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Kosovo ante el espejo: de la independencia al proceso de adhesión a la Unión Europea

Albin Kurti, primer ministro de Kosovo, en una reunión con representantes de la Unión Europea.
Albin Kurti, primer ministro de Kosovo, en una reunión con representantes de la Unión Europea. Fuente: redes sociales de Kurti

El 17 de febrero de 2008 las calles de Pristina estaban abarrotadas de gente. La razón detrás de la algarabía local en aquel frío domingo tenía que ver con lo aprobado en la Asamblea de Kosovo ese mismo día. Tras casi una década con presencia de fuerzas militares, aquello era el final de un ciclo político y, al mismo tiempo, el inicio de uno nuevo. Con 109 votos a favor de 120 posibles, el parlamento declaró la independencia unilateral de Kosovo de la República de Serbia

El camino hasta llegar a ese punto es complicado de entender sin las elecciones que se habían producido apenas unos meses atrás. En ellas, el Partia Demokratike e Kosovës (PDK, Partido Democrático de Kosovo) emergió como el más votado, uniendo fuerzas con la Lidhja Demokratike e Kosovës (LDK, Liga Democrática de Kosovo) para formar gobierno. Ese acuerdo resultaría fundamental para completar un proceso iniciado a comienzos de la década de 1980 y que se encuadra dentro del contexto del proceso de disolución de Yugoslavia.

En efecto, la declaración unilateral de independencia supuso un punto de inflexión para Kosovo, pero no resolvió buena parte de los problemas que atravesaba. Tiempo después, Mitrovica, al norte, sigue afectado por una importante presencia del crimen organizado, según un informe publicado en 2021 por el Global Initiative Against Transnational Organized Crime. Un reporte que destacaba, además, un alto grado de corrupción política derivada del tráfico de diferentes materiales y sustancias. Por otro lado, los conflictos entre las comunidades albano-kosovar y serbias no cesaron, regresando de manera intermitente desde 2008, como, por ejemplo, el conflicto político derivado de las matrículas de coche que se desarrolló entre 2022 y 2024.

Kosovo experimentó una mejoría sustancial en los indicadores de bienestar durante los años posteriores a su independencia, mejorando la calidad y esperanza de vida, así como los ingresos. Pese a esto, la crisis sanitaria ha supuesto un importante freno en el avance de Kosovo del que todavía se está reponiendo.

El reconocimiento internacional de Kosovo

Desde su declaración de independencia, Kosovo ha experimentado diferentes fases. La primera marcada por una red de alianzas, las cuales se materializaron en una rápida y pronta aceptación por parte de otros países aliados. En el mes posterior, 28 Estados de las Naciones Unidas reconocieron a Kosovo, con Albania, Estados Unidos o Gran Bretaña como los actores más notables por su presencia internacional. Simultáneamente, otros como Rusia y China mostraron su rechazo y vetaron posteriormente su entrada en el organismo internacional, dejando a Kosovo en un impás

Para ampliar: El ultranacionalismo vuelve a Kosovo para quedarse

La segunda se produjo poco después de la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia que en 2010 estimó que la declaración de independencia era legal y, por tanto, las instituciones kosovares tenían jurisprudencia sobre el territorio, no dependiendo más de la República de Serbia. Eso incentivó a otros Estados a reconocer a Kosovo, siendo Israel el último en unirse a la lista en septiembre de 2020. Así hasta sumar un total de 104 apoyos en la ONU, incluyendo a 26 de los 31 miembros de la OTAN a fecha de febrero de 2023. 

Pese a la cifra, se ha producido un estancamiento en el reconocimiento de Kosovo, la cual responde a la tercera y actual fase. La razón de esto se encuentra en la presión que ha ejercido Serbia para frenar el apoyo internacional; el ejecutivo de Aleksandar Vučić ha seguido una estrategia basada en tejer alianzas con otros países para construir un muro que separe a Kosovo del resto del mundo. “Somos pequeños, pero tal como están las cosas en el mundo, hasta 106 países no reconocen la independencia de Kosovo. Nueve de ellos han retirado su reconocimiento: Somalia, Burkina Faso, Gabón, Esuatini, Libia, Guinea, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, Maldivas”, dijo el Presidente serbio en enero de 2023.

