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Siria, foco de tensión entre Turquía e Israel

El ministro de Exteriores de Turquía se reúne con el presidente de Siria, Ahmed Al-Sharaa
El ministro de Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, se reúne con el presidente de Siria, Ahmed Al-Sharaa. Fuente: Hakan Fidan.

Desde la caída de Bashar al-Asad en diciembre de 2024, han sido numerosos los actores, como Turquía e Israel, que han movido ficha en Siria para intentar asegurar que el cambio de administración no impacte negativamente a sus intereses en la región. Ahmed al-Sharaa, nuevo presidente del país, se ha visto obligado a hacer malabares con los diferentes acercamientos, presiones, peticiones y propuestas de reconciliación de Estados colindantes y potencias internacionales en un contexto de inestabilidad regional y nacional que añade una capa de complejidad a las negociaciones.

En muchos casos, como la retirada de sanciones internacionales o la posible presencia de activos militares extranjeros en el país, dichos intereses repercuten de manera directa en el proceso de estabilización y reconstrucción de la nueva Siria.

Al-Sharaa ha demostrado a lo largo de los últimos meses una aparente aptitud para el desarrollo de la diplomacia internacional. Los últimos sucesos en el país, sin embargo, apuntan a una escalada de las tensiones con respecto a, quizás, el frente de política exterior más complicado al que puede enfrentarse Siria: el choque de los intereses de Israel y Turquía.

Así pues, la rivalidad entre las dos potencias regionales amenaza con aportar aún más inestabilidad a lo que están siendo unos primeros meses para nada faltos de obstáculos en una nueva Siria dividida y vulnerable a las voluntades foráneas. Si los últimos acontecimientos ofrecen alguna pista sobre lo que está por venir, todo apunta a un aumento de las tensiones entre las fuerzas turcas e israelíes a medio plazo, pese a los intentos de ambas partes por rebajar el conflicto.

Escalada entre Israel y Turquía en Siria

El 29 de marzo, el Ministerio de Defensa turco confirmó la cooperación con el gobierno de al-Sharaa para brindar apoyo a un ejército sirio que se encuentra en proceso de reestructuración tras la caída de al-Asad. Turquía anunció la creación de un centro de operaciones conjuntas para ayudar a las fuerzas armadas sirias en la lucha contra “células terroristas”, asegurando que dicha iniciativa surgía en respuesta a una petición de Damasco y tras un proceso de consenso regional. Zuki Akturk, portavoz del ministerio. declaró que Ankara se mantenía comprometida con la integridad territorial y la autoridad del Estado.

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Estas declaraciones sucedían a varios informes en la prensa turca e israelí que apuntaban al posible establecimiento de varias bases militares controladas por Turquía en el centro del país. Fuentes de inteligencia informaron a varios medios de que las fuerzas turcas tenían intención de establecer presencia en la base aérea de Tiyas en la provincia de Homs. también conocida como la base T-4.

Lo que más parecía preocupar a Tel Aviv era que dicha presencia desembocara en el establecimiento de mecanismos aéreos de defensa, en concreto el sistema turco Hisar. El posicionamiento de estos sistemas socavaría en gran medida la hasta ahora total libertad de movimiento de la que ha disfrutado Israel en el espacio aéreo de Siria desde diciembre del año pasado.

En respuesta a la posibilidad de un aumento considerable de las capacidades militares de Turquía en la región, Israel llevó a cabo el 3 de abril una nueva serie de bombardeos a instalaciones militares en Siria, reconociendo operaciones contra la base T-4 –que ya había sido blanco de la fuerzas aéreas israelíes a lo largo del último mes–, así como una docena de ataques contra la base aérea de Hama que resultaron en la total inhabilitación de la misma.

Lo más novedoso en esta ocasión fue la consiguiente escalada de la retórica con respecto a las intenciones de Recep Tayyip Erdogan en la región. Gideon Saar, ministro de Asuntos Exteriores de Israel, declaró el propio 3 de abril la preocupación del gobierno por el “papel negativo” que la presencia de Turquía está jugando en Siria, asegurando que Ankara quiere convertir al país en “un protectorado”. “Está claro que esa es su intención”, exponía.

Israel Katz, ministro de Defensa del gabinete de Benjamin Netanyahu, afirmó que al-Sharaa pagaría un alto precio si permitía la entrada de “fuerzas hostiles”, describiendo los ataques como “un claro mensaje y una advertencia de cara al futuro”. El Ministerio de Asuntos Exteriores turco respondió con un mensaje igualmente tajante, manifestando que “Israel se ha convertido en la mayor amenaza para la seguridad regional” y exigiendo que Tel Aviv abandonara sus políticas expansionistas y dejase de minar la estabilidad de Siria.

