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Primera Guerra del Congo: el fin del régimen de Mobutu

El gobierno de Mobutu Sese Seko –en la imagen junto a Richard Nixon, en 1973–, el genocidio de Ruanda, la crisis de los Grandes Lagos y la irrupción de Laurent-Désiré Kabila sentaron las bases de la Primera Guerra del Congo.
El gobierno de Mobutu Sese Seko –en la imagen junto a Richard Nixon, en 1973–, el genocidio de Ruanda, la crisis de los Grandes Lagos y la irrupción de Laurent-Désiré Kabila sentaron las bases de la Primera Guerra del Congo. Fuente: National Archives and Records Administration - Jack E. Kightlinger

Las guerras que asolaron la República Democrática del Congo durante los últimos años del siglo XX y principios del XXI son quizás las grandes desconocidas de la historia contemporánea, a pesar de ser considerados los conflictos más mortíferos después de la Segunda Guerra Mundial. Según datos de la oenegé International Rescue Committee, el número de muertes se acercaría a los cuatro millones de personas.

La gran complejidad de lo que ocurrió durante esos años en este país de la región de los Grandes Lagos hace necesario dividir su análisis en dos artículos. En la presente pieza se pretende poner el foco en los antecedentes de la conocida como Primera Guerra del Congo (1996-1997), que llevó al derrocamiento del entonces presidente Mobutu Sese Seko.

En la segunda, se tratará la que fue bautizada com Guerra Mundial Africana por el gran número de países que participaron en ella, cuyas consecuencias son aún hoy visibles.

La riqueza en recursos minerales como los diamantes, el uranio o el coltán ha sido a la vez la maldición de este país africano, cuya población fue brutalmente explotada durante años por Leopoldo II, quien lo consideraba su coto privado. Su cesión a Bélgica en 1909 y la constitución del Congo Belga no cambió en demasía la situación.

Tras la independencia y el breve periodo de gobierno de Patrice Lumumba, fue esta vez un congoleño, Mobutu Sese Seko, quien se encargó de diezmar la sociedad haciendo imposible diferenciar su economía privada de la estatal.

El despotismo y la corrupción del clan de Mobutu, la crisis de refugiados ocasionada por el genocidio de Ruanda y el interés de las grandes potencias mundiales de seguir controlando los recursos del entonces conocido como Zaire están sin duda en el origen de esta catástrofe humanitaria.

Mobutu, aliado contra el comunismo

Joseph Désiré Mobutu se hizo con el poder del Congo tras los cinco turbulentos años que siguieron a su independencia. El hasta entonces colaborador de Patrice Lumumba se convertía así en uno de sus verdugos y ponía fin a su breve gobierno con la ayuda de los servicios secretos de Bélgica y de Estados Unidos.

Lumumba había destacado por un fuerte discurso anticolonial y panafricanista, y no era visto con buenos ojos por las grandes potencias que lo percibían como el adalid soviético en África. Por ello, no dudaron en alentar la secesión de la rica región de Katanga y en planear su asesinato, mientras colocaban a Mobutu como contrapeso al comunismo en el continente.

Aunque durante cinco años se pretendió dar una imagen democrática conservando las figuras de presidente y primer ministro, fue en 1965 cuando se decidió a implantar una dura autocracia que duró prácticamente hasta el estallido de la guerra. Tras cambiar el nombre del país a Zaire, la actividad política de partidos y sindicatos fue prohibida, centralizando el poder en su propia persona y en el Movimiento Revolucionario Popular.

La represión a la disidencia y la corrupción institucionalizada –su fortuna personal llegó a superar la deuda externa del país– eran considerados males menores para los países occidentales en el contexto de la Guerra Fría, ya que no estaban dispuestos a perder su influencia en un territorio con tan rico subsuelo.

Pero, ya desde su llegada al poder, Mobutu tuvo que enfrentarse a diversos movimientos de resistencia que llegaron a tomar el control de bastas zonas del este del país. Aquí emerge la figura del que será su rival en la Primera Guerra del Congo: Laurent Désiré Kabila.

