
El autogolpe de Yoon Suk-yeol, presidente de Corea del Sur, durante el 3 de diciembre, culminó de pésima forma para los intereses del propio Yoon: los diputados de la Asamblea Nacional lograron acceder al parlamento –a pesar de que miembros de las fuerzas armadas habían ocupado el edificio con la intención de impedir la entrada a los legisladores– y votar contra su ley marcial. 190 diputados de los 300 con acta apoyaron derogar la ley, siendo necesarios únicamente 151.
A pesar de que, inicialmente, el presidente y algunos de sus aliados en el ejército rechazaron la decisión del poder legislativo, finalmente la correlación de fuerzas obligaron a Yoon a recular. Ni la oposición, ni su propio partido –el Partido del Poder Popular– ni Estados Unidos secundaron el empeño del líder del ejecutivo de establecer un gobierno apoyado por el ejército.
Si bien formalmente Yoon sigue siendo presidente –con mandato hasta 2027–, parece inevitable que sufrirá un impeachment con los votos de los 190 diputados opositores y de una cantidad suficiente de legisladores oficialistas; para lograr su destitución, son necesarios 200 de los 300 votos en la Asamblea Nacional –es decir, dos tercios–. Su salida de la Casa Azul marcará sin duda el devenir político del país, las relaciones con el norte hasta 2030 y los intereses norteamericanos en la península.
El autogolpe en Corea del Sur, paso a paso
En la noche surcoreana del martes 3 de diciembre, el presidente Yoon Suk-yeol declaró la ley marcial, aludiendo que buscaba “eliminar los elementos subversivos de Corea del Norte en el país y proteger la Constitución”.
Realmente, Yoon estaba haciendo referencia al bloqueo parlamentario que la oposición, con amplia mayoría en la Asamblea Nacional, estaba ejerciendo contra la agenda de gobierno del poder ejecutivo. Aunque tenía mandato hasta 2027, la imposible aritmética surgida de las elecciones legislativas de abril de 2024 y el menguante apoyo en su propio partido, el PPP, empujaron a Yoon al all in de la ley marcial y el posterior autogolpe.
El presidente y su entorno eran conscientes de que se trataba de un movimiento de “todo o nada”, aunque probablemente percibían que el contexto internacional –con el gobierno de Estados Unidos en clave transicional– era favorable para instaurar una suerte de gobierno militar. La reacción interna no fue favorable. Lee Jae-myung, líder del opositor Partido Demócrata y Han Dong-hoon, líder orgánico del PPP y futurible candidato del bloque de la derecha anticomunista –puesto que en Corea del Sur no existe la reelección presidencial– se opusieron a una ley marcial para la que Yoon nombró comandante a Park An-soo.
Lee Jae-myung afirmó que ya no reconocía la legitimidad presidencial de Yoon Suk-yeol, al tiempo que el dirigente surcoreano militarizó el acceso a la Asamblea Nacional en un intento por impedir la votación de los legisladores. Manifestantes, periodistas y diputados de la oposición lograron acceder al recinto con la intención de votar contra la ley marcial; esta fue la primera derrota del autogolpe de Yoon Suk-yeol, quien buscaba negar la potestad constitucional que los legisladores tienen para tumbar una ley de estas características por medio de una mayoría simple –151 de los 300 asientos–.
Pasada la medianoche, los diputados opositores que habían logrado entrar en la cámara legislativa, iniciaron una sesión para derogar la ley marcial, hecho que se consolidó fácilmente con 190 sufragios, 41 más de los necesarios. Poco después, el ejército abandonó el edificio de la Asamblea Nacional, aunque permaneció en los aledaños, habiendo recibido la orden presidencial de detener a los legisladores y, particularmente, a los líderes de ambos partidos, Lee Jae-myung y Han Dong-hoon, así como al presidente de la cámara, Woo Won-sik.
La ambirgüedad del ministerio de Defensa y de cabezas de las fuerzas armadas mantuvieron, durante un tiempo, las expectativas de un posible éxito de la operación lanzada por Yoon. No obstante, el posicionamiento de Estados Unidos, valedor histórico de la República de Corea, fue determinante: el departamento de Estado declaró que apoyaba la resolución de la Asamblea Nacional de tumbar la ley marcial.
De esta forma, la crisis fue finalizada con una certeza casi plena: Yoon Suk-yeol no seguirá siendo presidente de Corea del Sur. El eje de la agenda opositora había sido, al menos desde las legislativas de 2024, lograr una moción de censura que terminase anticipadamente con el mandato del líder anticomunista. En el propio partido oficialista, el PPP, existían sectores críticos con Yoon que estaban abiertos a negociar un apoyo a dicho impeachment. El Partido Democrático necesitaba una decena de los más de cien diputados del bloque… algo que hoy parece muy sencillo que consigan.
Yoon, dos años de aceleración
La llegada de Yoon Suk-yeol a la presidencia del Estado surcoreano fue traumática para la región, específicamente para la península. A lo largo de la campaña electoral, el exfiscal –que había sido nombrado, paradójicamente, por el presidente Moon Jae-in (2017-2022), del Partido Demócrata y blanco de numerosas críticas por parte del Yoon candidato– expuso sus líneas maestras en política nacional.
Yoon se presentó como un perfil radical en tres campos: económico, social e internacional. En el primero, su posición se asemejaba a la de un dirigente liberal ortodoxo, defendiendo una drástica reducción del papel del Estado en la economía y un reforzamiento de los ya de por sí excepcionalmente poderosos chaebols –los grandes monopolios surcoreanos como Samsung, Hyundai, LG, SK o Lotte–. Además, criticó el “proteccionismo laboral” del país y defendió una jornada laboral de 120 horas semanales.
