
Desde hace varios meses la situación interna del gobierno de coalición alemán venía siendo tensa, al calor de las dificultades económicas que atraviesa el país y el malestar social. Las elecciones europeas fueron una primera señal de alarma y pusieron en evidencia hasta qué punto los partidos integrantes de la coalición semáforo sufrían un fuerte desgaste.
Una tendencia que se vio confirmada en los comicios que varias regiones del este de Alemania celebraron en el mes de septiembre, con socialdemócratas, verdes y liberales perdiendo un gran número de votos. Se hizo entonces evidente que el gobierno de coalición debía dar un golpe de timón si quería evitar una debacle electoral a nivel nacional, si bien cada socio tenía sus propias recetas.
Con esos nubarrones como telón de fondo, durante la última semana la situación ha dado un vuelco considerable. El 6 de noviembre, el canciller Olaf Scholz destituyó al ministro de Finanzas, Cristian Lindner, quien a la postre es líder del Partido Democrático Libre (FDP), de corte liberal. El motivo eran los desencuentros que ambos habían venido sosteniendo durante las últimas semanas, en especial sobre la cuestión de las finanzas y el rumbo que debía seguir el gabinete.
La gota que colmó el vaso habría sido que Lindner propuso elecciones anticipadas para paliar los problemas del Gobierno, algo que canciller rechazó categóricamente. No obstante, según otras versiones que han ido circulando, cuestiones como la política exterior –en especial Ucrania– habrían influido en este desenlace.
Sea como fuere, la crisis política estaba servida. Al día siguiente los restantes ministros del sector liberal abandonaron sus cargos y, de esta forma, el FDP salió del gobierno de coalición. Solo hubo una excepción: el ministro de Transportes, Volker Wissing, no dimitió y continuó en su cargo, al tiempo que abandonaba las filas liberales.
En todo este desaguisado, los verdes adoptaron un perfil bajo y la cabeza del sector ecologista en el gabinete, el vicecanciller Robert Habeck, se alineó públicamente con las tesis del canciller. En algo sí coinciden socialdemócratas y verdes: ninguno de los dos aspira a ir a unas elecciones adelantadas en las que podrían cosechar un duro varapalo. En ese contexto, los principales beneficiarios serían los partidos de la oposición.
Ganar tiempo y margen de maniobra ha sido una de las prioridades para los socialdemócratas y para Scholz, conscientes de su debilidad parlamentaria. Sin el FDP, la antigua mayoría que había disfrutado la coalición semáforo en el Bundestag se ha esfumado.
En un principio, Scholz anunció una moción de confianza en el parlamento para el próximo 15 de enero, con el fin de despejar la situación. Pero algunos partidos de la oposición, en particular la Unión Cristiano Demócrata (CDU), exigen mayor celeridad en los plazos e ir a elecciones a la mayor brevedad. Ahora se valora la posibilidad de que la moción de confianza sea antes de navidad.
Si el canciller logra salir victorioso de la votación, Scholz intentará aguantar el máximo tiempo posible. Cabe recordar que, en caso de agotarse la legislatura, las elecciones generales deberían celebrarse hacia finales de septiembre de 2025. Ello daría un margen de tiempo al gabinete de Scholz. Y no es para menos, dado que el gobierno tiene varios proyectos pendientes de aprobar en el parlamento.
Sin embargo, en caso de que la moción de confianza fracase, los comicios podrían acabar celebrándose en el primer trimestre de 2025. El líder de la oposición, Friedrich Merz, ya ha dejado claro que no está dispuesto a facilitarle ningún balón de oxígeno al gobierno.
Ya se están empezando a hacer quinielas sobre quién compondrá el gobierno alemán que salga de las próximas elecciones generales. La CDU parece estar llamada a liderar el gabinete, con Friedrich Merz como posible canciller. No obstante, las encuestas no le dan una mayoría absoluta y deberá pactar con otras fuerzas.
La posibilidad de reeditar una gran coalición está sobre la mesa, aunque hay muchas reticencias a esa idea por el mal recuerdo que generan las experiencias de la era Merkel. No es descartable un pacto con los verdes, si bien hay un sector dentro de los conservadores que rechaza con vehemencia esta posibilidad. Menos probabilidades parece haber de que Alternativa por Alemania (AfD) acabe pactando con la CDU, algo que el propio Merz ha rechazado numerosas veces.
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