Sudán vuelve al tablero africano tras el golpe de Estado

Protestas en Sudán, 2019. Fuente: Ozan Kose/AFP.

Por Alejandro López.

En abril de 2019 terminaba el dominio de Omar Al-Bashir en Sudán, quien llevaba en el poder desde el golpe de 1989. Uno de los protagonistas de la política en Sudán tras la caída de Al-Bashir en el golpe de Estado de 2019 es el Presidente Abdelfatah Al-Burhan. Llegó a la presidencia del Consejo Soberano tras la salida de su predecesor, el ex Ministro de Defensa de Al-Bashir, Awad Ibn Auf. El Consejo Soberano es la institución que dirige la transición en Sudán y logró el consenso tras la unión del Consejo Militar y la Alianza por la Libertad y el Cambio, es decir que supone una necesaria confabulación de un sector militar dominante y una importante presencia civil. Sin embargo, hubo un sector que no aprobó el acuerdo, el Frente Revolucionario de Sudán (SRF).

Para saber más: Protestas y transición en Sudán.

Política exterior del Sudán en transición

El ejecutivo técnico negociado entre la parte civil y la militar se hizo efectivo en 2019 con la recuperación del puesto de Primer Ministro, en manos de Abdalla Hamdok, para dirigir el ejecutivo. Hamdok supondría un pequeño halo de estabilidad –primero en permanecer más de 1 año en el cargo desde el socialismo- en un país donde los militares trataron de acercar a Sudán a otras potencias regionales e internacionales y la parte civil trató de restaurar los lazos dañados con Turquía.

Los militares se comprometieron a mantener el desarrollo de los proyectos con Rusia, materializándose a finales de 2020 con la concesión de la importante base en Port Sudan. Pero también han realizado una política exterior que ha tensado la cuerda del equilibrismo con los civiles, como supuso el acuerdo con Israel para la normalización de relaciones, con Estados Unidos de patrocinador. De hecho, el acuerdo con Estados Unidos concretó incluso el pago de indemnizaciones por los ataques de Al-Qaeda sobre las Embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania -con apoyo sudanés- y se convino en contraprestación la eliminación de Sudán de la lista de países patrocinadores del terrorismo.

Y si en 2020 Sudán ejercía de mediador y parte en el conflicto del Nilo entre Egipto y Etiopía, la asertividad creció en el modo de actuar desde Sudán con respecto a la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), una infraestructura estratégica para el sector energético de Etiopía. En noviembre estalló la guerra de Tigray en Etiopía y desestabilizó más toda la región. Desde entonces, Sudán ha vivido sucesivas escaramuzas en Al-Fashqa con milicias y fuerzas regulares etíopes. Tras la alianza entre Eritrea y Etiopía, Sudán protagonizó en 2021 un crucial acercamiento a Egipto mediante una alianza militar. La guerra con Etiopía ha sobrevolado el escenario internacional en el Cuerno de África con búsquedas de apoyo en Sudán del Sur y Somalia por parte de diversos actores. La negociación en el Mediterráneo y en Libia entre Turquía y Egipto, evitando una guerra abierta que estuvo cerca en 2020, también tiene sus ecos en Sudán ya que Turquía, potencial aliada en tiempos de Al-Bashir, está tratando de recuperar su cercanía con los sudaneses y ofrecer mediación con la potencia etíope.

Mientras tanto el caso de la GERD seguiría escalando con la mayor cercanía de Sudán y Egipto frente al acercamiento de Etiopía y Eritrea con la Somalia interina. Sin embargo, continuando la diplomacia que ha caracterizado en parte a este gobierno sudanés, se acudió a una mediación en República Democrática del Congo con Etiopía y Egipto. Sudán, además, solicitó la mediación de Estados Unidos, la Unión Africana, la Unión Europea y la ONU. No parece posible un avance sustancial dados los intereses contrapuestos, la incipiente pero sólida conformación de bloques y el éxito del nacionalismo a ambos lados de la frontera. Si Abiy Ahmed se sostiene gracias al nacionalismo amhara y se apoya en un proceso estratégico como es la GERD –en uno de los epicentros de la violencia en Benishangul-Gumuz-, Sudán no es menos con el gran apoyo de los militares al choque con Etiopía, especialmente a causa del triángulo de Al-Fashqa. Sudán y Egipto realizan ejercicios militares conjuntos y para ambos es de vital importancia la economía del Nilo, ahora en juego si la GERD corta o disminuye el flujo de agua desde el Nilo Azul.

