Ernesto Villegas (II): “Lo que sucedió en Bolivia, jamás pasará en Venezuela”.

Primera parte – Segunda parte

Entrevista realizada por Alejandro López.

Ernesto Villegas es un político y periodista venezolano, que actualmente forma parte del Gobierno ejerciendo como Ministro del Poder Popular para la Cultura en la República Bolivariana de Venezuela. Antes de formar parte del equipo de Nicolás Maduro con varias carteras, también fue Ministro con Hugo Chávez.

Esta cultura política de corte social e intervencionista, más keynesiana, está en retirada en Latinoamérica tras las victorias neoliberales en Brasil, Uruguay o Ecuador, ¿considera usted que está el “socialismo del siglo XXI”, como lo llamaban, desapareciendo?

No. Fíjate que los tiempos históricos son mucho más largos que los tiempos periodísticos. Tú puedes tener un momento determinado en el que un cuadro electoral pueda significar una victoria temporal para una corriente determinada del pensamiento. Pero eso no quiere decir, en modo alguno, que la historia se detenga allí y que ese fotograma sea la película completa. También debo decir dos cosas. Una, el keynesianismo no es el “socialismo del siglo XXI”. El keynesianismo es más bien una característica del propio capitalismo. Y debo decir que el keynesianismo, más bien, está de vuelta. Y lo demuestra, nada más y nada menos, que el señor Trump, con sus políticas y sus anuncios. El keynesianismo es algo así como esos recipientes donde están los extintores de incendios y aparece “rompa en caso de emergencia”. Para el capitalismo, el keynesianismo es un extintor de incendios. Y allí lo vemos. Los capitalistas no tienen empacho en haber promovido el libre mercado y ahora romper el vidrio para tratar de apagar el incendio con el proteccionismo y el intervencionismo. Pero esas no son, necesariamente, victorias o derrotas del “socialismo del siglo XXI” que, por ser socialismo, no es capitalismo. Puede tener expresiones muy particulares. Yo diría que la victoria del pueblo venezolano frente al chantaje de las sanciones es una expresión de una conciencia socialista. La conciencia con que se ha mantenido a raya el coronavirus es también una expresión de una conciencia social, distinta al individualismo exacerbado. Cuando tú te proteges a ti para defender a tu prójimo, también estás dando una demostración de conciencia distinta a la del ser individual que proclama el neoliberalismo. Yo creo que esa es una batalla en pleno desarrollo. Si las ideas del socialismo hubiesen fracasado, yo no entiendo por qué entonces desde el presidente de los Estados Unidos hasta abajo están permanentemente en una batalla contra el socialismo. Es verdaderamente un fantasma que asusta mucho, si acaso es que está muerto.

Pero Venezuela es un país capitalista porque la Constitución establece que el Estado promueve la iniciativa privada, la mayor parte del Producto Interior Bruto está en manos privadas, hay una gran presencia del capital privado en la banca y otros sectores estratégicos como la alimentación, y tiene una baja presión fiscal. ¿Todo eso es compatible?

Sí es cierto. Porque es que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela del año 1999 no es una Constitución socialista. No es una Constitución de un país con el llamado “socialismo real” o una versión clásica de una Constitución socialista. De hecho, aquí las formas económicas siguen siendo fundamentalmente capitalistas. Es un proceso en desarrollo en la construcción del socialismo, que tiene expresiones de avance y de retroceso en distintos ámbitos. Debe ser construcción, además, de la nación venezolana. Aquí uno de los grandes aportes del Comandante Chávez fue romper con la noción clásica de los manuales y abrir cauces a procesos políticos, económicos y sociales que todavía están por concluirse. Nuestra propia historia en la búsqueda de independencia en Venezuela está llena de esas contradicciones. Por ejemplo, la junta que se instaló en Caracas para sustituir al capitán general Vicente Emparan en 1810, seguramente el que no lo sabe se podrá reír, pero era una junta conservadora de los derechos de Fernando VII. Es decir, esa junta no se planteaba expresamente la búsqueda de la independencia de España, era una junta conservadora de los derechos de Fernando VII, defendiendo a Su Majestad el Rey de España. Y esa junta en 1810 abrió el camino para que el 5 de julio de 1811 se declarara la independencia de Venezuela. Esta Constitución bolivariana de 1999 abre el cauce para que se desaten los poderes creadores de nuestro pueblo y podamos construir una sociedad de inclusión y no de exclusión. El Comandante Chávez, en el año 2007, intentó una reforma constitucional que hacía expreso el carácter socialista de la revolución venezolana y, fíjate tú qué paradojas, esa reforma no fue aprobada en un referendo popular y fue la primera derrota electoral de la revolución bolivariana. Lo cual no quiere decir que esa misma Constitución no permita grandes avances en la construcción de una sociedad más justa. Nosotros le llamamos el “socialismo bolivariano del siglo XXI”, que tendrá mucho por hacer todavía por delante, pero ciertamente en la sociedad venezolana no podemos decir que existe en forma consolidada un socialismo definitivo. Es una contradicción que está en curso.

