Tratado de Garantía, que prohíbe la secesión y la unión con otros estados, el Tratado de Alianza, que permite el establecimiento de pequeños destacamentos militares turcos y griegos en la isla, o el Tratado del Establecimiento que otorga soberanía a Gran Bretaña sobre las bases de Akrotiri y Dhekelia. La constitución el nuevo estado repartía el poder entre las poblaciones turca y griega de la isla de manera prácticamente equivalente lo que provocó una importante desafección en la población grecochipriota que suponía el 80% de la población.

Portada de la revista Time en 1974

El gobierno nació inoperante y acabaría en un estado de bloqueo que daría lugar a una nueva oleada de violencia intercomunal a partir de 1963. Esta nueva oleada de violencia fue particularmente sangrienta para la comunidad turcochipriota provocando que Turquía amenazara con invadir la isla acción de la que fue disuadida por el establecimiento de la Fuerza de Paz de Naciones Unidas para Chipre (UNFICYP) en 1964. Pero la creación de la Guardia Nacional chipriota, un ejercito grecochipriota dirigido por George Grigas, un comandante militar venido de Grecia, provocó que Turquía retomara sus amenazas, siendo disuadida en el último momento por la intervención del presidente estadounidense Lyndon B. Johnson.

El establecimiento de una junta militar en Grecia en 1967 empeoró la situación, ya que desde Atenas comenzó a exigirse a las autoridades grecochipriotas que llevasen a cabo cuanto antes la Enosis. Esto provoca un distanciamiento entre las autoridades grecochipriotas y gobierno de Atenas haciéndolas más proclives a una resolución pacífica, pero esta resulta difícil debido a que George Grivas continua al mando de las tropas grecochipriotas y amenaza con la realización de un golpe de estado. La tensión se rebaja tras un ultimátum turco que fuerza a Grivas a abandonar la isla, pero este pronto regresa de manera clandestina fundando un nuevo grupo paramilitar, el EOKA-B.

El 15 de julio de 1974 se produce finalmente el golpe de estado contra el gobierno grecochipriota que es seguido, cinco días más tarde, por una invasión turca de la isla que rápidamente ocupa un tercio de la isla y provoca el colapso tanto del nuevo gobierno grecochipriota como de la junta militar griega. Tras esto se produce una división de la isla en dos estados, la República de Chipre, reconocida internacionalmente, y la República Turca del Norte de Chipre, estado de facto reconocido tan solo por Turquía, que persisten hasta nuestros días.

División actual de Chipre. Fuente: BBC

Tras la división de la isla, Turquía se declara a si misma como la defensora y guardiana de los derechos de la población turcochipriota. Y como tal considera que la explotación de los recursos ubicados en la Zona Económica Exclusiva de Chipre debe respetar los intereses de los turcochipriotas, que solo pueden ser garantizados por Ankara. Desde 2011 venían sucediendose declaraciones por parte de Turquía de que no permitirían la explotación de los recursos encontrados en aguas de la isla si no había un reparto.

Estas amenazas hicieron saltar las alarmas tanto en Atenas como en Nicosia pero, al menos en un principio, se consideraron vacías. En 2015 las petroleras Eni, italiana, y Total, francesa, informaron del descubrimiento de “indicios de la existencia de importantes reservas gasísticas” en la Zona Económica Exclusiva de Chipre, un hallazgo que sería celebrado por el gobierno de Nicosia. En 2017 el presidente chipriota, Nicos Anastasiades, decide que ya se ha esperado más que suficiente y que Turquía no hace más que entorpecer el desarrollo de la isla por lo que ordena que Eni comience las prospecciones. Eni envía una embarcación hacia la región mientras Turquía continúa profiriendo amenazas que siguen siendo recibidas con escepticismo hasta que, en febrero de 2018, una fragata turca bloquea el paso a la misión prospectora.

Esto provoca una crisis diplomática. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, declara ante el Parlamento que no permitirá que ninguna empresa extranjera amenace los intereses de Turquía y la Unión Europea, temiendo un incidente mayor llama a la resolución pacífica de la disputa. Sin embargo, Grecia envía embarcaciones a la zona, al fin y al cabo el gobierno griego tiene experiencia llegando a puntos muertos diplomáticos con Ankara, pero Turquía no cede y finalmente la embarcación de Eni se retira.

Esto devuelve la situación al statu quo previo, con Turquía amenazando y Chipre, respaldada por Grecia, buscando apoyo para avanzar sus proyectos ante las amenazas turcas. Y dos países de la región se muestran particularmente interesados: Israel y Egipto. 

Por un lado, comenzaron a celebrarse cumbres entre los ministros de defensa de Chipre, Egipto y Grecia lo que lleva a la incorporación de Chipre a los ejercicios militares conjuntos greco-egipcios Medusa. Por otro, Israel auspició reuniones con los ministros de exteriores de Grecia y Chipre para el desarrollo conjunto de la infraestructura energética de la región. Y a comienzos del presente año 2019, los cuatro países, junto con Jordania, Italia y la Autoridad Nacional Palestina forman el Eastern Mediterranean Gas Forum (EMGF) aislando definitivamente a Turquía, y Líbano, de los proyectos conjuntos en la región.

La siguiente jugada turca no se hizo esperar. El pasado 3 de mayo el Fatih, un buque de Turkish Petroleum (TP) con capacidad de realizar perforaciones, salió del puerto de Antalya escoltado por tres naves de apoyo y una fragata de la armada turca para dirigirse a la ZEE chipriota donde poco después comenzó las operaciones necesarias para la perforación de un pozo gasístico que, según Turkish Petroleum, durarán hasta el 3 de septiembre.

