Guerra Mundial africana: conflictos cruzados de todo el continente en la República Democrática del Congo

Tropas de hasta nueve países y decenas de grupos armados participaron en mayor o menor medida en la que se dio en llamar como Guerra Mundial africana, probablemente el conflicto más sangriento tras la II Guerra Mundial. La denominación posterior como “guerra del coltán” deja bien claro los intereses de los diversos contendientes, en un país cuya abundante riqueza mineral provocó algunos de los mayores desmanes coloniales. Años después, el control sobre los recursos se encuentra en el centro de las dos guerras que asolaron el país a finales de siglo, y cuyas consecuencias son aún hoy muy visibles en la extrema inestabilidad del país.

La toma del poder por Laurent Désiré Kabila tras la Primera Guerra del Congo (1996-1997), y el derrocamiento del cleptócrata Mobutu Sesse Seko, fue posible gracias a la colaboración de países como Ruanda o Uganda, deseosos de acabar con las milicias hutu refugiadas en el Congo tras el Genocidio de Ruanda, y de hacerse con el control de las ricas minas del este del país. Pero Kabila resultó ser menos domable de lo que esperaban.

Para ampliar: Primera Guerra del Congo: el fin del régimen de Mobutu

Laurent Desiré Kabila juntos a sus tropas, entre las que se encontraban numerosos niños soldado.

Kabila expulsa las tropas extranjeras

Kabila, que durante casi tres décadas dirigió una insurgencia armada contra el gobierno de Kinshasha, consiguió tomar la capital en menos de siete meses tras iniciar una revuelta en el este, obligando al enfermo Mobutu a huir al exilio. La inestimable ayuda de sus aliados, principalmente los citados Ruanda y Uganda, y de las milicias banyamulengues (tutsis establecidos en el este del por entonces Zaire), fue crucial para su rápida expansión, pero sin duda no fue menos importante el hartazgo de la población hacia el régimen autoritario y corrupto de Mobutu.

El 29 de mayo de 1997, Kabila jura como presidente del país y se crea un Gobierno de Salvación Nacional donde se integrarán diversos representantes de la oposición a Mobutu. Sin embargo, una de sus primeras medidas fue decretar la prohibición de cualquier actividad por parte de partidos políticos, con el pretexto de consolidar “la reconstrucción política, económica y moral del país”.  Las ansias democráticas de parte de la población, pronto se verán frustradas por una feroz persecución de opositores. A su vez, se llevarán a cabo diversas matanzas contra los refugiados hutu, sin duda como contrapartida al apoyo bélico de sus aliados. Pese a todo ello, la decisión más significativa durante su primer periodo de gobierno, fue el cambio de nombre del país por el de la República Democrática del Congo (RDC).

En un intento de demostrar su independencia, Kabila iniciará en julio de 1998 la purga de todos los elementos tutsis de las recién creadas Fuerzas Armadas congoleñas, incluyendo al jefe del Estado Mayor, el ruandés James Kabare. Poco después decretaba la expulsión de todas las tropas extranjeras. Como era esperable, este acto provocó la ira de sus otros aliados, quienes apoyaron una insurrección de milicianos banyamulengues organizados en el Reagrupamiento Congoleño para la Democracia (RCD), que en cuestión de días se hacía con el control de la estratégica ciudad de Goma, de infraestructuras cruciales como la central hidroeléctrica que abastecía de energía a Kinshasha, y de diversas minas. Acompañados de soldados ugandeses y ruandeses, creían que la toma de la capital sería cuestión de meses.

Kabila solicita entonces el soporte militar de Zimbabue, Angola y Namibia, quienes se deciden al envío de tropas amparados en el beneplácito de la Comunidad de Desarrollo del África Austral, una alianza socioeconómica de la que la República Democrática del Congo formaba parte desde un año antes. A estas tropas se les unirán poco después combatientes de Chad y Sudán. Esta fuerza conjunta consiguió hacer retroceder el avance rebelde, que ya se encontraba en las inmediaciones de Kinshasha.