En lo referente a las políticas de género, sociales e identitarias, Yoon apoyó la eliminación del Ministerio de Igualdad. Aunque no llegó a cumplir su promesa, en la práctica sí la ejecutó, pues dejó vacía la cartera ministerial tras la dimisión de Kim Hyun-sook en febrero de 2024. Además, Yoon se opuso a numerosos reclamos de la comunidad LGTB+ en Corea del Sur a lo largo de su mandato.
En términos internacionales, la proyección de Seúl durante la administración Yoon no ha sufrido cambios, sino, realmente, la aceleración de sus dinámicas históricas a un ritmo que no se había conocido desde la instauración del sistema liberal de partidos en 1988. En campaña, dejó clara su nítida postura antinorcoreana –es decir, opuesta a la Política del Sol defendida por el gobierno de Moon Jae-in, tendente al mejoramiento de los lazos con Pyongyang y a la reducción de tensiones–, su escepticismo con China y su voluntad de robustecer los lazos con Japón en beneficio de una “tríada” con Tokio y Washington.
Pese a su narrativa antipolítica y sus formas histriónicas, Yoon logró ganar en las elecciones presidenciales, superando, con casi un 49% de los sufragios, a Lee Myung-bak. De hecho, fue su perfil outsider el que posibilitó la victoria frente a un Partido Democrático que sufría el desgaste de cinco años de gobierno. La grieta de género en el voto fue clara: casi el 60% del electorado masculino se inclinó por Yoon Suk-yeol.
Su gobierno intensificó la crisis intercoreana a niveles que recordaban a los de el período de la Guerra Fría. 2024 ha significado una de las mayores escaladas de la península desde el congelamiento de la guerra en el año 1953, a punto tal que el gobierno de Kim Jong-un en Corea del Norte cambió su histórico abordaje del asunto, defensor de la reunificación, por uno que calificaba a Corea del Sur como el “principal Estado enemigo” del norte.
Monumentos en favor de la reunificación, así como infraestructura que, durante un tiempo, conectó las dos Coreas, fue derribada, y todo canal de comunicación entre Seúl y Pyongyang fue desechado. En gran medida, el elemento que posibilitó este giro fue la llegada de Yoon Suk-yeol a la Casa Azul, pues se opuso a los frágiles equilibrios de paz que habían regido entre los dos estados, en especial durante los gobiernos del Partido Demócrata.

Las crisis de los globos de basura o los ejercicios militares conjuntos con Japón y Estados Unidos fueron los antecedentes de la crisis central, la de octubre de 2024. En aquella ocasión, las amenazas cruzadas, la destrucción de las vías terrestres al norte de la península y las acusaciones del gobierno de Kim Jong-un contra Seúl por las que se defendía que el ejército surcoreano había introducido drones hasta Pyongyang evidenciaron un nuevo techo de las tensiones entre ambos gobiernos.
Ciertamente, la relación de Yoon Suk-yeol y las fuerzas armadas ha sido una de las claves de su mandato; el nombramiento del halcón Shin Won-sik como ministro de Defensa y la reestructuración del aparato militar lo evidencian. Yoon forzó la retirada de numerosos generales de alto rango e hizo que ocupasen dichos puestos figuras de su confianza. De hecho, en perspectiva, aquellas decisiones parecen casar con el autogolpe del 3 de diciembre: consciente de su fragilidad política y del menguante apoyo en el PPP, el presidente habría buscado blindarse en el poder militar.
Tras su probable impeachment, y tal como ocurrió en 2017 como consecuencia de la destitución de la presidenta Park Geun-hye, se habrían de convocar elecciones anticipadas. En este sentido, tres nombres se destacan: Lee Jae-myung, Han Dong-hoon y Cho Kuk. No obstante, es más conveniente establecer los tres partidos que optan a la presidencia: el Partido Democrático, el Partido del Poder Popular y, residualmente, Rebuilding Korea.
En el primer caso, el jefe de la oposición es el más destacable candidato. Lee Jae-myung ha protagonizado la confrontación contra la administración Yoon, además de haber defendido una moción de censura durante todo 2024. Lee sobrevivió a un intento de asesinato en enero de 2024 y es continuista respecto al gobierno de su predecesor, Moon Jae-in. Otros líderes del partido, como Kim Dong-yeon, gobernador de Gyeonggi, podrían buscar la candidatura.
En el caso del Partido del Poder Popular, el principal líder es Han Dong-hoon, quien fue ministro de Justicia del presidente Yoon y, a posteriori, nombrado líder del PPP. Han ha dirigido al partido desde diciembre de 2023 y fue la cabeza de la candidatura del espacio durante las recientes elecciones legislativas, perfilándose desde entonces como el candidato presidencial para 2027. No obstante, otros como Oh Se-hoon, alcalde de Seúl, o los diputados Ahn Cheol-soo y Yoo Seong-min, se destacan.
En el caso de Rebuilding Party, Cho Kuk es su indiscutible líder. Partido de reciente creación, el Rebuilding Korea forma parte del amplio espacio opositor, aunque por fuera del liderazgo del Partido Democrático. Si bien no debería alzarse con la victoria, obtuvo destacables resultados en las legislativas de abril de 2024.
En fin, el fracaso del autogolpe del presidente Yoon y la previsible moción de censura pondrían fin a más de dos años de gobierno ultraconservador y decididamente antinorcoreano en el sur. Tras una crisis institucional sin precedentes, Corea del Sur afronta meses de “reconstrucción” política que, probablemente, alcen al candidato del Partido Democrático a la presidencia. Si ello ocurre, los intereses de Estados Unidos en la península seguirían resguardados, no obstante sería esperable un esfuerzo desde Seúl por aliviar las desgastadas relaciones con Corea del Norte.
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