El Ministerio de Asuntos Exteriores sirio también se unía a las declaraciones con lo que representa el hasta el momento comunicado oficial más crítico con las acciones israelíes en su territorio. La institución liderada por al-Shaibani tildó los ataques de “escalada injustificada” y los describió como una “evidente violación de la ley internacional y la soberanía siria”, así como de “un intento deliberado” de desestabilizar el país.

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Este intercambio de declaraciones se realizaba en el contexto de una nueva ofensiva israelí en el sur de Siria. SANA informó que una incursión israelí en varias localidades de la provincia de Daraa había provocado diez muertos. Según testimonios de residentes, grupos armados locales habían tomado las armas en contra de la invasión, resultando en enfrentamientos entre ambos bandos. El Frente Islámico de Resistencia, milicia creada en el sur para contrarrestar las operaciones hebreas, reclamó la autoría de los ataques, pero no se ha podido confirmar que las células que se enfrentaron a tropas israelíes formasen parte del mismo.

El 4 de abril, Hakan Fidan, ministro de Asuntos Exteriores turco, declaró que Turquía “no quiere ninguna confrontación con Israel en Siria”, subrayando la soberanía del Estado sirio, pero continuó criticando el plan de acción israelí, afirmando que los bombardeos contribuían a disminuir la capacidad del gobierno de al-Sharaa de defenderse contra “amenazas terroristas”, asfaltando así el camino hacia la futura inestabilidad de la región.

Ninguna de las partes busca por el momento un conflicto abierto en Siria, pero con un Israel que interpreta como una amenaza la presencia de Turquía en un país fronterizo, Ankara tendrá que convencer en los próximos meses tanto a Netanyahu como a la nueva administración estadounidense de que su único interés es verdaderamente la estabilidad de la región.

Dos perspectivas completamente opuestas

La diferencia de perspectivas entre Israel y Turquía con respecto a Siria no es precisamente cosa de los últimos días. El 3 de marzo, Erdogan advirtió, sin nombrar directamente a Tel Aviv, de que “aquellos que buscan beneficiarse de la inestabilidad en Siria no tendrán éxito”, asegurando que Ankara no permitiría la desestabilización del país.

Estas declaraciones sucedían a una operación israelí de ocupación de varias localidades de las provincias de Daraa y Quneitra al suroeste de Siria, en las que Israel demanda una completa desmilitarización y la no presencia de fuerzas armadas. Esta incursión vino acompañada de una campaña comunicativa de apoyo a los miembros de la minoría drusa que habitan en su mayoría en el suroeste del país, la cual buscaba aprovecharse de las dificultades de sus relaciones con Damasco.

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Asimismo, Israel anunció un plan para establecer un área de seguridad en la región fronteriza, complementada por una llamada “zona de influencia” que se extendería prácticamente hasta las afueras de la capital del país. Aún más relevante en este caso, los israelíes reiteraron la importancia de la protección de los kurdos del noreste de Siria, quienes continúan en confrontaciones contra facciones del Ejercito Nacional Sirio (SNA), organización paramilitar respaldada por Turquía.

Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), el brazo militar de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), también conocida como Rojava, han continuado enfrentándose al SNA desde la caída de al-Asad en los frentes de Manbij y la presa de Tishrin en oposición a la iniciativa turca para impedir la formación de un Estado autónomo kurdo en su frontera.

El Jefe de Estado Mayor de las FDI, Teniente General Eyal Zamir, visita a las tropas en el sur de Siria, territorio ocupado por el ejército israelí.
El Jefe de Estado Mayor de las FDI, Teniente General Eyal Zamir, visita a las tropas en el sur de Siria, territorio ocupado por el ejército israelí. Fuente: FDI.

Aunque Turquía parecía retirar parte de sus activos militares de Alepo tras la caída de al-Asad, ha mantenido el apoyo al SNA en el frente con las SDF. Después de los primeros episodios de incursiones israelíes, se detectaron vuelos de aviones militares turcos hacia Damasco, en un gesto insólito que hacía entender que Turquía pretendía expandir su involucración en el país.

El principal componente de las SDF, un grupo militante kurdo conocido como las Unidades de Protección Popular (YPG), es visto por el gobierno turco como afiliado al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), organización guerrillera considerada como “grupo terrorista” por Turquía.