Mapa de las zonas de influencia durante la guerra. Fuente: Wikimedia Commons

Intereses internos y externos en el conflicto

La complejidad del conflicto y los números actores que participan hacen obligado realizar un breve repaso de parte de las fuerzas involucradas, lo que nos ayuda a entender por qué hablamos de una guerra mundial africana y por qué en ella fallecieron un número tan ingente de personas. Es importante señalar que no se trata de una guerra librada únicamente por ejércitos nacionales, sino que las decenas de milicias en ambos bandos fueron un factor fundamental.

Entre los aliados de Kabila, cuyo papel fue clave en el desbaratamiento de una toma rápida del país, se encuentran los ejércitos de Angola y Zimbabue. Ambos, lejos de ofrecer su ayuda de forma altruista, contaban con sus propios intereses. El gobierno angoleño de José Eduardo dos Santos se enfrentaba desde 1975 en una guerra civil a la guerrilla de UNITA, dirigida por Jonas Savimbi. Este grupo contaba con varias de sus bases en la RDC y se financiaba en parte con la extracción de diamantes en territorio congoleño. Por ello, la participación del ejército angoleño en la guerra del Congo se centró principalmente en el sur, donde combatió ferozmente a UNITA, quien, por otro lado, dio su apoyo a la coalición anti-Kabila.

Por su parte, Zimbabue, dirigido por Robert Mugabe y que participó en la guerra con hasta 12.000 combatientes y diversos aviones, fue quizás el más ferviente partidario de Kabila. Las razones de su entrada en la guerra fueron especialmente económicas, pues Mugabe y las empresas de su familia habían firmado un gran número de acuerdos para la extracción de minerales. A su vez, era un modo de recuperar su influencia en la región, muy desgastada por la aparición de líderes fuertes como Mandela o Museveni. Aunque con menor implicación, los intereses de Namibia también pasaban por el mantenimiento de los contratos mineros de su presidente, Sam Nujoma, a la vez que UNITA combatía junto al Ejército de Liberación de Caprivi por la secesión de este territorio.

De menor relevancia fueron las intervenciones de Sudán y Chad. El primero mantenía un enfrentamiento abierto con la Uganda de Museveni por el apoyo de este al Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA). Como contrapeso, Sudán apoyaba a diversos grupos que combatían al gobierno ugandés y que operaban desde el Congo, como el Ejército de Resistencia del Señor (LRA) o las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF). El apoyo de Chad consistió en el envío de 2.000 soldados y se debió a la presión de Francia, que intentaba recuperar su influencia en la región. Cabe señalar también la intervención de la Libia de Muammar al-Gadafi, aunque esta se limitó al transporte de las fuerzas chadianas.

Entre las milicias que combatieron del lado de Kabila destaca especialmente la organización paramilitar conocida como Interhamwe, compuesta por combatientes hutu y cuyo objetivo era derrocar al Frente Patriótico Ruandés, que dirigía el país tras el genocidio. Por último, cabe destacar a las milicias Mai-Mai, un grupo heterogéneo de grupos que nacen con el propósito de defender a las comunidades locales, y que actúan principalmente en las áreas ocupadas por fuerzas ugandesas y ruandesas. Estas milicias serán acusadas en diversas ocasiones de cometer algunas de las mayores masacres cometidas durante el conflicto.

Kabila junto al presidente de Zimbabue Robert Mugabe.

Como ya se ha señalado, los mayores enemigos de Kabila fueron los gobiernos del ugandés Museveni y del ruandés de Paul Kagame, a los que habría que añadir a Burundi. Este último, participó en la guerra de forma más discreta y su intervención se limitó al territorio fronterizo donde milicias hutu actuaban para derrocar al gobierno tutsi burundés. La participación de Ruanda responde principalmente a las dinámicas creadas tras el genocidio de Ruanda, en el que miles de tutsis fueron asesinados. El posterior control del país por la fuerza tutsi liderada por Kagame, el Frente Patriótico Ruandés, obligó a la huida de miles de refugiados hutus a la RDC, desde donde diversas milicias atacaban a su país de origen. Tras la expulsión de los soldados ruandeses, este gobierno vio peligrar su lucha contra estos grupos armados, así como el control de los recursos de la rica región de Kivu. Junto a Uganda, participó en la creación de la RCD, y, entre otras acciones, tuvo un papel importante en la toma de la base aérea de Kitona, abriendo un frente en el oeste des del que se amenazaba seriamente la capital del país.

