
El mar Amarillo, la masa de agua que conecta la costa este de la República Popular de China con Corea del Norte y Corea del Sur, es el escenario de conflictos y disputas entre varios actores. Su estratégica posición geopolítica y geoeconómica, de la mano con la variedad de recursos que existen en él, dotan a este territorio de un intenso cruce de intereses en ocasiones contradictorios.
En torno a 200 especies marinas dan fe de la notable biodiversidad del mar Amarillo, convirtiéndolo en primera instancia en un importante enclave pesquero. Además, se estiman considerables reservas petrolíferas –en torno a 9.000 millones de toneladas en las zonas chinas y en torno a 20.000 millones en las norcoreanas–.
En simultáneo, y a pesar de que no se conocen con certeza explotaciones, se le presume al mar Amarillo una interesante concentración de recursos minerales como el níquel, el cobalto, el cobre y el ferromanganeso.
Los conflictos en el mar Amarillo
A pesar de que la sobreexplotación pesquera ha generado problemas en la estabilidad poblacional de especies como la corvina amarilla, el mar Amarillo continúa siendo un enclave pesquero decisivo. Es por ello que tanto China como Corea del Sur cooperan en proyectos ambientales en el marco de la estrategia medioambiental de las Naciones Unidas.
En cualquier caso, semejante coordinación es nimia en comparación con los conflictos de fondo entre ambos Estados, que involucran también a Pyongyang, e incluso a Tokio y Washington.
Corea del Sur, Corea del Norte y la República Popular de China pescan en el mar Amarillo. De hecho, realizan también otras actividades económicas como las exploraciones petrolíferas. Y, a menudo, estos tres actores chocan entre sí debido a la ambigüedad de las fronteras marítimas entre las distintas zonas económicas exclusivas (ZEE). La premisa es sencilla: Pekín, Pyongyang y Seúl reivindican para sí distintos alcances de sus fronteras marítimas y, en consecuencia, en muchos casos se superponen.
Esto significa que, por ejemplo, Corea del Sur reivindica que su zona económica exclusiva se extiende hasta el punto X, mientras que Corea del Norte reivindica lo propio.
Aunque amplios segmentos de las zonas económicas exclusivas de cada uno de los tres Estados son reconocidos por los otros dos, hay también zonas que reclama para sí más de un país, dando lugar a fricciones cuando cualquiera de ellos realiza actividades económicas allí. Tal es el caso de las dispares líneas reconocidas por Corea del Sur y Corea del Norte respectivamente en su frontera marítima del oeste.
Por supuesto, no solo las dos Coreas protagonizan disputas. Es bastante común que pescadores chinos transiten aguas que Corea del Sur y Corea del Norte reivindican como propias, lo que dispara severos cruces diplomáticos y, en algunos casos, enfrentamientos entre guardacostas.
Las tensiones militares
La variable geoestratégica se juega también en el mar Amarillo. Allí, en la costa oeste de la península, Corea del Sur y Estados Unidos realizan con cierta frecuencia ejercicios militares conjuntos. Ejemplos de estos movimientos son el Foal Eagle y el Ulchi Freedom Shield.
Lo mismo hacen China y Corea del Norte. Sin ir más lejos, Pyongyang prueba con frecuencia misiles y lleva a cabo demostraciones de fuerza para presionar a Seúl, Washington y Tokio. El mar Amarillo fue, de hecho, cuna del conflicto de Yeonpyeong en 2010, uno de los más crudos episodios del conflicto intercoreano en el siglo XXI.
La presencia de Estados Unidos en el sur de la península de Corea agrava las tensiones en torno al mar Amarillo. Tanto la República Popular de China como la República Popular Democrática de Corea describen los ejercicios militares conjuntos entre Seúl y Washington como provocaciones y son respondidos por las propias Pyongyang y Pekín, generando ciclos de tensiones militares en la región.

Por su parte, Estados Unidos defiende su actividad en base a dos grandes criterios. De un lado, argumenta que el Mar Amarillo da acceso a la “primera cadena de islas” clave para la expansión del poder naval de China. Bajo la narrativa de la “libertad de navegación”, postula que debe mantener a raya al gigante asiático en ese enclave decisivo de la costa este de China. Del otro lado, defiende que la mera existencia de Corea del Norte como “amenaza existencial” legitima su presencia en el territorio.
En última instancia, también Japón tiene intereses en pugna en el mar Amarillo. Tokio colabora con Estados Unidos y Corea del Sur mediante inteligencia compartida y vigilancia marítima. Al enlazar su propia seguridad a los intereses de Washington en la región de Asia-Pacífico, Japón se ve empujado a alinearse con su aliado en todo lo respectivo a este enclave marítimo.
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