
La escalada bélica en el golfo Pérsico, junto con los conflictos en Asia Meridional y otras partes de Oriente Medio, está generando millones de desplazados y refugiados en una región ya saturada de migraciones forzosas.
Antes de la operación de Estados Unidos e Israel contra Irán y su posterior respuesta, la zona ya albergaba unos 24 millones de desplazados forzosos repartidos principalmente entre Afganistán, Irán, Siria, Líbano, Palestina, Turquía, Jordania y Yemen.
Con la reciente oleada de ataques sobre la República Islámica han surgido 3,2 millones de nuevos desplazados en Irán, mientras que las ofensivas de Tel Aviv en el sur de Líbano han provocado el desplazamiento de otros 1,2 millones de personas, además de los 115.000 en Afganistán y 36.000 en Cisjordania por sus respectivos conflictos.
Naciones Unidas ha advertido del aumento de las migraciones forzosas y de las necesidades humanitarias a medida que los ataques contra infraestructuras civiles y sanitarias se hacen más frecuentes.
En este contexto, los países de la región, ya tensionados por los desplazados y refugiados de otros conflictos como Siria, Yemen o Palestina, plantean serias dudas sobre su capacidad para acoger a nuevos migrantes. Esto pone el foco en posibles desplazamientos secundarios hacia Europa o Asia Central y Meridional.
Huida masiva de Teherán
La población iraní se ha visto atrapada entre los misiles de Estados Unidos e Israel dirigidos contra infraestructuras energéticas, militares, industriales y civiles –como la escuela de Minab– y la creciente represión del régimen de los ayatolás, que ha dejado al menos 1.639 ejecuciones en 2025.
Los bombardeos en el marco de la actual guerra han provocado el éxodo interno de 3,2 millones de personas, que se suman a los 3,5 millones de refugiados –principalmente afganos, aunque también iraquíes– que ya vivían en condiciones precarias en el país persa tras huir del emirato talibán.
La mayoría abandona la capital y otras zonas urbanas hacia el norte del país y áreas rurales. Aunque unos 11.400 iraníes han cruzado la frontera con Turquía y 24.600 afganos han regresado a Afganistán, se trata de cifras relativamente habituales antes del estallido del conflicto.
La ONU prevé que el número de desplazados siga aumentando a medida que se intensifican los ataques y se agrava la dificultad para cubrir las necesidades básicas. Por ello, ACNUR ha desplegado suministros de emergencia en Termiz –ciudad uzbeka próxima a Irán– y en varios almacenes dentro del propio país.
Órdenes de evacuación en Líbano
“Líbano está agotado por las guerras de otros. No pide ayuda, pide oxígeno. Su gente puede ser más fuerte que las fuerzas que los separan, pero solo si Israel e Irán dejan de pelear su guerra en Líbano”, declaró Tom Fletcher, máximo responsable de la ayuda humanitaria en la ONU.
Mientras la atención internacional se centra en el golfo Pérsico, Líbano se encuentra en medio del fuego cruzado entre Israel y Hezbolá. La milicia proiraní inició ataques contra el norte de Israel tras la Operación Rugido del León, y el Estado hebreo respondió con una campaña –que se suma a las emprendidas desde 2023– que incluye la intensificación de la invasión del sur del país y el desplazamiento de la población libanesa.
Tel Aviv ha emitido órdenes de evacuación sobre el sur de Líbano hasta el río Litani, así como en zonas del sur de Beirut –lo que supone un 15% del territorio libanés–, y está llevando a cabo intensos bombardeos en la zona en el marco de los enfrentamientos con Hezbolá.
Hasta ahora, la ofensiva ha provocado el desplazamiento de 1.200.000 personas –el 20% de la población–, que se suman a las decenas de miles expulsadas en operaciones anteriores. Entre ellas hay unas 11.000 mujeres embarazadas sin acceso a un hospital donde dar a luz, debido a que muchos han sido atacados o han cerrado.
Además, la mayoría de los mercados al sur del río Litani han sido clausurados, mientras que los precios de los alimentos se han disparado en otras zonas como Beirut o el Monte Líbano.
Paralelamente, unas 135.000 personas han cruzado hacia Siria: 13.700 son ciudadanos libaneses, pero la mayoría –120.400– son nacionales sirios que habían huido durante el gobierno de los al-Asad. En total, se trata de parte de los 4,8 millones de sirios que abandonaron su país, muchos de ellos hacia Líbano, pero también hacia Turquía o Jordania, entre otros destinos.
La llegada de estos grupos a Siria se suma a los 6,1 millones de refugiados y 7,4 millones de desplazados internos que ya había en el país. Muchos de ellos son palestinos que viven en campos de refugiados, además de población iraquí.
