
El pasado 5 de octubre se celebró en Riad una reunión de emergencia entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, los tres miembros del reciente Pacto de La Meca, para abordar el deterioro de la situación en Yemen y las amenazas que plantea para la seguridad de la monarquía del golfo Pérsico.
Los tres países acordaron avanzar de forma inmediata hacia la aplicación práctica de sus compromisos de defensa colectiva, proporcionar las fuerzas y capacidades militares previamente pactadas y facilitar su rápido despliegue en el reino.
La cumbre de Riad llega tras semanas de ataques de Ansar Alá contra territorio saudí y de una nueva escalada de los combates en Yemen. Durante la ofensiva hutí de septiembre, Turquía y Pakistán habían evitado comprometerse con una intervención directa. Arabia Saudí, por su parte, trataba de contener la crisis sin regresar a una guerra prolongada como la librada entre 2015 y 2022.
Desde entonces, los hutíes han intensificado sus ataques contra el reino y la presión sobre Bab el Mandeb, mientras las fuerzas del Gobierno de Adén, respaldadas por Riad, han lanzado una nueva ofensiva para recuperar las posiciones perdidas.
Firmado el pasado 7 de agosto, el Pacto de La Meca estableció un compromiso de defensa colectiva basado en que una agresión contra uno de sus miembros sería considerada una agresión contra todos.
El deterioro de la situación en Yemen se ha convertido, tan solo dos meses después, en una primera prueba de campo para la alianza que obliga a los tres socios a concretar hasta dónde llega su compromiso de defensa colectiva.
El Pacto de la Meca, a prueba en Yemen
Para Pakistán, mantener una presencia militar en Arabia Saudí no es algo nuevo. El portavoz de las Fuerzas Armadas, Ahmed Sharif Chaudhry, recordaba el 7 de octubre que el país mantiene efectivos en el reino desde hace décadas y que actualmente operan allí en distintos ámbitos.
Islamabad ha desarrollado una relación militar estrecha con Riad, por lo que la activación del nuevo pacto puede apoyarse en capacidades que ya estaban desplegadas sobre el terreno. Pakistán ha señalado además que sus fuerzas desempeñan por ahora funciones de apoyo y no participan directamente en los combates contra Ansar Alá.
Turquía parte de una situación diferente. Aunque las relaciones con Arabia Saudí se habían estrechado en los últimos años, especialmente en materia de industria de defensa, la incorporación de Ankara a un compromiso de defensa colectiva con Riad es mucho más reciente. Actualmente, Turquía presenta su apoyo como “de carácter técnico y defensivo” e incluye material militar, inteligencia, apoyo logístico y operadores de drones.
Al no haber sido todavía ratificado el Pacto de La Meca por el Parlamento turco, estas contribuciones se están canalizando fundamentalmente mediante la cooperación bilateral con Arabia Saudí y no constituyen todavía un despliegue formal de fuerzas turcas bajo la alianza.
Ese marco podría cambiar en los próximos días. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) ha anunciado que espera remitir el acuerdo al Parlamento para su ratificación de forma inminente. Las autoridades turcas han señalado que, una vez completado el proceso, podrán ampliar tanto el volumen como la naturaleza del apoyo prestado a Arabia Saudí.

La implicación de Turquía y Pakistán no supone por ahora una intervención directa de ambos en Yemen. El apoyo conocido se concentra en reforzar la defensa de Arabia Saudí y proporcionar capacidades a sus Fuerzas Armadas, mientras son los saudíes y las tropas del Gobierno de Adén quienes continúan combatiendo directamente contra Ansar Alá.
Ankara e Islamabad pueden así responder a sus compromisos de defensa colectiva sin incorporarse a las operaciones terrestres dentro del país. Sin embargo, el riesgo de que estos países se vean arrastrados a una escalada mayor es significativo.
Los ataques contra los aeropuertos saudíes de Riad y Abha registrados entre el 6 y el 7 de octubre causaron tres muertos y decenas de heridos, mientras los combates continúan alrededor de Bab el Mandeb y otros frentes de Yemen.
A medida que aumentan los ataques sobre territorio saudí, resulta más difícil separar la defensa del reino de las operaciones destinadas a reducir la capacidad de Ansar Alá para lanzar nuevas operaciones.
La implicación de Turquía y Pakistán se mantiene fuera de Yemen, al menos por el momento, pero la evolución de la guerra determinará si ambos países pueden mantener esa distancia o si la protección de Arabia Saudí termina traduciéndose en una participación más directa en el conflicto.
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