Para ampliar: De la secesión a la insurgencia: la larga crisis de Katanga

De tendencia maoísta y autodeclarado heredero de la ideología de Lumumba, fundó en 1967 el Partido Revolucionario del Pueblo, cuyas Fuerzas Armadas Populares llegaron a contar con 3.000 combatientes.

Desde las selvas de Kivu y Shaba, en la actualidad Katanga, combatió con firmeza al régimen de Mobutu, financiándose con la extracción de minerales en las zonas bajo su control. En la insurrección contó con la ayuda de Cuba, quien envió un regimiento de 200 hombres liderados por el Che Guevara.

Durante casi 30 años, Zaire fue utilizado como plataforma de intervención en todo el África meridional y central, dirigiéndose desde allí operaciones encubiertas en terceros países a cambio de soporte político. Entre otros grupos, Mobutu acogió y armó a la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), un movimiento contrario al régimen marxista de este país al que los Estados Unidos pusieron mucho interés en derrocar.

Sin embargo, con la caída de la Unión Soviética, Zaire perdió importancia estratégica para las grandes potencias y, poco a poco, fue disminuyendo el apoyo político y económico que recibía.

La pérdida de soporte occidental y una fuerte crisis económica obligaron al gobierno a una apertura política –con la convocatoria de una Conferencia Nacional Democrática como modelo de transición– y al nombramiento del opositor Etiene Tshisekedi como primer ministro. No obstante, el incumplimiento de los acuerdos y la turbulenta situación en las vecinas Ruanda y Burundi dieron la definitiva puntilla al ya caduco mandato de Mobutu.

Genocidio y crisis de refugiados

Fue en 1994 cuando las tensiones étnicas acumuladas desde el periodo colonial estallaron en la región de los Grandes Lagos. La etnia hutu, con un porcentaje de población superior al 80% tanto en Ruanda como en Burundi, fue discriminada por las potencias colonizadoras –primero Alemania y luego Bélgica– en favor de la más minoritaria etnia tutsi.

A ello hay que sumarle los miles de desplazados tutsis exiliados en Uganda tras la independencia de Ruanda y la consecución del poder por los hutus. Estos colaboraron de forma crucial en la guerrilla liderada por Yoweri Museveni, que tomaría el control del país en 1985, y tras esto muchos de ellos pasarían a formar parte de las Fuerzas Armadas y de otros órganos del nuevo gobierno ugandés. Entre ellos destaca la figura de Paul Kagame, actual presidente de Ruanda.

Por su parte, en Zaire convivían en ese momento los conocidos como banyamulengues y bañaruandeses, en su gran mayoría trasladados a principios de siglo desde Ruanda para ser usados como mano de obra en las minas de la región oriental. Los primeros son tutsis residentes en Kivu del Norte, mientras los segundos son tanto hutus como tutsis que durante generaciones han vivido en Kivu del Sur.

Un decreto de Mobutu en 1981 que negaba a ambos la nacionalidad y la propiedad de las tierras donde vivían y trabajaban encendió la mecha de numerosos conflictos con el resto de grupos étnicos presentes en la región.

La amenaza del gobernador de Kivu del Sur de exterminar a todos los banyamulengues que permanecieran en la región en el término de una semana desencadenó en una violenta represión hacia este grupo, que culminó en el levantamiento con el que se inició la guerra.

Bernardo de Lippe-Biesterfeld con Mobutu Sese Seko, en 1973.
Bernardo de Lippe-Biesterfeld con Mobutu Sese Seko, en 1973. Fuente: Rob Mieremet - Anefo

Pero fue en Ruanda donde se produjeron los mayores conatos de violencia en los que se enfrentaron ambos grupos étnicos. El 6 de abril de 1994 murieron en un atentado contra el avión en el que viajaban el presidente ruandés Juvénal Habyarimana y el presidente burundés Cyprien Ntyaramina, ambos de etnia hutu. La responsabilidad del ataque aún sigue sin confirmarse.