Asimismo, la ONU alertó el martes 24 de marzo de la expansión de los asentamientos israelíes en los Altos del Golán sirio ocupado, junto con las restricciones impuestas a la población local.
Violencia israelí en Cisjordania
Si Líbano queda en segundo plano en medio del estallido bélico, Palestina ni siquiera figura en escena, a pesar de que Israel "está intensificando la limpieza étnica y la anexión de Cisjordania", según numerosos expertos de Naciones Unidas.
En las últimas semanas, los asentamientos israelíes en Cisjordania se han expandido, al igual que la violencia de los colonos contra la población palestina, lo que ha provocado el desplazamiento forzoso de 36.000 personas, principalmente en el valle del Jordán.
Ajith Sunghay, jefe de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, denunció que estos "actúan con total impunidad, a menudo armados y con apoyo de las autoridades israelíes" para "hacer el trabajo preliminar" de la limpieza étnica.
Paralelamente, en la Franja de Gaza, el 80% del enclave ha quedado cubierto por órdenes de evacuación, obligando a 1,9 millones de personas a desplazarse –el 90% de la población–.
Además, el cierre o la apertura limitada –bajo el férreo control israelí– de los pasos fronterizos desde el estallido bélico en octubre de 2023 dificulta la entrada de ayuda humanitaria y eleva los precios de los alimentos.
Y es que los palestinos constituyen uno de los mayores grupos de refugiados del mundo. Lo que comenzó con 750.000 desplazados forzosos en 1950 asciende hoy a casi 6 millones, repartidos principalmente entre la Franja de Gaza (1,6 millones), Cisjordania (900.000), Jordania (2,3 millones), Líbano (490.000) y Siria (586.000).
La guerra entre Afganistan y Pakistán
Mientras se recrudecen los conflictos en Oriente Medio, Afganistán y Pakistán afrontan un nuevo estallido bélico acompañado del retorno de numerosos exiliados afganos y de los fracasos diplomáticos para poner fin a los enfrentamientos.
La actual crisis ha provocado 115.000 nuevos desplazados internos en Afganistán, que se suman a los 3,2 millones ya desplazados y a los cerca de 3 millones retornados en el último año desde países como Irán o Pakistán.
Todo ello en un contexto en el que al menos la mitad de la población necesita asistencia humanitaria, especialmente las mujeres, sometidas a una segregación que, según Naciones Unidas, "podría constituir un apartheid de género".
Simultáneamente, en Pakistán se han desplazado 3.500 personas por los ataques transfronterizos, mientras Islamabad intensifica las repatriaciones de los 1,4 millones de refugiados afganos que residen en el país.
Europa ante una nueva oleada de refugiados
En este contexto, y ante la amenaza de ataques contra infraestructuras vitales como las plantas desalinizadoras en el golfo Pérsico, la región se enfrenta a una posible nueva ola de refugiados si los conflictos se prolongan o se intensifican.
La migración forzosa podría dirigirse inicialmente a países de la zona, ya saturados y con importantes inestabilidades internas, lo que empujaría a estas personas a continuar su ruta hacia Europa, el Cáucaso y Asia Central o Meridional.
El viejo continente ya acoge a 13,2 millones de desplazados, de los que 6,2 millones son ucranianos. Sin embargo, sigue recibiendo menos desplazados forzosos que Oriente Medio.
Las disparidades entre los países Schengen en la acogida de migrantes y las dificultades para devolver a los solicitantes de asilo cuyas peticiones han sido denegadas han llevado a varios Estados a promover políticas más restrictivas. El nuevo Reglamento de Retorno o la redefinición de "tercer país seguro" reflejan una tendencia en la Unión Europea hacia el envío de solicitantes a países extracomunitarios.

En este escenario, el próximo mes de junio está prevista la entrada en vigor del Pacto Europeo de Migración y Asilo (PEMA), aunque podría enfrentar dificultades en su aplicación. Los países de Europa Oriental, que asumieron un mayor peso inicial en la acogida de refugiados ucranianos, se muestran especialmente críticos con la recepción de nuevos migrantes forzosos.
De hecho, el PEMA salió adelante con la abstención de Austria y Eslovaquia y con la oposición de Polonia y Hungría, que ya han anunciado que no participarán en el mecanismo. Además, países como Francia o Portugal han señalado que contribuirán mediante aportaciones económicas, lo que implica su negativa a acoger migrantes reubicados.
Esta dinámica, en la que varios Estados miembro prefieren aportar recursos en lugar de asumir la acogida directa, puede generar tensiones internas en la Unión Europea, ralentizar los mecanismos de admisión y mantener a los refugiados en países ya saturados, aumentando la presión migratoria.
Al mismo tiempo, una eventual entrada masiva de refugiados, pese a las reticencias existentes, podría intensificar la tensión interna en los países receptores, reforzar posturas nacionalistas y agravar la ya frágil cohesión europea.
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