
En un importante giro de los acontecimientos, Ruanda anunció su salida de la Comunidad Económica de los Estados de África Central (ECCAS, por sus siglas en inglés) el mismo día en que debía asumir la presidencia rotatoria. La decisión se hizo pública tras la cumbre celebrada en Malabo, Guinea Ecuatorial, donde se extendió de forma extraordinaria la presidencia del país anfitrión durante un año más. En el fondo de la cuestión se encuentra, de nuevo, el conflicto en el este de la República Democrática del Congo (RDC) y los distintos posicionamientos regionales.
“Ruanda deplora la instrumentalización de la ECCAS por parte de la RDC con el apoyo de algunos Estados miembros”, afirmó el Ministerio de Exteriores ruandés en un comunicado en el que también denunció que el organismo “ignoró deliberadamente el derecho de Ruanda a asumir la presidencia”. Por todo ello, Kigali declaró que no existe “ninguna justificación para permanecer en una organización cuyo funcionamiento actual va en contra de sus principios fundadores”. De este modo, aunque no se anunció una fecha concreta, Ruanda pone fin a su membresía en una organización de la que fue miembro fundador en 1985.
El papel de Ruanda en el conflicto en la RDC y su apoyo al grupo armado M-23 fueron dos de los temas principales de la cumbre. Desde principios de 2025, el M-23 ocupa amplios territorios en Kivu Norte y Kivu Sur, incluyendo las importantes ciudades de Goma y Bukavu. Múltiples evidencias demuestran la implicación de Kigali en apoyo a la milicia, situación que ha sido denunciada por gran parte de la comunidad internacional y organismos como Naciones Unidas.
Según señaló el gobierno congoleño, durante la reunión de Malabo se habría reconocido la agresión de Ruanda contra la RDC y se habría ordenado “al país agresor que retire sus tropas del suelo congoleño”. Hasta el momento, la acción de la ECCAS respecto al conflicto congoleño se ha limitado a una vía política y diplomática más bien tímida, evitando tomar una posición activa como la que han llevado a cabo otras organizaciones regionales como la Comunidad de Desarrollo del África Austral (SADC) o la Comunidad del África Oriental (EAC).
Cabe destacar que, entre los países más involucrados en el conflicto congoleño, en la ECCAS participan países que mantienen fuertes tensiones diplomáticas con Ruanda –como Burundi–, pero no aliados de Kigali como Uganda, que tiene un papel protagonista y que cuenta con tropas sobre el terreno.
Diplomacia y guerra en el conflicto congoleño
De este modo, con la salida de Ruanda, la ECCAS podría tomar un apoyo más decidido en favor del gobierno congoleño, tal y como ocurre con la SADC. Esta organización tomó un papel de relevancia con la participación directa de tropas en los combates, pero parece improbable que la ECCAS opte por el mismo camino al contar con fuerzas militares con capacidades más limitadas.
Por otro lado, la EAC queda ahora como el único organismo regional donde participan tanto Kigali como Kinsasa, por lo que cabe esperar que multiplique su acción diplomática para evitar que el conflicto pueda derivar de nuevo en una verdadera guerra regional como la ocurrida a finales de siglo.
Esta acción mediadora se suma a la de otros importantes actores internacionales como Catar o Estados Unidos, quienes se encuentran liderando distintos procesos de paz que, aunque prometedores en un principio, siguen sin plasmarse en acciones concretas de relevancia.
En el caso de Washington, quien ha condicionado su apoyo al proceso de paz a la obtención de acuerdos con ambos para la exportación de minerales, se ha conocido recientemente que estaría presionando para que las tropas ruandesas se retiren de la RDC antes de la firma de cualquier tregua, una condición difícil de aceptar por Ruanda por su larga historia de intervencionismo en el país vecino.
En todo este contexto, la guerra sigue su curso en el este congoleño. Aunque quizás con menor intensidad que en los primeros meses del año, los combates se han seguido produciendo durante las últimas semanas. Especialmente relevantes han sido los enfrentamientos entre las milicias Wazalendo y el M-23 en Kivu del Norte, mientras con el paso del tiempo este último grupo consolida su ocupación de importantes zonas del país.
El número de personas que huyen de estos territorios sigue aumentando diariamente, los cuales vienen a sumarse a los más de siete millones que, según la ONU, han abandonado sus hogares desde el inicio de un conflicto interminable de casi tres décadas de duración.
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