
Como ha sucedido con las revoluciones tecnológicas e industriales en épocas pasadas, la actual era de transiciones ecológicas y digitales está generando una creciente demanda de nuevas materias primas necesarias para impulsar las emergentes industrias. Dada su relevancia en las tecnologías y sectores económicos actuales, así como la concentración de sus yacimientos, producción y refinación en unos pocos países, los Estados occidentales han comenzado a denominar al petróleo de esta nueva economía como materias primas críticas (MPCs).
Estos materiales –como el litio de las baterías, las tierras raras de motores y generadores eléctricos, o el germanio y el galio de los microchips– son fundamentales para la producción industrial de los productos más avanzados tanto en el ámbito civil como militar. Sin embargo, los países occidentales, que buscan controlar estas industrias para mantener y fortalecer su ventaja económica y tecnológica, a menudo se encuentran con la falta de acceso a los depósitos de materias primas, o carecen de la tecnología y el know-how necesarios para extraer y procesar las MPCs.
Es China, su mayor rival geopolítico, quien domina la mayoría de cadenas de valor en este ámbito, desde la minería de MPCs, a su refinado y su transformación en el producto final. Por tanto, para Estados Unidos, la Unión Europea y otros socios como Japón o Australia, las MPCs no son solo una necesidad económica o tecnológica general, sino una faceta más de su pugna geopolítica con la potencia asiática.
En este contexto, el bloque occidental ha desarrollado una estrategia para promover su seguridad económica en este sector, aumentando su producción y procesado doméstico de MPCs. No obstante, tanto en Washington como en Bruselas son conscientes de que la lotería geológica apenas les ha brindado una pequeña fracción de los yacimientos de MPCs necesarios para impulsar toda su futura economía verde y digital. Por este motivo, están dirigiendo su atención hacia los países del Sur Global –aquellos en vías de desarrollo– en busca de nuevas fuentes de minerales críticos.
La importancia del Sur Global en las MPCs
Al igual que ocurre en la actualidad con el petróleo, la mayoría de los integrantes del bloque occidental carecen de reservas significativas de MPCs. Por ejemplo, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos, los países occidentales con recursos significativos de litio poseen aproximadamente el 29% del total a nivel mundial, pero más del 70% de este porcentaje se concentra únicamente en Australia y Estados Unidos. La situación es aún más desfavorable en el caso de las tierras raras ya que disponen menos del 7% de las reservas globales; Australia acapara el 48%.
En contraste, más del 50% de los recursos mundiales de litio se encuentran en el denominado Triángulo del Litio o ABC del Litio: Argentina, Bolivia y Chile. Respecto a las tierras raras, China lidera el ranking con el 34% de las reservas mundiales, seguida por Vietnam (17%), Brasil (16%) y Rusia (16%). Por tanto, estos países, junto con otros, captan la atención de un Occidente que busca asegurar sus futuros suministros de MPCs y competir con la potencia asiática.
Los principales países del Sur Global que albergan estas reservas se mueven para aprovechar el interés internacional en su propio beneficio. Este lucro puede manifestarse mediante el pago de derechos de explotación por parte de las compañías concesionarias –como recientemente lo hizo el gobierno de Laos al introducir nuevos aranceles del 10% a la exportación de tierras raras– o mediante acuerdos de transferencia tecnológica e industrial para fortalecer su economía a largo plazo, como es el caso de Mongolia al firmar un acuerdo con Corea del Sur.
Sin embargo, los países más ambiciosos buscarán utilizar sus recursos para desarrollar relaciones diplomáticas y geopolíticas con las potencias internacionales y extraer más concesiones. Un ejemplo es Vietnam, que posee las mayores reservas mundiales de tierras raras después de China. El gobierno vietnamita está capitalizando el interés occidental en estos recursos para obtener beneficios económicos y profundizar sus lazos diplomáticos, especialmente con Estados Unidos. La visita del presidente Joe Biden a Hanói en septiembre de 2023 se saldó con la elevación de Estados Unidos al mayor rango de importancia diplomática para Vietnam. Como parte de los acuerdos firmados, Washington se comprometió a ayudar en la catalogación de todos los recursos de tierras raras del país y atraer inversiones para su sector minero.
