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Kamala Harris en África: ¿construyendo la base de una nueva relación EE.UU.-África?

Kamala Harris en su visita a Ghana
Kamala Harris en su visita a Ghana. Fuente: Twitter oficial de Harris

La recién concluida gira africana de Kamala Harris se ha producido cuatro meses después de la cumbre EE.UU.-África celebrada en Washington y viene precedida de una sucesión de visitas de miembros de la administración Biden al continente. Tras años de abandono y la consecuente pérdida de influencia, el gobierno estadounidense parece dispuesto a reformular sus relaciones con África para recuperar un lugar ocupado férreamente por China. La ventana de oportunidad estaría en la crisis de la deuda que asfixia a las economías africanas, con un riesgo de impago avivado por la pandemia y la guerra de Ucrania.

Sin embargo, imponer la narrativa de la trampa de la deuda china parece una estrategia poco acertada ante un continente que quiere asociarse libremente con las potencias al otro lado del Atlántico y el Índico. Si la visita del secretario de Estado, Antony Blinken, a Etiopía y Níger estuvo marcada por cuestiones de seguridad, los temas económicos han dominado la agenda de la vicepresidenta Harris en su paso por tres países africanos cargados de un fuerte simbolismo. 

Ghana: salir de la crisis para recuperar el liderazgo

La otrora pujante economía que sirvió como referente del África subsahariana se encuentra sumida en una importante crisis. Ghana se ha visto en la necesidad de recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) en contra de los deseos del presidente ghanés Nana Akufo-Addo, quien prometió a su llegada al poder prosperar sin ayuda financiera internacional. La experiencia del país con los préstamos del FMI (van más de una quincena) no ha sido satisfactoria, con un mal recibimiento por parte de la sociedad ghanesa y sin grandes contribuciones al desarrollo económico y sostenible del país. 

En diciembre de 2022, mismo mes en el que Ghana entraba en suspensión de pagos de su deuda externa, se llegaba a un principio de acuerdo con el FMI de un programa de rescate financiero de 3.000 millones de dólares. Este tiene como objetivo restaurar la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad de la deuda, así como devolver al país a la senda de un crecimiento fuerte e inclusivo. El programa está condicionado a una importante reestructuración de la deuda del país. Tras un exitoso plan de canje de deuda interna, los obstáculos se encuentran ahora en una deuda externa marcada por un panorama de diversidad de acreedores. 

Kamala Harris ha anunciado el compromiso estadounidense con Ghana para implementar las medidas necesarias para obtener la ayuda del FMI, alentando la reducción de la deuda por parte de los acreedores bilaterales. Ghana debe al Club de París (grupo de acreedores que incluye a Estados Unidos y los principales países europeos) 1,9 mil millones de dólares, frente a los 1,7 mil millones que debe a su mayor prestamista bilateral, China. Esta es una oportunidad para que Washington se posicione como un socio más fiable en África, ya que las conversaciones para la reestructuración de la deuda con China se encuentran bloqueadas y están ralentizando las iniciativas de condonación a nivel global. 

La deuda de Ghana con otros países representa un porcentaje menor que la multilateral y especialmente que la privada, la cual concentra más del 60% del total. No obstante, hasta que no se logre reestructurar la deuda bilateral no comenzarán las negociaciones con los acreedores privados, que han sido advertidos de que sus pérdidas serán notablemente mayores. 

El gobierno del país africano ha tenido que tomar medidas impopulares como el aumento y creación de nuevos impuestos para poder afrontar las exigencias del FMI, ante una población ahogada por una inflación que supera el 50% y una constante depreciación del cedi (la moneda local). El descontento social junto a la creciente polarización en las instituciones políticas ghanesas supone un grave riesgo para la estabilidad política y democrática del país que preocupa a Estados Unidos. Durante su visita, la vicepresidenta Harris anunció numerosas inversiones, entre ellas 139 millones de dólares en un programa de desarrollo económico y cultural o mil millones para el fomento de la participación de la mujer en la economía

Son cifras todavía lejanas a las que ha inyectado China a la economía ghanesa durante los últimos años, con inversiones de hasta dos mil millones en grandes infraestructuras a cambio del acceso al 5% de las reservas de bauxita (mineral del que se obtiene aluminio). No es el único recurso importante con el que cuenta el país, en el que se hallan importantes reservas de oro y petróleo. 

Harris no ha dejado de lado las cuestiones de seguridad, aprovechando su paso por Accra para anunciar la inversión de más de 100 millones de dólares para prevenir conflictos y luchar contra la violencia extremista en África occidental. Pese a que la situación en Ghana es notablemente mejor que en el resto de la región, las regiones del norte fronterizas con Burkina Faso son un espacio de preocupación que Akufo-Addo comparte con la administración Biden. No solo han de hacer frente a la amenaza de los grupos yihadistas que operan en el Sahel, sino también a la incursión de Rusia (el otro gran rival de Estados Unidos en el continente) a través del Grupo Wagner. 

Tanzania: la foto de dos mujeres influyentes

Dar es-Salam, la capital comercial de Tanzania, dio la bienvenida a Harris en la segunda parada de su gira. Aquí tuvo lugar un simbólico encuentro entre la primera mujer en ocupar la vicepresidencia estadounidense y la primera mujer presidenta de Tanzania (la única jefa de Estado en el continente junto a la etíope Sahle-Work Zwede). 

Durante su estancia en Tanzania la agenda de la vicepresidenta se ha centrado en la defensa de la democracia y los derechos de las mujeres. Harris ha dado un claro espaldarazo a la gestión de la presidenta tanzana, Samia Suluhu, quien ha emprendido un sustancial proceso de aperturismo político y progreso democrático en el país. Tras la repentina muerte de John Magufuli en 2021 al poco de revalidar su mandato, la entonces vicepresidenta Suluhu asumió el poder dispuesta a revertir la deriva autocrática de su predecesor. 