Disputa marítima por Chipre. Fuente: Stratfor

Esto provocó reacciones en Nicosia, Atenas, Bruselas, Washington, Tel Aviv y El Cairo a partes iguales. Turquía rechazó todos los comunicados y declaraciones realizados culpando de la situación al gobierno de Nicosia que, en palabras del ministro de exteriores turco, “pone en riesgo la paz en el Mediterráneo Oriental al no respetar los derechos de los turcochipriotas”.

El gobierno de Chipre, furioso por las acciones turcas, emitió una orden de arresto para las 25 personas involucradas en las operaciones de perforación del Fatih pero, debido a la protección otorgada por la flota turca, hasta el momento ha resultado imposible llevar a cabo esta orden.  

Francia ha sido uno de los países europeos que más claro ha sido a la hora de mostrar su rechazo a las acciones turcas y a mediados de mayo firmó un acuerdo de cooperación militar con Chipre que contempla la ampliación de la base naval de Evangelos Florakis que pasaría a ser de uso compartido con la flota francesa. Pero esto no ha amilanado en absoluto al gobierno turco y el 15 de junio este envió una segunda embarcación de perforación a otro punto de la ZEE chipriota, escoltada nuevamente por la flota turca.   

Fragata turca escoltando a una de las embarcaciones de perforación de TP.

Un mes más tarde, el 15 de julio, sería enviada una tercera embarcación.  Esta acción sería el detonante de las sanciones de la Unión Europea, cuya existencia indicamos al comienzo del artículo. La implantación de estas sanciones, lejos de disuadir a Turquía, fue respondida por el gobierno de Ankara con la suspensión del acuerdo migratorio de 2015 y el anuncio del envío de una cuarta embarcación de perforación a la zona. Esta será la última, o al menos eso aseguró Çavuşoğlu el 22 de julio, puesto que se considera que no es necesario realizar despliegues adicionales en estos momentos. 

Antes de pasar a las conclusiones resulta necesario destacar que esta política no es exclusiva del AKP de Erdogan, como demuestra el hecho de que el 18 de julio los principales partidos de Turquía (AKP, CHP, MHP e IP) firmaron una declaración conjunta sobre la postura nacional respecto al Mediterráneo Oriental dando apoyo a las acciones del gobierno.

Traducción no oficial publicada en Twitter por el Ministerio de Exteriores turco. 

Conclusiones

La situación en el Mediterráneo Oriental es volátil, pero es un hecho que tiene una base histórica que hace que sea fácil de enmarcar en la disputa histórica con Grecia sobre Chipre. Pero parece ser más que eso, ya que también es una muestra más del progresivo distanciamiento entre Turquía y Occidente que vemos actualmente reflejado en otras crisis. Los más claros ejemplos de este distanciamiento son el conflicto con las milicias kurdas de Siria, respaldadas principalmente por Estados Unidos y en menor medida por Francia y otros países europeos, y las tensiones surgidas fruto de la compra por parte del gobierno turco de los sistemas antiaéreos rusos S-400, que han provocado la suspensión de la participación de Turquía en el programa de cazas de 5ª generación F-35 encabezado por Estados Unidos. 

Este progresivo distanciamiento, que aunque dista de ser inevitable no parece que vaya a detenerse pronto, está provocando cambios en la infraestructura política de la región. Estados Unidos está fomentando actualmente el papel de Grecia como pilar de seguridad en el Mediterráneo Oriental ante la creciente desconfianza para con el gobierno Ankara. Prueba de ello es el hecho de que la Eastern Mediterranean Security and Energy Partnership Act of 2019 (EMSEPA), un proyecto legislativo destinado a levantar el embargo de armas a Chipre, sancionar a Turquía, enviar ayuda armamentística a Grecia y en términos generales apoyar la alianza Israel – Grecia – Chipre está siendo actualmente revisado por un comité para autorizar su envío al Senado y el Congreso. Pero por si esto no fuera suficiente prueba también cabe destacar que el día 25 de julio se produjo una reunión entre delegaciones de los gobiernos de Chipre, Israel, Grecia y Estados Unidos en Washington D.C para tratar diversas cuestiones sobre el Mediterráneo Oriental. 

El Ministro de Energía ruso, Alexander Novak.

Desde Moscú también sigue la situación de cerca, especialmente a raíz del enfriamiento de las relaciones con Atenas y el acercamiento a Ankara. El interés ruso se debe principalmente al hecho de que un Mediterráneo Occidental con intereses armonizados y extrayendo sus recursos sería un importante rival en el mercado gasístico europeo. Hasta el momento tan solo se habían visto algunos gestos contra Grecia y en favor de Turquía como el hecho de que el oleoducto Turkish Stream llegará a Bulgaria, Serbia y Hungría pero no a Grecia. Pero esto podría cambiar pronto ya que el ministro de energía ruso, Alexander Novak, declaró el 26 de julio en rueda de prensa que “Las compañías energéticas rusas podrían cooperar con Turquía en el Mediterráneo Oriental”. Está por ver si esto finalmente ocurre. 

Para finalizar, solo queda mencionar que la actuación de la Unión Europea ante las violaciones de la Zona Económica Exclusiva de uno de sus estados miembros ha sido blanda, fruto de la división entre sus gobiernos y de los temores a que Turquía recurriera de nuevo a la presión migratoria, tal y como de hecho ocurrió. Mientras que la Unión Europea no desarrolle una política exterior común y más solida, respaldada no solo por la economía sino también por el poder militar, sus estados no serán capaces de hacer frente a verdaderas amenazas externas por si mismos. 

Sobre el Autor

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Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Salamanca. El seguimiento y estudio de la geopolítica es mi principal interés. En proceso de especializarme en Grandes Poderes.

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