Vietnam aspira a convertirse en un aliado estratégico tanto de Estados Unidos como de otros países de Asia-Pacífico como Japón. Esta ambición forma parte de sus esfuerzos por encontrar contrapesos ante la enorme influencia de Pekín en la región y su creciente presión sobre las aguas en disputa en el mar del Sur de China. Con este propósito en mente, el reemplazo de China como la principal fuente de tierras raras para Occidente otorgaría a Vietnam un estatus estratégico especial ante los ojos de Washington. Esto se debe a que la protección del suministro vietnamita de tierras raras implicaría una mayor intervención de la potencia norteamericana en las dinámicas regionales.
Al otro lado del Pacífico, en Sudamérica, el litio es el recurso que atrae la atención de las potencias internacionales. La Comisión Europea, en el borrador de la Ley Europea de Materias Primas Críticas, incluye la diversificación de las fuentes de suministro como parte fundamental de su estrategia orientada a evitar una excesiva dependencia de China. Los países sudamericanos, con gobiernos mayoritariamente democráticos, fuertes lazos culturales con varios Estados miembro como España o Portugal y abundantes recursos minerales, son considerados ideales para alcanzar estos objetivos.
En particular, tanto Chile como la Unión Europea están profundizando su relación en distintos ámbitos, incluyendo el de las MPCs. Chile no sólo representa el 80% de las importaciones europeas de litio, también engloba un cuarto de la producción mundial de cobre, otra materia usada en grandes cantidades en vehículos eléctricos, turbinas eólicas o proyectos de electrificación.
La revisión del Acuerdo de Asociación UE-Chile incluye entre sus puntos más destacados el impulso a las industrias del litio y el cobre, al mismo tiempo que reduce las medidas proteccionistas que el gobierno chileno puede aplicar a las exportaciones dirigidas hacia Europa. Como contrapartida, Santiago busca inversiones en la minería y el refinado de litio y en su industria de hidrógeno renovable, una apuesta estratégica del país andino para aprovechar su enorme potencial en energía renovable. Este enfoque se alinea perfectamente con los planes europeos dado que Bruselas tiene la intención de importar la mitad de su hidrógeno renovable –10 millones de toneladas– para 2030.
Por otro lado, en Argentina, la inversión extranjera en litio está experimentando un notable incremento, y el gabinete del nuevo presidente Javier Milei tiene como objetivo potenciar las exportaciones mediante cambios legislativos. En este sentido, las ventas de litio al extranjero serán un aliado importante en los planes de Milei para dolarizar la economía argentina ya que proporcionarán un nuevo y creciente flujo de divisas a medida que tanto el precio del litio como el volumen de exportaciones aumentan.
En Bolivia, el tercer país del Triángulo del Litio, el gobierno de Luis Arce ha conseguido el compromiso de inversión de dos empresas chinas y una rusa para la extracción y refinación del litio. Todos los derechos de explotación del litio boliviano son de propiedad estatal, lo que implica que estas compañías extranjeras deben asociarse con una empresa pública para llevar a cabo sus inversiones. Este acuerdo no solo representa un avance en la estrategia de industrialización del país andino a través de sus recursos naturales, sino también una oportunidad para fortalecer los lazos con Pekín y Moscú. Cabe recordar que el Movimiento al Socialismo, en el poder, mantiene una postura en ocasiones contraria al bloque occidental, especialmente hacia Estados Unidos.