Para saber más: El conflicto fronterizo entre Sudán y Etiopía que amenaza con contagiar a toda la región.

Sin embargo, la alianza con Egipto también se puede entender en un contexto de gran mejoría de relaciones con las monarquías del Golfo Pérsico, especialmente Emiratos Árabes Unidos. Y es que este país también trata de mediar en el conflicto de Al-Fashqa entre Sudán y Etiopía. La parte militar del Consejo Soberano es la más cercana a los emiratíes y les siguieron con el acercamiento a Israel junto a Bahréin. Además las relaciones no eran tan malas con las monarquías del Golfo en la etapa anterior y Omar Al-Bashir fue acusado de recibir dinero de Arabia Saudí y Emiratos Árabes, entre otras corruptelas sobre las arcas del Estado sudanés. Pero lo más destacable de su periodo fue la arabización de Sudán, con varios conflictos en sus regiones menos árabes y la ruptura definitiva con Sudán del Sur en 2011.

Los presidentes de Sudán, Abdelfatah Al-Burhan (izquierda), y de Egipto, Abdelfatah Al-Sisi (derecha) refuerzan su relación de seguridad en El Cairo, 2021. Fuente: AFP.

Sudán por dentro

La ruptura con Sudán del Sur siguió a la irreconciliable política de asimilación étnica y religiosa, dando pie a un Estado de mayoría cristiana repartida entre católicos, protestantes, anglicanos y coptos. Aunque Al-Bashir contó con el islam político, diversas formas de animismo tenían cierto peso en algunas zonas como Sudán del Sur.

La insurgencia siguió coleando años en algunas de esas regiones tras el acuerdo que dio lugar a Sudán del Sur en 2011. Las zonas afectadas eran las sureñas y fronterizas con Sudán del Sur: Darfur, Kordofán y Nilo Azul. Sin embargo, muchos de los incontables grupos de origen árabe y no árabe de Darfur, foco principal de la crisis, profesaban el islam. No se trataba ya de un problema religioso. Y es que Sudán adolecía de un centralismo en Jartum desde la época colonial. El problema de la arabización atañó, por tanto, a la inseguridad en torno a los grupos no árabes.

Además, Sudán acogía en Darfur a grupos armados chadianos por lo que Chad se involucró en la violencia darfurí durante un periodo hasta un acuerdo entre el líder chadiano, Idriss Déby, y Omar Al-Bashir para acabar con esta situación. Igual que ha ocurrido en varias ocasiones desde Libia, la expulsión de los grupos chadianos de Darfur ejerció de presión para el gobierno de Chad, enfrentando sucesivas intentonas de derrocamiento. En el caso de las fuerzas con origen en Darfur, uno de los grupos insurgentes liderado por los sobrinos Erdimi de Idriss Déby había mantenido vínculos con el Movimiento Justicia e Igualdad en Darfur (JEM).

La limpieza étnica sobre dicha población en Darfur llegó al punto de acusarse a Al-Bashir de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad ante la subrogación y posterior inclusión en las Fuerzas Armadas de Sudán que el gobierno hizo sobre las milicias paramilitares para evitar que el ejército llevase a cabo los ataques en Darfur. Finalmente no se le procesó por genocidio, a pesar de haber participado directamente el gobierno en los ataques, pero el líder sudanés se encontró perseguido por la Corte Penal Internacional, lo cual era una situación indudablemente contundente para un líder en el cargo.

Para saber más: Darfur, radiografía de una catástrofe anunciada.

Omar Al-Bashir trató de evitar una eventual secesión de Darfur y Kordofán tras la salida de Sudán del Sur, especialmente de la primera. Para ello, profundizó las divisiones internas de cada Estado. Si Darfur había sido dividido en tres Estados hasta entonces, pasó a formar cinco Estados: Darfur del Sur, Darfur del Oeste, Darfur del Norte, Darfur del Este y Darfur Central (estos dos últimos nacidos de la reducción de los dos primeros). La disolución de su poder y la conveniencia de la nueva distribución poblacional hacía que una independencia de Darfur se alejara en el horizonte.