En el socialismo se contraponen las posiciones nacionalistas y, la cultura “bolivariana del siglo XXI” de la que usted habla, a veces utiliza el término “nación” con demasiada vehemencia quizá. ¿Usted se considera de un gobierno socialista o nacionalista?

Los términos pueden tener una acepción determinada dependiendo del lugar donde se empleen y del tiempo en que se empleen. Por ejemplo, para Simón Rodríguez, el liberalismo era una cosa distinta a lo que hoy se entiende por liberalismo. En España, hablar de socialismo, si es el del PSOE puede significar una cosa, pero en Cuba puede significar otra. O en Albania. Por eso, lo que tú mencionas del nacionalismo también tiene sus bemoles, porque nuestra Constitución tiene, por ejemplo, el reconocimiento a los derechos de los pueblos indígenas y les da rango de idioma a sus lenguas. Fíjate tú qué nacionalismo tan extraño. Nosotros nos consideramos que somos, sí, nacionalistas, pero no en el sentido que le da Franco, por ejemplo, a la palabra en España. Tiene una explicación distinta de la nación, para nosotros significa otra cosa. Nosotros reconocemos a la nación wayuu. Somos venezolanos pero entendemos que nuestro pueblo indígena wayuu, que tiene un territorio binacional porque corresponde a Venezuela y a Colombia, y tiene una historia que es anterior a la existencia misma de Venezuela y de Colombia, es también una nación. Fíjate tú, una contradicción. Nosotros nos sentimos como Bolivia, que es plurinacional. Somos nacionalistas pero nos aceptamos plurinacionales también. ¿Es una contradicción? Sí, es una contradicción. El que esté libre de contradicciones que tire la primera piedra.

Podemos considerar que a usted, a pesar de que haya contradicción, le preocupa más la clase obrera de cualquier territorio que una lucha en Venezuela por territorios e identidades, ¿no?

Claro. Pero fíjate. Hay un libro muy interesante que te recomiendo como investigador: “El fin de la modernidad judía”, de Enzo Traverso. Nociones como la del internacionalismo proletario, de Marx, tienen una raíz cultural en el cosmopolitismo judío porque Marx era un judío no-judío. Es decir, Marx era un judío que trascendía lo religioso, era ateo, pero culturalmente era un judío. Quizá sin darse cuenta, así como Trotski, que era otro judío no-judío y otro abanderado del internacionalismo de la revolución permanente, estaba expresando culturalmente en sus ideas políticas su noción cosmopolita. Que es una visión muy propia del pueblo judío. A nosotros nos pasa lo mismo. Nosotros, por supuesto, vemos que las fronteras reales son de clase. Las fronteras son de clase social, ciertamente. Pero al mismo tiempo reconocemos como creación cultural la idea de nación. Cuando el neoliberalismo pretende borrar las raíces de nuestros cuerpos para diluir su identidad y dominarlos mejor, nosotros encontramos en la identidad nacional un elemento de cohesión. Chávez fue un maestro en eso. Y más aún, con el pueblo colombiano. Nosotros no solamente nos reconocemos venezolanos, nos reconocemos herederos de una idea bolivariana que originalmente fue mirandina, de Francisco de Miranda, como parte de aquel proyecto que era la Gran Colombia. Sabemos que puede ser una contradicción verbal para el que nos escuche, pero lo tenemos muy claro. Nuestra naturaleza tiene tanto peso en nuestra concepción del mundo como una idea ortodoxa con respecto de la existencia de clases sociales, la lucha que se da entre ellas y la necesidad de abolirlas como el orgullo y la comprensión de nuestros orígenes. Además también tiene que ver mucho con la experiencia del fracaso del socialismo en otras latitudes, que despreciaron el tema de las nacionalidades en muchos casos e impusieron formas que no tenían arraigo en los pueblos donde se ensayaron. No puede haber una creación aérea de un socialismo desprendido de las realidades culturales de los pueblos que deben construirlo. Y ahí nosotros nos encontramos, es el gran aporte de Chávez. Chávez reúne alrededor del proyecto del “socialismo bolivariano del siglo XXI” a personas que tienen un marcado credo religioso (a cristianos evangélicos) y a ateos militantes, reúne a gente vinculada con el mundo militar y gente que provenía de las filas de la guerrilla, que fueron enemigos en los años 60. Chávez tuvo la capacidad de formar un rompecabezas bastante impensable antes.

