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Irán e Israel continúan con los ataques cruzados sin espacio para la diplomacia

La crisis militar entre Irán e Israel se agrava sin que la diplomacia ni la comunidad internacional logren impulsar una solución definitiva.
La crisis militar entre Irán e Israel se agrava sin que la diplomacia ni la comunidad internacional logren impulsar una solución definitiva. Fuente: IDF

Los ataques cruzados entre Israel e Irán alcanzan los nueve días sin visos de resolución en el corto plazo. Un enfrentamiento aéreo sin precedentes que combina el empleo de aviación israelí con el uso iraní de misiles hipersónicos, salvas masivas y drones suicida.

La crisis, lejos de apaciguarse, amenaza con escalar aún más y derivar en una gran guerra regional, incluso con la participación de Estados Unidos. En los últimos días se ha normalizado el intercambio de bombardeos ante una comunidad internacional que llama a la “desescalada”, pero que no plantea escenarios reales de negociación.

Escenario militar entre Irán e Israel

El sorpresivo ataque israelí de la madrugada del 13 de junio –respaldado por comandos de élite– inutilizó los sistemas antiaéreos iraníes y permitió a la aviación alcanzar instalaciones nucleares en Natanz e Isfahán, junto a arsenales y sedes de la Guardia Revolucionaria. El primer envite hebreo causó la baja de al menos una veintena de científicos vinculados al programa nuclear y altos mandos militares. Sin defensas aéreas, con arsenales parcialmente dañados y una cadena de mando descabezada, Irán tardó varias horas en responder.

Pero la tímida reacción inicial persa, con un lanzamiento masivo de drones que en su totalidad fueron interceptados, ha dado paso a unos bombardeos regulares y sostenidos. Irán encadena, a sábado 21 de junio, dieciocho oleadas de ataques, un número que muestra la determinación de Teherán por sostener la presión militar y así mejorar su posición negociadora en un eventual dialogo.

Para ampliar: Irán e Israel ante la guerra por el futuro de Oriente Medio

Los ataques iraníes combinan el empleo de misiles balísticos –como los Shahab‑3 y Fateh‑110– con sofisticados misiles hipersónicos de la familia Fattah. Aunque ni Tel Aviv ni Teherán han revelado cifras oficiales de impactos o munición empleada, diversas fuentes indican que ya se estarían usando estos misiles hipersónicos, capaces de superar Mach 10 –velocidad diez veces superior a la del sonido– y de realizar maniobras evasivas en la fase terminal, complicando enormemente la tarea de la defensa antiaérea israelí, diseñada para blancos más lentos y predecibles.

A estas salvas de misiles se han sumado enjambres de drones suicidas, que persiguen multiplicar los blancos y saturar las capas de defensa secundaria del sistema de defensa aéreo integrado israelí. La estrategia comienza a dar su frutos ya que, por primera vez en esta escalada, un dron suicida iraní impactó territorio israelí el sábado 21 de junio, dañando un edificio residencial en Beit Shean.

No obstante, el Estado hebreo continúa infligiendo daños materiales y humanos más numerosos. El ejército sionista combina el uso de aviación –con sus cazas de referencia F-35I y F-16– con misiles de crucero y drones. Todo con la diferencia fundamental de que la defensa antiaérea iraní, ya de partida mucho más débil, ha sido severamente dañada en los ataques del 13 de junio. 

Equipos de rescate israelíes inspeccionan un edificio dañado por los ataques iraníes contra Tel Aviv. Fuente: IDF.
Equipos de rescate israelíes inspeccionan un edificio dañado por los ataques iraníes contra Tel Aviv. Fuente: IDF

Esto otorga un gran superioridad aérea a Israel, que está pudiendo lanzar ataques selectivos contra objetivos prioritarios –como científicos o líderes militares– y contra infraestructura crítica –habiendo dañado el Ministerio de Defensa, la televisión pública, el programa nuclear, la industria militar, y varios aeropuertos como el de Mehrabad en Teherán–. 

En cualquier caso, Israel debe lidiar con un stock limitado de interceptores. Según The Washington Post, el sistema de defensa aéreo integrado hebreo –que combina la Cúpula de Hierro, la Honda de David y los sistemas Arrow 2 y 3– estaría dando muestras de fatiga por el enorme costo económico y la lenta reposición del mismo. Estos factores podrían llevar a que Tel Aviv adopte decisiones drásticas sobre qué objetivos derribar y cuáles no. 

Esta situación ha obligado a Estados Unidos a involucrarse activamente en el derribo de misiles y drones iraníes gracias al amplio despliegue que la US Navy mantiene en la región. Una presencia creciente, ya que Donald Trump ha dado la orden de desplazar el portaviones USS Gerald R. Ford a Oriente Medio. También varios aviones cisterna KC-135, fundamentales para poder lanzar un ataque aéreo a gran escala y sostenido, han llegado en los últimos días a bases de Europa Occidental.

En plano humano, aunque la guerra de cifras es total, fuentes como Reuters hablan de 639 víctimas iraníes –incluyendo civiles y militares– y 24 israelíes.

El difícil escenario diplomático

En los despachos, la comunidad internacional reclama una desescalada, pero sin que se hayan concretado espacios de negociación sólidos. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se ha reunido de urgencia y ha llamado a las partes a entablar conversaciones directas, pero el escenario exige de algún mediador que las haga posible.

Tan solo dos iniciativas parecen tener algo de recorrido. Por un lado, Estados Unidos, que ha adoptado una posición beligerante en el conflicto y amaga con atacar directamente Irán en cualquier momento, ha abierto una posible puerta a la diplomacia. Una eventual intervención de Washington decantaría definitivamente la balanza en favor de Israel, pero lo cierto es que Donald Trump se ha dado “dos semanas” para decidir su involucración, exigiendo “que se lleven a cabo negociaciones con Irán en el futuro cercano”.

Para ampliar: Estados Unidos, ¿a punto de intervenir contra Irán?

Por otro lado, el ministro de Asuntos Exteriores iraní se reunió el viernes en Ginebra, Suiza, con altos diplomáticos europeos en un intento por dar una salida a la crisis. El canciller persa, Abbas Araghchi, mantuvo conversaciones con sus homólogos del Reino Unido, Francia, Alemania y con la jefa de Política Exterior de la Unión Europea, Kaja Kallas. Estos acotes ya jugaron un papel relevante en el acuerdo nuclear de 2015, que supuso el levantamiento parcial de sanciones a Teherán a cambio de limitar su programa nuclear.

En cualquier caso, la República Islámica ha manifestado que no se sentará a negociar mientras el Estado sionista siga atacando su territorio, un extremo al que Benjamin Netanyahu no parece dispuesto a renunciar.

Así las cosas, tanto Irán como Israel mantienen sus espadas en alto. El país persa no puede dar síntomas de debilidad si quiere llegar a una eventual negociación en condiciones que no comprometan su soberanía. Escalar para desescalar. Esto nos avoca a un escenario donde las hostilidades, a corto plazo, se mantendrán. 

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