Se esperaba que la llegada de Abdalla Hamdok al gobierno sirviera para seguir calmando los ánimos, especialmente con su natal Kordofán. Pero en diciembre de 2020 el Consejo de Seguridad de la ONU dio fin a la misión conjunta de la Unión Africana y la ONU para Darfur, la UNAMID, tras 13 años. Desde entonces, a pesar de los acuerdos de 2020 con fuerzas darfuríes, la región ha vivido un repunte de la inseguridad y la violencia. Se han vivido saqueos en los antiguos campos de operaciones de la UNAMID por lo que las instituciones sudanesas, con apoyo de la ONU, están rehabilitándolos para uso civil. Y es que la nueva misión UNITAMS de asistencia a la transición no tiene competencias para garantizar la seguridad en Darfur, por lo que podría crearse un vacío en ese aspecto. En 2021 han continuado las masacres, como la de mediados de enero o principios de abril en Darfur del Oeste, y han continuado aumentando los desplazados hasta la mayor cifra en 6 años. También se han vivido importantes repuntes de desplazados en Darfur del Norte y Darfur del Sur, aunque resulta artificial hablar así de estas regiones forzadas a su división y cuyo destino fue enterrado entre desplazados internos y externos.

La misma estrategia se siguió en Kordofán, con su división en tres Estados. Kordofán del Norte y del Sur habían dado paso a Kordofán del Oeste hasta que con el fin de la guerra civil y el acuerdo con el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLM) sobre Sudán del Sur, entre otros, se disolvió Kordofán del Oeste en 2005. Pero Omar Al-Bashir revirtió en 2012 la decisión y recuperó la región occidental del Kordofán a pesar de haber firmado con el SPLM la frontera de Kordofán del Sur, que incluía Abyei y los Montes Nuba.

Posteriormente Abyei pasó a formar parte de Kordofán del Oeste y goza de un estatus especial ya que es considerado al mismo tiempo territorio de Sudán (Kordofán del Oeste) y de Sudán del Sur (Bar el Gazal del Norte), con posibilidad de anexión completa a Sudán del Sur. Este reconocimiento se acordó con el SPLM, que gozaba de especial presencia en Kordofán del Sur y en el Nilo Azul. Y es que junto a Abyei y los Montes Nuba, también el Nilo Azul tenía reconocida esa posibilidad de anexión por Sudán del Sur. Sin embargo, nunca se finalizó el proceso consultivo para tal fin debido a la ruptura entre el gobierno y el SPLM, ahora SPLM-N como sección en Sudán [del Norte], y la falta de acuerdo sobre quién es elegible para votar sobre el destino de Abyei. La misión de la ONU en Abyei (UNISFA) debía mantener sus fuerzas hasta mayo de 2021, cuando su salida de Sudán debía ser discutida con Sudán del Sur, Etiopía y Sudán. Por lo pronto, en abril de 2021, Sudán solicitó el remplazo de las 3.300 fuerzas de Etiopía en Abyei por efectivos de otros países, dada la renovada desconfianza entre los países vecinos del Cuerno de África.

Retomando la cuestión del Nilo Azul, es importante volver la vista a la cuestión etíope para ver cómo estos movimientos, en principio reducidos con la caída de Al-Bashir en 2019, habrían vuelto a la palestra. La pacificación que prometía la transición duró lo que la misión de UNAMID. Y con el regreso a Darfur de una violencia que nunca terminó de irse, sobre todo durante 2021, Etiopía aprovechó los problemas internos de Sudán para sus choques fronterizos. Pero Etiopía tendría muchos más problemas internos que Sudán, con el detonante localizado en noviembre de 2020.

Mapa de Sudán y Sudán del Sur (azul). Las regiones sudanesas resaltadas son Darfur (naranja), Kordofán (morado), Nilo Azul (amarillo) y las orientales de Mar Rojo, Kassala y Al-Qadarif (rojo). En gris (centro) aparece Abyei, compartido entre Sudán y Sudán del Sur. Las demás regiones sudanesas aparecen en verde. Fuente: Elaboración propia/MapChart.

Al tiempo que escalaba el choque en Al-Fashqa y los amáricos (etíopes de Amhara) se unían a los eritreos, Etiopía acusaba a Sudán de dar apoyo a los tigriña (etíopes de Tigray) y a los oromo (etíopes de Oromia). El gobierno de Etiopía, que había roto la alianza con los tigriña tras haber gobernado durante años, pasó de sostenerse sobre los amhara y los oromo a solo recibir apoyo de los primeros y los eritreos. Y ante la realidad de que Oromia ardía entre violencia intercomunal (extendida a Benishangul-Gumuz, Amhara y Afar), Sudán acusó a Etiopía de promover lo propio en el Nilo Azul. Sin embargo, el gobierno sudanés ya había estado negociando con los grupos insurgentes más importantes del Nilo Azul hasta entonces.