Ya que usted habla de fronteras de clase, aun conservando el elemento nacional, entiendo que no le dará esa importancia a la reivindicación del Esequibo, ¿o me equivoco? Porque Venezuela va a acudir al litigio con Guyana en la Corte Internacional de Justicia el día 30 de junio.

La política del Comandante Chávez y la política del presidente Maduro fue de un acercamiento con el pueblo guyanés, entendiendo que esa confrontación que ha establecido fue funcional a los proyectos imperialistas tanto de los Estados Unidos como de Inglaterra en su tiempo. Nosotros durante los años del Comandante Chávez desarrollamos una cooperación importante del pueblo y el gobierno de Guyana. Ahora ha habido una actitud hostil por parte particularmente del presidente Granger, que ha obligado a Venezuela a defender sus derechos. Donde además hay intereses entremezclados de las grandes compañías transnacionales petroleras, que han desarrollado con el gobierno guyanés unos acuerdos que pueden afectar a los intereses de Venezuela. Este litigio no es realmente con el pueblo de Guyana, es realmente una confrontación con las élites y particularmente con las transnacionales, que tienen sus manos metidas en este conflicto.

¿Respetarán ustedes la decisión de la Corte Internacional de Justicia si no reconoce la soberanía venezolana sobre el territorio?

Si mal no recuerdo, porque no he estado vinculado directamente con este tema, nosotros fuimos insistentes en que se mantuviera la figura del buen oficiante en Naciones Unidas y hemos procurado que cualquier decisión sea producto de un entendimiento amistoso, descartando siempre el escenario de la guerra, que es otro de los cuales por los que el imperialismo norteamericano ha logrado imponer su hegemonía. Han propiciado guerras entre nuestros países para salirse ellos con la suya. Yo, en este momento, como Ministro de Cultura, debo abstenerme de expresar opinión sobre cualquier fallo que pueda haber en instancias internacionales sobre el Esequibo, porque tiene unas connotaciones que solo atañen a nuestra Cancillería. Pero sí puedo ofrecer referencias que puedan ayudar a entender mejor ese conflicto. No es que Venezuela, de forma egoísta y desconocedora del pueblo guyanés, pretenda hacer algún tipo de abuso. Todo lo contrario. Recordamos que el mapa venezolano incluía ese territorio como parte integral de la Capitanía General de Venezuela.

Haciendo referencia al imperialismo del que habla, recientemente, Luis Almagro ha sido reelegido al frente de la Organización de Estados Americanos (OEA), que es una de las organizaciones a las que ustedes califican de colaboradoras con el imperialismo. Y con el apoyo del representante de Venezuela, porque no es reconocido por su gobierno. ¿Es la Organización de Estados Americanos legítima como institución para supervisar las políticas y los procesos electorales de la región?

A la OEA no le hacía falta desacreditarse a sí misma. Pero lo hizo al elegir una vez más al señor Almagro como su secretario general. Fíjate que no ha abierto su boca para condenar las violaciones a los derechos humanos en Estados Unidos. No ha dicho absolutamente nada, no se ha enterado de que ha ocurrido esa rebelión popular frente al racismo y la inequidad allí en Estados Unidos. Es verdaderamente como decía el Che Guevara, que acaba de cumplir años: el Ministerio de Colonias. Es una institución hecha a imagen y semejanza de los intereses de los Estados Unidos. Y por eso es triste que haya habido esa confluencia de gobiernos de derecha como tú la has dibujado, poniendo obstáculos en el camino de la consolidación de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas). En una instancia como UNASUR, donde no están presentes los Estados Unidos ni su aliado Canadá, hay una mayor legitimidad latinoamericana para abordar nuestros asuntos. Pero en las condiciones actuales cada día que pasa la OEA se desacredita más porque sencillamente está destinada a lograr objetivos de la política exterior estadounidense. No hace absolutamente nada que contradiga los intereses del gobierno estadounidense.

