
La isla de Sumatra y la península de Malaca están separadas por el estrecho de Malaca, un importante enclave para la navegación internacional. Por su particular ubicación geográfica, el estrecho separa Malasia, Tailandia y Singapur de Indonesia, y se constituye como uno de los canales marítimos más importantes del mundo: cada año, más de 94.000 barcos transitan por esta vía.
A un lado se encuentra el mar de Burma y al otro el mar de China Meridional, de forma que el estrecho de Malaca conecta dos océanos: el Índico y el Pacífico. Es considerablemente largo, pues ocupa más de 800 kilómetros, y encuentra su punto más angosto a la altura de Singapur, en el extremo sur de la península de Malaca.
La escasa profundidad del estrecho –con una media de 37 metros, si bien hay zonas donde se reduce a 25– dificulta el acceso de buques de gran calado –aquellos que sí pueden transitar por él se conocen como Malaccamax–, pero eso no impide que se haya convertido en un punto de fricción a escala global.
El “dilema” de China y el estrecho de Malaca
Un dato anticipa rápidamente su magnitud: aproximadamente un cuarto del comercio marítimo mundial transita por el estrecho de Malaca, siendo específicamente crucial en las importaciones petrolíferas de China, Japón y Corea del Sur. De hecho, en torno a tres cuartas partes del petróleo y el gas natural que Pekín importa, y que son decisivos para su extensa industria, pasan necesariamente por el estrecho de Malaca, pues vienen desde Oriente Medio o el continente africano.
Paralelamente, la República Popular de China, que no cuenta con salida directa al Océano Índico, utiliza el estrecho de Malaca para sus exportaciones hacia Europa u Oriente Medio, de forma tal que una porción sustancial del comercio exterior chino necesita transitar esta vía.
Semejante relevancia favoreció que el expresidente de China Hu Jintao (2003-2013) acuñase el término del “dilema de Malaca”, según el cual esta zona se erige como un “talón de Aquiles” para el gigante asiático. China no controla este canal de navegación, por lo que se muestra vulnerable ante potenciales bloqueos de actores hostiles.
En suma, se trata de un enclave crucial para la economía china que, sin embargo, escapa de su control directo. Ello hace que las relaciones de China con Malasia, Tailandia, Singapur e Indonesia sean decisivas a largo plazo, pese a que Pekín trata de desarrollar alternativas, como el oleoducto China-Myanmar o el Corredor Económico China-Pakistán.
Intereses cruzados
No es difícil advertir la relevancia que el estrecho de Malaca tiene en las economías de los países que colindan con él. Malasia concentra en los puertos de Tanjung Pelepas y Port Klang una densa red de intereses comerciales nacionales que combina tarifas, nexos comerciales, industria local, logística marítima, etcétera. A Indonesia y Singapur aplican criterios semejantes.
Tailandia, por su parte, pese a no tener técnicamente acceso directo al estrecho, se halla en su entrada, por lo que sus regiones sureñas se benefician de esa estratégica posición. A su vez, Bangkok ha propuesto en numerosas ocasiones llevar a cabo el proyecto del canal de Kra, una ruta alternativa con la que reducir la importancia del estrecho. Lógicamente, tanto Malasia como Singapur han criticado la idea.

Por supuesto, entre Malasia, Indonesia y Singapur existen tensiones alrededor del control del estrecho de Malaca. El dominio legal y militar de determinadas zonas, las reglamentaciones nacionales en referencia a inspecciones o actividades navales extranjeras son algunos de los puntos de fricción.
Formalmente, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Mar (UNCLOS) establece que los estrechos son transitables siempre que se trate de “paso inocente”. No obstante, los actores del estrecho pugnan permanentemente por obtener mayor grado de control.
Grandes potencias de la región también buscan influir en las decisiones alrededor del estrecho de Malaca. Estados Unidos utiliza la narrativa de la libertad de navegación para sostener su presencia naval en el Asia-Pacífico, de forma que pueda ostentar cierto grado de control sobre un punto tan importante para China. En el caso de Japón o Australia, es la variable comercial la que goza de mayor peso, si bien los argumentos securitarios juegan un rol pujante también.
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