Tensiones geopolíticas y sociales
Esto último refleja el hecho de que no solo Occidente está saliendo de sus fronteras para asegurar mayores suministros de materias primas críticas. China, a pesar de dominar la cadena de valor de muchas MPCs –notablemente la de las tierras raras–, también ha comenzado en los últimos años a importar mineral sin refinar de otros países ya que su capacidad de refinado y procesado ha superado en muchos casos su capacidad de minería.
Las tierras raras es un caso paradigmático. China, primer productor mundial, ha aumentado enormemente sus importaciones de Myanmar, segundo mayor productor, con el objetivo de alimentar la creciente demanda de vehículos eléctricos y turbinas eólicas. Sin embargo, es especialmente significativo en la cadena de valor de las baterías, donde la potencia asiática es de lejos el mayor refinador de litio y fabricante de baterías, pero donde no tiene una posición comparable en reservas o producción de mineral de litio. En este escenario, las empresas chinas del sector han aumentado su adquisición de yacimientos de litio –y de otros MPCs del ámbito de las baterías, como el cobalto– en el Sur Global, como es el caso de Argentina. Con todas las grandes potencias lanzándose a adquirir los mismos recursos minerales y buscando conseguir un trato de favor para sus empresas, la posición negociadora del Sur Global se ve reforzada.
Por ejemplo, después de la visita de Joe Biden a Vietnam, funcionarios chinos también se acercaron al país para discutir varios asuntos, ofreciendo importantes inversiones en infraestructura a cambio de que Hanói acceda a exportar a China la mena de tierras raras que extraiga de las minas financiadas por Estados Unidos. A medida que crece el interés por los depósitos de MPCs en el Sur Global, también aumentarán las disputas entre las grandes potencias, no solo por los yacimientos en sí, sino también por las infraestructuras asociadas.
Sin embargo, este no es el único problema asociado a la nueva fiebre de oro por las MPCs. Los Estados más desarrollados, especialmente los occidentales, están buscando obtener nuevos recursos minerales en países en vías de desarrollo debido a la escasez de recursos internos, pero también como consecuencia de la oposición interna a la creciente minería verde.

Si las actividades mineras no se llevan a cabo bajo las regulaciones adecuadas, pueden resultar extremadamente contaminantes y tener efectos severos sobre las comunidades locales, muchas de las cuales miran con escepticismo las proclamas de sostenibilidad de las empresas extractoras. Por lo tanto, para los países desarrollados es más conveniente buscar la mayoría de sus materias primas en el extranjero, lo que les permite externalizar el costo medioambiental, social y político asociado.
En este contexto, las críticas contra este nuevo modelo extractivista se multiplican en todo el mundo. Desde el crecimiento de la oposición local a la minería por sus riesgos medioambientales, hasta casos de corrupción en la venta de minerales de tierras raras o redes de minería ilegal, las tensiones sociales y políticas solo irán en aumento en aquellos países donde esta nueva industria de la minería de MPCs más se está expandiendo. Ya sea en gobiernos autoritarios o democráticos, esta inestabilidad podría, eventualmente, eclipsar los beneficios derivados del incremento en la actividad extractiva.
El camino hacia un desarrollo sostenible de la nueva industria minera en el Sur Global debería abordar la preocupación por la contaminación y los vertidos ocasionados por la actividad minera, así como garantizar una mayor participación de las comunidades locales en los beneficios de sus recursos naturales. Esto implica, por ejemplo, ubicar las instalaciones de refinado de minerales y manufactura final cerca de las comunidades mineras, de manera que puedan beneficiarse de una mayor fracción del valor añadido del producto final, no limitándose únicamente a la actividad minera.
Sin embargo, con todas las grandes potencias buscando maximizar su capacidad de procesamiento de minerales y fabricación de productos como baterías e imanes permanentes, los países del Sur Global se enfrentan a una difícil negociación para asegurar una porción más significativa de los beneficios de estas nuevas industrias. Tendrán que hacer valer la importancia de sus recursos naturales, su posición geográfica y sus infraestructuras para lograrlo.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