Precisamente esta semana se ha publicado un informe que cuestionaba el supuesto fraude electoral en Bolivia en 2019. Entidades como el Grupo de Puebla ya han solicitado a Jeanine Áñez que entregue el poder. Bajo el punto de vista del gobierno de Venezuela, señor Villegas, ¿quién debería ser hoy el presidente o presidenta de Bolivia?

Este ejemplo de lo de Evo retrata a la OEA. La OEA es un instrumento de la política exterior estadounidense. Y la política exterior estadounidense tenía como objetivo derrocar al presidente Evo y así se hizo. Así se logró y para eso trabajó Almagro. Y por eso se ganó el premio como empleado del mes. Este premio le sirvió para ser reelegido. Con el caso de Evo yo te voy a proponer una comparación. No sé si recuerdas el 23 de febrero del año pasado, cuando se dio aquel multitudinario concierto en Cúcuta, que era el preludio de una incursión extranjera en Venezuela disfrazada de ayuda humanitaria. En esa oportunidad yo publiqué en mi cuenta de Twitter vídeos que me suministraron compañeros de Colombia, de canales de televisión colombianos, donde se veía claramente que las bombas incendiarias lanzadas desde el lado colombiano anti-chavista fueron las que incendiaron los camiones con la supuesta ayuda humanitaria. Además se descubrió que eran muy pobres las mercancías. Pero pasaron, calculo yo, 15 días o un mes, no recuerdo, para que el New York Times publicara un estudio que confirmaba que esa supuesta ayuda humanitaria había sido quemada de la forma que te he descrito. Es decir, que había sido quemada por los opositores a Maduro. Pero pasaron todos esos días con sus noches antes de que el New York Times lo publicara.

Para saber más: La Crisis venezolana en 2019 y Arde la ‘Ayuda humanitaria’ ¿Fake news?

Ahora está sucediendo lo mismo con Evo y es un nuevo formato que yo, tomando prestada la expresión, puedo calificar del formato de “la verdad postergada”. ¿Qué significa esto? Que los grandes medios de la industria de las corporaciones comunicacionales, permiten que se establezcan matrices gracias a las cuales se produce un derrocamiento violento de un gobierno o un intento de un derrocamiento violento de un gobierno. Y posteriormente, cuando el hecho está consumado, lavas o limpias tu credibilidad publicando un estudio “aquello que publicamos hace 15 días, 20 días, 3 meses, 8 meses… no era verdad, la verdad era esto”. Pero ya el hecho está consumado. Es lo que pasa con Evo. El hecho está consumado. Ahora el New York Times limpia su cara entre comillas, se limpia la cara con un trapo sucio y este formato de la verdad postergada estará ahí presente en el futuro para otras situaciones. Es muy peligroso. Nosotros lo vivimos en Venezuela con el golpe contra Chávez del 11 de abril de 2002. Una marcha multitudinaria supuestamente atacada por pistoleros chavistas, produce un levantamiento militar y el derrocamiento de Chávez. Después se demuestra que no era verdad el relato, pero ya Chávez estaba derrocado. En este caso, el venezolano, el pueblo salió a las calles y restituyó a Chávez. Pero habría pasado exactamente lo mismo y también sucede con Allende, pero los ritmos eran distintos cuando Allende. Pero debemos estar muy alerta porque buena parte de la información internacional que consumimos está tamizada por agendas que buscan utilizar la creación de estados de opinión pública para justificar determinadas acciones. En el caso venezolano abundan y estoy seguro de que en el supuesto negado de que lograran salirse con la suya en Venezuela y derrocaran al gobierno bolivariano, a los 15 días, 3 meses, 6 meses, 2 años, 3 años… comenzarían de pronto a aparecer informaciones diciendo “caramba, era mentira, no es verdad que Maduro tal o cual cosa, no era verdad que Venezuela estaba involucrada en tal o cual cosa”. Mira las armas de destrucción masiva en Irak, por favor. Ahorita lo acaba de confirmar el propio Trump. Un libro que te recomiendo es de Bob Woodward, que es uno de los periodistas del Watergate, y se llama “Negar lo evidente”, sobre la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak. Colin Powell, en el Consejo de Naciones Unidas, mostró un sobre de ántrax como prueba de que en Irak fabricaban armas de destrucción masiva. Destruyeron ese país. Llevan un millón de muertos en su conciencia y ahora, con su cara muy lavada, vienen y dicen que no hubo armas de destrucción masiva. Lo dice el propio jefe de Estado en funciones de los Estados Unidos. Ya Colin Powell lo había dicho en el propio año 2004. Pero es lo mismo, es el mismo formato. Lo que utilizan contra Evo en Bolivia, lo que utilizan contra Maduro en Venezuela, lo que utilizan en Irak, lo que utilizan en Cuba. Digamos que la creación de opinión pública es un poder peligroso para la democracia.

