
La madrugada del 21 de noviembre de 2024, aproximadamente a las 5:30 hora local, un misil balístico de Rusia impactaba contra un complejo industrial en la ciudad ucraniana de Dnipro, capital del óblast de Dnipropetrovsk. La fuerza aérea de Ucrania declaró poco después que se trataba de un ataque con un misil balístico intercontinental (ICBM), el primer uso registrado de este tipo de herramienta en una zona de combate.
El ataque a Dnipro es el último de una larga serie pasos dados en torno a la guerra de Ucrania que consolidan una nueva fase de este con elementos más globales vinculados a una nueva escalada de tensiones entre Occidente y Rusia.
2024: el frente se expande
La cuarta etapa de la guerra de Ucrania comenzó en mayo de 2024 con el lanzamiento de una nueva incursión rusa en el norte del óblast de Jarkov. Las tropas rusas ya habían entrado a través de la frontera entre Jarkov y Belgorod durante el comienzo de las hostilidades, pero se retiraron de la zona tras la contraofensiva ucraniana de otoño de 2022.
El comienzo de esta nueva operación rusa estuvo marcado por un avance de unos 60 kilómetros de ancho, entre la reserva de Travyanske y la localidad de Vovchansk, y unos 6 kilómetros de profundidad. Este movimiento supuso la primera extensión significativa de la línea de frente tras más de un año de guerra de desgaste en el Donbass, durante el cual apenas se habían producido movimientos significativos más allá de la captura de Bajmut, en mayo de 2023, por parte del ejército ruso. Los motivos de Moscú para lanzar esta ofensiva se pueden resumir en dos.
Por un lado, en el año anterior al lanzamiento de la ofensiva de Jarkov, el gobierno ruso declaró en varias ocasiones querer establecer una zona de amortiguamiento a lo largo de la frontera ruso - ucraniana para detener las incursiones menores lanzadas por elementos de la oposición rusa integrados en las fuerzas armadas ucranianas, tales como las de Bryansk (marzo de 2023), Belgorod (mayo de 2023 y marzo de 2024) y Kursk (marzo de 2024).
Por otro lado, la captura de la ciudad de Avdiivka por parte del ejército ruso, ocurrida en febrero de 2024, supuso el fin de los combates en la línea defensiva ucraniana establecida tras la guerra de 2014, ahora bajo control de Rusia, y la apertura de una gran extensión de terreno peor defendido al oeste de esta. La ofensiva de Jarkov se puede entender, por lo tanto, como una herramienta mediante la cual tratar de sobreextender las líneas ucranianas, provocando el desplazamiento de unidades desde otros puntos de la línea de contacto, con el fin de provocar la aparición de puntos débiles a través de los cuales penetrar la línea del frente.
Planteando estos dos como los objetivos rusos, crear una zona de amortiguamiento y extender las líneas ucranianas, podemos decir que la incursión en Jarkov tuvo un éxito parcial puesto que, si bien facilitó nuevos avances al oeste de Avdiivka, también sirvió de justificación y precedente para la posterior operación ucraniana en Kursk.
La incursión ucraniana en el óblast ruso de Kursk, lanzada a comienzos de agosto de 2024, trajo consigo una intensificación de las nuevas dinámicas del conflicto. Esta ofensiva fue la primera ocasión en la que el ejército ucraniano capturaba territorio de una región rusa y supuso el “traslado directo”, entrecomillado debido a los numerosos ataques con drones y misiles contra territorio ruso ocurridos con anterioridad, de la guerra a territorio internacionalmente reconocido como ruso.
Las autoridades ucranianas han alegado que la operación en Kursk se lanzó principalmente para impedir una incursión rusa en el óblast de Sumy parecida a la de Jarkov. Otros reportes indican que la captura, y pretendida retención hasta el final de la guerra, de territorio en Kursk tiene como objetivo dar cartas a Kiev con las que negociar con Moscú durante unas futuras conversaciones diplomáticas. Sin embargo, sacarle provecho a la situación en Kursk podría resultar complicado para Ucrania puesto que, pese a los esfuerzos por evitarlo, Rusia ha podido recuperar casi la mitad del territorio tomado por los ucranianos.
El debate en torno a los objetivos de la operación en Kursk ha sido uno de los más amplios de la guerra de Ucrania. El principal motivo por el que la operación despertó tanto debate es, principalmente, porque para la realización de esta operación el ejército ucraniano tuvo que retirar un considerable número de tropas de Donetsk, donde las fuerzas rusas estaban avanzando.
Ese temor a un posible deterioro de la situación en Donetsk resultó estar en lo cierto puesto que, en las semanas y meses posteriores al comienzo de la operación ucraniana en Kursk, la velocidad de avance del ejército ruso se ha incrementado significativamente en comparación con el periodo anterior, aunque sin llegar, al menos en 2024, al ritmo de la invasión inicial en 2022.
La cuestión norcoreana en Ucrania
Antes de dar paso al análisis de los acontecimientos más recientes, no podemos sino, como mínimo, hacer mención a la cuestión de Corea del Norte. La República Popular Democrática de Corea es uno de los principales aliados de Moscú en el conflicto de Ucrania y ha enviado grandes cantidades de equipamiento militar a Rusia incluyendo millones de municiones de artillería.