Uganda, por su parte, tenía su mayor interés en combatir los grupos insurgentes que actuaban desde el Congo, principalmente LRA y ADF. Museveni se había convertido además en el referente de líder para muchos autócratas africanos y necesitaba contrarrestar su dañada imagen tras la expulsión de sus soldados. A pesar de su buena relación histórica con Kagame, este llegó a ser el jefe de inteligencia ugandés, pronto aparecieron desavenencias entre ambos, y Museveni optó por afianzar su control en el norte, donde creó la provincia de Ituri. Apoyó la creación del Movimiento para la Liberación del Congo (MLC), que defendería los intereses ugandeses en el conflicto. Este grupo aprovechará el soporte ofrecido por Uganda para llevar a cabo posteriormente una limpieza étnica contra el pueblo pigmeo de los Bambuti.

A todos estos grupos habría que sumar también a diversas milicias locales opositoras al gobierno de Kabila, así como guerrillas como UNITA o EL SPLA, que tenían en la guerra congoleña la oportunidad de combatir a sus respectivos países. Lo que queda claro de la existencia de todos estos actores es la relevancia del conflicto en la dinámica global de todo el continente, trasladando buena parte de sus enfrentamientos internos a la recién creada República Democrática del Congo.

La muerte de Kabila y el camino hacia una relativa paz

Cuando en julio de 1999 se firman los acuerdos de Lusaka tras varios intentos infructuosos de alto el fuego, el país se encuentra dividido en tres. La parte occidental sigue en manos del gobierno central, ejércitos aliados y milicias progubernamentales, y el este del país se encuentra bajo el control de Uganda y sus milicias afines en el norte, y de Ruanda y la RCD en el sur. Las negociaciones de Lusaka establecían el fin de la actividad bélica, el desarme progresivo de los distintos actores y el establecimiento de una fuerza de pacificación de Naciones Unidas, la MONUC. Sin embargo, pocos meses después, se reanudaban los combates.

Presidente de la RDC hasta 2009, Joseph Kabila se reúne con el presidente de Uganda, Yoweri Museveni y el de Ruanda, Paul Kagame.

A Lusaka, la coalición anti-Kabila llega profundamente dividida entre las facciones apoyadas por Uganda y aquellas favorecidas por Ruanda. La escisión del RCD derivará en la creación del RCD-Movimiento de Liberación dirigido por Ernest Wamba día Wamba y de esta, bajo el auspicio de Uganda, se creará el MLC. El enfrentamiento entre todos ellos complicó aún más el conflicto, dándose entonces lo que se ha conocido como “guerra dentro de la guerra”. Las tensiones derivaron en un enfrentamiento abierto, centrándose los combates en el control de la ciudad de Kinsagani. A su vez, la afluencia masiva de armamento exacerbó un conflicto ya abierto anteriormente en la región de Ituri, aflorando de nuevo los enfrentamientos históricos entre la etnia agricultora lendu y la ganadera hema, cuyos enfrentamientos causarán la muerte de 60.000 personas.

El despliegue de hasta 5.500 cascos azules de la ONU y los esfuerzos diplomáticos no consiguieron atenuar el conflicto, agravado ahora por las desavenencias entre Uganda y Ruanda que serían aprovechadas por Kabila para lanzar, sin éxito, una brutal ofensiva hacia el este. En este contexto, el 16 de enero de 2001, Kabila es asesinado en el Palacio Presidencial tras un tiroteo. Las circunstancias de su muerte siguen sin ser conocidas a día de hoy, barajándose diversas teorías como el descontento de diversos estamentos militares, de un complot de Angola descontenta de la lucha de Kabila con UNITA o de una conflagración conjunta de diversos actores hartos de la actitud de Kabila, decidido a ganar la guerra únicamente en el terreno militar.