Para saber más: Golpe de Estado en Bolivia.

De hecho, ha hablado de derrocamiento violento en el caso de Evo Morales. ¿Calificaría usted el gobierno actual de golpista?

Por supuesto. No tendría otra manera de llamarlo. Es un gobierno producto de un acto espurio. Y fíjate en las paradojas. La OEA del señor Almagro felicita, bendice, le besa los pies y las manos, le peina con el secador su pelo a la presidenta Jeanine Áñez llamándola presidenta, a la que no le exige hacer elecciones. No es producto de ningún proceso electoral. Y en cambio, a Maduro, o le exige elecciones o le cuestiona cuando en su país se designa un Consejo Nacional Electoral de acuerdo con lo que pauta la Constitución de la República. Es un doble rasero, que hay que ser miope para no mirar.

Pero usted, por ejemplo, ¿qué habría hecho en el lugar del señor Morales? ¿Habría reconocido la auditoría de la Organización de Estados Americanos y habría repetido las elecciones o se habría proclamado vencedor?

Yo como Ministro de Cultura no puedo expresar mis opiniones personales sobre ese tema pero sí debo decirte que hay muchas cosas que pasaron en Bolivia que jamás pasarían en Venezuela. Nosotros aquí hemos desarrollado una capacidad para identificar tempranamente las agendas golpistas, las trampas, las puñaladas traperas que la derecha y sus jefes imperiales siempre tienen en la esquina. De modo que lo que sucedió en Bolivia, jamás pasará en Venezuela. Nosotros ya tenemos bastante experiencia.

Para saber más: Bolivia vs Venezuela. Éxito y fracaso de la derecha hispanoamericana.

¿Ustedes creen posible retomar el diálogo con la oposición?

Fíjate que sí, yo veo con mucha esperanza que ha sido designado un Consejo Nacional Electoral (CNE), que más allá de las opiniones iniciales que factores de la oposición han expresado, está compuesto por personas de una y otra inclinación, que tienen experiencia en el campo electoral y creo que nos aproximamos a un proceso electoral que puede ser sanador para la sociedad venezolana.

En caso de retomarse las conversaciones con la oposición, ¿es Juan Guaidó un interlocutor válido para su gobierno?

Es que las conversaciones tienen que haberse dado para poder llegar a este Consejo Nacional Electoral. Cuando tú revisas los nombres de cada uno de los designados y su trayectoria política o su proveniencia, te das cuenta de que solamente a través de un diálogo político pudo haberse llegado a ese elenco. Y te digo además que muchas veces el diálogo es visible y otras veces no tanto. Hay una frase que a mí me gusta mucho de José Martí, el Apóstol Cubano, que dice “la verdad de la política muchas veces está en lo que no se ve”.

Si no se logra un entendimiento político, ¿estaría sobre la mesa un adelanto de las elecciones presidenciales?

Yo no veo eso en la agenda. Lo que más veo es una agenda de elecciones parlamentarias. Con respecto al señor Guaidó, creo que termina siendo un estorbo para todo el mundo. Para sus propios compañeros, que ya no saben qué hacer con él. Es una especie de jarrón chino. Y es una lástima porque es un político joven y pudo haber tenido alguna figuración más digna en la escena política venezolana. Obtuvo 90.000 votos en su elección como diputado con el anterior CNE, que después supuestamente era ilegítimo. Fíjate tú, el mundo al revés, como decía Eduardo Galeano. Los voceros de la supuesta ilegitimidad de la democracia venezolana son producto de procesos electorales organizados por ese CNE supuestamente madurista, chavista, macabro, satánico, qué sé yo. Resulta que ellos son electos con ese mismo sistema electoral. Entonces en ocasiones el sistema es bueno cuando les favorece y en ocasiones el sistema es malo cuando no les favorece. Yo te puedo decir, si fuese por mis intereses personales, que yo concurrí como candidato en dos ocasiones con ese CNE y siendo una figura pública del chavismo. En las dos ocasiones perdí. Entonces yo debería estar reclamando a ese CNE chavista que o me dejaron perder o me hicieron perder, de acuerdo con la óptica antichavista. Es una curiosa dictadura esta.