Tras el pacto de no agresión firmado en marzo según el cual Abdullah Öcalan, miembro fundador del PKK, instaba a “todos los grupos” kurdos a soltar las armas en el conflicto contra Turquía, las SDF llegaron a un acuerdo con el gobierno de al-Sharaa para integrarse en el aparato militar estatal. Este acuerdo podría interpretarse como una respuesta al intento de Turquía de equiparar al PKK y las SDF, pues no incluía provisión alguna que especificase la desmilitarización por parte de los kurdos de Rojava, aunque es cierto que la intensidad de los enfrentamientos con el SNA parece haber disminuido desde la firma del mismo.

La AANES ha rechazado la legitimidad tanto de la declaración constitucional como del nuevo gobierno de transición sirio, pero algunos actos a favor del acuerdo parecen seguir llevándose a cabo según lo previsto, como intercambios de prisioneros y la retirada de las fuerzas kurdas de algunos barrios de Alepo.

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Una de las problemáticas más importantes con respecto a la cuestión kurda surge alrededor de la futura gestión y monitorización de prisiones en Rojava que albergan a numerosos operativos del Estado Islámico. La propuesta de Hakan Fidan, Ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, de que su país se haga cargo de las mismas está por el momento lejos de resultar factible en la práctica.

Turquía ha expresado en varias ocasiones la intención a medio plazo de estar presente militarmente en el nuevo Estado sirio y contribuir a la defensa e integridad del mismo. Israel, por el contrario, ha bombardeado desde la caída de Bashar al-Asad diversos objetivos a lo largo y ancho de Siria, justificándose bajo el paraguas de la seguridad nacional y tildando sus acciones de ataques a activos militares “del régimen anterior”. Estas agresiones han incluido repetidamente blancos cercanos a Damasco, así como instalaciones militares cercanas a la base de Jmeimim en la región costera, actualmente operada por Rusia.

El rol de Estados Unidos

En comunicaciones con la Casa Blanca, sin embargo, Israel indicó su preferencia por mantener la presencia militar rusa en Siria en lugar de posibilitar el crecimiento de la huella turca en el país. La importancia de Estados Unidos en las tensiones entre Israel y Turquía es más que tangible. La administración Trump parece estar activamente alineada con los intereses de seguridad nacional israelíes y ha exigido a Siria que lidie con el problema de los “militantes extranjeros” en su territorio y que trabaje por disminuir activamente la influencia iraní.

Asimismo, Estados Unidos aún posee tropas presentes en territorio sirio –al menos por ahora–, tanto en la base de Al-Tanf como en colaboración con las SDF en el noreste, habiendo jugado un papel importante en el pacto de estas con el gobierno sirio, de acuerdo con fuentes de inteligencia de la región. Sin embargo, tras una llamada de Trump con Erdogan en la que ambos conversaron acerca de la importancia de la estabilidad de Siria, el presidente turco confirmó progresos en la renegociación de la venta de aviones F-35 de combate a Turquía en caso de que esta se deshiciera de sus actuales aviones rusos.

Tras su reunión con Netanyahu en la Casa Blanca el lunes 7 de marzo, Trump dejó claro lo que él percibía como una “muy buena relación” con el presidente turco. Ante la mirada de Netanyahu, quien permanecía en silencio, Trump reveló a la prensa haber felicitado a Erdogan por “hacer lo que nadie ha hecho en 2000 años, tomar control de Siria”. Asimismo, Trump posicionó a Estados Unidos como el perfecto mediador en caso de conflicto entre ambas potencias regionales. “Cualquier problema que tengáis con Turquía, creo que podemos resolverlo, siempre que seas razonable”, explicaba al primer ministro israelí.

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Así pues, Siria encuentra en Israel y Turquía a dos potencias extranjeras con estrategias e intereses completamente enfrentados en lo que su territorio respecta. Ankara se posiciona como un aliado dispuesto a defender la “estabilidad” del país, aun cuando esta vaya en contra de los objetivos descentralizadores de algunos grupos minoritarios. A través de su presencia, busca proyectar su poder en la región, lidiar con la cuestión kurda y solucionar el problema de la migración.

Israel, por su parte, ve tanto a Siria como a la influencia de Turquía en el nuevo Estado como una potencial amenaza para su seguridad nacional, optando por promover la inestabilidad y la división en el país y por la ocupación de territorio sirio. En medio de todo esto, al-Sharaa se ve obligado a jugar sus limitadas cartas con extrema cautela por no incrementar las tensiones regionales y no perturbar las negociaciones con Estados Unidos con respecto a una posible retirada de las sanciones internacionales.

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