El siguiente paso para Kosovo tiene que ver con la aceptación de sus pasaportes, lo cual facilitará el movimiento de sus ciudadanos por el mundo y la disminución de los trámites burocráticos. Sin ir más lejos, a comienzos de 2024, se conoció de la mano del viceministro Besnik Bislimi que España iba a reconocer los documentos kosovares, marcando un punto de inflexión por la posición española con respecto al territorio balcánico.

Las relaciones con Serbia

Mientras en febrero de 2008 la alegría se extendía por Pristina, a cientos de kilómetros, en Belgrado, las emociones no podían ser más distintas. De los disturbios en la capital se pasó a la organización de una gran manifestación bajo el lema “Kosovo je srce Srbije”, una frase que se convirtió rápidamente en el lema de toda la cultura serbia, presente en eventos políticos, deportivos y culturales. Las relaciones entre las dos naciones han ido variando a lo largo de los años, aunque siempre con un marcado tono distante. No fue hasta el año 2011 cuando, por medio de la Unión Europea, se creó un marco de diálogo entre los dos gobiernos. A lo largo de ese tiempo se llegaron a acuerdos relativos a las fronteras, catastro, telecomunicaciones, normalización económica y de seguridad, aspectos claves para el funcionamiento institucional y ciudadano.

Uno de los principales puntos de conflicto ha sido la llamada Comunidad de Municipios Serbios (ZSO), con gran presencia en la zona norte, sur y sureste de Kosovo. Creada en 2008, desde 2013 ha sido uno de los puntos de fricción para los kosovares con la Unión Europea, ya que Bruselas estableció como condición para la adhesión que existiese una agrupación municipal que respondiese a los intereses de la minoría serbia. Algo que, a ojos de Pristina, entraba en contradicción con su propia Constitución. En 2021, Albin Kurti, primer ministro de Kosovo desde 2021, reafirmó la negativa a crear asociaciones basadas en el origen étnico. “Esto se hizo en Dayton, donde se construyó una institución que hoy se llama República Srpska y que está ahí para Belgrado y no para los serbios. Quieren lo mismo en Kosovo”, declaró.

Para ampliar: La última herida abierta entre Serbia y Kosovo: la Asociación de Municipios Serbios (AMS)

Para Serbia, la ZSO es el punto de partida del proceso de implementación, fundamental para el avance de las relaciones y negociaciones. Es importante mencionar el cambio que supuso el ascenso al poder de Kurti respecto de sus predecesores en el cargo. Su reafirmación en el puesto después de un breve lapso en el que el socio-liberal, Avdullah Hoti, dirigió Kosovo entre junio de 2020 y marzo del año siguiente, significó un giro notable de la política exterior y las relaciones con Serbia. Las medidas y dialéctica de Kurti han afectado notablemente a la clásica consonancia con Estados Unidos, la cual se vio alterada durante la administración Trump y que coincidió con la moción de censura al mencionado político albano-kosovar.

Pese a todo, en febrero de 2023, Kurti abrió la posibilidad de que la ZSO funcionase a pleno rendimiento a cambio del desbloqueo en el reconocimiento internacional de Kosovo, especialmente en el contexto de la Unión Europea. Algo que se materializó en un acuerdo de once puntos entre Kosovo y Serbia en el marco de las negociaciones bajo la supervisión de Bruselas para la mejora de las relaciones.

Como afirmó el balcanólogo Miguel Roán en 2023, las relaciones entre Belgrado y Pristina no tienen por qué derivar en un enfrentamiento armado, sino más bien un estado de tensión permanente “con picos de violencia”. No obstante, el experto también descarta la posibilidad de que Serbia reconozca la independencia de Kosovo, ya que “implicaría una reconfiguración constitucional y política con consecuencias regionales impredecibles”. Este es el gran escollo que deberán solventar en futuras negociaciones. 