Sea como fuere, en pocos días, su hijo Joseph Kabila asumió el mando del país y demostró muy pronto estar mucho más dispuesto al diálogo que su padre. Viajó a París y Washington, donde, en sus reuniones con el presidente francés Jacques Chirac y el secretario de Estado Collin Powell, mostró su disposición a una salida negociada al conflicto. Estas conversaciones derivaron en un desmantelamiento parcial de los contingentes de tropas ruandesas y ugandesas, que, sin embargo, continuarían actuando en el país a través de sus milicias afines.

A pesar de que los enfrentamientos continuaban, en los siguientes meses fueron sucediéndose las negociaciones. En julio de 2002 se firmaban unos acuerdos en Pretoria (Sudáfrica) con el gobierno ruandés por los que las tropas de este país debían abandonar la RDC, y las milicias Interhamwe ser desarmadas. En septiembre, las negociaciones con Uganda llegarían a conclusiones similares. Quedaría, sin embargo, la resolución del conflicto interno, parcialmente resuelto con el Acuerdo Global e Inclusivo de Pretoria firmado por el gobierno, el MLC, representantes de la sociedad civil y de las milicias Mai-Mai el 17 de diciembre de 2002. Los acuerdos incluían el establecimiento de un gobierno de transición y la convocatoria de unas elecciones que serán postergadas en diversas ocasiones hasta 2006, así como el desarme de los distintos grupos, su renuncia a la lucha armada y su participación en los comicios.

Consecuencias desastrosas del conflicto

Las consecuencias de la guerra fueron extremadamente desastrosas para la población de la RDC, considerándose como uno de los peores conflictos del último siglo. Los diversos organismos y organizaciones de Derechos Humanos que han trabajado en el país ofrecen estimaciones de entre 5 y 7 millones de muertes, siendo aproximadamente medio millón las producidas en combate. La hambruna, las enfermedades prevenibles o la destrucción de infraestructuras causaron un ingente número de muertes, a lo que habría que sumar cifras millonarias de desplazados internos y externos.

Soldados de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC) en Butembo, al norte de Kivu. Fuente: John Wessels / AFP

La brutalidad y falta de escrúpulos de los distintos contendientes han sido denunciados en diversas ocasiones por las Naciones Unidas, que ha mostrado su preocupación por las atrocidades cometidas y la pretensión de causar terror entre la población. Se estima que hasta un millón de mujeres fueron violadas, frecuentemente en grupo, esclavizadas y torturadas, considerando la violencia sexual como endémica al conflicto y la causa de una grave expansión del SIDA en todo el país. No menos grave fue el frecuente uso de niños soldado, creando fuertes traumas presentes hoy en buena parte de la población del país.

A pesar de los acuerdos, la paz es, todavía hoy, una quimera para la República Democrática del Congo. El enorme flujo de armamento durante la guerra y la riqueza de la región oriental provocaron la proliferación de grupos armados que no parecen dispuestos a renunciar a las millonarias ganancias del comercio de materias como el coltán o los diamantes. Además, la inestabilidad de la zona, ha sido el caldo de cultivo perfecto para la penetración de grupos de ideología yihadista como las Fuerzas Democráticas Aliadas, que actúan tanto en la RDC como en Uganda, y contras quienes Museveni lanzó recientemente una ofensiva en territorio congoleño. Otras como las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda no han cesado su actividad desde la guerra, y siguen combatiendo desde territorio congoleño al gobierno de Kagame. En el sur, miembros de las milicias Mai-Mai, siguen luchando contra el gobierno central por la independencia de Katanga.

Se trata, por tanto, de un conflicto sumamente sangriento en el que confluyeron un gobierno autoritario, las ansias de países externos por controlar los recursos, las rencillas históricas de diversas etnias y los conflictos internos de diversos estados. Miles de combatientes participaron de una guerra en la que influyeron las dinámicas de todo el continente, y cuyos efectos han provocado la fuerte desestabilización de la República Democrática del Congo en la actualidad. Cabe señalar, además, que algunos de sus principales actores como Museveni en Uganda o Kagame en Ruanda siguen gobernando en sus respectivos países, y que muchas de sus milicias son aún visibles en el este del país, luchando por el control de los recursos que abastecen los países occidentales.


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