El retorno de exiliados políticos, el aumento de la libertad de prensa o el fortalecimiento de las libertades civiles y políticas ha sido posible gracias a las reformas democráticas llevadas a cabo en los últimos dos años. Sin embargo, estos avances están generando tensiones entre la línea dura del Chama Cha Mapinduzi, partido de la presidenta. Es por ello que el apoyo mostrado por Harris al refuerzo democrático y el avance en derechos en Tanzania es un recurso simbólico de gran valor para Suluhu de cara a las elecciones de 2025, que puede conducir a un mayor estrechamiento de las relaciones entre ambos países en los próximos años. 

Harris aprovechó la ocasión para anunciar múltiples inversiones en el país, entre ellas mil millones de dólares en un programa de asistencia para el crecimiento en materia económica, salud, educación, democracia y gobernabilidad. Otras iniciativas comprenden la expansión de la red de fibra óptica en África oriental o el establecimiento de una planta de procesamiento de níquel, mineral fundamental para la fabricación de baterías de coches eléctricos. La cuestión de la inseguridad alimentaria no ha sido desatendida, con el anuncio de un plan de apoyo a la agricultura vital para un país gravemente afectado por la guerra entre Rusia y Ucrania (Tanzania importa más del 70% del trigo de estos dos países). 

Tanzania supone un escenario tremendamente competido en el que EEUU tendrá que invertir numerosos esfuerzos para aumentar su influencia. La amistad tanzana con Rusia se remonta a su independencia, con empeños recientes en reforzar la cooperación militar, nuclear y económica. Buena muestra de ello es que Tanzania es uno de los países que ha mantenido una postura abstencionista en las resoluciones de la Asamblea de Naciones Unidas condenando la invasión de Ucrania. La sintonía de Suluhu con Xi Jinping también es clara, con una reciente visita a China saldada con el compromiso de elevar sus relaciones a una asociación de cooperación estratégica integral.  

Kamala Harris en su visita a Tanzania
Kamala Harris en su visita a Tanzania. Fuente: Twitter oficial de Harris

Zambia: incursión nostálgica en un país atrapado por China

En Lusaka, Harris fue recibida afectuosamente por el presidente Hakainde Hichilema, quien tras su elección en 2021 retomó el acercamiento a Estados Unidos tras años de inclinación hacia China por parte de su predecesor, Edgar Lungu. 

Al igual que Ghana, Zambia está inmersa en una crisis de deuda que arrastra desde que fue uno de los primeros países en entrar en suspensión de pagos durante la pandemia. Aquí la administración Biden tiene más fácil imponer la narrativa de la China culpable. De los 17 mil millones de deuda externa que acumula el país, 6 mil millones tienen a Pekín como acreedor. No en vano, la Secretaria del Tesoro Janet Yellen visitó Zambia en enero para alentar las conversaciones acerca de la reestructuración de la deuda con China y criticar la demora con la que Pekín está tratando el asunto. Hichilema agradeció expresamente los esfuerzos estadounidenses para que los acreedores bilaterales reduzcan significativamente la deuda. 

Durante su paso por Lusaka, Harris recalcó el compromiso con el fortalecimiento económico y democrático del país. Anunció importantes compromisos comerciales, así como contribuciones procedentes del sector privado para luchar contra los efectos del cambio climático en el continente

La visita de la vicepresidenta a Zambia tuvo un fuerte componente emocional para Harris, quien recordó su estancia en el país cuando era una niña. Su abuelo materno se trasladó a Zambia en los años 60 trabajando como asesor del primer presidente del país, Kenneth Kaunda. Además, tuvo un importante papel en la gestión de la afluencia de refugiados que huían de la Guerra civil de Rodesia (actual Zimbabue), un legado que Harris ha querido recordar visitando el lugar donde se encontraba la casa de su abuelo. 

El interés que está mostrando la administración Biden por Zambia es evidente. No es para menos, teniendo en cuenta que se trata del país africano que recibe la mayor cantidad de inversión directa china en todo el continente. No obstante, las malas perspectivas respecto al problema de la deuda y los abusos cometidos por empresarios chinos en las minas de cobre (mineral del que depende en gran parte la economía del país) van generando un creciente malestar entre la sociedad zambiana. 

Entre la esperanza y la desconfianza

La gira africana de Harris deja buenas sensaciones, anuncios de inversiones millonarias y el propósito de postularse como un socio más cercano y fiable para contrarrestar el avance de sus rivales directos. Pero más allá de las buenas intenciones, el mensaje que los dirigentes africanos han manifestado es claro: no tomarán partido en la rivalidad entre Estados Unidos y China. “Quizás haya una obsesión en América sobre las actividades de China en el continente, pero no hay esa obsesión aquí”, dijo Akufo-Addo.

El pasado estadounidense en el continente sigue pesando en su contra. El opositor zambiano Fred M’membe recordaba estos días las implicaciones norteamericanas en golpes de estado y asesinatos de líderes africanos para rechazar la narrativa democrática que abandera Washington. Es un pensamiento sin duda presente en parte de la sociedad africana, para la que la política exterior americana denota un reprobable neocolonialismo. 

Si Estados Unidos quiere reformular sus relaciones con África deben abandonar la visión del continente como una fuente de problemas para comenzar a tratar a los países africanos como iguales. La visita del presidente Biden, prevista para finales de este año, será un momento clave para poder confirmar si hay un cambio de perspectiva en las relaciones con África. 

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