Para saber más: Etiopía: el conflicto étnico sigue muy latente.

Nuevo Sudán

Todo ello se desarrolló en el primer trimestre de 2021, con Tigray gravemente golpeada ya. Es en este momento cuando el Presidente del Consejo Soberano de Sudán, Abdelfatah Al-Burhan trata de cerrar los flecos pendientes de 2020 con el SPLM-N. A causa de la atomización mencionada de los grupos insurgentes en Sudán, cada acuerdo había sido rechazado y apoyado por una multitud diversa de facciones en cada momento.

En agosto de 2020 se firmaba un histórico acuerdo de paz entre el gobierno de Sudán y varios de esos grupos integrados en el Frente Revolucionario de Sudán (SRF). Tras varios intentos fallidos durante años, Juba, capital de Sudán del Sur, acogía la firma de la paz en su antiguo país matriz. Abdelfatah Al-Burhan y Abdalla Hamdok acudieron con la intención de aclarar los panoramas en lo que quedaba del Sudán que empezó las guerras. Sin embargo, dos de los grupos más importantes que integraban el SRF rechazaron el acuerdo: un sector del Movimiento de Liberación de Sudán (SLM-AW), con presencia en Darfur, y el propio SPLM-N, con presencia en Kordofán del Sur y el Nilo Azul. Los grupos rechazaban la presencia del Vicepresidente Mohamed Dagalo Hemeti, uno de los líderes de las matanzas en Darfur. Durante uno de los peores momentos, en 2016, se investigaba el uso de armas químicas contra el SLM-AW. Pero tal era el desastre humanitario, con debate abierto sobre la categoría de genocidio incluido, que se creó un tribunal especial en Sudán para los crímenes en Darfur. Y por tanto la presencia de un líder de primer nivel en estas masacres impidió el acuerdo con SLM-AW y SPLM-N.

Pero sí se llegó a un acuerdo con grupos sursudaneses y con uno de los grupos más importantes del SRF: el Movimiento Justicia e Igualdad (JEM), activo en Darfur y Kordofán. Se les concedía tres asientos en el Consejo Soberano –casi un cuarto-, cinco ministerios en el gobierno interino, una cuarta parte del parlamento interino (2019-2022) y un 30-40% de las cámaras regionales de sus Estados. Esta integración del poder regional podía suponer el primer revulsivo para un nuevo modelo de Estado pero debía lograr el consenso de más actores aún. El sector del Movimiento de Liberación de Sudán de Minni Minnawi (SLM-MM) sí formó parte del acuerdo.

En la firma del Acuerdo de Juba de octubre de 2020 estuvieron presentes representantes de Egipto, Uganda, Kenia, Djibuti, Somalia, Chad, Catar, Emiratos Árabes, Arabia Saudí, la Unión Africana, la Liga Árabe, la Troika de Sudán (Estados Unidos, Reino Unido y Noruega) y la ONU, así como el anfitrión mediador sursudanés, Salva Kiir. Y en él se consagraba el desmantelamiento de algunas políticas de Al-Bashir. Se trata, al fin, el espinoso asunto de la propiedad anulando los derechos que Al-Bashir otorgó a los colonos y se reconoce el derecho de los refugiados al retorno, la compensación de las víctimas y el derecho ancestral de las tribus. Otro de los puntos más importantes, siguiendo el acuerdo de paz en Sudán del Sur, contempla la integración de los grupos armados en unas fuerzas de seguridad regulares unificadas.

Mapa petrolero de Sudán con las refinerías, los oleoductos y las zonas extractivas. También se muestra la zona compartida de Abyei. Fuente: Drilling Info International.

