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El M-23 congoleño captura Goma con el apoyo de Ruanda

Soldados del ejército de la República Democrática del Congo entregan sus armas a la MONUSCO tras la ofensiva lanzada por el M-23 sobre Goma.
Soldados del ejército de la República Democrática del Congo entregan sus armas a la MONUSCO tras la ofensiva lanzada por el M-23 sobre Goma. Fuente: ejército uruguayo

El Movimiento 23 de marzo (M-23) asegura haber capturado Goma, capital de Kivu del Norte, tras haber lanzado una ofensiva relámpago de tres días. Si bien se siguen produciendo combates esporádicos, las pruebas gráficas respaldan que el grupo armado congoleño ha tomado la inmensa mayoría de la ciudad. Goma, principal urbe del este del país, se encuentra junto a la frontera con Ruanda. En este contexto, el gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) ha acusado a Kigali de armar y financiar al M-23, e incluso denuncia que tropas ruandesas han participado en los combates.

El M-23 cerca y conquista Goma

El M-23 lanzó una gran ofensiva contra los territorios aledaños a Goma el 24 de enero de 2025, cercando la ciudad un día después y dando un ultimátum de 48 horas a las Fuerzas Armadas Congoleñas (FARDC) para que entregaran las armas.

Tras tomar un importante almacén de armamento al norte de Goma y cerrarse el espacio aéreo, el M-23 inició una ofensiva total sobre la ciudad, que cayó en pocas horas. Numerosos soldados congoleños habrían optado por rendirse, entregando sus armas y protegiéndose en la base de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en la RDC (MONUSCO); otros muchos habrían cruzado la frontera hacia Ruanda, donde han sido desarmados y detenidos.

En los combates han fallecido un mínimo de 13 militares extranjeros, nueve de ellos sudafricanos y al menos un uruguayo. Estas tropas se encuentran en la República Democrática del Congo en el marco de dos operaciones distintas: la propia MONUSCO y la Misión de la Comunidad de África Meridional para el Desarrollo de la RDC, liderada por Sudáfrica y que opera en el país desde 2023. Cabe recordar que, aunque el presidente congoleño Félix Tshisekedi pidió la retirada de MONUSCO en 2023, esta se pospuso en julio de 2024 por la intensificación de las acciones armadas del M-23.

Para ampliar: Motivos y contexto de la retirada de la MONUSCO de República Democrática del Congo

“Un glorioso día que marca la liberación de la ciudad de Goma”, anunciaba la Alianza Río Congo en un comunicado en el que instaba a la población a mantener la calma y al personal de las FARDC a entregar a la MONUSCO todo su armamento. Esta coalición político-militar liderada por el M-23 fue fundada a finales de 2023 e incluye tanto a grupos armados como partidos políticos que tienen el objetivo compartido de derrocar a Tshisekedi.

El M-23, por su parte, surgió en 2012 como una escisión del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, un grupo armado que había firmado un acuerdo de paz con el gobierno de la República Democrática del Congo en 2009, tras el cual algunos de sus integrantes se incorporaron al ejército.

Compuesto principalmente por miembros de la comunidad tutsi, el M-23 consiguió capturar Goma en 2012, aunque fue recuperada por las FARDC diez días después. Con una fuerza estimada en unos 3.000 efectivos, el grupo intensificó su ofensiva contra el ejército congoleño en 2021, llevando a cabo frecuentes ataques y tomando un gran número de localidades y vías de comunicación clave hacia Goma. Para combatirlo, Kinsasa se ha apoyado en las conocidas como milicias Wazalendo, grupos de la sociedad civil creados para defender sus comunidades y que, a menudo, el gobierno utiliza como carne de cañón. 

Escalada entre RDC y Ruanda

Poco antes de la toma de Goma, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas celebró una reunión de emergencia en la que condenó las acciones del M-23 e instó al grupo armado a retirarse. Tras su inicio, los diplomáticos ruandeses optaron por abandonar el encuentro. “Se trata de un ataque frontal, de una declaración de guerra que ya no se esconde tras artificios diplomáticos”, denunció la ministra de Exteriores congoleña, Therese Kayikwamba, en referencia a Ruanda y a su repetida negación de estar dando apoyo al M-23. 

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, también señaló de forma explícita la participación ruandesa, exigiendo a las “Fuerzas de Defensa de Ruanda que cesen su apoyo al M-23 y se retiren del territorio congoleño”. Kigali, en cambio, ha echado balones fuera asegurando que las acusaciones “no aportan ninguna solución" y que los actuales acontecimientos suponen una “grave amenaza” para su “seguridad e integridad territorial que exigen una postura defensiva sostenida”.

Asimismo, Ruanda acusa al gobierno congoleño de dar apoyo a las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda, un grupo que opera en el este de la República Democrática del Congo. Kigali asegura que la milicia está formada por gran parte de los perpetradores del genocidio de 1994 y combatientes que lucharon contra Ruanda en la conocida como “Guerra Mundial Africana”.

Tampoco es ajeno al conflicto los intereses de Ruanda sobre los minerales congoleños. A pesar de no tener grandes reservas conocidas, el país africano se posiciona como uno de los mayores exportadores de materias primas como el coltán. Estos recursos fluyen desde las zonas controladas por los grupos armados apoyados por Kigali hacia su propio territorio.

En los últimos días, el gobierno congoleño ha anunciado la expulsión del embajador ruandés en Kinshasa y ha llamado a consultas a su embajador en Kigali, medida adoptada tras conocerse el asesinato del gobernador de Kivu del Norte por, según las FARDC, el disparo de un francotirador ruandés. Los actuales acontecimientos ocurren pocas semanas después del enésimo fracaso en las conversaciones de paz auspiciadas por Angola, frustradas por la negativa de Ruanda a participar, argumentando que la RDC debería negociar directamente con el M-23.

La caída de Goma suma un capítulo más a la catastrófica situación humanitaria que atraviesa la población del este de la República Democrática del Congo. Enormes columnas de personas están huyendo de la ciudad, siendo los territorios controlados por el M-23 y la frontera con Ruanda las únicas salidas. Naciones Unidas estima que unas 400.000 personas han abandonado sus hogares en los últimos días, muchas de ellas tras haber sido desplazadas en múltiples ocasiones. Mientras tanto, el riesgo de una nueva guerra regional en la región de los Grandes Lagos parece cada vez más inminente.

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