La teoría más aceptada es que fue perpetrada por el Frente Patriótico Ruandés (FPR), fundado pocos años antes en Uganda por tutsis exiliados, aunque también pudo ser realizado por hutus radicales que se oponían a las políticas conciliatorias que llevaban a cabo ambos presidentes.

Sea como fuere, el atentado dio paso a la toma del poder por los radicales hutus y la subsiguiente masacre de centeneras de miles de tutsis y hutus moderados en lo que casi nadie duda en llamar como genocidio.

Se calcula que fue asesinada más de un 70% de la población tutsi de Ruanda. La violencia fue liderada fervientemente por el grupo paramilitar conocido como Interahamwe, pero esta fue generalizada en todos los rincones del país. La respuesta del FPR fue la invasión de Ruanda y la toma de su capital en el mes de junio, causando por el camino numerosas atrocidades.

La consecuencia directa para Zaire fue la llegada masiva de refugiados a la región de Kivu, contándose entre ellos los restos del ejército y de la milicia Interahamwe derrotados por la ofensiva tutsi, instalándose en campos improvisados que llegaron a acoger a más de un millón de hutus. Esto creó el caldo de cultivo perfecto para los enfrentamientos en una región ya de por sí con una muy frágil estabilidad social.

Gran alianza contra Mobutu

El decreto de expulsión de los banyamulengues encendió la insurrección en todo el este del país. Estos decidieron unirse junto al resto de la oposición al régimen de Mobutu en la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (AFDL), lideradas por el líder guerrillero Laurent Désiré Kabila.

Esta estaba formada por una fuerza muy heterogénea de fuerzas que incluía desde un partido de orientación marxista como el Partido Revolucionario del Pueblo a grupos independentistas de Katanga, pasando irremediablemente por banyamulengues y bañaruandeses. La coalición decidió iniciar una ofensiva que en nueve meses conseguía tomar todo el país.

La AFDL contó desde un primer momento con el apoyo de las vecinas Ruanda y Uganda. Para la Ruanda de Kagame, su intervención en el conflicto respondía a la necesidad de acabar con la resistencia de las milicias Interahamwe, que seguían actuando desde los campos de refugiados del Zaire contra los tutsis ruandeses y zaireños.

Para el líder ugandés Museveni, la contienda se erigía en la oportunidad de acabar con los numerosos grupos rebeldes como el Ejército de Resistencia del Señor, que tenían su base en Zaire y que combatían desde allí contra su régimen.

Para ambos, su intervención en el conflicto era idónea para asegurarse el control de las minas del este del Zaire, así como para ganar influencia política en la región. Por otro lado, Angola vio en la guerra la ocasión de acabar con los santuarios de la UNITA hasta entonces protegidos por Mobutu.

Para ampliar: La Segunda Guerra del Congo: genocidio, minerales y magnicidio

Pero también las grandes potencias internacionales jugaron su papel en el conflicto, especialmente Francia y Estados Unidos. París había sido tradicionalmente aliado de los hutus tanto en Ruanda como en el Congo, llegándose incluso a especular con su contribución al genocidio. Durante la guerra, ejerció de aliado de Mobutu en las diversas conferencias internacionales que se celebraron.

Estados Unidos, sin embargo, era el fiel aliado de Paul Kagame, que había recibido instrucción militar por el Pentágono. Las desavenencias entre ambas potencias fueron la causa de que las Naciones Unidas fuese incapaz de ponerse de acuerdo en el envío de una misión humanitaria.

El desgobierno de las regiones orientales donde milicias, líderes tribales y compañías internacionales controlaban las minas a su antojo allanaron el camino para pasar muy pronto a estar bajo el control de Kabila.