A pesar del acuerdo de 2020, las negociaciones seguirían con el otro gran grupo conformante del SRF, el SPLM-N. El Consejo Soberano transicional de Sudán, con el Presidente Abdelfatah Al-Burhan a la cabeza, firmó una importante declaración de principios con el SPLM-N en marzo de 2021 para avanzar en la implementación de reformas que garanticen la paz. Se acordó la reestructuración de las fuerzas armadas sudanesas para que reflejen la realidad étnica o religiosa del país, la revisión legal de la propiedad de la tierra –de gran importancia para las milicias de regiones marginadas-, la revalorización del papel de las mujeres, la autodeterminación para los pueblos y la secularización de la política en un Sudán aconfesional y libre para todos los credos. De nuevo la declaración que derivaría en un acuerdo conjunto fue mediada en Juba, Sudán del Sur, por el líder sursudanés Salva Kiir, y con presencia del director del Programa de Alimentos de la ONU.

El papel de la mujer es muy relevante ya que organizaciones femeninas hicieron una visita de 16 días a las áreas controladas por el SPLM-N del sector liderado por Abdelaziz Al-Hilu y dieron su apoyo a la presencia del grupo en los Montes Nuba así como a su lucha por la autodeterminación prometida a la región. El otro sector del SPLM-N liderado por Malik Agar, con presencia focalizada en el Nilo Azul, también había acordado la autonomía para las regiones en 2020 con el gobierno, así como cuestiones referidas a la propiedad de la tierra y la unidad de las fuerzas armadas. Se había dado así el primer paso para la paz con el SPLM-N, restando solo el apoyo de los de Al-Hilu, con presencia en Kordofán y algunos puntos del Nilo Azul, críticos con la presencia en el acuerdo de 2020 de uno de los perpetradores de las matanzas en el sur, el Vicepresidente del Consejo Soberano, Mohamed Dagalo Hemeti.

La federación de Sudán sería el objetivo de la declaración de principios firmada entre Al-Hilu y Al-Burhan a partir de las negociaciones de abril para su concreción, especialmente buscando la autodeterminación de los Montes Nuba y la secularización tras el contacto previo del SPLM-N con la Alianza Civil de los Montes Nuba, Kordofán del Sur. Salva Kiir apostó por trabajar con la otra milicia ausente en el acuerdo de 2020, el darfurí Movimiento de Liberación de Sudán (SLM-AW) para integrarlo en las negociaciones pero estos reclamaban primero que se garantizase la seguridad en las regiones que conforman Darfur. Aunque todas las partes celebraron la consecución de este acuerdo, el Partido Comunista –que había apoyado los choques con Etiopía- criticó que se mantenía la impunidad para los criminales de guerra en Darfur y Kordofán.

Por último, también cabe mencionar la necesidad de acordar la pacificación del este de Sudán, con grupos en el Mar Rojo y Kassala, justo al norte de la región de Al-Qadarif, donde se vive el conflicto por Al-Fashqa. Los grupos orientales se unieron al JEM de Darfur y Kordofán que había firmado el acuerdo en 2020 con el gobierno. Sin embargo, el protocolo sobre el este de Sudán causó polémica entre los líderes de los clanes locales y en agosto de 2020 se dio un repunte de la violencia en Kassala entre clanes que ya se habían enfrentado anteriormente en Port Sudan, Mar Rojo. El acuerdo de 2020 firmado con Kassala, Mar Rojo y Al-Qadarif garantizaba un 14% de los puestos civiles en la administración y el ejército, así como sumas y proyectos de reconstrucción de la región. Sin embargo, el Congreso Beja criticó que el acuerdo era una copia del firmado en 2006 con Al-Bashir tras el conflicto y que no incluía plazos de implementación por lo que temían que acabase como el de 2006, sin materialización completa ni garantías. Lo cual consideraban una firma apresurada teniendo en cuenta que no había guerras ni crisis humanitarias en la región en este momento.

Sudán avanza con buen paso hacia la pacificación interna de camino a las elecciones de 2022 y la concreción de su transición en un nuevo régimen, cada vez más probablemente federal. Aún quedan algunos flecos que atajar para evitar nuevos repuntes de la violencia como el que se ha producido en Darfur con la salida de la UNAMID, pero el mayor potencial desestabilizador es el conflicto con Etiopía por Al-Fashqa y la GERD, especialmente en el Nilo Azul. El reto transformador del nuevo Sudán se va allanando pero su implementación deberá concretarse en garantías de seguridad que no se dan y en un periodo constituyente con todos los actores políticos para garantizar que el país no caiga en la inestabilidad como Etiopía o Somalia.

Antropólogo, profesor y biólogo especializado en gestión de socioecosistemas. Ahora me dedico al análisis de política internacional.

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