Sin embargo, este apoyo podría haber entrado en una nueva fase, puesto que en los meses de octubre y noviembre se han publicado en prensa múltiples informes y rumores sobre la presencia de tropas norcoreanas en Rusia o, más concretamente, en Kursk. Es importante señalar que, pese a los continuos reportes de inteligencia ucraniana y occidental citados en prensa, en el momento de la publicación de este artículo no han aparecido públicamente pruebas concluyentes de la presencia de estas tropas norcoreanas.

Aún con la falta de pruebas concluyentes, no podemos obviar el hecho de que Rusia y Corea del Norte firmaron en junio de 2024 el Tratado de Asociación Estratégica Integral entre la Federación de Rusia y la República Popular Democrática de Corea, un acuerdo defensivo que, entre otras cosas, autoriza el despliegue mutuo de fuerzas en el territorio del otro para su protección.
Elecciones de Estados Unidos: ¿punto de inflexión?
La victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, celebradas el 5 de noviembre de 2024, ha sido uno de los acontecimientos más relevantes del año para la política internacional. No es sorprendente, por lo tanto, que haya tenido consecuencias para el conflicto ucraniano, donde la victoria del líder republicano ha propulsado significativamente el debate sobre la necesidad de poner fin al conflicto en un futuro próximo.
Pese a esto, no es en el proceso diplomático en donde debemos poner la atención sobre las consecuencias de las elecciones estadounidenses para con el conflicto ucraniano, o al menos no directamente. La administración saliente, aún dirigida por Joe Biden y el Partido Demócrata, ha tomado una serie de decisiones y medidas de lo más relevantes en este tramo final de su mandato.
La más destacada es, sin duda alguna, la aprobación para el uso de armamento de largo alcance de origen estadounidense contra territorio ruso, una medida justificada por Estados Unidos como respuesta a la supuesta entrada de Corea del Norte en la contienda. En el pasado, tan reciente como septiembre de 2024, la administración Biden se había opuesto a dar esta autorización argumentando que supone una escalada y un riesgo de conflicto directo entre Rusia y la OTAN.
Este temor se debe, principalmente, a que el uso de estos misiles conlleva un proceso de recogida de información, selección de objetivos y apoyo satelital que Ucrania no puede manejar por sí misma y, por lo tanto, conlleva la participación directa de Occidente en ataques contra territorio ruso. O al menos ese es el argumento de Moscú.
Por el momento, Rusia ha respondido a esta medida con el uso de un misil balístico de alcance intermedio (IRBM) contra Dnipro en lo que se entiende ampliamente como un mensaje directo hacia Estados Unidos. Es pronto para saber qué consecuencias acabará teniendo esto en el conflicto ucraniano, si es que llega a tener alguna, pero está claro que es una señal más del deterioro del sistema internacional de control de armamentos.
Esta no es la única decisión tomada recientemente por la administración Biden. La autorización para el envío de minas antipersona a Ucrania, la expansión de las sanciones sobre el programa energético ruso y la autorización para el despliegue de contratistas estadounidenses sobre terreno ucraniano han acaparado menos titulares, pero también son una señal clara del cambio de ritmo por parte de Estados Unidos.

A la hora de encontrar los motivos para esta serie de cambios, resultan interesantes las palabras del candidato a Consejero de Seguridad Nacional de la nueva administración Trump, Mike Waltz, quien declaro recientemente que estaban trabajando muy de cerca con la administración Biden en el proceso de transición. Esto resulta particularmente interesante porque muchas de las acciones de Biden tras las elecciones habían sido propuestas por el propio Waltz en un artículo en The Economist tan solo unos días antes de los comicios:
“Estados Unidos puede utilizar su influencia económica, como levantar la pausa a las exportaciones de gas natural licuado y tomar medidas contra las ventas ilícitas de petróleo de Rusia, para lograr que Putin se siente a la mesa de negociaciones. Si se niega a dialogar, Washington puede, como argumentó Trump, proporcionar más armas a Ucrania con menos restricciones a su uso. Ante esta presión, Putin probablemente aprovechará la oportunidad para apaciguar el conflicto".
Teniendo en cuenta esta coincidencia, lo más probable es que nos encontremos ante una acción coordinada de ambas administraciones que sirva para preparar el terreno de cara a lanzar el proceso diplomático una vez se produzca el traspaso de poder el 20 de enero de 2025. Independientemente del grado de coordinación entre las administraciones estadounidenses, es poco probable que cualquiera de estas medidas logre producir un cambio significativo en las dinámicas del conflicto, o al menos eso dicen los propios estadounidenses.
La guerra de Ucrania continuará y su evolución se verá afectada sobre todo por las dinámicas surgidas en esta nueva etapa, como la ampliación del frente y el consecuente incremento en la velocidad de los avances rusos, y por las secuelas de las dinámicas de etapas anteriores, como los problemas crónicos de personal en las filas del ejército ucraniano. Sea como fuere, por ahora solo nos queda esperar.
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