El presidente Nicolás Maduro ha realizado declaraciones acusando directamente al presidente de Colombia, Iván Duque, de supervisar a los mercenarios y paramilitares que realizaban incursiones en Venezuela. ¿Usted cree que el gobierno de Duque está detrás de los intentos de golpe de Estado contra su gobierno?

Te voy a responder con palabras del canciller Jorge Arreaza. “Es la primera vez que el gobierno de los Estados Unidos no está detrás de un golpe de Estado sino que está delante”. Y obviamente, con él, está el gobierno colombiano. Esto no son movimientos insurreccionales o rebeldes venezolanos apoyados a distancia por gobiernos extranjeros. Esto es una agresión extranjera por gobiernos extranjeros que cuentan con el concurso de algunos factores aventureros de la política venezolana. Obviamente es un plan externo, no es interno. Aquí la mayoría de los venezolanos lo que quieren es la paz, no quieren un acto de guerra. Déjame decirte que se puede esperar cualquier cosa de un gobierno cuya vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, ha confesado ante el país tardíamente que pagó una fianza para la libertad de su hermano condenado por tráfico de heroína en los Estados Unidos. Ese es el gobierno colombiano. Están retratados de cuerpo entero.

Para saber más: Operación Gedeón: la última tentativa de derrocar a Nicolás Maduro.

Para terminar, una de grandes potencias. La relación con China y Rusia se ha estrechado notablemente en los últimos años, ¿cómo valora usted esta entrada asiática en Latinoamérica en plena época del retorno de la doctrina Monroe norteamericana?

En el caso de Venezuela, la alianza estratégica con Rusia y con China tiene expresiones explícitas en el campo de la política pero lejos estamos de ser los únicos países del continente con una muy buena relación con China. China tiene una relación económica extraordinaria con otros países del continente más allá de las afinidades políticas e ideológicas. La presencia de China como potencia mundial es un dato relevante del cuadro geopolítico actual y futuro en este planeta. La Iniciativa de la Franja y la Ruta es una iniciativa de enormes proporciones que, por supuesto, pone en alerta a su contendor fundamental que es los Estados Unidos. Y en el caso de Rusia, nosotros tenemos también una relación muy estrecha desde el punto de vista político, económico y diplomático con el gobierno del presidente Vladímir Putin, además de una extraordinaria relación personal entre los presidentes, pero tampoco es el único caso. Rusia ha recuperado una parte, no toda por supuesta, de la influencia que tuvo en sus tiempos la antigua Unión Soviética, más allá de las claves de la Guerra Fría. Rusia tiene una política exterior muy diversa y no somos una excepción en la región en cuanto a las relaciones con estos dos países, que son potencias referentes del mundo actual.

Nosotros apoyamos e impulsamos un mundo pluripolar. Nosotros no queremos malas relaciones con los Estados Unidos. Tenemos una relación histórica con ese país, que es demasiado larga y estrecha, incluso desde el punto de vista cultural. Aquí en Venezuela uno de los deportes más populares es el béisbol. La explotación petrolera dejó aquí su impronta cultural. Y tenemos en los Estados Unidos una comunidad venezolana muy grande que ha llevado hasta allá, más allá de las diferencias políticas, nuestra propia identidad cultural hasta confines inimaginables. Nosotros deseamos las mejores relaciones con todos los países. Lo único que pedimos es lo que ofrecemos: respeto. Más nada.

Para saber más: La nueva Ruta de la Seda: El sueño de Xi Jinping (I).

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Alejandro López Canorea

Antropólogo, profesor y biólogo especializado en gestión de socioecosistemas. Ahora me dedico al análisis de política internacional.
Antropólogo, profesor y biólogo especializado en gestión de socioecosistemas. Ahora me dedico al análisis de política internacional.

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