La Unión Europea y el peso de Estados Unidos

“La Unión Europea es el futuro hogar de Serbia y Kosovo”, afirmó Josep Borrell después de la última reunión con ambas partes en Macedonia del Norte, una sentencia que deja clara la posición de la comunidad europea con respecto a dos zonas clave en los Balcanes. Bruselas ha sido, según un informe del Parlamento Europeo de 2019, el “mayor donante de ayuda a Kosovo con casi 650 millones de euros de financiación. Una gran parte, 237 millones de euros, se ha destinado a apoyar el Estado de derecho y otras reformas para preparar a Kosovo para una posible membresía”. 

El deseo de Bruselas es que Pristina sea un Estado miembro. No obstante, entre el deseo y el acto se interponen las relaciones de Serbia con el resto de países de la comunidad, lo cual ha ralentizado ese proceso de adhesión pese a la posición del gobierno kosovar. Esto se une al apoyo social a la entrada, con un 63% de la población favorable según un barómetro de 2023 de European Western Balkans.

Estatua de Bill Clinton en Pristina, Kosovo.
Estatua de Bill Clinton en Pristina, Kosovo. Fuente: Arian Selmani – bajo CC BY-SA 3.0 DEED

Por otro lado, el mayor aliado internacional de Kosovo ha sido, desde su independencia, Estados Unidos. Por ejemplo, durante el mencionado 17 de febrero de 2008 las banderas más abundantes en las calles eran la albanesa y la estadounidense. Así hasta erigir una estatua de Bill Clinton y dedicarle una calle en la capital kosovar. Sin embargo, al calor de la escalada de tensiones al norte y la ambivalente posición de Serbia con respecto a Rusia y China, las relaciones con Washington no pasan por su mejor momento. Este distanciamiento supuso un cambio crucial por parte de los estadounidenses, dificultando la entrada de Kosovo en el Consejo de Europa en 2023.

Además, la decisión del ejecutivo de Kurti de usar el euro como divisa principal, en detrimento del dinar serbio, le ha generado problemas con la potencia norteamericana. El 15 de febrero de 2024, el embajador estadounidense en Kosovo, Jeffrey Hovenier, declaró que “esta situación ya ha afectado la calidad de nuestra asociación entre nuestros dos gobiernos”. 

Para ampliar: Papel mojado serbo-kosovar

El ejecutivo de Kurti parece haber optado por maximizar sus opciones de entrada en la Unión Europea aun a riesgo de dañar sus relaciones con Estados Unidos, siguiendo la estrategia de confrontación con Belgrado que se ha dado desde 2021. Distintos episodios como la mencionada crisis de las matrículas y la crisis electoral de los municipios del norte de Kosovo de 2023 llevaron a una mayor tensión de Pristina con sus socios occidentales. Washington anunció la cancelación de la participación de Kosovo en los ejercicios Defender Europe 2023.

Sin embargo, la Unión Europea también reaccionó a la política de dureza kosovar en su región norte, de mayoría serbokosovar, aplicando “medidas” restrictivas a nivel diplomático, llamando a una reducción de la tensión y la “suspensión de las operaciones policiales en las proximidades de los edificios municipales en el norte de Kosovo”, bajo palabras del portavoz Peter Stano. Bruselas, asimismo, pidió nuevas elecciones locales con la participación de los serbios. La negativa de Pristina al desarrollo de la ZSO también ha supuesto un retraso notable en los pasos que habían acordado dar con Belgrado hacia la integración europea.

La situación parece haber llegado a un punto muerto en términos de negociación. Kosovo ha adoptado una postura que podría considerarse inflexible, mientras que Serbia camina entre Oriente y Occidente, pero está dando verdaderos pasos hacia la adhesión definitiva a la Unión Europea. 

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