Este financió la guerra gracias a las concesiones que hizo tanto a compañías extranjeras como a los gobiernos de Uganda y Ruanda, mientras grandes empresas como American Mineral Fields no dudaron en ofrecer su apoyo a los rebeldes a cambio de licencias de extracción que les dejaran bien colocados al finalizar el conflicto.

A pesar de contar al principio con una débil organización, la AFDL de Kabila ganó pronto el apoyo de parte de la población prometiéndole a cada colectivo lo que quería. Con un ideario político escaso y una dirección de carácter personalista, sus objetivos iniciales se limitaron a intentar conseguir el respaldo social con unas ideas de mínimos que pudieran aglutinar la oposición al régimen, así como a obtener el control de la explotación de recursos que le permitiera financiarse.

Kabila toma el poder

Las principales urbes orientales del país cayeron ya en los dos primeros meses de contienda, incluida la importante ciudad de Goma con la ayuda de tropas ugandesas. A pesar de la feroz resistencia de las milicias hutus desde los campos de refugiados, estos fueron tomadas por los rebeldes, provocando un éxodo masivo con miles de refugiados retornando a Ruanda.

Las imágenes de estos refugiados dieron la vuelta al mundo y plantearon a la comunidad internacional la necesidad de intervenir. Sin embargo, mientras países como Francia o Bélgica la apoyaban, otros como Estados Unidos no la creían necesaria, centrándose el debate en la negativa de Ruanda a que en ella participaran tropas francesas. A pesar del fracaso, París instaló fuerzas militares en el vecino Brazzaville como “precaución”.

Con un ejército mal pagado y desorganizado, las deserciones en las Fuerzas Armadas fueron una constante. La única fuerza bien equipada era la División Especial Presidencial, una fuerza de élite encargada de la seguridad de Mobutu, y los mercenarios.

Sin embargo, con la pérdida del control de las minas, los recursos con los que pagarles se hicieron insuficientes. Por si fuera poco, las destrucciones y saqueos del ejército en retirada hicieron aumentar aún más el apoyo popular a la rebelión, mientras los diputados antes fieles a Mobutu abandonaban su grupo en el parlamento.

Mapa de la República Democrática del Congo con las zonas de mayor conflicto y los principales yacimientos mineros.
Mapa de la República Democrática del Congo con las zonas de mayor conflicto y los principales yacimientos mineros. Fuente: www.politicainternacional.es

Con casi todo el país en manos rebeldes y con Mobutu en París tratándose de un cáncer, el avance de Kabila era ya imparable. Los intentos negociadores de Naciones Unidos no tuvieron éxito, pero consiguieron que Mobutu aceptara a Tshisekedi como primer ministro y la formación de un gobierno con miembros de la AFDL. Pero el rechazo de esta hizo continuar la ofensiva hasta prácticamente la capital.

El abandono por la comunidad internacional, incluida Francia que pedía su dimisión, y una huelga general que paralizó Kinsasa durante tres días obligaron a Mobutu a asistir a las negociaciones auspiciadas por el presidente sudafricano Nelson Mandela.

A pesar de ello, Kabila siguió su avance y, el 17 de mayo, tomó la capital del país, obligando a Mobutu y a su familia a huir precipitadamente a Togo y, posteriormente, a Marruecos, donde moriría cuatro meses después. Poco antes, Kabila ya se había autoproclamado jefe de Estado y unido en su persona los poderes judicial, militar y legislativo. Una de sus primeras medidas fue el cambio de nombre del país a la República Democrática del Congo.

La ONU y las principales potencias no tardaron en reconocer al nuevo régimen, que pronto demostró no diferenciarse en lo esencial al de Mobutu. Uno de los líderes africanos más longevos había sido derrotado en pocos meses, lanzando un serio aviso a otros gobernantes de la región.

No obstante, la imposibilidad de devolver todo lo prometido provocó la pérdida del apoyo de sus principales aliados, dando inicio a una guerra aún más sangrienta en la que participaron hasta diez países del continente: la conocida como Guerra Mundial Africana.

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