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Quién será el nuevo papa: la carrera tras la muerte de Francisco

Tras la muerte del papa Francisco, emerge la carrera por la sucesión en el Vaticano y por decidir quién será el nuevo papa.
Tras la muerte del papa Francisco, emerge la carrera por la sucesión en el Vaticano y por decidir quién será el nuevo papa. Fuente: Presidencia de la República Mexicana - bajo CC BY 2.0

La muerte del papa Francisco ha abierto una acelerada carrera por el poder político e ideológico en el seno de la Iglesia Católica. Jorge Mario Bergoglio, primer papa de formación jesuítica, primer sumo pontífice americano y, más ampliamente, el primero no europeo desde el siglo VIII, logró nombrar en vida a un porcentaje considerable –el 80%– de los cardenales que, tras su fallecimiento, deben elegir al próximo papa. 

Ahora, la Santa Sede inicia un procedimiento complejo y bastante opaco que consagrará el próximo mandato papal. Los cardenales menores de 80 años, 135 en total, están llamados a reunirse en la Capilla Sixtina para, en absoluta desconexión del resto del mundo, votar secretamente al nuevo jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano y, por extensión, el nuevo jefe político de la fe católica. Cuando alguno de los cardenales papables reciba dos tercios de los votos –en este caso son 90⎻, tendrá lugar la fumata blanca y la proclamación habitual: Habemus papam

Para ampliar: Muere el papa Francisco

En este sentido, varios nombres propios emergen como futuros papas. Aunque son veintidós los cardenales que emergen como verdaderamente papables, no todos tienen el mismo grado de favoritismo. Por supuesto, cada uno de ellos se ubica en un punto distinto en el espectro continuismo-ruptura en relación al papado de Francisco; varios de ellos constituirían un giro conservador en contraste con el período de Bergoglio, anómalamente aperturista.

A su vez, varios de estos cardenales fueron nombrados por el propio papa Francisco, si bien no todos ellos gozaban del mismo apoyo del pontífice argentino para una eventual sucesión, especialmente considerando la particular proyección internacional que Bergoglio imprimió a la máxima institución católica. La mitad de estos cardenales ⎻once de veintidós⎻ fueron nombrados directamente por Francisco; nueve los seleccionó Benedicto XVI y dos habían sido elegidos previamente por Juan Pablo II.

La carrera por convertirse en el nuevo papa

Diez de los principales papables provienen de países no europeos, a saber: el congoleño Fridolin Ambongo Besungu, el birmano Charles Maung Bo, el sudafricano Stephen Brislin, el estadounidense Raymond Leo Burke, el canadiense Marc Ouellet, el jerosolimitano Pierbattista Pizzaballa, el esrilanqués Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don, el guineano Robert Sarah, el uruguayo Daniel Fernando Sturla y el filipino Luis Antonio Gokim Tagle. 

Considerando el secretismo que rodea a la elección de cada papa y, en simultáneo, los complejos engranajes ideológicos y de disputa política que se mueven durante cada cónclave, es ampliamente difícil advertir favoritismos. En cualquier caso, sí es posible señalar grados de continuidad, observando el historial de cada uno de los cardenales papables en lo que respecta a asuntos en los que el papa Francisco se destacó, como la cuestión de la bendición de parejas homosexuales

En este sentido, uno de los nombres propios a tener en consideración es el del filipino Luis Antonio Tagle, de formación jesuítica. Si bien fue nombrado por el papa Benedicto XVI en 2012, su formación y sus posiciones hicieron que se ganara el apoyo del papa Francisco en vida. No obstante, quizá el principal contender al papado es el italiano Pietro Parolin, nombrado cardenal en 2014 por el propio Bergoglio.

Para ampliar: La política internacional de la Iglesia Católica

Parolin, defensor de varios de los principales giros impulsados durante el papado de Francisco, ha jugado un papel protagónico en la política internacional del Vaticano, específicamente con la República Popular de China y con Oriente Medio. De hecho, él mismo ha ejercido como jefe de la diplomacia de la Santa Sede, por lo que se le considera un perfil marcadamente oficialista y, en consecuencia, continuador de buena parte del gobierno de Bergoglio, de quien fue muy cercano desde el inicio de su papado. 

Otro italiano, Matteo Zuppi, constituiría también un enfoque continuista, de igual forma al portugués José Tolentino de Mendonça o, quizá, al maltés Mario Grech. En el otro lado del espectro, nombres particularmente conservadores han emergido tras la muerte del papa Francisco. Es el caso del húngaro Péter Erdó o del guineano Robert Sarah, ambos defensores de un giro notable hacia el conservadurismo y la “tradición” que rompa con buena parte de los cambios impulsados por Bergoglio.

Sea como fuere, la sucesión papal es siempre un procedimiento opaco, secreto y, hasta cierto punto, impredecible. Los nombres propios que irán destacándose en los prolegómenos del cónclave, así como durante el mismo, podrán cambiar con facilidad. Sin ir más lejos, la propia elección del argentino papa Francisco en marzo del 2013 fue una sorpresa para el mundo católico. 

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